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miércoles, 13 de junio de 2012

Notas para un diario 237


Días de tarea intensa en la que se mezclan las emociones, los reencuentros con amigos medio olvidados, la auto-promoción (algo sin duda embarazoso), el conocimiento de otras personas, y el enorme cansancio acumulado de meses, e incluso de años de trabajo invisible. Lo que no querría perder nunca es la capacidad de vivir hacia dentro, no en contra ni enfrente, no hacia fuera desde luego, sino solo hacia dentro. Curiosamente cuando se vive hacia adentro es cuando más abierto se está a lo claro, a lo valioso y a lo auténtico. Una apertura interior es compatible, o mejor dicho es el resultado de una actitud contemplativa. Cuanto he pensado estos días en el poema de e.e. cummings: en tu gesto más frágil están las cosas que me cierran/, o aquellas que no puedo tocar porque están demasiado cerca/  tu mirada más leve fácilmente puede abrirme/, pese a que he cerrado mi ser como si fuera unos dedos/, tú me abres siempre pétalo a pétalo/, como la Primavera abre, 
(tocando hábilmente, misteriosamente)/ su primera rosa/  o, si deseas cerrarme/, yo y
 mi vida se cerrarán hermosamente, repentinamente…

domingo, 3 de junio de 2012

Notas para un diario 236 (Sobre los malos entendidos)


Hace dos días un grupo de amigos estábamos disfrutando de los cuarenta grados a la sombra en una terraza de la calle Válgame Dios de Madrid. Para colmo, el sector masculino de la tertulia fumábamos un puro. Mientras, dos chicas hablaban entre sí, un poco lejos de nuestras humaradas. De repente, una le pregunta a la otra: "Y tú, ¿qué piensas?". Antes de que pudiera contestar, un viandante que pasaba en ese instante por ahí mismo se considera aludido por la cuestión y no duda en responderle: "Que qué pienso… ¿sobre qué?". Cuando nos quisimos dar cuenta el paisano se había sentado con toda naturalidad con nosotros y puedo afirmar que no fue precisamente el primero en abandonar la reunión. A la vuelta del viaje capitalino, me paro en el bar de un pueblo en la carretera y comienzo a oír un relato estremecedor. A la vista de las primeras frases me apresto a escuchar con atención: "Sí, en efecto. Ha muerto en apenas una semana. La pobre, con sólo tres añitos. Cuando la llevaron al médico ya no había nada que hacer. El tumor tenía el tamaño de una pelota de tenis dentro de su cabeza. Ya le habían notado rara, ya, pero claro, como acababa de tener una hermanita, pensaron que serían celos. Decían que la tenía envidia y que por eso se quejaba. A los pocos días de entrar en el hospital entro en coma y dos días después se murió la pobre".

miércoles, 9 de mayo de 2012

Notas para un diario 235


El divino azar ha dispuesto que haya tenido que revisar a la vez y en el día de mi cumpleaños las pruebas de dos libros que saldrán próximamente. Por motivos distintos, los dos me llegan muy dentro y, mientras los leía a la búsqueda de erratas, faltas de concordancia verbal y demás, no podía evitar sumirme en una atmósfera de melancolía y ensueño (nefasta para la tarea que tenía entre manos) y al mismo tiempo de dolor. En esas horas de concentración me parecía estar leyendo mi vida, no en el plano anecdótico (eso es lo de menos para alguien como yo) sino in my inner most. He sentido miedo. Me pregunto qué pensarán los lectores, no de mí, me preocupa bien poco, sino de los mundos en los que habito. Escribir un libro, cuando de verdad te importa, y hasta traducir uno, si es de los que te ha marcado para siempre, significa desnudarse de un modo mucho más radical que el desnudo físico. Kafka el naturista lo sabía como nadie. Y Borges cuando dijo aquello de que no hay nada más casto que la pornografía.

lunes, 30 de abril de 2012

Seguir un rastro


Observando a Brako me he dado cuenta de que mi manera de trabajar, cuando escribo, no es tan distinta del modo en el que él se deja llevar en sus correrías por el campo. Con frecuencia, algo me dice que en algún sitio hay algo que me interesa, y normalmente no lo veo hasta mucho después de estar husmeando entre las páginas y las ideas de un libro o por alguna zona que secretamente me atrae y me llama. Sigo y sigo, a veces con una lentitud desesperante, olvidándome de todo lo que me rodea, y aunque me gustaría irme de allí, no puedo dejarlo. Es puro instinto, inexplicable. Casi nunca encuentro lo que no sé que busco, pero en todo caso mi tendencia natural se cumple. Hozando. Se cumple generalmente en la frustración. En veinte años he encontrado dos, a lo máximo tres, trufas. No es fácil explicar lo que se siente en esos pocos casos. Por lo demás casi nadie se ha enterado. Pero lo importante es desarrollarse como uno es, vivir o cumplir la función que llevamos inscrita en nuestro ser.

