jueves, 19 de noviembre de 2009

Tratado de funambulismo

Siempre me ha fascinado la figura del funambulista, como la del torero, como la del poeta, como la del padre, como la del místico. Cuando, hace unas semanas, encontré el Traité du funambuliste (Actes Sud, 1997) de Philippe Petit (en la foto), no dudé en comprarlo. Lo abrí, y leí la siguiente advertencia al lector: No, la cuerda no es aquello que nos imaginamos. No es el universo de la ligereza, del espacio, de la sonrisa. Es una tarea. Sobria, ruda, decepcionante. Y el que no desee llevar a cabo una lucha encarnizada, plena de esfuerzos inútiles, de peligros profundos, de trampas, quien no esté dispuesto a ofrecerlo todo, a cambio de sentirse vivo, ese no tiene necesidad de hacerse funambulo. Además, no podrá serlo. En cuanto a este libro, el estudio de la cuerda no es nada riguroso. Sería inútil. He devorado el libro, y marcado una centena de sus páginas. Paul Auster, en el prólogo, cuenta que se encontró a Petit, en 1971, actuando en una calle de París: Al contrario de lo que ocurre con tantos artistas callejeros, él no se dirigía a la gente. Más bien, parecía que hubiera autorizado al público a asistir al desarrollo de su pensamiento, habernos dado acceso, al fondo de sí mismo, a una obsesión inarticulada. Pero no había nada abiertamente personal en lo que hacía. Todo se revelaba como una metáfora, como en un segundo grado, por la mediación de la representación.

8 comentarios:

Henohenomoheji dijo...

La vida en el alambre resulta terriblemente seductora. Creo que “Tratado de funambulismo” no está traducido al español (¡lástima!), pero sí otro libro de Petit “Alcanzar las nubes”, sin olvidarse del documental Man on Wire… Habrá que ocuparse de ambos un día de estos, sobretodo después del (justificado) entusiasmo que transmite tu post.

delarica@unav.es dijo...

seductora y próxima
no lo está, no; demasiado sutil, quizás

Belnu dijo...

Qué bonita descripción. Todos vivimos ahí, en el alambre, en la curva de la cuerda, en la introspección callada que supone, sin mirar ni advertir siquiera la presencia de un público.

paisajescritos dijo...

Funambulista, torero, poeta, padre, místico. La secuencia me hace pensar, pues aunque no fuese deliberada (que lo dudo) la interrelación que insinúa, existe. En todos los casos, y por decirlo de un modo gráfico, imagino una línea recta y perfectamente orientada hacia una dirección concreta, marcadas las coordenadas de los puntos de partida y final, pero ¿cómo tirar la línea?

María dijo...

Man on Wire me pareció un documental muy bueno. Buscaré el libro.
Luchar para sentirse vivo, luchar para sentirse vivo...
Y a mí que el mundo taurino no me atrae...
Espero que hables más sobre todo esto.
Gracias, Al.

delarica@unav.es dijo...

línea recta, sí, pero hay que hacer más de un quiebro, y de dos, en todos los casos (una mala tarde la tiene cualquiera…)
supongo que la línea, como sugiere Isabel, es interior, está trazada desde dentro

delarica@unav.es dijo...

mary, no puedo hablar del mundo del toro, que se me enfada el personal: no, en serio, tengo tantos amigos antitaurinos que eso lo vivo como un secreto, lo que por cierto lo hace más emocionante; en cambio, te regalo la entrada musical de hoy, una joya mozartiana con Mitsucko Uchida

Icíar dijo...

Los americanos le llaman a eso 'walking on the wild side'.

En general creo que nuestra generación no es muy funambulista que digamos, y la que viene peor. La de nuestros padres y abuelos realemente arriegaban más.