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lunes, 19 de marzo de 2012

Kaddish por Europa

Todavía tengo el frío metido en el cuerpo con la noticia de Toulouse. No estoy lejos de allí, físicamente, y con el espíritu estoy más cerca aún, en medio de la tragedia mil veces repetida en la vieja Europa. Mujeres y niños, una vez más. Y por el mero hecho de ser judíos. Pues no sé si por ser poeta o no, pero en todo caso yo soy judío, y más hoy que nunca. Judío bautizado cristiano, para mayor confusión de aquellos que no entienden nada de nada. Son miles las consideraciones que me vienen al espíritu en una noche larga como la de hoy: desgraciadamente he pasado media vida, y no es precisamente un deporte, estudiando todas las formas inacabables del antisemitismo "europeo", a cual más odiosa. Parece que se ha abierto de nuevo la veda. Sarkozy, que es judío, ha puesto el grito en el cielo. Pero nada ha cambiado: también eran judíos varios de los premiers en la Europa asesina de los años treinta, empezando por Disraeli. No sirvió para casi nada ante la barahúnda de los bárbaros. Recuerdo a los ingenuos que el Estado de Isarel es una democracia plenamente homologada con la más avanzada del planeta. Pocas bromas y lecciones por ahí. Tienen problemas terribles que solucionar. Y ¿quién no? Hay excesos, y actos que se rigen más por la ley de la venganza que por ninguna otra. Pero, en Israel están todos sometidos al imperio de la ley, como en cualquier país civilizado, y al terrorismo de estado cuando aparece se le llama así. Yo estaré siempre del lado de las democracias, se llamen la española del 78, la israelí o cómo no la americana. Sé que a muchos no les gusta esto, y que en cambio siguen defendiendo a Fidel y al independentismo vasco. ¡Qué pena más profunda me dan! Qué sentido más primitivo de las cosas tienen: la tierra, la tierra, el vaterland que siempre me pareció un water-closed. Que eso incluye a unos pocos bestias isralíes, puede, pero no a su Estado, ni a su gente, ni mucho menos a los judíos en general. Espero que Francia, la Francia que estos días sube los impuestos a los libros, esté a la altura de las terribles circunstancias que la asolan. Pero lo dudo.

sábado, 10 de marzo de 2012

Notas para un diario 231 (Rue Visconti)


Al azar de una búsqueda encontré ayer esta foto de un patio trasero, el del número 21 de la rue Visconti en París. Siempre me fascinó ese nombre italiano au coeur même de la ville. Es una calle pequeña paralela al río (a la altura del Quais Malaquais), paralela también a otras callejas bellísimas como lo son la rue Jacob o la rue des Beaux Arts, perpendicular a la rue de Seine y a la de Bonaparte, con la que forma un ángulo casi recto. He paseado mucho por ahí – ¿quién de los que amamos París ha dejado de hacerlo? –, conozco muchas de sus puertas y ventanas, he husmeado en sus recibidores e imaginado las vidas que transcurrían tras esos gruesos y húmedos muros. Me encantó hallar esa foto justo cuando estoy intentando traducir un pequeño libro de Julien Green. Ese patio cubierto por parras vírgenes le hubiera fascinado al gran escritor sudista. Vignes vierges en francés. Apenas sé nada de jardinería, aparte del hecho de que me encantan las plantas, pero tengo entendido que a diferencia de la hiedra las parras que se asientan en la piedra de los muros cambian de color y con frecuencia adquieren esos tonos que oscilan entre el malva, el morado, el color del vino. Burdeos, decimos en español también, y por algo. El relato greeniano, que conozco desde hace más de veinte años, leído y pensado ahora de nuevo, me está impresionando. El tema de fondo es la religión, claro; muy unida a la sexualidad y a la escritura. Claro en alguien como él, que no vivió más que para ese misterio de amor y de muerte que encierra la literatura. Creo que el caso de Kafka es distinto, y no sólo por el hecho de que fuese de origen judío. Kafka estaba inmerso más bien en una tradición humanística y atea que, sobra decirlo, parte del hecho religioso también aunque se puede afirmar que lo ha abandonado (en algunos casos habría que decir más bien que se ha sentido abandonada). No me gusta la palabra superado en este contexto, como rechazo una visión lineal del progreso. Siempre estamos volviendo a lo mismo, nuestro caminar describe más que una recta un círculo. Entre todas esas corrientes, idas y venidas, me encuentro a gusto en los lugares más indeterminados, como me encuentro en casa en las estrechas aceras de las calles más viejas de París. No me engaño: soy muy consciente de que esa opción, para alguien como yo, es del todo dramática.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Zeus, Deus y el Innombrabe