sábado, 28 de abril de 2012

Sueño


Sueño con dar alguna vez un curso que consista en una lectura comentada de Joyce, de Proust y de Kafka. Entre los tres lo contienen todo: todos los géneros, los registros y las posibilidades de la literatura. Toda la tradición y ningún tradicionalismo. Toda la vanguardia sin asomo de papanatismo. Si no puedo dar ese curso, escribiré un libro con este título: JOYCE-PROUST-KAFKA.

jueves, 26 de abril de 2012

The inner ring

El trabajo de años en alguien como Kafka te marca de por vida. Pasaría lo mismo con Dante, con Shakespeare, Cervantes y Calderón, con Joyce o con Proust. Quizás no ocurra lo mismo con los demás. ¿Son entonces un mero resto? No exactamente, pero no te marcan así, no tienen esa fuerza de conformación interior. Esos autores se te instalan en el tuétano y acabas viéndolo todo bajo su especie. El otro día me escribía una amiga argentina que, gracias al amor de una persona, había descubierto dentro de sí un espacio de libertad que ni siquiera sospechaba que existiera. Enseguida pensé que Kafka toda su vida buscó eso precisamente. Sus historias son el intento frustrado, imposible, de acceder a lo que se puede llamar el círculo interno, an inner ring. En ellas queda patente que, detrás de lo que vemos, de lo que tocamos, de las estructuras de las cosas, hay algo más, otro orden, otros poderes que condicionan fatalmente lo exterior. La realidad es un conjunto de círculos de poder inverso al tamaño de los mismos: cuanto más grande es el círculo, cuanto más externo, más insignificante resulta ser. Lo que ocurre es que cada círculo (de personas, de ideas, de sentimientos) te encierra y no hay manera de salir de él y de su ámbito de influencia. Todo son obstáculos para coger con la mano un aro menor, más restringido y esencial. Sería liberador. Acceder a los anillos del centro de las cosas queda descartado, por muy pequeño que uno se haga, por mucho que se mengue. The inner circle es un mero ideal. Creo que Kafka acertó en mostrar que esta lógica cambia radicalmente si se trata de aplicarla a aspectos externos de la vida o a la existencia más íntima y personal. Se trata de la gran paradoja kafkiana, que yo entiendo así: en la vida social, en las relaciones de poder, los círculos internos (que desde luego existen, todos lo sabemos: basta con que se junten media docena de personas para que se generen de inmediato) son tan inevitables como odiosos. Con frecuencia las personas más libres los detestan, no quieren saber nada de ellos y mucho menos participar en su lógica conservadora y hostil. Pensemos en un campamento de verano, en una universidad, en un sindicato o en la sociedad entera. Pasa siempre lo mismo. Sería extraordinario saber por ejemplo quién coño esta mandando en este momento en el mundo capitalista. Desde luego yo dudo de que sean los que aparecen en el horizonte político. Hay círculos internos que determinan la política. La peor de las corrupciones. En la vida íntima ocurre lo contrario: una persona libre quiere encontrar esos círculos internos, acercarse cuanto más mejor a la verdad, a la transparencia, a la realidad en suma. En el centro mismo, en el centro minúsculo del anillo más pequeño está el amor, eso para mí está claro. Por eso para ser libre, como mi amiga, hay que amar mucho y hacerse muy pequeño. Melville, Robert Walser, Hawthorne, Leskov, Azorín y algunos otros lo sabían. Y Kafka lo explicó como nadie.

domingo, 22 de abril de 2012

El hombre de la alpargata


A mi amiga Cristina W.

