lunes 23 de noviembre de 2009

Tonight Will Be Fine (Cohen/Thompson)

Notas para un diario 142

Trabajo. Trabajo. Trabajo. Mientras preparo, para La Vanguardia, un artículo sobre las consecuencias, en la literatura española moderna y contemporánea, de la expulsión de los judíos de España (menudo temita: a ver por donde salgo), voy pensando en lo que diré en la presentación de Algunos hombres y otras mujeres… el magnífico libro de cuentos de Isabel Nuñez, que tendrá lugar en Barcelona el 11 de diciembre. Poco después, terminaré un escrito sobre la obra fotográfica de Anna Malagrida para el catálogo de la exposición antológica que la Fundación Mapfre prepara para el comienzo del mes de mayo. A continuación debo entregar dos textos largos para la edición de sendos libros de actas de congresos en los que participé (uno sobre la literatura de la Guerra incivil y otro sobre un pintor norteamericano). Los tengo hechos, pero hay que realizar la versión escrita. Lo mismo me ocurre con otro, tercero, sobre John Ashbery, y su Autorretrato sobre un espejo convexo, que yo mismo editaré en primavera, en forma de libro, con contribuciones de otros cuatro colegas/amigos. Prepararé estos textos a partir de enero, metido en pleno curso universitario, un curso que recomienza con el plan Bolonia (por fin se llamará tan solo Literatura) y que tengo que redefinir y perfilar. Hay tres reseñas mías pendientes de publicación en dos periódicos nacionales. A raíz de mi libro, dos fundaciones, una en Madrid (March) y otra en Niza (Treilles), me han pedido (o aceptado) dos conferencias sobre Kafka y una ponencia en un seminario de profesores que tratará sobre el sentido de culpabilidad en la obra kafkiana, respectivamente. Pero eso será para el otoño de 2010. Ahora, en cambio, me concentro en preparar la presentación, a primeros de febrero, del libro en el Call de Gerona, y también las propuestas de traducción al alemán y al francés. Ambas van por buen camino. También estoy traduciendo un ensayo sobre la autobiografía de Zagajewski, que salió hace un año en la revista Turia, y que se publicará en los Estados Unidos de América. He mandado hace poco un cuento a la revista La alegría de los naufragios, de Sevilla. Y estos días, varias personas leen y corrigen mi novela (La tercera persona). Me han anunciado una invitación a un programa de música de RNE. Y he solicitado una beca para irme a Canadá cinco semanas, para después escribir un artículo sobre la Munro. Enrique Vila-Matas ha enlazado mi blog en su web. De hecho, estoy pensando en transformar este blog en una página web (que incluya por supuesto la bitácora, pero que se abra a otras cosas). Pero, con todo, lo que más me ocupa (dejando aparte los 4 niños (3 adolescentes), que más que ocuparme me descansan) es sin duda la puesta en marcha de un grupo de investigación (internacional e interdisciplinar), con más de 30 profesores, sobre el abandono de la figuración en las artes contemporáneas. Además de los siete tipos de actividades distintas que comporta, me ocupo también de no estorbar demasiado en los primeros pasos de una tesis que dirijo dentro de este proyecto. Y, por supuesto, el nuevo libro, que tratará sobre el paso de los exiliados por el Pirineo occidental en la Guerra incivil y en las Guerras Mundiales. Ocioso, lo que se dice ocioso, no estoy. Pero a juzgar por el estado de mis cuentas, tampoco se puede afirmar que esto sea propiamente un negocio. Si no es ocio, ni neg-ocio, será que estoy como siempre en una terra nullius: en un tercer estado indeterminado pero inconcuso. Conste que no me quejo ni del mucho trabajo (no sabría hacer otro), ni de la poca paga (yo mismo lo elegí). Este es mi viaje de regreso a Ítaca, y estoy encantado de que sea así, largo, moroso, humilde, aventurado, lleno de peripecias, de conocimiento y de amor, y con una dosis cierta de impotencia y de caos.

domingo 22 de noviembre de 2009

Somewhere Over The Rainbow (John Martyn)