A diferencia de lo que ocurre en países como Alemania o Francia, en España se lee poco, y dentro de ese poco no entran ni la poesía ni el ensayo. Yo me pregunto si, aunque sea remotamente, existe alguna relación entre este hecho (aparentemente banal o mera cuestión de gustos) y nuestra creciente pobreza material. Pero no seré yo quien responda. Digamos que me faltan datos. Me limitaré a destacar, en estas notas críticas, el mucho y buen ensayo que se lea o no ciertamente se publica en español en muchas y variadas editoriales. Creo que es de justicia hacerlo y no se me ocurre por mi parte otra modo de concurrir al esfuerzo colectivo por intentar evitar la miseria que nos atenaza.
Dentro del ensayo, un capítulo especialmente apasionante es la historia de las ideas, y dentro de ésta la historia de las mentalidades y de los llamados procesos de inculturización. A ese fin se dirige el libro del latinista Agustín López-Kindler titulado Zeus vs Deus. La resistencia de la cultura pagana al Cristianismo (Rialp, 2011). El trabajo de López-Kindler, dedicado a entrever como durante el periodo de la antigüedad tardía, los últimos siglos del Imperio romano de occidente y el comienzo de la Edad Media en el siglo VI, la cultura pagana se resistió a la presencia cada vez más abarcante de la religión cristiana y de la cultura a la que iba dando lugar. Tema apasionante y de consecuencias de un alcance tan largo que llegan con toda su fuerza hasta nosotros: la asunción por parte del Estado romano de la religión cristiana como religión oficial del imperio creo una forma de relación política que hoy en día no está del todo superada, por ejemplo en España. La cuestión es muy amplia y el autor la sintetiza en unos cuantos hitos, con frencuencia en la relación polémica entre autores paganos y autores conversos a la nueva religión. Más interesante aún resulta la confrontación cuando, con el paso del tiempo, los contendientes son ambos cristianos pero conciben la cultura clásica sea como un estorbo para llegar a Dios sea como el paso previo natural que debe de ser sobrenaturalizado. El libro es claro, preciso y bastante abierto en una cuestión en la que la estrechez de miras, cuando no el fanatismo abierto de algunos hace imposible la síntesis cristiana con todo lo que de valioso tuvo la herencia greco-romana.
A otra cuestión, distinta pero conexa, se enfrenta la reedición por Trotta del libro de Jürgen Habermas Israel o Atenas. Ensayo sobre religión, teología y racionalidad (2011). Este volumen contiene media docena larga de ensayos que, de un modo u otro, tratan de una cuestión que se podría enunciar así: cuál es el estatuto, de conocimiento específico y único, de esa realidad que llamamos convicción religiosa, qué tipo de conocimiento aporta, cuál es su ratio, su razón de ser, y que relación tiene con la razón filosófica y con la norma democrática. Convencido de que ese rastro hay que seguirlo no sólo en un plano teórico sino también en el estudio detenido de la evolución histórica del legado greco-romano (Atenas) y del judaico (Jersusalen), y en particular en la plasmación lingüistico-cultural de ese legado. El título no plantea necesariamente una exclusión. El castellano lo permite, como cuando decíamos "Bizancio o Constantinopla". Aquí la cosa no es tan simple, pero con sus agudas distinciones Habermas ha limpiado enormemente la cuestión de la parte de la roña que la ha cubierto durante demasiado tiempo.
Por último, en conexión con el libro de Habermas quiero mencionar brevemente el recientemente aparecido trabajo de Élisabeth Roudinesco, A vueltas con la cuestión judía (Anagrama, 2011). El título (parece que parte de un tedioso cansancio con la cuestión) no anuncia el lenguaje asombrosamente ágil, de periodista avezado (he leído sus trescientas páginas en dos largas noches), con el que Roudinesco despliega la “cuestión judía”, o más concretamente una historia del antisemitismo desde la Ilustración y la Shoá hasta los episodios de los campos de Sabra y Chatila, vista muy desde Francia. Apasionada, infiormada, rápida, ofrece lo que a mi juicio es el mejor reportaje sobre las complicidades del mundo intelectual con el antisemitismo político en los últimos dos siglos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Auden/Milosz


La Colección Visor de Poesía ha publicado Poemas, una antología bilingüe del poeta inglés Wystan Hugh Auden (2011, 16 €), en edición y traducción de Margarita Ardanaz. Algo más de trescientas páginas que contienen una selección inteligente de sus poemas con un criterio cronológico. Personalmente no echo de menos casi ninguno, teniendo en cuenta que no era el lugar para los poemas más largos (Gracias Niebla, For The Time Being, etc). Pienso que es un lujo necesario poder llevar en el bolsillo este libro compacto, ir en el metro o andando, abrirlo y leer cosas como esta: “El amor no tiene fin/Te amaré, amor mío, te amaré/Hasta que China y África se junten,/Y el río salte sobre la montaña/, y el salmón cante en la calle…”. Pocas semanas antes, Galaxia Gutenberg había ofrecido a sus lectores un libro de características similares, Tierra inalcanzable (2011, 23,90€), una amplia antología del Premio Nobel polaco Czeslaw Milosz. En este caso la traducción no menos límpida, rigurosa y delicada ha corrido a cargo de Xavier Farré. Éste ha optado también por los poemas breves, o al menos no largos, recorriendo libro a libro la aventurada biografía del poeta de Vilna. Más difícil de llevar con uno por la calle, pero más cuidada en lo material, al abrir esta edición encontraremos la lucidez irónica de uno de los espíritus más finos de nuestro tiempo: “Cuando hay luna y pasean las mujeres con vestidos floreados, /Me sorprenden sus ojos, sus pestañas y toda la armonía/del mundo/ Me parece que de un afecto mutuo tan grande/Podría finalmente surgir la verdad definitiva”. Margarita Ardanaz, de quien conocía su trabajo en autores tan difíciles como Dylan Thomas o Emily Dickinson, me ha sorprendido por la breve pero sustanciosa introducción con la que presenta el libro; no conozco una mejor de ese tamaño. Termina su ensayo con una referencia al cristianismo de Auden. Pensaba que algo no muy diferente podía decirse de Milosz. Para ambos religión y arte son tan inseparables como inconfundibles entre sí. En ambos el hombre que reflexiona sobre la fe judeocristiana no se confunde con el artista, y éste no se cree tampoco omnipotente, un mago por encima del bien y del mal. Tan sólo es alguien que prepara o allana el camino. No es lo único en su arte, la religión, ni acaso lo esencial, pero su modo de enfocar ese ámbito de la vida, con sus limitaciones, sus estrecheces y su oculta inmensidad, ha sido para cada uno siempre un polo, un imán al que no han querido (o no han podido) ofrecer excesiva resistencia.

domingo, 14 de agosto de 2011

Yiddishland

El próximo martes día 16, a las 9:30 de la mañana intervendré en el curso Miradas mutuas: España/Polonia, la literatura como conexión, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Hablaré de la relación entre las literaturas sefardí y ashkenazi. Como podéis ver en el programa intervendrán también Mercedes Monmany, Marek Bienczyk, Adam Michnik entre otros muchos escritores, editores, directores de teatro y de centros culturales.

jueves, 2 de junio de 2011

Walter Benjamin

Me encanta esta foto de Benjamin. La sacó entreguerras una jovencísima Gisèle Freund. Benjamin trabaja exiliado en la Biblioteca Nacional de Francia. Trabaja por su cuenta, fuera de un sistema académico, ya entonces ciego, que le había cerrado las puertas. Adorno decía con razón que las universidades eran para Benjamin lo que los juzgados para Kafka, o sea algo que se oponía frontal y celosamente a lo verdadero y a lo justo respectivamente, aunque de algún modo lo representaran. Puede ser. Y parece que trabaja con sentido de inminencia. Concentrado, atento, sin el menor tiempo que perder. A mí curiosamente el escrito que más me interesa de Benjamin (además de sus relatos autobiográficos) es sin lugar a dudas La metafísica de la juventud. Son textos poco elaborados, parecen simples enumeraciones de las intuiciones más variadas. Un poco como el Pla del final, el de las Notes per a un diari aunque en otro plano. Como ejemplo el comienzo de la Metafísica: "Cotidianamente servimos a fuerzas inconmensurables como el dormir. Lo que hacemos y pensamos se encuentra lleno del ser del padre y de los antepasados. Nos esclaviza sin descanso un simbolismo no comprendido. A veces, al despertar, logramos recordar un sueño. Algunas visiones claras iluminan los campos en ruinas de nuestro ánimo en el que el tiempo sobrevuela. Estábamos acostumbrados al espíritu como lo estamos al latido del corazón, gracias al que levantamos cargas y digerimos". Supongo que se aprecia la densidad medio informe del texto. Una pasada. Pues bien, dos nuevos libros recogen una parte de los sueños escritos de Benjamin, y merece la pena leerlos: el primero se titula así, Sueños, y lo publica Abada (2011), y el segundo Epifanías en viajes (El cuenco de plata, 2011). Aprovecho para informar de que Trotta ha publicado estos días la correspondencia Benjamin/Scholem. Steiner decía con su olfato habitual que, junto al diálogo Junger/Heidegger entorno al nihilismo, era el intercambio epistolar más grande de nuestro tiempo.