Me cuenta alguien que conoció de primeras al Pla, Josep, que llegada una edad él no se quitaba nunca la alpalgarta/espardeña. Entraba a cenar con el equinodermo a la Gavina y todos los presidents (entonces Presidentes), de Aguas de Barcelona, de la Diputación y del Ateneu, de todo lo que se movía en aquella España inmóvil, se levantaban cuadrados como un solo ente a saludar al hombre de la alpargata. Por cierto el tío no pagaba nunca, es más no llevaba peseta en el bolsillo roto del pantalón azul. El único maître à penser de los últimos cincuenta años en España (y quizás también en Europa). El amigo que me lo contaba iba él mismo a los consejos de ministros con una cuerda de sirga a modo de cinturón para escándalo de los democristianos y centristas de marras. Me he acordado de ti al ver esta maravillosa foto del gran Quim Gomis al que por fin le dedican una antológica no sé donde (sorri, no tengo esa visión global del arte, yo soy un paysanne que sólo quiere vivir solo en el pequeño rincón vasco, ponerme la alpargata azul celeste para siempre y dejaros en paz a todos, menos mal que no te diste cuenta de que tenía no sé cuantas manchas de los cojinetes de mi perro el único que de verdad me quiere y me da más de lo que yo le doy a él de largo). Conste que todo esto que te digo es un secreto: private jokes que te digo en público. Pero a lo que voy, me encantó tu historia de la biblioteca virtual esa que han hecho unos arquitectos madrileños y marmóreos en la que algún hortera se ha gastado tanto en el inmueble que para los muebles, los movibles-bailables-entregables, les volailles, oseasé los libros no queda un solo euro-duro: entonces a algún inasequible al desaliento se le ha ocurrido decorar las paredes, asín se ahorran las estanterías, con unos papeles pintados, trompe-l´oeil, con miles y miles de imágenes de libros de todas las formas y colores. Oyes, dí que sí, que pa algo está de moda lo virtual y lo icónico. Si alguien quiere un libro, rellena una ficha y se lo traen al tiro de otro sitio. Ja, ja, ja. Menudo descojono de país. Si Larra levanta la cabeza se vuelve a suicidar. Y aquí es donde viene la pedantería esa de la hybris, la desmesura y la impureza democristiana todo eso junto. Claro que sí Cristina, sé un montón de etimología y sé, que te quede claro, que virilidad, además de significar transparencia, tiene la misma raíz que la palabra virtud, es decir fuerza, energía potente de la buena como la tuya, qué bendición de madre que se pasa el día pensando si el tono del saludo matinal ha sido o no el adecuado, te parece poca virtud, rectitud, bonanza, a las tres de la mañana seguía pensando en la calidad del paño. Bueno, pues eso que me contaste de la flamante biblioteca lo vemos todos los días en todas partes. Grandes edificios de arquitectos cargantes llenos de vacío. Es un problema de mesura, de medida, de gusto, como tantas cosas en la vida esa que vives con toda la pasión y la inteligencia que saltan a la vista y que para mí será un honor, de ahora en adelante, compartir contigo si tú me dejas. Firmado: tu amigo el hombre de la alpargata.

domingo, 15 de abril de 2012

Mesdames


A la vuelta de un pequeño viaje recojo del correo varios libros de personas a las que conozco y quiero, y todas ellas son francesas. Anne Picard me manda su antalogía de Victoria Campo titulada En témoignage (Antoine Fouquet, 2012). Una maravilla la selección, la traducción y el postfacio de Anne. El pasado miércoles Philippe Lanson le dedicaba un artículo encomioso en Libération. Florence Delay ha transformado su libro sobre las pinturas de mujeres de las paredes de Fontainebleau en un volumen de la nrf titulado Il me semble, mesdames (2012), fórmula que le sirvió para comenzar su discurso de entrada en la Academia, y le sirve como anáfora en varios de las treinta y una estampas, nouvelles o cuadros del del famoso castillo, de sus damas, reinas, favoritas o cortesanas, de sus pintores, de "sus amores y sus fiestas" escribe Florence. No hay amor verdadero sin presencia de la muerte, y Laura Bossi me manda un libro titulado Les frontières de la mort (Payot, 2012), del que había leído algunas partes, y que trata sobre los criterios para determinar que alguien ha muerto en efecto. Copio sólo dos frases que dan mucho que pensar: "Parece que ha sido detectada actividad cerebral (con los mismos niveles que se obtienen durante el sueño) mediante el electroencefalograma varias horas más tarde de que un diagnóstico clínico de muerte encefálica se hubiere producido y minutos después de la parada cardiaca y del cese de la circulación… Conocemos mal el proceso de la muerte, y aún menos las vivencias conscientes de los moribundos". Apasionante el estudio de Laura, los análisis que realiza y las conclusiones a las que llega, también en el orden ético y antropológico. Pero a lo que voy: cuando telefoneo a estas mujeres para felicitarlas por sus obras y agradecerles el envío, me quedo pasmado porque en la conversación, no contentas con quitarse cualquier mérito (parece que esos libros se hubieren escrito solos) me anuncian el envío inminente de próximos trabajos. Qué maravilla de laboriosidad, de pasión intelectual, de entusiasmo. Eso es para mí Francia. ¡Qué ejemplo!

