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domingo, 22 de abril de 2012

El hombre de la alpargata


A mi amiga Cristina W.

Me cuenta alguien que conoció de primeras al Pla, Josep, que llegada una edad él no se quitaba nunca la alpalgarta/espardeña. Entraba a cenar con el equinodermo a la Gavina y todos los presidents (entonces Presidentes), de Aguas de Barcelona, de la Diputación y del Ateneu, de todo lo que se movía en aquella España inmóvil, se levantaban cuadrados como un solo ente a saludar al hombre de la alpargata. Por cierto el tío no pagaba nunca, es más no llevaba peseta en el bolsillo roto del pantalón azul. El único maître à penser de los últimos cincuenta años en España (y quizás también en Europa). El amigo que me lo contaba iba él mismo a los consejos de ministros con una cuerda de sirga a modo de cinturón para escándalo de los democristianos y centristas de marras. Me he acordado de ti al ver esta maravillosa foto del gran Quim Gomis al que por fin le dedican una antológica no sé donde (sorri, no tengo esa visión global del arte, yo soy un paysanne que sólo quiere vivir solo en el pequeño rincón vasco, ponerme la alpargata azul celeste para siempre y dejaros en paz a todos, menos mal que no te diste cuenta de que tenía no sé cuantas manchas de los cojinetes de mi perro el único que de verdad me quiere y me da más de lo que yo le doy a él de largo). Conste que todo esto que te digo es un secreto: private jokes que te digo en público. Pero a lo que voy, me encantó tu historia de la biblioteca virtual esa que han hecho unos arquitectos madrileños y marmóreos en la que algún hortera se ha gastado tanto en el inmueble que para los muebles, los movibles-bailables-entregables, les volailles, oseasé los libros no queda un solo euro-duro: entonces a algún inasequible al desaliento se le ha ocurrido decorar las paredes, asín se ahorran las estanterías, con unos papeles pintados, trompe-l´oeil, con miles y miles de imágenes de libros de todas las formas y colores. Oyes, dí que sí, que pa algo está de moda lo virtual y lo icónico. Si alguien quiere un libro, rellena una ficha y se lo traen al tiro de otro sitio. Ja, ja, ja. Menudo descojono de país. Si Larra levanta la cabeza se vuelve a suicidar. Y aquí es donde viene la pedantería esa de la hybris, la desmesura y la impureza democristiana todo eso junto. Claro que sí Cristina, sé un montón de etimología y sé, que te quede claro, que virilidad, además de significar transparencia, tiene la misma raíz que la palabra virtud, es decir fuerza, energía potente de la buena como la tuya, qué bendición de madre que se pasa el día pensando si el tono del saludo matinal ha sido o no el adecuado, te parece poca virtud, rectitud, bonanza, a las tres de la mañana seguía pensando en la calidad del paño. Bueno, pues eso que me contaste de la flamante biblioteca lo vemos todos los días en todas partes. Grandes edificios de arquitectos cargantes llenos de vacío. Es un problema de mesura, de medida, de gusto, como tantas cosas en la vida esa que vives con toda la pasión y la inteligencia que saltan a la vista y que para mí será un honor, de ahora en adelante, compartir contigo si tú me dejas. Firmado: tu amigo el hombre de la alpargata.

