miércoles 11 de noviembre de 2009

Come On Eileen (Dexys Midnight Runners/Carpoolers)

Fritz Zorn

En el libro de Manguel sobre Borges (Chez Borges), una pieza maestra y boswelliana, se cuenta que el maestro tenía en su dormitorio, un aposento espartano, una reproducción de Ritter, Tod und Teufel, el grabado de Albert Dürer. "¿En qué borrada/noche o mañana antigua descubrieron/mis ojos la fantástica epopeya,/el perdurable sueño de Durero/El héroe y la caterva de sus sombras/Que me buscan, me acechan y me encuentran?", escribió después en uno de los dos sonetos que dedicó al cuadro. Pocas figuras, de nuestro imaginario colectivo, han dado tanto juego ecfrástico como el grabado de 1513. Dürrenmatt lo menciona en La Sospecha y Leonardo Sciascia le dedica un libro entero (Il cavaliere  e la morte), el último de los suyos, acaso el más logrado de entre su extraordinaria producción. A Sciascia lo que más le impresionaba, como a mí (kafkianos ambos), era el castillo inalcanzable que asoma en lo alto. El hecho de que un personaje femenino de esta sotie se llame Zorni, aunque no sólo eso, ha hecho pensar que Sciascia conocía bien el libro titulado Bajo el signo de marte (Mars en alemán), publicado en 1977 en el ámbito germánico. Este último volumen, firmado con un enigmático pseudónimo, Fritz Zorn, se editó en Italia años más tarde con el título de su tercera parte: "El caballero, la Muerte y el Diablo". ¿Lo tuvo en cuenta el de Regalpetra a la hora de componer su roman noir? ¿Quién sabe? Personalmente así lo creo. Bajo el signo de Marte. Recordaba tales coincidencias al tener entre mis manos esta obra maestra del malditismo que acaba de reeditar Anagrama, ahora con dos textos de Conte y Azúa, además del historial de libro (yo pienso que forma parte indisociable del texto) del escritor alemán Adolf Muschg.

martes 10 de noviembre de 2009

Hallelujah (Cohen/Keren Ann)

A estas alturas, ésta debe de ser la cuarta o quinta versión de la canción.

Notas para un diario 139

Yo por mí soy nada, verdadera nada… Es preciso intentar de vez en cuando concebirse y sentirse no siendo. De este horror se saca temor de Dios y esperanza… No seas como los niños, que cierran los ojos para que no se les vea… Si la nada me aterra, he de aprender a conocer mi propia nada para aterrarme de mí mismo, y ponerme a labrar en mi nada el hombre nuevo, el de la gracia, el del ser…
Palabras de otro, palabras exactas, palabras para ti que te ha tocado limpiar todo esto con lejía y muerte.
(Fragmentos del Diario íntimo de Unamuno; la foto es de un cuadro del pintor Luis Marsans)

lunes 9 de noviembre de 2009

I Shall Be Released (Dylan/Jones)

A veces hay cosas, personas, canciones, que te hacen seguir hacia delante; a veces hay realidades ante las que uno se inclina, a las que uno se agarra para tomar algo de su fuerza y de su profunda belleza. A veces uno va directamente a los fundamentos de la cosa.

État d´âme

En el curso de un intercambio de correos, terapéutico, o, mejor aún, catártico, mi amiga M. me envía con esta foto un texto de la poetisa sueca Brigitta Trotzig. Enseguida me doy cuenta de que no puedo guardármelo para mí, a tal punto refleja a un mismo tiempo su capacidad de comprensión y el estado exacto de mi alma: Se puede vivir como si no existiera nada. El tacto y el sentimiento se petrifican. Las caras desaparacen. El instinto de la muerte es muy fuerte. Del olvido. Sobre "el país del olvido"–una comarca muy peculiar. Allí el otro ya no existe, su cuerpo ya no está, las sombras ya no están. Como si todo existiera a medias, una alteración de la mirada. Ahora se vive bajo la dulce luz de la no-memoria, el espejismo de la inmutabilidad, infancia, aquí se hace tanto silencio y todo es tan irrevocable, una dulzura y una falsedad pero una dulzura. El cuerpo y el país del instinto de la muerte. Pero de una forma incomprensible un rostro vivo de la muerte se libera del caos de las sombras, es el Angelus Novus que según Walter Benjamin viene con los vientos del paraíso. "El terror es la primera forma de revelación de lo nuevo". Sólo una cosa más. Supongo que no hace falta aclarar con cuál de las dos figuras de la foto me identifico plenamente.