P.S. También he recibido la edición de Kashtanka de Chéjov (Tres en Línea, 2012) ilustrada por mi amiga Eleonora Arroyo (la autora del hobbyhorse de mi cabecera. Otra persona que trabaja como mil haciendo el ruido de uno). Lo hemos leído Inés y yo entusiasmados con el texto y con las imágenes de Eleonora. Es una maravilla que guardo como un tesoro).

lunes, 9 de abril de 2012

Du côté des femmes


Además de mi querida mujer, tengo seis hermanas (de las cuales con dos me crié día a día durante toda mi infancia) y tres hijas maravillosas, distintas, enigmáticas. Cada una de las tres contiene un mundo y mantengo con ellas una relación que va de la ternura a la tensión y la empatía. También tengo tres sobrinas, las tres hijas de mi hermana a las que quiero como si fueran hijas mías; con su madre hablo al menos una vez al día, en ocasiones dos, tres o las que nos hagan falta. Y además tengo otra hermana (ésta no de sangre sino de elección) judía que se llama Esther. A mí me sacó adelante, espiritualmente hablando, es decir como persona necesitada de que le quieran sólo por ser quien es, una mujer de Zamora que se llama Isabel y a la que amo como a una madre, o más aún. Tengo no menos de media docena de amigas íntimas (lo que me parece un milagro que me lleva, como una ola, adelante en mi vida), es decir, personas que me conocen completamente a fondo, que me quieren, me comprenden, no me juzgan ni tampoco me ríen la gracia. Esa lista de oro no está para mí ni mucho menos cerrada. Por cierto confío sólo en ellas también intelectualmente, como lectoras, escritoras, traductoras, comentaristas, correctoras, creadoras y ahora por suerte para mí también editoras. Interiormente he recurrido a la Virgen en los momentos decisivos de mi existencia. María Magdalena, Clara de Asís, Catalina de Génova, Hadewijch de Amberes… son mis ángeles defensores, pero también lo es Antígona, la Catherine de Cumbres Borrascosas y hasta la Bovary y tantas otras figuras femeninas que me emocionan y me inspiran. ¿Qué decir de las escritoras, filósofas y teólogas? ¿De las pintoras olvidadas de la historia como Giulia Lama o Artemisia Gentileschi? ¿Y de las grandes cantantes del siglo XX, de Carmen McRae a la Simone, de Lauryn Hill y Tracy Chapman a Natalie Merchant cuyas voces me acompañan a diario? ¿Y las músicas, las pianistas o por ejemplo la Du Prè? Alguna persona me ha dicho que tengo una sensibilidad femenina, y no sabe hasta que punto eso constituye para mí el mejor de los halagos, casi el único que me gusta recibir. Saben expresar más, se miran menos el ombligo, están más atentas a lo esencial, tienen una capacidad inmensa de acogida. En fin, no sé porqué me ocurre esto, ni si será bueno, malo o regular, irracional seguramente, buscado más o menos de manera consciente cada vez más pero, en todo caso, ya lo aviso desde aquí, si me pierdo, buscadme du côte des femmes…

jueves, 29 de marzo de 2012

Notas para un diario 234


Siempre creí, equivocadamente, que esta foto de Helmut Newton, que el Grand Palais ha elegido para el póster de la retrospectiva que le dedica estos días, estaba tomada en la rue des Beaux Arts. Son esas cosas que a uno se le meten, no se sabe como, en la cabeza y que se quedan ahí para los restos. Está realizada en 1975 y es una foto en espejo goyesco con otra en la que la misma mujer aparece desnuda. Yo confieso que no he visto aún la otra foto. La calle, situada detrás de la rue de Rivoli, en la margen derecha, se parece como dos gotas de agua a esas que mencioné en la nota anterior, de la izquierda, las calles Visconti, Bonaparte, Beaux Arts, etc. En esta última, en un hotelito humilde que fue derribado y que se llamaba Hotel D´Alsace, vivió sus últimos años, y murió el 30 de noviembre de 1900, Oscar Wilde. Tenía a su muerte más o menos mi edad, pero estaba destrozado, muy posiblemente por la sífilis. Puestos a hacer confesiones diré que mantengo una identificación mística con el escritor dublinés. Que cada quien piense lo que quiera al respecto, pero esa identificación, en mi caso, se hace más y más intensa justamente con el Wilde de los últimos años parisinos. He peregrinado (y seguiré haciéndolo) a cada uno de los rincones que de una manera u otra lo evocan, De Profundis en mano, y he percibido, sentido, casi tocado, su espíritu todavía vivo; es por ahí por donde yo experimento la presencia de algo que no es de este mundo. Sus opiniones al final de su vida eran rotundas y claras. Por ejemplo, sobre el éxito y el fracaso (en el que estaba plenamente sumido) decía que "el artista que triunfa es un artista incompleto. El éxito es un mero episodio (es cuanto puede ser) y el fracaso es el desenlace real, final… la suprema función del artista es reflejar la belleza del fracaso". Pienso que hay mucho contenido en esas intuiciones, pero no me toca a mí desvelarlo ahora. Es una réplica exacta del pensamiento de Cervantes. Hasta el último día, Wilde mantuvo intacto el deseo de amar: "Para mí la vida sin deseo no merece la pena vivirse", dijo a su amigo Frank Harris. A pesar de lo que se ha escrito, mantuvo también vivo el deseo de escribir (y se mantuvo a través de él). Dijo a algunos que "su obra estaba ya hecha" pero también escribió en una carta que en el fondo de su corazón, "esa cámara de los ecos muertos" (toma escritor) deseaba hacerlo cada mañana de cada nuevo día. Por eso le admiro. En eso quiero ser, vivir y morir como él. Deseando. De Newton, Helmut, hablaremos otro día.