Ceguera (espiritual)

Ceguera (espiritual)
La ceguera espiritual no proviene de las imágenes que el hombre se hace de las cosas sensibles, sino de las imágenes sensibles que el hombre se hace de las realidades inteligibles, porque la suplantación en este terreno es imposible de detectar. El peligro de ensoñación y desvarío es más fuerte a medida que las representaciones o imágenes son más perfectas y autosuficientes, es decir, a medida que tienen una mayor coherencia interna, o una mayor perfección formal. La desorientación afecta entonces a la idea que el hombre se hace de sí mismo, en la medida en que orienta su conducta según una representación determinada del bien como si se tratase del bien mismo.
(Fragmentos tomados de la Estética de María Antonia Labrada)

sábado 21 de noviembre de 2009

Partita n. 4 (BWV 828). Sarabande (Bach/Gould)

viernes 20 de noviembre de 2009

Somewhere Over The Rainbow (Keith Jarrett)

El mar

Boris, pero hay algo: yo no amo el mar. No puedo. Tanto espacio, y no se puede caminar (23 de mayo de 1926, domingo)
Boris, acabo de regresar del mar y he comprendido una cosa. Constantemente, desde el día en que por primera vez no lo amé (en la infancia lo amaba, como amaba el amor), intento amarlo, con la esperanza de haber madurado, de haber cambiado, o de que sencillamente de repente empiece a gustarme. Exactamente como sucede con el amor. Identificación absoluta. Y cada vez: esto no es lo mío, no puedo. El mismo juego apasionado (¡sin coqueteo!), flexibilidad ilimitada, intento de infiltrarme a través de la palabra (por cuanto que la palabra es más cosa que las cosas: la palabra en sí misma es una cosa, una cosa que es únicamente un signo. Nombrar es materializar (y no encarnar) y– el mismo rechazo.
Y esa inesperada beatitud que olvidas apenas has salido (del agua, del amor) -irreconstruible, inconmensurable (25 de mayo de 1926, martes)
(Cartas de Marina Tsvietáieva a Boris Pasternak, traducción de Selma Ancira. La foto es de un cuadro de Kate Shepherd, que está expuesta en Elvira González hasta el 6 de enero)

jueves 19 de noviembre de 2009

Pequeña Sonata Para Principiantes. K 545 2 mov (Mozart/Mitsuko Uchida)

Tratado de funambulismo

Siempre me ha fascinado la figura del funambulista, como la del torero, como la del poeta, como la del padre, como la del místico. Cuando, hace unas semanas, encontré el Traité du funambuliste (Actes Sud, 1997) de Philippe Petit (en la foto), no dudé en comprarlo. Lo abrí, y leí la siguiente advertencia al lector: No, la cuerda no es aquello que nos imaginamos. No es el universo de la ligereza, del espacio, de la sonrisa. Es una tarea. Sobria, ruda, decepcionante. Y el que no desee llevar a cabo una lucha encarnizada, plena de esfuerzos inútiles, de peligros profundos, de trampas, quien no esté dispuesto a ofrecerlo todo, a cambio de sentirse vivo, ese no tiene necesidad de hacerse funambulo. Además, no podrá serlo. En cuanto a este libro, el estudio de la cuerda no es nada riguroso. Sería inútil. He devorado el libro, y marcado una centena de sus páginas. Paul Auster, en el prólogo, cuenta que se encontró a Petit, en 1971, actuando en una calle de París: Al contrario de lo que ocurre con tantos artistas callejeros, él no se dirigía a la gente. Más bien, parecía que hubiera autorizado al público a asistir al desarrollo de su pensamiento, habernos dado acceso, al fondo de sí mismo, a una obsesión inarticulada. Pero no había nada abiertamente personal en lo que hacía. Todo se revelaba como una metáfora, como en un segundo grado, por la mediación de la representación.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Fast Car (Tracy Chapman)