domingo 8 de noviembre de 2009

Beim Schlafengehen (H. Hesse/R. Strauss/Renée Fleming)

Hablábamos ayer, entre otras cosas, de esto. Al dormirse, un poema de Hesse: "Y el alma, borrada/quiere volar con sus alas, libre/para vivir profundamente y mil veces/en el círculo mágico de la noche", que inspiró la tercera de las llamadas cuatro canciones, últimas (la última en realidad es Malven), de Richard Strauss, escritas después de la guerra, canciones que nunca se interpretaron en vida del compositor y que han sido consideradas como su testamento poético. De las muchas versiones que existen (Elisabeth Schwarzkopf, Jesse Norman, Kiri Te Kanawa), yo es la que prefiero.

sábado 7 de noviembre de 2009

Notas para un diario 138

"Hay en medio del bosque un claro inesperado que sólo puede ser encontrado por el que se ha perdido. El claro está rodeado por un bosque que se ahoga a sí mismo". Éste verso, de Tomas Tranströmer, me vino a la mente ayer, al recibir tu mensaje, ese largo mensaje de una serie que se va prolongando ya, de mensajes que espero como hacía tiempo que no esperaba la palabra de alguien, a pesar de que los últimos parece que se han ido adentrando en lo más profundo del bosque, o sea, en alta mar. Esta otra imagen también pertenece a la poesía de Tranströmer, y yo la usé en el título de uno de mis libros anteriores (un libro del que lo mejor era el título que como te digo no era mío). En cuanto nos hemos querido dar cuenta, nos hemos puesto a hablar del bosque y del miedo. Tú me has hablado del miedo a cosas visibles (la muerte, la violencia, la pobreza, la exclusión, el anatema), pero en el fondo de lo que estamos hablando, en realidad, late otro miedo invisible y de una especie completamente distinta. Un miedo metafísico. Y moral (siento que esta palabra haya caído en el desprestigio, pero no encuentro otra para referirme a la distinción entre el bien y el mal. El mal ese que no queremos pero que sin embargo hacemos; el bien que, aunque lo anhelamos, nunca lo alcanzamos). El tipo de miedo que se puede experimentar cuando te pierdes en mitad del bosque de la vida ("En mitad del bosque de la vida sucede que llega la muerte/a tomarle medidas a la persona. Esta visita/se olvida y la vida parece que continúa. Pero el traje/se va cosiendo en silencio). A eso sí que le tengo miedo, además porque en el fondo estoy completamente perdido, aunque tus palabras me estén llevando de la mano, al menos por un rato. Me pregunto a cada paso, al pisar las hojas muertas, y oler la esencia de su vida que muere, que he hecho yo para merecer tus palabras. Unas palabras que me abren, dedo a dedo hasta abrir del todo mis puños, a pesar de que mi miedo tiene que ver con la belleza. Todo es muy raro, pero en esa música de Strauss de la que hemos estado hablando hay algo que, en su belleza, me desconsuela. No hay escrúpulo. Hay directamente un miedo a lo "demasiado" bello, a lo que no mide y contiene su belleza. A lo que no se recata y se cuestiona a sí mismo en un constante dudar. Miedo a que asome, como de hecho así fue, en el tercer reino, entre el ser y el tiempo, el rostro de Medusa. ¿Es la polifonía? Quizás. El terreno de la infinita sensibilidad universal, del que hablaba Wagner. Yo, que no he salido, ni quiero salir, de la retama de Mambré. Hay más cosas, ya lo sé, pero… ya las iremos hablando poco a poco, porque espero que no se te ocurra dejarme ahora, en lo mejor/peor, sólo de nuevo en el bosque. "Nosotros en realidad no lo sabemos, pero lo sospechamos: hay una vida que es como un barco gemelo a la nuestra, que sigue una ruta totalmente distinta. Mientras el sol arde tras las islas" (T.T).
Y gracias por la foto. Sólo tú me podías haber mandado esa foto, plena de belleza y contención. Gracias también por hablarme de tu madre. Al final, vas a empezar a conocerme…