domingo, 25 de marzo de 2012

Notas para un diario 233

Días de intenso trabajo literario. Cuatro o más frentes abiertos. Mientras duren las fuerzas… "Estoy en un punto en el que no puedo ser la que siempre soy ni convertirme en la que podría ser", escribe la narradora de Tres luces de Claire Keegan (Eterna Cadencia, 2011). Esa frase leída al paso en esta pequeña joya creo que es inspirada. Je viens au théâtre voir l´animal insoumis, pris dans les filets des mots et s´en délivrant para la parole. El nuevo libro de Valère Novarina (La Quatrième Personne du singulier, P.O.L, 2012) que compré en chez Jakin, en Bayona, me resulta también deslumbrante: el animal insumiso, ¿cabe mejor defición del hombre?, la distancia entre les mots (las palabras) y la parole (la Palabra): cómo no recordar el comienzo del Evangelio según Juan en la traducción de Florence Delay: Al principio, la Palabra… así, sin más, no Al comienzo era (estaba) la Palabra, no, sin verbo, sola la Palabra: Instantánea, Perenne, ¿completa?. Lo que llama la atención en el sueño es la insumisión, añade Novarina. Y yo tuve un sueño… el sueño de la insumisión, no el del humanismo sino el de la inhumanidad.

domingo, 18 de marzo de 2012

Notas para un diario 232

Me resulta emocionante leer, al comienzo de Guerra del 15 de Giani Stuparich (Minúscula, 2012) que los soldados italianos cargaban con libros las mochilas antes de partir al frente. ¿A dónde creían que iban? ¿De excursión boy scout? Iban al infierno, pero hasta ese espacio es más llevadero con libros. Poco más adelante, tras días enteros y semanas de marchas extenuantes bajo la lluvia, cuando debían ir dejándolo todo por el camino que lleva hacia una muerte a la que había que enfrentarse desnudo, sin nada, ascéticamente, lo que más les costaba soltar era el bendito lastre de los libros. Se les formaban llagas en los hombros de tanta carga pero resistían cuanto podían y se aferraban a esos amigos silenciosos como si se tratara de un auténtico viático. Es emocionante todo lo que se refiere a los libros, al menos para alguien como yo. Hace poco hablaba con una amiga francesa de la biblioteca de uno, de si se puede o se debe entrar físicamente en la biblioteca de un amigo. Pienso más bien que no. Si no le conocemos, no tiene mucho sentido; si le conocemos, admiramos, queremos, el sacrosanto respeto a la intimidad nos lo impide. Sólo cabe "hacer una biblioteca" con alguien a quien de verdad deseamos, como hacemos con el amor. Entonces sí, ahí la desnudez debe ser tan total como en la cama, pero sólo entonces. Cada vez veo más clara la conexión éros-libros-muerte.

sábado, 10 de marzo de 2012

Notas para un diario 231 (Rue Visconti)


Al azar de una búsqueda encontré ayer esta foto de un patio trasero, el del número 21 de la rue Visconti en París. Siempre me fascinó ese nombre italiano au coeur même de la ville. Es una calle pequeña paralela al río (a la altura del Quais Malaquais), paralela también a otras callejas bellísimas como lo son la rue Jacob o la rue des Beaux Arts, perpendicular a la rue de Seine y a la de Bonaparte, con la que forma un ángulo casi recto. He paseado mucho por ahí – ¿quién de los que amamos París ha dejado de hacerlo? –, conozco muchas de sus puertas y ventanas, he husmeado en sus recibidores e imaginado las vidas que transcurrían tras esos gruesos y húmedos muros. Me encantó hallar esa foto justo cuando estoy intentando traducir un pequeño libro de Julien Green. Ese patio cubierto por parras vírgenes le hubiera fascinado al gran escritor sudista. Vignes vierges en francés. Apenas sé nada de jardinería, aparte del hecho de que me encantan las plantas, pero tengo entendido que a diferencia de la hiedra las parras que se asientan en la piedra de los muros cambian de color y con frecuencia adquieren esos tonos que oscilan entre el malva, el morado, el color del vino. Burdeos, decimos en español también, y por algo. El relato greeniano, que conozco desde hace más de veinte años, leído y pensado ahora de nuevo, me está impresionando. El tema de fondo es la religión, claro; muy unida a la sexualidad y a la escritura. Claro en alguien como él, que no vivió más que para ese misterio de amor y de muerte que encierra la literatura. Creo que el caso de Kafka es distinto, y no sólo por el hecho de que fuese de origen judío. Kafka estaba inmerso más bien en una tradición humanística y atea que, sobra decirlo, parte del hecho religioso también aunque se puede afirmar que lo ha abandonado (en algunos casos habría que decir más bien que se ha sentido abandonada). No me gusta la palabra superado en este contexto, como rechazo una visión lineal del progreso. Siempre estamos volviendo a lo mismo, nuestro caminar describe más que una recta un círculo. Entre todas esas corrientes, idas y venidas, me encuentro a gusto en los lugares más indeterminados, como me encuentro en casa en las estrechas aceras de las calles más viejas de París. No me engaño: soy muy consciente de que esa opción, para alguien como yo, es del todo dramática.