martes, 10 de mayo de 2011

Notas para un diario 209

El otro día escribí que lo que hace que un cuerpo sea sagrado es que alguien lo ame. Safo lo sabía cuando dijo que lo más bello es aquello que uno ama. Había buscado la cita textual sin éxito aquel día. Hoy la he encontrado y me parece preciosa: "Y dicen que la tropa montada en carros, ya la de los infantes, ya la de los navíos, sobre la tierra negra es lo más bello; pero yo (digo) que es aquello que uno ama (lo más bello)". Eros sobre polemos. Como en Antígona: "Yo nací para amar, no para odiar". Me interesa especialmente la relación en Safo entre amor y belleza. Pura teoría de la recepción. ¿Quién no acepta que una dimensión subjetiva recorre nuestras apreciaciones de la belleza de las personas o las cosas? ¿y el papel que en ellas juega el agrado, el afecto, la admiración? Por eso no entiendo la afirmación de François Jullien cuando escribe (La China da que pensar) que "China ha pensado eso que la filosofía europea no ha pensado, abandonándola a la poesía…" ¿Cómo que "abandonándola"? Filosofía y poesía en Europa son tan inseparables como lo son en China y en ellas se funden amor (al conocimiento) y el sentido de la belleza; a lo mejor se trata de una mera cuestión de traducción. No sé, en cambio, si se puede afirmar que la verdad es en algún sentido el tertium non datur de esa relación. El amor y la belleza, tal y como los concebimos, ¿no excluyen a la verdad? ¿No es la verdad un elemento imposible de reconocer? En este plano lo oriental y lo occidental sí parece que se apartan mucho. Los primeros aceptan el caos y no temen caer en ningún abismo (allí está el Tao); los segundos veneramos un orden aparente, el orden de la ley y la verdad no alumbrada desde dentro. Pienso que Proust en el siglo pasado fue quien mejor superó la dimensión nefasta de la verdad, gracias al recurso anticipatorio y caleidoscópico de la myse en abyme, al uso del pasado simple de subjuntivo, etc, etc.

lunes, 18 de abril de 2011

Notas para un diario 203

Se acercan las vacaciones de Semana Santa. En el norte de España, se descansa la semana de Resurrección, no la de Dolores. Me pregunto porqué. En todo caso, después de un trimestre de mucho trabajo, estoy deseando seguir leyendo y trabajando, pero con otro ritmo (Unamuno, Bouvier, Ángel Alcala, Vila-Matas, Menchu Gutiérrez, algo de Simenon…). Francia y mi hermana Lourdes me acogen, de nuevo. No necesito nada. Una ventana. Unos pocos libros. Sólo un poco de tiempo por delante. Poder contemplar un rato el mar desde tierra, con eso me basta. Tuve la suerte de acudir el sábado a una Pasión según San Juan dirigida por Ton Koopman. Fue grandioso, y a la vez muy íntimo. Con la música de Bach vas pasando por muchas estancias, a cada cual más increíblemente bella. De maravilla en maravilla. Y la letra de la pasión joánica tiene muchos ecos, dolorosos, gozosos, gloriosos. Luz de luz. Te pone en carne viva. Yo he mamado la religión con la leche materna, y cuando resuena, hacia el final del proceso sumario al Cristo, ese Was is Wahrheit? todo – el plano de la decisión moral, la libertad en su concepto más absolutamente radical – se pone delante con la humildad de un Dios cuya espalda azotada "cada vez se parece más al cielo" (Bach). Carne esculpida, penetrada. Carne viva para una esperanza viva, en medio del infierno. Hace ya dos semanas leía este texto abismal en el capítulo 37 de Ezequiel: " Yo reconstruiré sobre vosotros (es Él hablando a unos huesos de muerto) vuestras nervaduras, haré que recrezca sobre vosotros la carne, y os cubriré de piel y os daré un espíritu y viviréis, y así sabréis que yo soy Yahvé". La Biblia desde la que lo he traducido (Jérusalem, ed francesa 2003) dice al lado del texto que se trata de una metáfora, que desde luego en tiempos de Ezequiel la resurrección no formaba parte de la "esperanza bíblica". ¡Joder lo que saben los eruditos! Como metáfora me parece de lo más extraña: además, con los tropos pasa lo que con las chistes, que entre broma y broma la verdad asoma. Ya lo decía Kris, el amigo de Gombrich. Pero a lo que voy. Desde hace muchos años leo todo lo que encuentro sobre eso que llamamos resurrección y sólo ahora y gracias a una persona más que querida creo que empiezo a entrañar algo de su significado. Hablaré de esto próximamente.

sábado, 2 de abril de 2011

Notas para un diario 200 (El triunfo de la vida)