jueves 5 de noviembre de 2009

Siempre, y para siempre (Francesco de Gregori)

Sempre e per sempre: palabras demasiado grandes, quizás, pero cuando se ha partido de cero, de la desesperanza y hasta de la nada, y en cierto sentido se ha resurgido de las propias cenizas, al soplo de alguien, cuando no se esperaba ya nada,  casi, y de repente se encuentra uno con el todo, con el milagro y la promesa de la plenitud, el agradecimiento, ese giro del alma que nos hace renacer, acaso el más noble de los impulsos que nacen de muy adentro, con el deseo y la necesidad de perdón, entonces, aunque sea en bajo, discretamente, se puede decir, como una oración, como una súplica, esas palabras: siempre, para siempre…

Intermezzo op. 118 n.2 (Brahms/Citlalli Guevara)

miércoles 4 de noviembre de 2009

Presentación Kafka hoy en Barcelona

Hoy miércoles día 4 de noviembre, a las 19:30, en laLlibrería Central de la calle Mallorca 237, tendrá lugar la presentación en Barcelona del libro Kafka y El Holocausto(Trotta, 2009). Sergio Vila-San Juan (Culturas de La Vanguardia) moderará un diálogo entre Nora Catelli(Universidad de Barcelona) y Xavier Pla (Universidad de Gerona). Yo también diré algo. Estáis todos más que invitados, es más: os rogaría que fueseis, y que además invitarais a quien creáis que pueda interesarles el acto, y el libro. Al final, se ofrecerá una copa de vino. Creo que estaremos entre amigos.

lunes 2 de noviembre de 2009

All Souls

El gran escritor de la muerte, en el último siglo, y no sólo en España, para mí es Unamuno. Pero de la muerte en relación con la vida. Con su poderosa mente conceptista, lo dejó sentenciado en estas cuatro fórmulas: a) se nace y se muere vivo, b) se nace y se muere muerto, c) se nace vivo para morir muerto y d) se nace muerto para morir vivo. Ahí hay materia para pensar hasta que te duela la cabeza. Unamuno nunca supo a que carta quedarse. La gran imagen literaria la obtuvo, en pleno destierro parisino, de Balzac (y de su Peau de chagrin). Paseando por un Sena que convierte significativamente en un espejo, su personaje abre un libro, en uno de esos puestos, y lee esta frase: "Cuando el lector llegue al final de esta dolorosa historia se morirá conmigo". Como la piel de zapa, mágica, que procura a de Valentin todo cuanto desea pero al precio de contraerse y ahogarle. La muerte y la vida, y la literatura como un viático, casi una acelerador de la muerte, un anestésico. Es terrible la imagen, y lo que ha influido en tantos, por ejemplo en Borges. Unamuno es coetáneo de Kafka, de Michesltaedter, de Ibsen, de Rilke. Una misma generación poderosa, luminosa y tenebrosa a la vez. Los que habían aprendido a leer en Niezstche, en Kierkegaard, en Schopenhauer, en la Biblia, claro. Personalmente a mí me interesan más los muertos que la muerte. Soy más anglófilo en eso (he seguido a Newman, a Lewis, pero también a poetas como la Dickinson, et tant d´autres) Como al Joyce del famoso cuento inmortal. Me parece una perspectiva mejor, la de los muertos (que la de la muerte) y el mensaje que los muertos, all souls, nos traen en una noche como la de hoy.