jueves, 16 de febrero de 2012

Notas para un diario 230

Días intensos dedicados a penas a ordenar la segunda parte de la biblioteca. Poner "orden" en varios miles de libros que encarnan el trabajo diario de decenios cansa de un modo que no lo puede "saber quien no lo prueba". Por momentos, uno se queda de lado, y los libros representan un muro, a la vez muro de la vergüenza y escala de Jacob. La ansiedad se dispara en alguien como yo, "maldecido" con una curiosidad babélica. En otros momentos hay ráfagas de luz que caen del cielo y abren por unos instantes las cavernas del sentido. Lo que más me ha divertido, como siempre, es el modo en el que unos libros eligen la cercanía de otros, como cuando sin haber yo hecho nada para que así fuese me di cuenta de que los libros de Menchu Gutiérrez y los de Unica Zürn se habían colocado chic to chic en el rincón de una de las baldas principales. No podía ser de otra manera y podía poner otros muchos ejemplos de ese fenómeno que me fascina. Alguien me preguntó ayer que cuál era el orden, sí alfabético, por temas, por siglos. Nada, nada. El único orden posible en un escritor afectivo como yo es el que usábamos jugando a las tinieblas: frío, frío, caliente, caliente, !!!!caliente¡¡¡¡. El muro se transforma entonces en una pared de fuego, como en un cuadro de Rothko: cada libro es un límite con otros, a los lados, arriba abajo, y cuando uno busca alguno en concreto se va aproximando a ciegas a una determinada zona de ignición, con una mano tendida en signo de derrota, y en el pecho va notando un calor progresivo que le indica que lo que busca en ese momento no está lejos y que tal vez está ahí esperándole.

lunes, 13 de febrero de 2012

Notas para un diario 229

Fin de semana en Burdeos. Homenaje a Florence Delay. Por una parte, los organizadores, una asociación de diplomados de Aquitania. Personas casi todas de una edad venerable, ansiosos de aprender, de hablar, de compartir conocimientos. No han temido al frío y algunos han puesto su vida en juego. De otra un puñado de amigos de Florence, encantados de pasar un fin de semana alrededor de alguien a quien queremos y admiramos, por ese orden. Más allá de las intervenciones, algunas muy lúcidas, del talento de Flo que asoma cuando uno menos lo espera, en una contestación, en un gesto, contando una historia en un momento de tensión, sobre todo he podido experimentar la profunda verdad de ese dicho de que los amigos de mis amigos son mis amigos. Algunos no nos conocíamos de nada, ni siquiera nos habíamos leído mutuamente, pero a los pocos minutos reinaba entre todos la más abierta amistad. Es un milagro, pero nada acerca más a la gente que mirar libre y serenamente hacia un mismo punto. Burdeos estaba preciosa, helada, dorada como el sol sobre las piedras de los edificios del XVIII. Todo ha sido muy rápido, muy imperfecto, menos la amistad recién alumbrada o plenamente confirmada, según los casos. Pocas palabras han bastado. Conocemos las encrucijadas por las que unos y otros estamos pasando, y con una sonrisa se han disipado no pocas nieblas. Es el arte del amor entre los amigos, algo que siendo gratis no se paga con nada.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Notas para un diario 228