Al maestro E V-M en su 63 cumpleaños

"Let the wind blow against the perfect flowers" (Ernst Dowson, The Garden of Shadow), o algo así era lo que me salía implorar ayer cuando el termómetro marcó en Pamplona los 28 º. Me siento viejo. Soy sólo un comentarista y prueba de ello es que después de tres semanas encerrado escribiendo estoy desecado. Recordé cómo no a mi Manolo Altolaguirre y su deslumbrante "quisiera curarme la vejez como se curan del invierno los árboles, lo mismo que el arrugado ceño de los montes recobra su verdor en primavera" (Rubor). No estoy hecho para el calor, y menos si aparece prematuramente. Nada aparta de mí la religión como el calor; también me aleja de la sensualidad, soy así de raro. Ayer fue el día en que se perdió la primavera. Por eso pensaba una vez más que lo más necesario de todo es la paciencia. Pathos contra experiencia. En su magnífico ensayo sobre Kafka en El canon occidental, pedazo de libro, Harold Bloom escribe que toda la obra de Kafka apunta en una dirección: hacer del Dios de los judíos una persona más paciente. Siempre me ha impresionado que alguien quiera o exija algo de Dios, cosa que no resulta absurda en la tradición judeocristiana. Encararse con Dios puede ser una forma muy humana de tratarle. A Dios le gusta lo humano. Y jugar con los hombres y reírse con ellos. Saray se río de Él cuando les anunció que se iba a quedar encinta a los noventa años (Jan Provost lo insinúa en su bella tabla de 1520, puedes picar en la foto para verlo). "Una vieja como yo. Si no tengo ni la regla". Si se río fue en parte por miedo; bien sabía como se las gastaba Dios con los que ama. En uno de los pasajes más bellos de toda la literatura occidental, el canto octavo de los Proverbios (Mislé) de Salomón, se narra el matrimonio de Dios con la sabiduría (por cierto, después de tres capítulos enteros, 5º, 6º y 7º dedicados al adulterio). ¡Qué cosas se dicen en esos versos! Ahí sí que se habla de "lo irreductible", el concepto sobre el que, para el Bloom del Canon, no el otro, gira todo Kafka. "Yahveh me poseyó al principio de sus andanzas, con anterioridad a sus obras, allí estaba yo… y cuando actuó también estaba yo… junto a El como artífice permanecía yo, y cada día hacía sus delicias, jugando ante El todo el rato, jugueteando con su globo terrestre (el De ludo globi del Cusano que pronto editaré en mi modesta colección de libros), y divirtiéndome con los hijos de los hombres… Feliz el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día (como el campesino ante la puerta de la ley), guardando las jambas de mis entradas. Quien continúa así, ha hallado la vida…" Recuerdo con melancolía que siendo adolescente, casi niño aún, yo también quería saber (tenía amor a la verdad). Mucho después vino, con la náusea del conocimiento, el sentido de la enfermedad. No como medio de conocimiento, como dijo Mann en su conferencia-ensayo sobre Freud en el que habla de todo esto, sino como triunfo de la vida (Shelley). Creo que por eso canta Leonard Cohen, en I´m your man, aquello de que Poetry is just the evidence of life. If your life is burning well, poetry is just the ash.

lunes, 28 de febrero de 2011

Exposición Némirovky en Paris/Florence Delay en Madrid

A propósito de la exposición sobre Irène Némirovsky de París, France 3 ha realizado este video q incluye declaraciones de su hija Denise Epstein. ¡Impresionante!



P.S. Florence Delay presenta mañana en Madrid su libro Mis ceniceros.

domingo, 16 de enero de 2011

Juan Pablo II

El metafísico, el fenomenólogo, el axiólogo, el poeta, el clandestino, el huérfano, el hombre de teatro, el obrero en la Solvay, el universitario, el resistente frente al nazismo, el resistente frente al comunismo, el crítico del capitalismo ("hay que cambiar el verbo tener por el verbo ser"), el que supo perdonar a su verdugo turco, el pacificador (Canal del Beagle), el teólogo, el exégeta, el crítico sanjuanista, el ecumenista, el políglota, el que no se escondió ante la vejez y la muerte, el místico, el enamorado de Cristo. El sacerdote. El apóstol. Petrus. El hombre.

sábado, 8 de enero de 2011

Escuela de Barcelona

"El abismo deviene visible en cada brecha. En cada transformación de la realidad, en cada cambio de forma, o en cada vez que el estado de una cosa es alterado, el abismo de la nada es atravesado y se hace visible mediante un instante místico pasajero. Nada puede cambiar sin producirse el contacto con esa región del ser absoluto".

Rabbi Joseph Ben Shalom, de Barcelona (siglo XIII)

P.S. Foto de Monika Horstmann.

martes, 21 de diciembre de 2010

Siete libros (¿para regalar?)

Mi amigo Víctor Gallego me manda desde la fría Noruega su último trabajo: el libro-audio (Ediciones Singulares, 2010) sobre Tolstói, de la serie Los escritores y la música. Incluye un estudio de Víctor sobre la relación del genio ruso con la música. Una delicia. Y, junto al texto, un CD con la música que oía el novelista (comenzando por un Vals en fa mayor compuesto por Tolstói). Merece la pena escucharlo.
Otro buen amigo, el novelista chileno Carlos Franz, ha presentado en Madrid La prisionera. Una novela que se desgrana en un rosario de cuentos; un puñado de cuentos que conforman una perfecta imagen novelística. El libro, editado en Chile, ha obtenido importantes premios, y no me extraña en absoluto. La escritura de Carlos es deslumbrante: por su fuerza, por su ritmo, por su riqueza léxica. Los demonios de Carlos (el mal, la estupidez, el dolor, la falsedad que encierra cualquier construcción cultural o religiosa) reaparecen aquí como un viento helado que corta la respiración. Alta literatura. Un cuchillo. Carlos es el sucesor natural de los Fuentes, Vargas Llosa, Lezama.
Corina Dávalos, amiga, poetisa en este caso, ha publicado un bellísimo, mínimo, esencial libro de poemas. Memoria del paraíso (Siltolá Poesía, 2010). Bloguera de raza, creo que algunas de las composiciones habían aparecido antes en su bitácora. Poder acunarlas entre los brazos, portarlas con uno (como he hecho yo durante mes y medio), abrir el libro y encontrar bellezas como ésta: ASOMBRO. CONTRALUZ, calor y tiempo:/como florece la rosa,/así madura el misterio. Pienso que Corina, si no se traiciona a sí misma, hará una obra poética importante.
Llevo tres noches leyendo, para espanto de Paula, un ensayo de Remo Bodei sobre el fenómeno del déjà vu. Pirámides de tiempo. Hablaré con calma de este libro, que tiene luces y sombras. La principal virtud, a mi modo de ver, está en que el filósofo italiano haya sido capaz de enfrentarse con algo que yo siempre he pensado que tiene un hondo calado metafísico. La sombra, aunque habría mucho que matizar, puede ser que no acabe de enfrentarse al fenómeno desde ese plano. Lo psicológico pesa más, pero me parece que es así porque Bodei no sabe muy bien que hacer con lo que está más allá de lo que se percibe o se ve. Se pierde. Le falta imaginación creativa. No obstante, el tema es tan interesante que la lectura resulta provechosa.
He leído dos documentos, en sendos volúmenes aparecidos recién, que os recomiendo vivamente. El primero, en Hannah Arendt, Lo que quiero es comprender (Trotta, 2010), la carta con la que la filósofa contesta a las acusaciones que había recibido, de parte de Gerhard Scholem, de carecer de afecto a lo judío. Todo giraba entorno al proceso Eichmann y a las consecuencias del famoso libro de la discípula de Heidegger. Alucinante la dureza de las cosas que se dicen, con toda lealtad, respeto y honestidad intelectual. Estos no se andaban por las ramas. Pienso que, junto a la correspondencia de Arendt y Jaspers (incluida en parte en el volumen), de Heidegger y Jünger, y del propio Scholem con Walter Benjamin, este texto apunta a la cuestión esencial de la dialéctica individuo frente a sistema de pensamiento (en cualquiera de los campos o facetas de la vida a la que queramos aplicarlo). El segundo documento es una entrevista que Kevin Power hizo a Pablo Palazuelo en 1995, y en la que hablan a fondo de los primeros tiempos del pintor en París. Me ha interesado el relato que hace de la llegada entonces a la capital de Francia de Eduardo Chillida. Sorprendente lo que dice. Está en un magnífico catálogo que la Fundación March ha editado sobre Palazuelo. Incluye también unas interesantes cartas cruzadas con mi adorado Claude Esteban.
Y, por último, ha salido por fin el texto que Pascal Quignard dedicó al pintor francés Georges de la Tour. Quignard deseca lo que toca. Cómo no recordar su libro, magnífico por lo demás, El odio a la música. Juega esa baza porque se piensa que es la portroyalista. Le falta el espíritu de mes dames et de mes sieurs. Los que hemos aprendido a mirar con Don José (Jiménez Lozano) sabemos que ahí había algo más, pero aún así, y por contradictorio que parezca este approach, el librito es una joya. Yo me alegro de tenerlo en casa al alcance de la mano.