domingo 1 de noviembre de 2009

Islands In The Stream (Dolly Parton/Kenny Rodgers)

Bueno, pues sí, lo confieso, me encanta esta canción. Los de mi quinta, bailamos con ella, como locos, miles de veces, por muy hortera que sea. Mi hija Inés (siete años) dice: "Papá, es horrible, es de los setenta, qué horror, como tú" (eso es lo que pasa por tener otros tres por delante). Lo que me faltaba. Comprendo que él es lo que llaman en mi tierra (de adopción) un buen mozo, alguien para llevarlo del brazo a Misa de 12. Y ella, Dolly Parton, qué decir, es inefable: qué matices en la voz y elsewhere. Pues a mí me encanta. Está llena de vida y quería compartirla CON TODOS.

sábado 31 de octubre de 2009

Una coda (de apenas unas horas más tarde)

Como se puede ver por estas fotos mediocres pero significativas, el otoño sí ha entrado en Navarra, al menos al norte del viejo reino. Por ahí he paseado yo solo esta mañana, después de escribir la última entrada de este blog. He recordado, rodeado de rojos, de amarillos y de malvas, a una persona que ama los bosques. Y he pensado en la forma en el que lo hace, la delicadeza y la perspicacia con la que se adentra en él y se deja invadir por todas las maravillas que contiene el bosque. Para mí, el corazón de esa persona, con toda su capacidad de amar, es como un límite, un ideal que yo nunca alcanzaré. Tendría que haber nacido mujer, y para eso ya es demasiado tarde. Me conformo con estar cerca, aprender de ella y recibir lo que quiera darme.