FlashBack

1. En pleno debate sobre la autoría de El Coloso de Goya, Valeriano Bozal ha tenido el buen sentido de reeditar, en la Balsa de la Medusa (2009), su espléndida monografía sobre las Pinturas negras de Goya. Al corpus de la edición previa, de TF, además de algunos añadidos y de una introducción, Bozal, y es sin duda lo más sobresaliente de este acontecimiento editorial, ha redactado de nuevo (tras varios trabajos previos en el mismo sentido) una parte final sobre la influencia de Goya en los orígenes del arte moderno (entiéndase contemporáneo). No me lo perdería. Bozal estrena, o casi, en el ámbito de la plástica, un nuevo concepto de influencia, que tiene que ver con la apertura de horizontes, o de mundos, y con lo que él llama la intención (no del autor, sino de las pinturas mismas). Un ejercicio interesante de comparatismo, lo más parecido a las relaciones de intertextualidad, tal y como las entiendo. En una palabra, se trata de asociar unas cosas con otras por elección afectiva y significativa. Estoy de acuerdo en que la aportación de Goya tiene más que ver con el modo en el que despliega esos mundo (un modo inmanentista, con una visión nihilista del tiempo), que con la originalidad de esos mundos.
2. Por cierto, de las dos atribuciones de autoría recientes, y más sonadas, aludidas en este blog, además de la que se refiere a El Coloso (Bozal dice que a su juicio la cuestión no ha hecho más que comenzar), parece descartada la del autorretrato de Miguel Ángel.
3. Veo con alivio que Gredos sigue publicando nuevos volúmenes de la Biblioteca Clásica (¿para cuándo la edición de las Confesiones de San Agustín?). Acaba de aparecer Las leyes de Cicerón (es el número 381). En estos tiempos en los que el desprecio a la ley es manifiesto (hay piratas en el Índico, y en el seno de las más altas instituciones también), yo les daba a los diputados un cursillo de 10 días (que es lo que han empleado en formar a los nuevos guardatuneros) y les hacía copiar a mano el texto de Marco Tulio. Tiempo les sobra. Y, en un plano aún más decisivo, y para los que no se dan cuenta de que nuestro sistema jurídico es inseparable de un sistema material de valores, o sea que las leyes de la mayoría pueden ser radicalmente injustas cuando tocan los fundamentos de la vida humana, les copio dos frases tan breves como elocuentes, ambas del Libro I: "Lo más absurdo es considerar que es justo todo lo que se ha sancionado en las instituciones y en las leyes de los pueblos". "Si la naturaleza no va dar firmeza al derecho, se suprimirían todas las virtudes… porque no existe ninguna justicia en absoluto sino lo es por naturaleza, y la que se establece por mera utilidad será pronto echada abajo por otra utilidad de signo contrario". Para la tranqulidad de las mentes laicas (como es la mía, por cierto), hay que señalar que la defensa de una determinado concepto de naturaleza humana, en el que se fundamenta cualquier posibilidad objetiva de defensa de la dignidad inherente a todo hombre, no es propiamente un invento cristiano.
4. Una persona me sugería, a propósito de la distinción (sucesiva, no excluyente) entre conocer y reconocer de la que hablaba hace pocas entradas, la importancia del des-conocer. Y lo hacía, claro (?), aludiendo a la Nube del Desconocimiento. The Cloud of The Unknowing. El tratado anónimo del siglo XIV. La primera vez que me encontré con este texto inglés fue estudiando los Cuatro Cuartetos de Eliot (nadie como él ha asociado textos e imágenes en sus obras; yo querría ser un mero aprendiz del viejo gato). And you see behind every face the mental emptiness deepen/Leaving only the growing terror of nothing to think about;/Or when, under ether, the mind is conscious of nothing–/I say to my soul, be still, and wait without hope (Burnt Norton, III). La caída, el vaciamiento nunca suficientemente reforzado, el terror ante la nada, y el tipo de consciencia, pasiva, que se desprende, cayendo, de ese terror. L´autore de la Nube sa dunque andare al coure delle cose. Nella dimensione dell´esere, ma anche, dell´esistere. Conocer, reconocer y des-conocer se funden en la noche. Apenas se entrevé algo que no es. Recuerdo (a propósito de la bellísima foto que encabeza esta entrada) una frase de un místico del XX, que te la dedico a ti: La nebbia è l´opposto dell´astratto. E´l´ogetto totale.
5. A primeros del mes de agosto hablé, con ligereza, de un escritor al que admiro. Recientemente me lo encontré y me afeó la conducta. El modo en el que lo hizo, el valor de sacarme el tema sin ningún rubor, y sin la menor violencia verbal, todo lo contrario, pero queriendo que la verdad prevaleciese, revelaban las formas inequívocas de la inteligencia y de la humildad. Mi admiración no ha hecho sino crecer, desde entonces.
6. Estos días no he parado de dar vueltas a la frase de Agustín, según la cual Dios que nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Nunca la había entendido. No me entusiasman las paradojas. Pensaba que se refería a una especie de opción fundamental final, del concurso necesario de la voluntad propia, por muy inspirada que ésta deba de estar, según el dogma católico, por la Gracia. No digo que no tenga que ver con eso, pero creo que se refiere a otra cosa de modo principal. Dios que te ha creado sin ti: que te ha hecho así, por temperamento, que ha permitido unas circunstancias conformadoras en tu vida, no te salvará sin tenerlo todo en cuenta. Es más, te salvará desde ese modo de ser tuyo (en el que no has participado más que como un mero actuante entre muchos otros), por ese modo de ser tuyo, con todas sus debilidades e imperfecciones, amadas por Él, queridas por Él, para ti. Eso es lo que puede querer decir que no te salvará sin ti. A eso me refería, Isabel.