jueves, 4 de marzo de 2010

En ausencia de lo judío

Si la pregunta fuese por qué no ha habido en la cultura española moderna un Einstein, un Freud o un Marx, la respuesta podría parecer pagada y sencilla: porque apenas quedaban judíos en estas tierras. Expulsados de golpe por el edicto de fines de marzo de 1492, apenas se ha producido, en cuatrocientos años, más que algún intento aislado de retorno. Sólo en la segunda mitad del siglo XX, las comunidades judías han ido recuperando, tímidamente, apenas un palmo del terreno perdido en la escena española. Los hechos son estos, o se podrían enunciar así, pero naturalmente nuestra obligación es la de mirar las cosas un poco más de cerca.
Julio Caro Baroja, en su desigual historia de Los judíos en la España moderna y contemporánea, cuenta la anécdota de un miembro de la familia Rothschild, aficionado a las bellas artes, que viajaba de incógnito por España y que, en una iglesia perdida, ante una virgen milagrosa, preguntó al viejo sacristán que le acompañaba por la clase de milagros que se le atribuían a la venerada imagen. "Llora cuando ve a un judío". El visitante se queda mudo, pero espera un rato delante, para ver qué pasa. Al cabo de un tiempo, no puede por menos que expresar que se trata de otro embuste, que él es judío y que la imagen no ha derramado ni media lágrima. "Sí –susurra el guía–, pero por favor no lo repitáis, que yo también lo soy".
A la hora de valorar el hecho de que la literatura española contemporánea (y la cultura en general) haya quedado al margen de la riquísima tradición hebraica, la anécdota, seguramente apócrifa, cobra nuevos significados, a los que intentaré llegar al final de estas líneas.
Resulta evidente que lo hebraico ha protagonizado, directa o indirectamente, la más alta literatura del siglo XX. Si hubiera que establecer un canon con las cien, diez, cinco, novelas más logradas del siglo XX, la única coincidencia segura se produciría en esa trinidad, la cima de dicha elección imaginaria, conformada por A la búsqueda del tiempo perdido, Ulises y cualquiera de las narraciones, geniales e intercambiables, de Franz Kafka.
Las parábolas del escriba de Praga hunden sus raíces en el judaísmo. Pero, y no es tan sabido, las obras de Proust y Joyce se vuelven ininteligibles sin esa conexión hebraica. Joyce descubre en Trieste, de la mano de Italo Svevo, la riqueza y universalidad del mundo de los judíos. El judaísmo es uno de los grandes temas de la segunda parte de la vida de Joyce, y muy especialmente de Ulises, cuyo protagonista es Leopoldo Bloom, hijo de un judío húngaro, y alter ego del artista dublinés, ya no precisamente adolescente.
Como señaló Svevo, su mentor triestino, "lo que da unidadal libro es que, al final de la jornada en que consiste temporalmente la novela, el docto Dedalus llega a sentir al judío Bloom como padre suyo". Afirmación todo lo discutible que se quiera, pero que tiene el acierto de dirigir la flecha en el sentido predeterminado por el propio Joyce. Otra vez estamos ante la dialéctica mosaica y freudiana del parricidio. Como en Kafka. Y como en Proust, donde la muerte del padre se convierte, por medio del judío Swann, cuya vereda nunca abandonará Marcel, en la sustitución del padre. De la relación del Proust de À la recherche con el mundo hebraico, poco se puede añadir a lo señalado acertadamente por Juliette Hassine en dos monografías tituladas Esoterismo y escritura en la obra de Proust (1990), y la posterior y definitiva Marranismo y hebraísmo en la obra de Proust (1994)
El peso de la cultura judía en la cultura occidental del siglo pasado, y en especial en el ámbito literario, es deslumbrante. Y, ¿qué ha ocurrido en España? ¿Ha sido por completo ajena a esta extraordinaria ráfaga de luz? Creo que a esa pregunta se pueden dar dos clases de respuestas. Una, inmediata, que tendría que afirmar que sí, que España ha quedado, una vez más, al margen de lo mejor de la historia humana. Sería interesante analizar la importancia decisiva que esto tiene en el desarrollo del casticismo hispano.
Pensemos en la generación del noventa y ocho. Baroja fue antisemita (en realidad fue antitodo). Azorín mostró una indiferencia pasmosa ante todo lo que tenía que ver con el mundo hebraico, lo que para mí constituye un gran enigma pendiente de resolver. ¿Y Ortega? Ortega, como siempre, es más complicado. No es el lugar para abordar el asunto, pero voy a apuntar algo que siempre he pensado al releer su insoslayable ensayo titulado Dios a la vista. Se trata de un texto que habría que poner en conexión, también, con la interpretación que hace el filósofo de las consecuencias de la teoría de la relatividad einsteniana (en El sentido histórico de las ideas de Einstein). Y lo que se saca de esa especulación tiene bastante que ver con la noción de mesianismo judío, tal y como la explica Gershom Scholem al final de sus Conceptos básicos del judaísmo (Trotta, 1998). La idea orteguiana, según la cual hay un Dios laico, profano, que está antes y mucho más allá de la religión positiva, y que se sitúa a la vista, es decir, que no se puede tocar y manipular, pero que está en el horizonte abierto e inalcanzable del hombre libre, tiene que ver directamente con el vivir en la irrealidad necesaria de la esperanza de algo por definición inalcanzable.
Este es para mí el eje de un segundo tipo de respuesta, que naturalmente apunta a lo esencial. Nosotros no hemos dado a luz a ninguno de los Roth, ni a Elsa Morante ni a Clarice Lispector, ni a Walter Benjamin ni a Canetti, ni a Mandelstam, ni tampoco a Joseph Brodsky. Cierto. Pero finalmente los hemos leído a fondo y, en algunos casos, hasta los hemos asimilado. Evidentemente, eso ha sido así a ambos lados del Atlántico. ¿Es que se puede entender, pongamos por caso, el Diario íntimo de Emilio Prados, o Muerte sin fin, de José Gorostiza, sin la huella hebraica o sin sus imágenes? ¿Se puede entender a Borges, lo que para este significa la escritura, el sistema de signos que rige el mundo, al margen de la tradición judía? ¿Se puede entender a Zambrano sin Spinoza? ¿Y a Valente sin Celan o sin Edmond Jabès? ¿Acaso la metaliteratura de Enrique Vila-Matas significa algo al margen de Kafka?
Cada una de estas preguntas necesitaría un largo desarrollo, innumerables matices y profundizaciones. No es este el lugar por acogedor que resulte. Pero todas ellas apuntan, de un modo u otro, a aquello que dejó escrito Marina Tsevietáeva: "Los poetas somos judíos".
Este dictum pertenece al Poema sin fin, en concreto a los últimos versos del poema duodécimo. La proposición completa es la siguiente: "Si es este/un mundo cristiano, los poetas somos judíos". Qué difícil de interpretar, comenzando por ese si condicional con el que arranca el verso. Yo me quedo con el hecho de que cristianismo y judaísmo estén puestos en relación, aunque se refiera en este caso a una relación de antagonismo. Se trata de la manía insensata que hizo que los judíos fueran expulsados de España, y del resto de los incipientes estados- nación, en pleno Renacimiento. La injusticia que les convirtió, de nuevo, en exiliados que se refugiaban en la ley escrita en los rollos de la Torá y en el abismo de sus corazones de carne. También fue el caso de muchos conversos, marranos o no, protagonistas de un exilio interior, consciente o inconsciente. La raíz estaba plantada, en lo más hondo de la misma condición de cristianos, o de miembros de una cultura de raíz bíblica. Como el sacristán de la anécdota, al que le cuesta reconocer su condición, dentro de cada español hay, lo sepa, lo ignore, o lo rechace, semillas fecundas de un judaísmo que se transforma y vivifica ante cualquier intento de creatividad.
(Este es el texto de un artículo que se publicó ayer en el suplemento Culturas de La Vanguardia)

