Trabajo. Trabajo. Trabajo. Mientras preparo, para
La Vanguardia, un artículo sobre las consecuencias, en la literatura española moderna y contemporánea, de la expulsión de los judíos de
España (menudo temita: a ver por donde salgo), voy pensando en lo que diré en la presentación de
Algunos hombres y otras mujeres… el magnífico libro de cuentos de
Isabel Nuñez, que tendrá lugar en
Barcelona el
11 de diciembre. Poco después, terminaré un escrito sobre la obra fotográfica de
Anna Malagrida para el catálogo de la exposición antológica que la
Fundación Mapfre prepara para el comienzo del mes de mayo. A continuación debo entregar dos textos largos para la edición de sendos libros de actas de congresos en los que participé (uno sobre la literatura de la
Guerra incivil y otro sobre un pintor norteamericano). Los tengo hechos, pero hay que realizar la versión escrita. Lo mismo me ocurre con otro, tercero, sobre
John Ashbery, y su
Autorretrato sobre un espejo convexo, que yo mismo editaré en primavera, en forma de libro, con contribuciones de otros cuatro colegas/amigos. Prepararé estos textos a partir de enero, metido en pleno curso universitario, un curso que recomienza con el plan
Bolonia (por fin se llamará tan solo
Literatura) y que tengo que redefinir y perfilar. Hay tres reseñas mías pendientes de publicación en dos periódicos nacionales. A raíz de mi libro, dos fundaciones, una en
Madrid (March) y otra en
Niza (Treilles), me han pedido (o aceptado) dos conferencias sobre
Kafka y una ponencia en un seminario de profesores que tratará sobre el sentido de culpabilidad en la obra kafkiana, respectivamente. Pero eso será para el
otoño de 2010. Ahora, en cambio, me concentro en preparar la presentación, a primeros de febrero, del libro en el
Call de
Gerona, y también las propuestas de traducción al alemán y al francés. Ambas van por buen camino. También estoy traduciendo un ensayo sobre la autobiografía de
Zagajewski, que salió hace un año en la revista
Turia, y que se publicará en los
Estados Unidos de América. He mandado hace poco un cuento a la revista
La alegría de los naufragios, de
Sevilla. Y estos días, varias personas leen y corrigen mi novela (
La tercera persona). Me han anunciado una invitación a un programa de música de
RNE. Y he solicitado una beca para irme a
Canadá cinco semanas, para después escribir un artículo sobre la
Munro.
Enrique Vila-Matas ha enlazado mi
blog en su
web. De hecho, estoy pensando en transformar este
blog en una página
web (que incluya por supuesto la bitácora, pero que se abra a otras cosas). Pero, con todo, lo que más me ocupa (dejando aparte los
4 niños (
3 adolescentes), que más que ocuparme me descansan) es sin duda la puesta en marcha de un grupo de investigación (internacional e interdisciplinar), con más de
30 profesores, sobre
el abandono de la figuración en las artes contemporáneas. Además de los siete tipos de actividades distintas que comporta, me ocupo también de no estorbar demasiado en los primeros pasos de una tesis que dirijo dentro de este proyecto. Y, por supuesto, el nuevo libro, que tratará sobre el paso de los exiliados por el
Pirineo occidental en la
Guerra incivil y en las
Guerras Mundiales. Ocioso, lo que se dice ocioso, no estoy. Pero a juzgar por el estado de mis cuentas, tampoco se puede afirmar que esto sea propiamente un negocio. Si no es ocio, ni neg-ocio, será que estoy como siempre en una
terra nullius: en un tercer estado indeterminado pero inconcuso. Conste que no me quejo ni del mucho trabajo (no sabría hacer otro), ni de la poca paga (yo mismo lo elegí). Este es mi viaje de regreso a
Ítaca, y estoy encantado de que sea así, largo, moroso, humilde, aventurado, lleno de peripecias, de conocimiento y de amor, y con una dosis cierta de impotencia y de caos.