El tratamiento del amor es la prueba del nueve de la literatura. La mejor literatura habla del amor (o de la muerte) y por eso no resulta imposible distinguir en efecto la buena de la mala; es tan difícil decir algo nuevo, original, lúcido sobre ese dios que cada libro por sí sólo se autocalifica de inmediato. ¿Aporta algo nuevo o repite peor o mejor dicho lo que se ha escrito ya mil veces? Platón a la cosa de la novedad, y aún antes, añadiría que el amor debe decirse de una manera determinada, prefigurando la necesaria exigencia formal que una obra de literatura debería mantener siempre. En la novela que se publicará próximamente en Alfabia hablo del amor, veremos con qué suerte. Por ejemplo hablo de una cosa que yo llamo la "sombra de un amor". Un personaje le escribe a una amiga a la que cree haber amado que el tiempo le ha ido descubriendo que entre ellos más que un amor lo que hubo fue la "sombra de un amor", o sea, algo que se parece al amor, tiene algunas o muchas de sus formas y manifestaciones, pero en realidad no es nada, apenas una sombra. Si acaso, más bien resulta su espantajo porque el amor, que es lo más valioso y delicado de la vida, no puede ni debe manipularse al antojo de los amantes. En una de las historias (son nueve en total) en las que se continúa la que ahora se va a publicar reaparece el asunto de la sombra, pero de un modo opuesto. La "sombra de un amor" también puede ser el efecto de frescor y amparo que produce el amor verdadero. Cuando por los motivos que fueren – muy graves y radicales han de ser para que alguien renuncie al amor verdadero – no pueda producirse la unión plena, sí existe, el amor es tan poderoso y real que puede proyectar una suave sombra que les cobije el resto de la vida. Ambos sentidos de la expresión, que yo tomé de la teología negativa, se complementan y a la vez se excluyen.

miércoles, 25 de enero de 2012

lunes, 23 de enero de 2012

Notas para un diario 226 (Ginebra,2)


Matthias me pidió que le trajera a Albert unos paquetes de thé des caravannes; en la tienda encuentro también una postal con esta imagen que envío rápidamente a los más queridos. Sin mensaje, ni nada. Es el color lo que me gusta. Ni eso de que la vida es un jardín de senderos que se bifurcan, ni nada de nada. Tonterías. Yo querría ser como aquel pintor de la leyenda china que, tras siete años de trabajos en un paisaje, finalizó su obra, recogió sus pinceles, se los cargó en el cinturón, se alejó, la contempló en silencio durante unos instantes y franqueó la tela desapareciendo para siempre en las montañas que había esbozado con tanto primor. Ya sé que eso va contra las leyes de la física, pero ¿no estará prohibido soñar, no? Desaparecer, borrarse, ser nadie. Como Ulises.

domingo, 22 de enero de 2012

Notas para un diario 225


For my nephew, and friend, Andrew

"By the waters of Leman I sat down and wept…"
Una familia de cisnes acudieron raudos a beberse mis lágrimas amargas.
Hacía mucho que había querido pasar por la ciudad de Nicolas Bouvier, y no me defraudó en absoluto, todo lo contrario, aprendí un montón de cosas mientras paseaba horas y horas cruzando en ambas direcciones los puentes frente al Mont-Blanc.
Aprendí por ejemplo que el fondo de la fondue de queso, ese socarrat que normalmente no sale ni a tiros y que hay que dejar toda la noche con agua en la pila y quitarlo por la mañana, una galleta de queso turrado con sabor a vino blanco y a kirtsch, se llama la "religieuse"… (se pide después de terminar y los camareros la sacan con una espátula de pintor y un martillo).
Naturalmente, por más vueltas que le doy, no caigo en el motivo de tal denominación.
Elevándonos un poco, ya sabía que Ginebra es proporcionalmente la ciudad del mundo con más suicidios por habitante; al principio te quedas un poco así, yo me iría a vivir mañana mismo allí, aunque ese deseo quizás albergue algún remoto impulso de muerte por mi parte, sólo Freud sabe, pero aprendí allí que en realidad el dato "incriminatorio" esconde el siguiente engaño: aunque en realidad en todas las ciudades de Occidente hay un número parecido de suicidios, las de la cuenca mediterránea (por tradición católicas) siempre enmascaran los hechos. Pocos son los que aceptan abiertamente que alguien a su alrededor se ha quitado de en medio, les parece infamante para el muerto, un fracaso para ellos, vergonzoso para todos. Por lo visto ara las gentes del norte es un derecho más y quieren que así conste.
Naturalmente lo que no acabo de comprender es la relación que todo eso tiene con el hecho religioso, en el caso de que la tenga (la que se me ocurre es tan evidente, directa y triste que por experiencia sé que tiene que haber algo más escondido en toda esta apasionante cuestión).
Aprendí también que sobre la tumba de Borges en el recoleto cementerio de Plein-Palais pasea casi siempre un cuervo negro. Además no calla. También constaté (creo que esto ya lo sabía de antes) que su viuda se cuida de que haya siempre al menos una rosa amarilla frente a la lápida de piedra con la inscripción en gaélico. No me costó nada hacer las convenientes liasons literarias más evidentes (Chéjov, Carver, Kafka, Nial, Gisli) pero lo que no sé aún es porqué no me encontré allí con un tigre. Al menos esperaba haberme topado con una pantera gris marcando el tiempo y el espacio, el ritmo del mundo, en una jaula.
Por último aprendí que Ginebra tiene una librería (cosa que no se puede decir más que de tres o cuatro ciudades en el mundo, si por librería se entiende lo que entiendo yo): naturalmente que es la librería Le rameau d´or/L'Âge d´Homme. Boulevard Georges Favon 17. Sólo por eso merece la pena el viaje. Increíble lo que encontré allí, los Cingrias de los años sesenta, los Bouvier, los Vernet y tantas otras cosas que provocaron el sobrepeso de mi maleta al volver en Easy-Jet chicken class (nunca he pagado más a gusto 40 €).
Hojeando in situ un libro de Bouvier encontré este párrafo mágico: "Hay algo fundamentalmente feliz en el hecho simple de estar en el mundo y, por carencia, por falta de entidad, lo olvidamos. Montaigne escribió a propósito unas palabras muy bellas; dice lo siguiente: No he hecho hoy nada, nada reconocible. ¡Qué idiota! Pero es que no has vivido, no te das cuenta de que es no sólo la más ilustre sino la más memorable de las ocupaciones posibles. Vivir. Si tuviera que reprochar algo a mi país es el hecho de que haya antepuesto siempre el hacer sobre el ser; yo pienso que es más difícil ser que hacer"
Naturalmente entonces entendí bastante.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Notas para un diario 224