domingo, 20 de diciembre de 2009

4º Domingo de Adviento: La Visitación

-Supongo que intentan hacerte creer un montón de tonterías.
-¿Tonterías? Ojalá lo fueran. A veces me parecen cosas terriblemente sensatas.
-Pero, mi querido Sebastian, no es posible que tomes todo eso en serio.
-¿No lo es?
-Me refiero a eso de la navidad, de la estrella, de los tres magos y el buey y el asno.
-¡Oh, sí! En eso, sí creo. Es una idea encantadora.
-Pero no puedes creer en algo sólo porque sea encantador.
-Pues yo lo hago. Es mi manera de creer.
(From Evelyn Waugh´s Brideshead Revisited)


miércoles, 18 de noviembre de 2009

FlashBacks

1. En pleno debate sobre la autoría de El Coloso de Goya, Valeriano Bozal ha tenido el buen sentido de reeditar, en la Balsa de la Medusa (2009), su espléndida monografía sobre las Pinturas negras de Goya. Al corpus de la edición previa, de TF, además de algunos añadidos y de una introducción, Bozal, y es sin duda lo más sobresaliente de este acontecimiento editorial, ha redactado de nuevo (tras varios trabajos previos en el mismo sentido) una parte final sobre la influencia de Goya en los orígenes del arte moderno (entiéndase contemporáneo). No me lo perdería. Bozal estrena, o casi, en el ámbito de la plástica, un nuevo concepto de influencia, que tiene que ver con la apertura de horizontes, o de mundos, y con lo que él llama la intención (no del autor, sino de las pinturas mismas). Un ejercicio interesante de comparatismo, lo más parecido a las relaciones de intertextualidad, tal y como las entiendo. En una palabra, se trata de asociar unas cosas con otras por elección afectiva y significativa. Estoy de acuerdo en que la aportación de Goya tiene más que ver con el modo en el que despliega esos mundo (un modo inmanentista, con una visión nihilista del tiempo), que con la originalidad de esos mundos.
2. Por cierto, de las dos atribuciones de autoría recientes, y más sonadas, aludidas en este blog, además de la que se refiere a El Coloso (Bozal dice que a su juicio la cuestión no ha hecho más que comenzar), parece descartada la del autorretrato de Miguel Ángel.
3. Veo con alivio que Gredos sigue publicando nuevos volúmenes de la Biblioteca Clásica (¿para cuándo la edición de las Confesiones de San Agustín?). Acaba de aparecer Las leyes de Cicerón (es el número 381). En estos tiempos en los que el desprecio a la ley es manifiesto (hay piratas en el Índico, y en el seno de las más altas instituciones también), yo les daba a los diputados un cursillo de 10 días (que es lo que han empleado en formar a los nuevos guardatuneros) y les hacía copiar a mano el texto de Marco Tulio. Tiempo les sobra. Y, en un plano aún más decisivo, y para los que no se dan cuenta de que nuestro sistema jurídico es inseparable de un sistema material de valores, o sea que las leyes de la mayoría pueden ser radicalmente injustas cuando tocan los fundamentos de la vida humana, les copio dos frases tan breves como elocuentes, ambas del Libro I: "Lo más absurdo es considerar que es justo todo lo que se ha sancionado en las instituciones y en las leyes de los pueblos". "Si la naturaleza no va dar firmeza al derecho, se suprimirían todas las virtudes… porque no existe ninguna justicia en absoluto sino lo es por naturaleza, y la que se establece por mera utilidad será pronto echada abajo por otra utilidad de signo contrario". Para la tranqulidad de las mentes laicas (como es la mía, por cierto), hay que señalar que la defensa de una determinado concepto de naturaleza humana, en el que se fundamenta cualquier posibilidad objetiva de defensa de la dignidad inherente a todo hombre, no es propiamente un invento cristiano.
4. Una persona me sugería, a propósito de la distinción (sucesiva, no excluyente) entre conocer y reconocer de la que hablaba hace pocas entradas, la importancia del des-conocer. Y lo hacía, claro (?), aludiendo a la Nube del Desconocimiento. The Cloud of The Unknowing. El tratado anónimo del siglo XIV. La primera vez que me encontré con este texto inglés fue estudiando los Cuatro Cuartetos de Eliot (nadie como él ha asociado textos e imágenes en sus obras; yo querría ser un mero aprendiz del viejo gato). And you see behind every face the mental emptiness deepen/Leaving only the growing terror of nothing to think about;/Or when, under ether, the mind is conscious of nothing–/I say to my soul, be still, and wait without hope (Burnt Norton, III). La caída, el vaciamiento nunca suficientemente reforzado, el terror ante la nada, y el tipo de consciencia, pasiva, que se desprende, cayendo, de ese terror. L´autore de la Nube sa dunque andare al cuore delle cose. Nella dimensione dell´esere, ma anche, dell´esistere. Conocer, reconocer y des-conocer se funden en la noche. Apenas se entrevé algo que no es. Recuerdo (a propósito de la bellísima foto que encabeza esta entrada) una frase de un místico del XX, que te la dedico a ti: La nebbia è l´opposto dell´astratto. E´l´ogetto totale.