viernes, 16 de marzo de 2012

Train to hell: El túnel de Dürrenmatt


Alpha Decay publica, en su cuidada colección Alpha Mini, El Tunel de Friedrich Dürrenmatt en una edición primorosa de Juan de Sola. Como ya hicieran entre otras con obras tan emblemáticas como la de Delmore Schwartz (En los sueños empiezan las responsabilidades), los editores de Alpha Decay proponen en estos volúmenes un juego especular que a mí me parece hoy más que necesario: a una obra capital, en este caso la nouvelle El túnel del siempre inquietante autor suizo Dürrenmatt, en una nueva traducción (casi una edición crítica), se le añade un largo epílogo que es un esfuerzo por contestar al texto que le precede y al que sirve con lucidez. En el caso del germanista Juan de Sola el resultado no puede ser más satisfactorio. A la clásica narración se añade un espacio de reflexión y de crítica que nos permite realizar una lectura ejemplar del texto. Animo a la legión de escépticos, en este caso equivalente a la de los incultos, a zambullirse en el volumen para darse cuenta de que la lectura de una crítica, alejada tanto de la pedantería como de la superficialidad, puede ser tan memorable como la de una ficción. En realidad la crítica es otra forma de ficción.
El polifacético Dürrenmatt nunca defrauda, y mucho menos lo hace en las narraciones cortas como ésta. En ellas acumula sus virtudes como literarto, como hombre conformado por el teatro y por la arquitectura: la capacidad de plantear una situación netamente espacializada, la destreza en profundizar en la angustia de un hombre contemporáneo que se hunde sin saberlo hasta profundidades abismales, el talento para dotar a sus historias de una dimensión alegórica que las abre hasta hacerlas universales.
La "inmediata proximidad de las paredes del túnel", un túnel por el que se precipita hacia la "nada" a la que se alude al final de forma más o menos secante. En esa proximidad que convierte las paredes de la montaña en una segunda piel para el viajero consciente (y que recuerda como un calco a las paredes con la que Santa Teresa describe sus visiones de los espacios más allá), y en esa alusión final de corte nihilista (pero también místico) se encierra a mi juicio una parte importante del sentido de esta maravillosa narración.

martes, 25 de octubre de 2011

Cristina Campo en Revisiones 06


Me satisface enormemente anunciar que en el último número de Revisiones, en el 06, hay una traducción de la Elegía de Portland Road (1958) de Cristina Campo, dedicada a contemplar la última estancia de Simone Weil en dicha calle londinense. María Pertile, con ayuda de Pepa Balsach han realizado una espléndida versión del poema, y María ha introducido la figura de Cristina Campo en un artículo precioso. Hay muchas más cosas en el número: Jean Clair, Alice Munro, Jiménez Lozano, Peter Zumthor, Robert Motherwell, Agustina Bessa-Luis, Borys Groys escriben en él o son objeto de un artículo monográfico. El número cuenta además con una traducción de Tres muertes de Tolstoi a cargo de Selma Ancira (en el centenario de la muerte del escritor ruso) y con un año entero en exclusiva del diario del escritor portugués Joao Bigotte Chorao.

sábado, 24 de octubre de 2009

Abecedario espiritual o Nuevo Libro de los Amigos

Amor
Sabemos sin duda que es tan poderoso el amor, que lleva tras sí al hombre, casi sacando el corazón fuera de sus términos y poniéndolo donde el mismo amor se pone; y como el amor de Dios sea más poderoso, también trae al Señor consigo; en tal maña que puede decir el mismo Señor: Donde estuviere mi amor estaré yo; y como Dios es impartible e indivisible, síguese que quien ama al Hijo tiene consigo al Padre y al Espíritu Santo, cuyas riquezas, como no están fuera del mismo Dios, también las trae consigo el que tiene a Dios, porque siempre se trae consigo sus bienes; y como los cuidadanos celestiales más estén con Dios que en sí mismos, no hay duda sino que se van con el mismo Señor adonde el amor les lleve para tener compañía a su Señor; de lo cual se sigue que donde está el amor de Dios está todo el paraíso, y aun que el verdadero paraíso es el amor de Dios, porque ni el paraíso celestial sería paraíso sin amor, ni donde está el verdadero amor de Dios falta por entonces todo lo que está en el cielo empíreo, el cual se dice el mayor y primero de los cielos, así como el amor es el mayor y primero de los mandamientos.
Tercer Abecedario Espiritual de Francisco de Osuna.
La foto está tomada por Manel Armengol en Santa María de Eunate, Navarra, en 1989 (Kodachrome 64-35 mm)