"A veces pienso que la comedia de mis libros es una sátira sobre su falta de conclusión", le escribe Saul Bellow al profesor Chase en mayo de 1959. Ese auto-conocimiento, esa flexibilidad y esa libertad sólo la tienen los más grandes. Días de lectura intensa, a la espera de la escritura que vendrá pronto. Una acción prepara la otra, como las palabras alistan el alma y preparan los actos, y todo ello mueve a la ternura del contemplar. Yo he visto la lectura siempre como un adentrarse en un bosque, de modo que cuando un cuento comenzaba con ese emplazamiento me parecía redundante. Ahora mismo, leyendo a dos grandes entre los grandes (el novelista Bellow en sus cartas de Alfabia y el poeta vasco Claude Esteban en sus ensayos de poética, Critique de la raison poetique) me he encontrado en un camino en medio de un bosque muy frondoso, con árboles rectilíneos, negros y delgados como los de la foto y con un suelo morado, color de brasa, ardiente de vida y de amor a la vida y a la gente que nos rodea, o sea un paraíso para alguien como yo dado a los afectos auténticos. En un ensayo titulado Un lieu hors de tout lieu, Claude Esteban, poeta del tiempo mucho más que del espacio como casi todos los que a mí me interesan, habla del adagio virgiliano labor omnia vincit. Lo explica con palabras memorables: ce labeur telle que Virgile le comprend, ce travail que peut vaincre toutes choses, c´est celui, intrinsèquement, du poet – d´une conscience qui se refuse à la disparité de l´immediat, à l´usure, à la dispersion du multiple, et qui aspire à reunir derechef, para un acte véritablement religieux, l´exercise de mots et l´horizon des choses… La pietas virgilienne, celle qui s´éxprime dans les Géorgiques, tout autant que dans l´Enéide, n´est pas autre chose qu´un appel à la conscience de chacun, une invite à renouer le dialogue avec la sainteté des choses et des êtres. Ici, et dès à présent – sans plus rêver à une Arcadie antérieure ou à quelque Olympe. En otras palabras, que toda poética está destinada al fracaso, al divino fracaso del que hablara Cervantes con conocimiento de causa. Sisífico trabajo del alma, por tanto. El mismo al que alude Saul Bellow en una carta, nota, un billet realmente, que le dirige a su admirado John Cheever cuando tiene noticia de que éste padece una enfermedad incurable. Diciembre de 1981. Bellow no quiere decirle demasiadas cosas. "Puedes arreglártelas sin ellas". Me encanta esa timidez franca, maschile. Pero sí le escribe una o dos esenciales. Le habla de un "vínculo significativo" entre ambos. Bellow no sabe muy bien de qué se trata pero se arriesga a definirlo así: "… sometimos nuestras almas al mismo tipo de educación, y esa formación esotérica en la que tuvimos el descaro de persistir, bajo la mirada hostil de la América exotérica, es lo que nos une". Se trata del mismo trabajo de una vida entera al que aludía Claude en la frase de Virgilio. El trabajo de transformarse a uno mismo. "Cuando leí tus cuentos reunidos me emocionó ver la transformación que se producía en la página impresa. No hay nada que importe de verdad, salvo la acción transformadora del alma. Te amé por eso (sic). Te amaba de todos modos, pero por eso especialmente". No hay ni que decir que a mí esa es la única liga en la que me interesa jugar. Como escritor pero también como persona. Todo lo demás me parece cerrado, mediocre, deprimente.