martes 17 de noviembre de 2009

Moon River (Audrey Hepburn)

lunes 16 de noviembre de 2009

Preludio Bach-Siloti (Grigory Sokolov)


Notas para un diario 141

Para Menchu G.
¿Qué es más importante: conocer o reconocer? Seguramente lo primero es más difícil pero lo segundo más decisivo. Con muchas cosas ocurre así. Sólo un golpe de inspiración permite el primer acercamiento, el paso imposible del 0 al 1. Después puede bastar con la atención: el canal está dragado, la antena dispuesta, el disco duro instalado. Eso me ha pasado con algunas de las intuiciones de las que hablé en el libro de Kafka, que después he podido reconocerlas aquí y allá. "El redentor, el que lleva en sí la culpa, regresa a través de la nada; el proceso de metamorfosis hacia lo grotesco, lo desfigurado; la palabra-cara tartamudeando, lo contorsionado; regreso al niño, a la piedra; a la nada-objeto nulo". Impresionante texto de La sentencia de Brigitta Trotzig (en la foto). El arte del intertexto es un arte difícil también, pero ahí está todo, lo esencial de la lectura, la posibilidad de la asociación significativa. En un sistema, como el nuestro, de coherencia textual, no hay muchos más caminos. Redención/culpa, regreso/nada, metamorfosis/lo grotesco/la desfiguración, palabra/rostro, voz/desfigurada, regresión ontológica. La mera enunciación de la materia sustantiva nos pone directamente frente al Sacrificio. Ajmátova lo vio, Kafka lo vio. Y Bacon, y Music, y otros. Lo que nunca sabremos es cuantos de entre ellos lo reconocieron. Es el secreto de los secretos, bastante tiene uno con lo propio. Eso ya es el rito, que supera el texto, o mejor, que implica su cumplimiento. La Trotzig lo ha visto, ha sabido enhebrar la gramática de la transfiguración, que está en la base de toda la teología (y de la metafísica) judeocristiana. Me pregunto estos días si ésta es también la forma oculta de la decisión moral: primero la inspiración luminosa y después la acción negra/sangrante/aniquiladora. Conocimiento y reconocimiento, o sumisión a la cosa (que es el amor). Reducción a la condición inanimada (la planta que no se sabe si está muerta o viva, la semilla), al despojo. Y después, quizás, el paso, el cambio de gusano a mariposa. Y a vivir, pero sólo un día, como mucho dos.