martes, 6 de octubre de 2009

Dos artistas/Dos exposiciones

Desde el pasado 29 de septiembre, y hasta el próximo 11 de enero, en el Museo del Centre Nationale de l´histoire de l`immigration de París, Mathieu Pernot presenta una exposición en la que se puede contemplar su trabajo titulado Le Grand Ensemble (incluidas, según entiendo, una parte de sus Implosions).
Por otro lado, José Ignacio Agorreta, inaugura su exposición de pintura el 9 de octubre, en el Polvorín de la Cuidadela de Pamplona (permanecerá instalada allí hasta el 1 de noviembre).
Dos artistas (no sé si a Mathieu le gusta mucho esa denominación) en el dantesco medianero de la vida, como yo, mediada la cuarentena, dos personas que han trabajado con ahínco durante más de veinte años, con una obra importante ya detrás, persiguiendo siempre una vocación expresiva muy radical, y que en ambos casos tiene que ver muy concretamente con el pasado histórico reciente y con la secuencia de las huellas del paso del hombre en determinadas situaciones sociales e históricas.
Mathieu Pernot, que ha realizado trabajos admirables acerca de la concentración de gitanos en campos durante la Segunda Guerra Mundial, siguiendo sus pasos hasta nuestros días, se ha ocupado ahora de lo que queda de los asentamientos de inmigrantes en la Francia del desarrollismo industrial de los sesenta. Ha compuesto piezas dialogadas, dignas de Beckett y de Robert Pinget, yuxtaponiendo los textos de las postales que los inmigrantes enviaban a su parentela. Ha fotografiado edificios. Ha valorado el espacio de un sueño, cercano siempre a la pesadilla del mecanicismo industrial y del desarraigo humano.
Por su parte, Agorreta, lleva años pintando fábricas abandonadas. Sabe mejor que nadie que la belleza es con frecuencia un subproducto de difícil aprehension, y que se encuentra a menudo donde menos se la espera, siempre que uno dirija su mirada hacia los lugares por los que el hombre ha pasado y sufrido, construyendo sus castillos en el aire.

martes, 4 de agosto de 2009

Roger Raveel

Hace unos días, en mis incursiones a la rue Gambetta, encontré un catálogo amplio de Roger Raveel, un pintor que desconocía y que me entusiasmó a la primera. Belga, flamenco, lo primero que me sorprendió fue el uso del color en sus cuadros. ¡Qué verdes, qué azules, qué blancos! Fue una especie de coup de foudre, a través de las reproducciones de un libro magníficamente editado (Roger Raveel, Editions Snoeck, 2006). Llevo días viendo con calma los cuadros, intentando meterme en ese mundo mágico de Raveel, leyendo los textos (entre otros escriben Hugo Claus y Roland Jooris), aproximándome, intentando hacerme una primera composición de lugar. Me parece una especie de síntesis o de secuencia de todos los movimientos del siglo: desde el expresionismo abstracto al pop art y desde el surrealismo (veo muy presente el mundo onírico de Balthus y la delicadeza imaginativa de Cornell) o la pintura metafísica hasta la figuración de Lucien Freud. Es impresionante la capacidad de personalizar todas las influencias (Mondrian, Matisse, los fauve, la escuela de París, pero también Van Gogh o de Staël) y de crear un mundo absolutamente luminoso y propio. Su realción con los rusos o los norteamericamos merece un estudio pormenorizado. Me parece un pintor muy dotado plásticamente y con una carga intelectual potentísima. Hugo Claus le pasaba, antes de publicarlas, todas sus novelas, confiado su capacidad de lector. Hace en su pintura una auténtica poética del cuadrado (una poética que por momentos se transforma en una metafísica), del uso de los espejos, de la anulación del rostro (son especialmente llamativos los retratos de su padre, en los que sustituye las facciones naturales por cuadrados de color). Pintó junto a otros pintores belgas, los bajos del castillo de Beervelde (en la foto de abajo).