Notas para un diario 137

Veo en el blog de mi amiga Anna Alejo, uno de mis preferidos, una foto maravillosa (Anna es la autora de la foto que preside Hobby Horse, una imagen sin la que sencillamente jamás hubiera escrito este cuaderno), veo la foto de un camión amarillo apostado a un lado de la carretera, bajo los árboles: y ¡qué recuerdos me trae! Cuando éramos niños, íbamos en el coche de viaje (recuerdo especialmente los viajes, eternos, desde Madrid a S´agaró) jugando a ver quien veía, antes que los demás, tres cosas que no se me olvidarán jamás (todavía cuando veo alguna, cosa rara, me recorre el alma el aire limpio del país perdido de la infancia): ropa tendida, gorra de plato y camión amarillo. Cuando he visto ese camión, que Anna ha fotografiado en la carretera Huesca-Pamplona, me he acordado de cada uno de mis hermanos, de mis padres, y de las personas que nos cuidaron aquellos años primeros, con un amor que nunca podré pagar de un modo suficientemente justo. Hay una melancolía y una nostalgia del pasado, y la hay también del futuro. Hubo una época de mi vida, no hace mucho, en el que yo sabía que tenía que separarme de una persona a la que adoraba, y me pasé los últimos meses antes de su marcha realmente amargado, aprendiendo a distanciarme de ella mientras aún estábamos juntos. "Enfádate cuando me haya ido", me decía, pero yo no podía aplazar la tristeza por lo que su marcha, futura, representaba en el presente que es siempre la amistad. ¿Falta de persuasión? ¿Incapacidad de vivir el instante? Sin duda, pero yo siempre pensé que se me había instalado en el corazón la nostalgia del futuro. Hay cosas por venir que nos duelen, amorosa o fatalmente, mucho antes de que acontezcan. La semana que viene, para mí, se verficarán algunas de esas cosas, y escribo esto con el temor y temblor con el que debe escribirse cualquier predicción. El ejemplo máximo de la nostalgia del futuro es la muerte, que tiñe la vida con un sentimiento trágico. En ningún pasaje literario se ha mostrado esto con más eficacia que en el discurso del Cristo en la última cena. ¿No lo has leído, en Juan 14 y siguientes? Sin eso, no se entiende nada. Es el alma sacerdotal del Cristo, o sea, los sentimientos del Cristo al descubierto. El secreto de los secretos. Ahí está todo, y no me canso de meditar en esas páginas indestructibles. Tampoco se cansaba Juan Sebastián Bach, cuya Pasión según San Juan es una cima de belleza y comprensión de esa verdad revelada. En realidad, ahí está también todo mi libro sobre Kafka, o al menos tal y como yo lo veo. Magris, un día, paseando por Barcelona, me lo reconoció: lo valioso de tu libro es la interpretación del pasaje Ante la ley, tanto el hecho de que el campesino se salve por permanecer cerca de la puerta, como la posibilidad, inversa, de que el campesino sea precisamente la instancia que pretende entrar en la puerta del alma. Con razón alguien decía ayer en una nueva reseña que mi interpretación es neotestamentaria. No lo niego: para mí una cosa no está explicada hasta que se establece la relación con el Cristo, Dios y Hombre, alfa y omega. Partis pris? Sin duda, lo reconozco abiertamente. O, mejor, al menos, no lo niego. Otros han hablado, en mi caso, de precomprensión, pero no puedo dialogar con alguien que empieza y termina insultando. Volviendo a Magris, le dije que mi libro se contenía entero en dos citas bíblicas, que por lo demás no he citado explícitamente en él. La primera es del Salmo 83: "Más vale un día en tus atrios que mil en otros ámbitos/mejor permanecer en los umbrales de la Casa de Dios que habitar la tienda del malvado". La segunda, es del Apocalipsis (3,20): "He aquí que estoy a la puerta de tu corazón, y llamo: si alguno escuchare mi voz, y me abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo". Ahí está todo: sólo el espíritu puede conseguir, también en la escritura, que mirándote no te mires, que viéndote, no seas tú quien se vea. Yo percibo eso en cualquier autor, si son uno, o son dos, o sea, si está escribiendo para sí, o no; si escribe para alguien o para nadie. La escritura debe de estar habitada, pero hay que saber por quien lo está. Aucune vraie connaissance ne couronne l´exercise autobiographique, dice Patrick Kechichian en su reciente Petit éloge du catholicisme (Folio, 2009), que acabo de leer, y que me ha maravillado. Llevaba veinte años leyendo sus críticas en Le Monde, pero no tenía ni idea de que era católico. Sabía en cambio que era un experto en la literatura erótica del XVII y XVIII francés, en los libertinos. El caso es que ha escrito ahora una pequeña obra maestra, de equilibrio, de inteligencia, de sabiduría. J´écris en mon nom, appuyé sur un autre Nom, divin celui-là, avec déférence et timidité. Cet appui, cette inspiration ne me confèrent aucune autorité ou autoritation, mais provoquent en moi, au contraire, un tremblement, une inquietude, une doute quant à mes capacités et quant à la simple legitimité de mes propos… J´écris, non para goût de l´introspection ou pour me connaître moi-même à travers le moyen que seraient la religion et la foi, mais pour rendre, si Dieu le veut, une infime part de la lumière reçue. J´écris selon ma conscience –ce premier vicaire du Christ, disait le cardinal Newman… Gracias a Mercedes Monmany lo conocí en París hace un par de años. Daniel Mordsinski nos tomó una foto que conservo, pero si hubiera sabido lo que nos unía (y no me refiero sólo a la fe) le hubiera besado las manos. Y ahora me voy, en moto, a ver si de una vez por todas entra el otoño en los bosques de Navarra.