domingo 15 de noviembre de 2009

Notas para un diario 140

En la edición de El País (Babelia) de ayer, leo (además del artículo de Enrique Vila-Matas sobre el último Joyce: yo no tengo la menor duda de que Enrique es el "mejor lector" y que nadie, al menos en España, habla de literatura, y de libros, como él) esta frase: "El psicoanálisis nos ha convencido de que nuestra identidad es el drama eternamente representado de unas cuantas desgracias de nuestra infancia más lejana. Revivimos quejumbrosamente agravios del pasado con la misma mezcla de complacencia y masoquismo con que un nacionalista invoca el ultraje de las batallas perdidas hace unos cuantos siglos". ¿Complacencia? ¿Masoquismo? Así como suena, y de la mano de Muñoz Molina quedan hermanados (y descalificados) el piscoanálisis y el nacionalismo, en lo que para mí es un ejercicio de todosofía (nótese que la frase está escrita, si yo lo entiendo bien, en una suerte de estilo indirecto libre, y que no se sabe si el articulista glosa el pensamiento de alguien, o, como así realmente lo parece, además de resumirlo, lo propone como ejemplo de pensamiento salutífero). Con dicha asociación de ideas (psicoanálisis-nacionalismo) estaríamos ante un ejemplo de lo que mi amigo Javier Gomá ha estudiado como la contradicción moderna que consiste en unir, de un modo fatal, la tendencia al individualismo subjetivista con las estructuras colectivizantes que han finalizado históricamente en las formas políticas totalitarias. Algo de eso trató Javier de explicar en un "programa de libros" de la televisión que tuve que ver hasta el final (por lealtad, ¿o fue solidaridad?, hacia Javier) en el que había un señor empeñado en afirmar, una y otra vez, que él detestaba a Proust (¡y nosotros sin saberlo!: en realidad, aunque el Occidente europeo no se había enterado, el escritor de verdad, entre los de nombre Marcel, es Schwob, y no ese latoso que (se entiende que a diferencia del propio señor que lo anatemizaba) no sabía lo que lo hacía con la pluma). Otro, no menos encantado de haberse conocido, condescendió con Rousseau, al que Gomá procuraba sin el menor eco encuadrar en el sitio que le corresponde, y con toda solemnidad eufónica (era un señor de esos que sabe idiomas y que le encanta dejarlo bien patente), salvó, de toda su obra (y nosotros sin enterarnos tampoco de esto), una frase, dadá según el prócer, referida al futuro de los pueblos que comen pescado. Con el resto de la obra del pensador ginebrino se podía muy bien hacer un hatillo y tirarlo al mar. Pero no voy a esos pormenores, que me aburren profundamente, sino a otra parte del artículo de Muñoz Molina en el que hace un elogio de un tipo de libros que pertenecen "a un género admirable, tan poco cultivado entre nosotros, que mezcla la autobiografía y la erudición, el amor por la literatura y por la divulgación científica, un dejarse llevar por la materia que lo entusiasma a uno con franca curiosidad y puro deseo de saber, sin ir cargado con el fardo verboso de la egolatría". Buena definición. A mí también me entusiasman esos libros. Se refiere a dos de ese "género": Rapt. Attention and The Focus Life de Winifred Gallagher, y Book of Silence de Sara Maitland. Voy a por ellos a La Central. El valor del silencio (cuando lo que nos rodea son espectáculos televisivos y journaliers como los que me he referido), de la atención al presente y al otro, a lo que merece la pena, fuera y dentro de nosotros, la persuasión, en una palabra. Precisamente, Xavier Pla me dejó hace poco una obra maestra que responde a esas características de un modo ejemplar, y que estoy leyendo estos días: The Dominion Of The Dead, de Robert Pogue Harrison. Y me ha llegado también (a ver si esta semana puedo zambullirme a placer en sus 700 densas páginas) el nuevo libro de César Antonio Molina, Lugares donde se calma el dolor (Destino, 2009). Pienso de antemano que también se le pueden aplicar al libro de César los elementos de la definición propuesta más arriba: amor a la sabiduría y a la literatura, un franco dejarse llevar, una mezcla de autobiografía y erudición, carente de egolatría.