Hay que ir a verlo: su obra, en la que integra de forma magistral la pintura en los elementos arquitectónicos, destaca de manera fulgurante en aquel lugar. El secreto de la pintura de Raveel, como en los viejos maestros del Renacimiento, reside en la luz. Una luz fresca, visionaria, que desprende la energía peculiar, la claridad y la alegría de vivir que sólo la gran pintura puede proporcionar.

martes, 14 de abril de 2009

Peter Zumthor

Ayer se conoció la noticia de que habían otorgado el Premio Pritzker de arquitectura (el máximo galardón en ese arte, algo comparable al Nobel de Literatura) al arquitecto suizo Peter Zumthor. Me he alegrado muchísimo. Hablé de él varias veces cuando comencé este blog, a propósito del concepto de atmósfera, algo que yo quería conseguir aquí y que ha sido la idea rectora de su arquitectura. Un espacio humano, a la vez abierto y recogido, personal, de todos, cálido, luminoso, sombreado, amplio pero también ajustado, efímero y permanente. Hijo de un ebanista, y formado inicialmente como tal, a Zumthor le gusta recordar que sólo es un carpintero que intenta decir la verdad. Enamorado del pasado, ha procurado siempre respetar y recrear los elementos dados, proyectándolos a una dimensión intemporal. En la foto de arriba, aparece la sala del Museo Kolumba de Colonia (2007), en la que ha recompuesto las ruinas de una capilla gótica bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. En la foto de abajo aparece su rehabilitación de la termas romanas de Vals, en Suiza (1996). A Zumthor le gusta repetir con William Carlos Williams que no hay más ideas que las que se concretan en las cosas. Yo añadiría que las únicas cosas que valen la pena son las que facilitan y propician las acciones humanas; así veo yo su espléndida arquitectura.

lunes, 26 de enero de 2009

La cabaña de Heidegger

Con este mismo título, La cabaña de Heidegger, la editorial Gustavo Gili, GG, ha publicado un hermoso libro escrito por Adam Sharr. Tiene un subtítulo: Un espacio para pensar. Puestos a ello, lo primero que me viene a las mientes es que si para pensar necesitas un determinado espacio, malo. Pues no lo dirá Ud. por Heidegger, al que parece que la mente le discurría con bastante soltura. Pues sí, lo digo por él, que fue un gran y a la vez nefasto pensador. Personalmente, cuando me encuentro con exaltaciones exageradas del espacio, me echo a temblar. Me pasó por ejemplo en el Chillida-Leku. Lo visité con mi amigo Adam Zagajewski. Nuestro guía, un hombre muy educado por lo demás, insistía en la antiguedad de los árboles, de las piedras, en que siempre habían estado allí y en el modo en el que el escultor había querido perpetuarse en su tierra. Todo muy vasco y muy heideggeriano. Adam y yo nos confesamos después que habíamos estado a punto de salir corriendo en varios momentos de la visita. Desde luego si me pierdo no me busquéis por allí. El libro es precioso, materialmente hablando. El autor es incapaz no obstante de establecer la crítica a la idolatría del lugar. Peor para él.
Se recoge, en el sexto capítulo, Los habitantes de la cabaña y sus relatos sobre ella, la visita de Paul Celan a la cabaña de Todtnauberg. Se cuenta de forma sesgada, sin querer entrar en el fondo del asunto (yo lo he contado en otro post). No me extraña porque, probablemente, si lo hiciera, el autor hubiera escrito otro libro, con los mismos materiales. Peor para él: hubiera sido un libro mucho mejor.
Recuerdo, y comparto, la frase de Steiner según la cual el hogar era cualquier sitio en el que hubiera una mesa, una lámpara y un libro. Algunos no necesitamos casas de diseño, cabañas en el bosque ni templos aptos para el sacrificio. Preferimos la gente a los lugares. Preferimos lo feo a lo aparentemente perfecto. Hemos aprendido a quedarnos allí donde nos planten. A la espera de que algún bárbaro idiota nos arranque de cuajo. El viento de la historia y del espíritu nos irá llevando de aquí para allá.
(La foto de arriba es de la cabaña de Heidegger en la Selva Negra alemana; la de abajo recoge otras cabañas, muy chulas también, sobre las que Heidegger guardó un ominoso silencio)