miércoles 28 de octubre de 2009

Dos notas sobre Kafka

En mi último viaje a Portugal, recalé en Oporto, en casa Agustina Bessa-Luis. Fue una visita inolvidable, por muchas razones. Tuve en mis manos sus manuscritos: unas hojas grandes, más grandes que un folio, cubiertas en un 98% o más de su superficie por una escritura minúscula, perfecta, recta (una de esas páginas manuscritas equivalen de hecho a unas tres o cuatro páginas impresas; otro dato increíble, pero cierto, es que un número importante de los manuscritos llegan exactamente hasta el folio 100). Apenas había borrones. A veces, una palabra tachada con cuidado. La cara de atrás en blanco, y cada treinta o cuarenta páginas, a la vuelta, una línea de sustitución o añadido al texto principal. Para mí estaba claro que no se trataba de una cuestión de economía de papel (¿por qué dejar entonces la vuelta en un blanco impoluto?). Los manuscritos, que me recordaban sin duda a los indescifrables microgramas de Robert Walser, tenían de por sí un valor y una belleza buscados. Le comenté a Alberto Luis, el marido de Agustina, mi admirada sorpresa, y me dijo lo siguiente: "Los manuscritos reflejan, en su perfección, el modo en el que María Agustina se concentraba en la escritura". Claro. En el fondo ya lo sabía. En una conferencia sobre Kafka (Kafka y el bacilo de la indecisión), que yo no había leído antes de terminar mi libro, Agustina dijo que la concentración en la escritura era la forma que ella tenía de acceder a lo sagrado. Sus manuscritos demuestran ambas cosas: el modo en el que se concentraba cuando escribía, y aquello a lo que esa concentración apunta.
En El Cazador Graco, de Guy Davenport, después de acabar mi libro,  y sin tiempo ya para recogerlo en un añadimiento, encuentro varias ideas e intuiciones idénticas a las que yo he formulado en mi escrito. "Todo en Kafka trata de una historia que aún no sucede. Su hermana Ottla moriría en los campos de concentración, junto con todos sus demás familiares. La palabra alemana para insecto (Ungeziefer, "sabandija"), que Kafka usó para Gregor Samsa, es la misma palabra que los nazis usaron para referirse a los judíos, y exterminar insectos era uno de sus eufemismos obscenos, como lo ha señalado George Steiner. Muy poco tiempo después de la segunda Guerra Mundial se hizo evidente que con El Castillo y El Proceso, y especialmente En la colonia penitenciaria, Kafka estaba describiendo con precisión los mecanismos de la barbarie totalitaria". Como María Zambrano, Davenport afirma que "el tiempo de Kafka es el tiempo del sueño, el tiempo interminable de Zenón". Hay muchas más, algunas consideraciones muy iluminadoras sobre el oximoron en la obra de Kafka. Pero, hay una, de método, que me resulta increíblemente próxima, a pesar de no haberla leído antes de escribir yo: "Kafka tenía que ser muy claro y muy simple precisamente para afirmar que nada es claro y simple. En su lecho de muerte dijo, refiriéndose a un jarrón de flores, que éstas eran como él: vivas y muertas simultáneamente. Todas las demarcaciones son algo difusas. En contra de lo que pensaba Heráclito (Davenport añade, en otro lugar, que Kafka era pre-pre-socrático), algunas series poderosas de opuestos no cooperan. Luchan. Oscilan indecisas sobre el fiel de la balanza de toda certeza. Como decía Kafka, es fácil creer en cualquier verdad y en su contrario."
Resulta emocionante reconocer que alguien llegó, por caminos muy distintos, a formulaciones tan exactas de lo que uno ha pensado sobre algo. Y más aún, si cabe, a vivir cosas tan íntimas del mismo modo que uno; naturalmente me refiero al manuscrito de Todesabanden, y a la concentración que yo siempre he buscado.
(La foto fue realizada por Claude Cahun en los años 30)

martes 27 de octubre de 2009

In The Sun (Michael Stipe & Cold Play)