5. A primeros del mes de agosto hablé, con ligereza, de un escritor al que admiro. Recientemente me lo encontré y me afeó la conducta. El modo en el que lo hizo, el valor de sacarme el tema sin ningún rubor, y sin la menor violencia verbal, todo lo contrario, pero queriendo que la verdad prevaleciese, revelaban las formas inequívocas de la inteligencia y de la humildad. Mi admiración no ha hecho sino crecer, desde entonces.
6. Estos días no he parado de dar vueltas a la frase de Agustín, según la cual Dios que nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Nunca la había entendido. No me entusiasman las paradojas. Pensaba que se refería a una especie de opción fundamental final, del concurso necesario de la voluntad propia, por muy inspirada que ésta deba de estar, según el dogma católico, por la Gracia. No digo que no tenga que ver con eso, pero creo que se refiere a otra cosa de modo principal. Dios que te ha creado sin ti: que te ha hecho así, por temperamento, que ha permitido unas circunstancias conformadoras en tu vida, no te salvará sin tenerlo todo en cuenta. Es más, te salvará desde ese modo de ser tuyo (en el que no has participado más que como un mero actuante entre muchos otros), por ese modo de ser tuyo, con todas sus debilidades e imperfecciones, amadas por Él, queridas por Él, para ti. Eso es lo que puede querer decir que no te salvará sin ti. A eso me refería, Isabel.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Dos notas sobre Kafka

En mi último viaje a Portugal, recalé en Oporto, en casa Agustina Bessa-Luis. Fue una visita inolvidable, por muchas razones. Tuve en mis manos sus manuscritos: unas hojas grandes, más grandes que un folio, cubiertas en un 98% o más de su superficie por una escritura minúscula, perfecta, recta (una de esas páginas manuscritas equivalen de hecho a unas tres o cuatro páginas impresas; otro dato increíble, pero cierto, es que un número importante de los manuscritos llegan exactamente hasta el folio 100). Apenas había borrones. A veces, una palabra tachada con cuidado. La cara de atrás en blanco, y cada treinta o cuarenta páginas, a la vuelta, una línea de sustitución o añadido al texto principal. Para mí estaba claro que no se trataba de una cuestión de economía de papel (¿por qué dejar entonces la vuelta en un blanco impoluto?). Los manuscritos, que me recordaban sin duda a los indescifrables microgramas de Robert Walser, tenían de por sí un valor y una belleza buscados. Le comenté a Alberto Luis, el marido de Agustina, mi admirada sorpresa, y me dijo lo siguiente: "Los manuscritos reflejan, en su perfección, el modo en el que María Agustina se concentraba en la escritura". Claro. En el fondo ya lo sabía. En una conferencia sobre Kafka (Kafka y el bacilo de la indecisión), que yo no había leído antes de terminar mi libro, Agustina dijo que la concentración en la escritura era la forma que ella tenía de acceder a lo sagrado. Sus manuscritos demuestran ambas cosas: el modo en el que se concentraba cuando escribía, y aquello a lo que esa concentración apunta.
En El Cazador Graco, de Guy Davenport, después de acabar mi libro,  y sin tiempo ya para recogerlo en un añadimiento, encuentro varias ideas e intuiciones idénticas a las que yo he formulado en mi escrito. "Todo en Kafka trata de una historia que aún no sucede. Su hermana Ottla moriría en los campos de concentración, junto con todos sus demás familiares. La palabra alemana para insecto (Ungeziefer, "sabandija"), que Kafka usó para Gregor Samsa, es la misma palabra que los nazis usaron para referirse a los judíos, y exterminar insectos era uno de sus eufemismos obscenos, como lo ha señalado George Steiner. Muy poco tiempo después de la segunda Guerra Mundial se hizo evidente que con El Castillo y El Proceso, y especialmente En la colonia penitenciaria, Kafka estaba describiendo con precisión los mecanismos de la barbarie totalitaria". Como María Zambrano, Davenport afirma que "el tiempo de Kafka es el tiempo del sueño, el tiempo interminable de Zenón". Hay muchas más, algunas consideraciones muy iluminadoras sobre el oximoron en la obra de Kafka. Pero, hay una, de método, que me resulta increíblemente próxima, a pesar de no haberla leído antes de escribir yo: "Kafka tenía que ser muy claro y muy simple precisamente para afirmar que nada es claro y simple. En su lecho de muerte dijo, refiriéndose a un jarrón de flores, que éstas eran como él: vivas y muertas simultáneamente. Todas las demarcaciones son algo difusas. En contra de lo que pensaba Heráclito (Davenport añade, en otro lugar, que Kafka era pre-pre-socrático), algunas series poderosas de opuestos no cooperan. Luchan. Oscilan indecisas sobre el fiel de la balanza de toda certeza. Como decía Kafka, es fácil creer en cualquier verdad y en su contrario."
Resulta emocionante reconocer que alguien llegó, por caminos muy distintos, a formulaciones tan exactas de lo que uno ha pensado sobre algo. Y más aún, si cabe, a vivir cosas tan íntimas del mismo modo que uno; naturalmente me refiero al manuscrito de Todesabanden, y a la concentración que yo siempre he buscado.
(La foto fue realizada por Claude Cahun en los años 30)