martes, 25 de noviembre de 2008

Sean Scully

Nueva exposición de Sean Scully en la Galería Carles Taché de Barcelona. Se inaugura el próximo jueves, 27 de noviembre, a las siete y media de la tarde, con la asistencia del artista. Ojalá pueda pasarme. Adoro la pintura de Scully. Acaso el pintor vivo que más me interesa. Y no es fácil hablar de su pintura. Nada fácil. Su literatura está por hacer, en gran parte. Paco Jarauta y otros han aportado algunos elementos para la reflexión pero falta mucho. Como ocurre con Rothko, Congdon, Poliakov, Staël o Zoran Music, y con tantos otros genios de la última mitad del llamado "siglo breve". Me voy a limitar a copiar dos afirmaciones del propio Scully. Una sobre el color, uno de los logros indudables de su trabajo pictórico ("Mi sentido del color es muy lento. Pintar requiere muchos años, es cosa de una vida entera. No se trata de tener una idea sino de llegar a poder expresarla en pintura. Trato de valerme de un lenguaje urbano, de un lenguaje de origen arquitectónico pero impregnado de emoción. Quiero que resulte un lenguaje común, normal, urbano que sea capaz de transformar mi pintura en una sensación, en un sentimiento"). Y otra, más general, sobre la idea que alienta en su pintura: "puede que si mi pintura te lleve a la meditación, sea porque en realidad pretendo representar el mundo, no como lo hace un pintor figurativo, sino produciendo un impacto, una impresión simultánea de varias cosas a la vez. Cada día miro al cielo para captar el color de la jornada con ansias de conseguir una síntesis entre el mundo cultural, mundo natural y mundo personal. A partir de la geometría, que es en realidad nuestro mundo mental, el de la arquitectura, de la matemática, deseo estructurar el mundo, resolver la diferencia entre el mundo geométrico y el cultural, en una perfecta comunión".

sábado, 5 de abril de 2008

Las atmósferas de Peter Zumthor



He pensado mucho en qué es lo que admiro en mi amiga fotógrafa de Barcelona. Y el otro día encontré, en un libro del arquitecto suizo Peter Zumthor, una idea que me iluminó a ese respecto. El libro se titula Atmósferas (Gustavo Gili, 2008) y, entre otras cosas, dice lo siguiente: "Entro en un edificio, veo un espacio y percibo una atmósfera, y, en décimas de segundo, tengo una sensación de lo que es. La atmósfera habla a una sensibilidad emocional, una percepción que funciona a una increíble velocidad y que los seres humanos tenemos para sobrevivir. No en todas las situaciones queremos recapacitar durante mucho tiempo sobre si aquello nos gusta o no, sobre si debemos salir corriendo de allí. Hay algo dentro de nosotros que nos dice enseguida un montón de cosas: un entendimiento inmediato, un rechazo inmediato. Naturalmente, conocemos bien la respuesta en el ámbito de la música. En el primer movimiento de la sonata para viola de Brahms (Sonata nº 2 en mi bemol mayor para viola y piano), cuando entra la viola, en un par de segundos ya está ahí, y no sé bien por qué. Y algo parecido ocurre en el ámbito de la arquitectura. No tan poderosa como en la más grande de las artes, la música, pero también está ahí".
Las fotos de mi amiga consiguen reflejar una atmósfera que me acoge. Yo querría crear en este blog una atmósfera, nada más que una atmósfera.