sábado 14 de noviembre de 2009

Forbidden Games (Miriam Makeba)

viernes 13 de noviembre de 2009

You Can´t Hurry Love (Phil Collins)

Parábola/Distancia

Parábola (Enseñanza en parábolas)
Esencia de la parábola: palabra espaciosa, acogedora, en la que se puede entrar, de la que se puede salir. "Si alguien entra por Mí, será salvado; entrará y saldrá, y encontrará pastizales" (Jn, 10,9). Palabra no parcial, sino habitable: palabra-paraíso. "Si permanecéis en Mi, y mis palabras permanecen en vosotros" (Jn. 15,7).
Distancia (Amor y distancia)
No amamos bien sino a distancia. No amamos bien sino con la distancia adecuada. Demasiado cerca, nos ahogamos. Demasiado lejos, sucumbimos. La distancia del amor es el infinito: aquella en la que Dios mismo se mueve, y en la que nos movemos entre nosotros cuando nos amamos en Dios. Por que las Tres Mismidades se aman a Distancia, y esa Distancia en ellos es infinita, de ahí que Ellos sean Infinitos.
(De François Cassingena-Tréverdy, Étincelles, Ad Solem, 2004. La foto es de un tapíz de la cultura Nasca, de los Andes Centrales, del 200-440 d.C).

jueves 12 de noviembre de 2009

That´s What Friends Are For (Warwick, Wonder, Luther Vandros, Houston)

Ludwig Wittgenstein

Leo, en La familia Wittgenstein (Lumen, 2009), el espléndido ensayo biográfico de Alexander Waugh (de casta le viene al galgo; su libro sobre los suyos, Fathers and sons es otra joya: ¿nadie se anima a publicarlo en castellano?), el episodio de la trouvaille que hizo el filósofo de la idea de Dios, en plena estadía en el frente polacoa través de la lectura del Evangelio abreviado del conde Tolstói. Impresionante relato. Lo que yo no sabía, o en lo que no había caído, es en el paralelismo que existe entre el prólogo del Tractatus y el opúsculo del ruso (de la que por cierto existe una edición impecable en castellano de KRK del año 2006). Lo más relevante, eso lo sabe cualquiera que haya tenido que componer de verdad un libro, es la forma, y aquello a lo que la forma lleva misteriosamente de la mano, en este caso el hecho de que ambos libros estén compuestos de una serie numerada de aforismos, unidos según una lógica estricta y esencial. Waugh propone como ejemplo del paralelismo formal, los comienzos de ambos libros:
Evangelio abreviado:
1.1. El entendimiento de la vida se ha convertido en fundamento y principio de todo.
1.2. El entendimiento de la vida es Dios.
1.3. Todo lo que vive vino a la vida por el entendimiento. Y sin él no puede haber nada vivo.
1.4. El entendimiento da la verdadera vida.
1.5. El entendimiento es la luz de la vida.
Tractatus:
1. El mundo es todo lo que es el caso.
1.1. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.
1.11. El mundo viene determinado por los hechos, y por ser estos todos los hechos.
1.12. Porque la totalidad de los hechos determina lo que es el caso y también todo cuanto no es el caso.
1.13. Los hechos en el espacio lógico son el mundo.
Y, ahora, el centro de una misma lógica esencial:
Evangelio abreviado:
7. La vida temporal, carnal, es el alimento de la verdadera vida.
8. Y por eso la verdadera vida no está en el tiempo, sino en el presente.
9. El engaño de la vida está en el tiempo: la vida presente y futura oculta a los hombres la verdadera vida, la auténtica.
Tractatus:
6.4311 Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita, sino intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente. Nuestra vida es tan infinita como ilimitado es nuestro campo visual.
(La foto de una parte de la familia Wittgenstein está tomada hacia el año 1917, tras la transformación del genio austríaco)