sábado, 24 de octubre de 2009

Abecedario espiritual o Nuevo Libro de los Amigos

Amor
Sabemos sin duda que es tan poderoso el amor, que lleva tras sí al hombre, casi sacando el corazón fuera de sus términos y poniéndolo donde el mismo amor se pone; y como el amor de Dios sea más poderoso, también trae al Señor consigo; en tal maña que puede decir el mismo Señor: Donde estuviere mi amor estaré yo; y como Dios es impartible e indivisible, síguese que quien ama al Hijo tiene consigo al Padre y al Espíritu Santo, cuyas riquezas, como no están fuera del mismo Dios, también las trae consigo el que tiene a Dios, porque siempre se trae consigo sus bienes; y como los cuidadanos celestiales más estén con Dios que en sí mismos, no hay duda sino que se van con el mismo Señor adonde el amor les lleve para tener compañía a su Señor; de lo cual se sigue que donde está el amor de Dios está todo el paraíso, y aun que el verdadero paraíso es el amor de Dios, porque ni el paraíso celestial sería paraíso sin amor, ni donde está el verdadero amor de Dios falta por entonces todo lo que está en el cielo empíreo, el cual se dice el mayor y primero de los cielos, así como el amor es el mayor y primero de los mandamientos.
Tercer Abecedario Espiritual de Francisco de Osuna.
La foto está tomada por Manel Armengol en Santa María de Eunate, Navarra, en 1989 (Kodachrome 64-35 mm)

sábado, 17 de octubre de 2009

ABORTO

Mi querido amigo Fernando de Haro me manda el Manifiesto Sobre el Aborto que Comunión y Liberación ha presentado a propósito del proyecto de ley que, próximamente, va a tramitarse en el Congreso de los Diputados de España. Me lo manda y me propone que responda a unas preguntas acerca de ese texto, para publicar mi opinión en PáginasDigital.
-¿Qué le ha parecido el manifiesto?
Me parece un escrito que intenta hablar de muchas cosas al mismo tiempo. De cosas muy complejas y difíciles en muy pocas líneas. Algunas cuestiones se solapan, en una cierta confusión, pero se trata de un texto que parte de una idea que comparto: que el problema del aborto, tal y como está planteado hoy, surge en realidad de la extensión de una mentalidad que se enfrenta a la vida, propia y ajena, desde la ausencia de sentido. Algo a lo que el propio aborto contribuye, en una espiral nefasta, a aumentar de manera exponencial, aunque no irreversible.
-¿Que le parece la vinculación del aborto con la cuestión del gusto y el sentido de la vida?
Permítame que me extienda un poco más sobre este punto crucial. Me parece una vinculación al mismo tiempo problemática y ajustada. Parece escandaloso, ante la tragedia del aborto, ante el hecho de que una vida nueva sea segada en su mismo comienzo, ahora de manera impune, y hasta sobreprotegida por parte de una ley inicua, una anti-ley de signo totalitario, hablar sin más del gusto por la vida. No pocos abortos se perpetran en nombre de una determinada concepción de la vida en la que la enfermedad quiere, como un fin que todo lo justifica, ser excluída del mapa de la vida: sólo se considera digna de ser vivida una vida en la que el disfrute no quede de entrada impedido por la enfermedad; también se cree que un embarazo prematuro, en una adolescente, trunca inevitablemente su vida, si se quiere que ésta sea razonable, placentera o gustosa. Hay que ser muy cuidadoso con las palabras. Quizás podría comprenderse mejor el mensaje si se mencionara directamente la palabra amor, la vinculación afectiva con la vida. El afecto a la propia vida (con todos las carencias y limitaciones que siempre presenta, pero también con todo su secreto esplendor) está íntimamente unido al amor a la vida ajena. Esencialmente se trata de una relación entre personas, o sea, de la proyección exterior de nuestra vida más radicalmente íntima. Un apertura a otro. Una aventura, de conocimiento y amor a otro. Es mucho más importante darse cuenta de que un niño concebido es alguien, es otro, autrui dicen con singular precisión los franceses, que reconocer que, además, es nuestro hijo. La alteridad es algo más radical y anterior aún que la filiación. Otro que por serlo es, de entrada, literalmente intocable. Alguien que debe ser paulatinamente acogido y amado. La historia de la humanidad es siempre una cadena, hecha con eslabones de amor o de indiferencia u odio. Un amor que al crecer en nosotros, nos hace crecer; en realidad es lo único que nos hace crecer como personas. Lo único importante. Sólo si se descubre el amor personal, cosa de la que siempre se está a tiempo (por duras e inhumanas que hayan sido las condiciones vitales que han rodeado la existencia de alguien), la vida adquiere un sentido. Hasta el punto de que se está incluso dispuesto a "perderla" en favor del otro.
-Se habla en el texto de la necesidad de una respuesta educativa para responder a la mentalidad que subyace a la reforma de la legislación. ¿Qué le parece?
-Me parece indispensable una respuesta en ese plano. Sobre todo porque se trata de una respuesta indirecta, pero por eso mismo siempre más auténticamente conformadora. A amar la vida, a contemplar su dignidad inviolable, en todos los casos (especialmente de la vida indefensa o enferma), no se enseña indicándolo de un modo imperativo sino, indirectamente, fomentándolo de un modo natural en todos los momentos de la vida.
 -¿Cómo cree que es posible responder a la soledad que acompaña al aborto?
-Poniéndose siempre de parte de quien sufre. Primero, de la criatura a la que se le mata. También, por supuesto, acompañando la soledad y el sufrimiento de las madres y los padres de esos niños que no verán la luz. Especialmente después de haberse llevado a cabo la injusticia. Tengo cerca de mí personas que han cometido abortos. No voy a decir que desde entonces les quiero aún más. No es exactamente eso, pero hay algo insondable que me une más a ellos; quizás sea la intuición de un dolor que comparto plenamente. Lo siento. No sé explicarme bien. No hemos siquiera comenzado a imaginarnos el dolor que un solo aborto genera en todos: en los que participan directamente en su ejecución pero también en todos los que formamos la sociedad, que aún antes que política, es humana.
(La imagen es de Onement VI, un cuadro de Barnett-Newman de 1953)