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domingo, 1 de abril de 2012
Francesca Woodman
Francesca Woodman en el Guggenheim de Nueva York. He hablado de ella al menos en nueve entradas de hobby horse. Cuanto más miro sus fotos, más convencido estoy de que no se puede decir nada sobre ellas. Nada que merezca la pena, me refiero. ¿Será porque es como de otro mundo?, porque es sobrenatural, digamos… no, todo lo contrario, es porque es humana, demasiado de este mundo y la cruda realidad es que no entendemos nada, mortales orgullosos de motores…
lunes, 27 de junio de 2011
Triángulo
A diferencia de la rotunda perfección de lo circular, cuya entrópica movilidad se convierte en paradigma de lo inmóvil, los tres vectores encerrados en el diseño triangular no cejan en su impar pugna, generando una variopinta gama de formas inestables. No es extraño, por tanto, que el triángulo, para el pensamiento alquímico, simbolice el fuego y el corazón, así como, según esté derecho o invertido, apunte al cielo o a la tierra, sea montaña o caverna. Protuberancia o hueco, el alanceolado triángulo parece apuntar a algo extrínseco e inalcanzable: es, pues, la forma más adecuada para la humanidad deseante, dejando tras de sí un rastro de catástrofes artísticas.
La foto es un autorretrato de la incomparable Francesca Woodman)
domingo, 27 de febrero de 2011
Maria Yúdina
Para Marta Moriarty
Decir que la mujer ha sufrido más que el hombre en los últimos cien años es una generalidad, aunque sólo sea porque el sufrimiento de la mujer y del hombre están íntimamente relacionados. Ella sufre y todos (hijos, padres, maridos, amantes, amigos) sufren con ella. No hay termómetros del sufrimiento y al último que se le ocurriría establecer absurdas competencias, en ese campo terrible y sagrado, es al que sufre de verdad. No obstante, en el arte, la mujer y su creación han estado particularmente cerca del dolor en todas sus formas y manifestaciones. En este blog he hablado desde este punto de vista de grandes creadoras como Anna Ajmátova, Etty Hillesum, Isak Dinesen, Marina Tsvetáieva, Katherine Mansfield, Francesca Woodman y de muchas otras. El otro día mencioné a Clara Haskill, y a los pocos días colgué una interpretación suya de la Toccata en Mi menor de Bach (BWV 914). Judía de Bucarest, sufrió la enfermedad (una terrible escoliosis primero que apenas le permitía estar de pie o tocar el piano y un tumor cerebral a los 46 años le llevaron de por vida por la senda de la amargura), la guerra, el exilio, la exclusión, la amenaza nazi de la muerte. Hoy quiero hablar de otra grandísima mujer, la pianista rusa María Yúdina (María Oudina). Nacida en 1899, en los años treinta, gentes como Pável Florenskij y músicos como Shóstakovich o Neuhaus la consideraban ya un genio clásico. Su profunda religiosidad la enemisto con el régimen y si no sufrió mayores represalias fue debido a que Stalin adoraba su música. Era valiente. Una vez detuvo un concierto y en solidaridad con Pasternak recitó un poema suyo. Se cuenta que cuando Stalin oyó por la radio su interpretación del Concierto 23 de Mozart se emocionó y pidió la grabación. Pero no había forma de conseguirla. Ordenó que se le despertara a la Oudina en plena noche y que se le grabara de inmediato. Se organizó un estudio, se buscó una orquesta y a la mayor rapidez se realizó la grabación. El dictador, nada más oír las primeras notas rompió a llorar. Quiso que se le pagara generosamente a la artista. Oudina aceptó el dinero para donarlo a la Iglesia con el fin específico de que se hicieran oraciones perpetuas por los pecados de Stalin. Aquí tenéis un fragmento de su interpretación del Concierto italiano (BWV 971).
jueves, 11 de febrero de 2010
Notas para un diario 155

Hace tiempo que no publicaba ningún fragmento de las cartas de mi amiga poeta y mística (a la que por cierto, siempre identifico con el trabajo fotográfico de Francesca Woodman, de la que traigo aquí este autorretrato realizado a la sorprendente edad de dieciséis años). La razón es muy sencilla: hacía meses que no recibía ni una palabra suya (de hecho estaba preocupado por ella) . Quizás no me las manda porque no le hizo ninguna gracia que incluyera en el blog los dos fragmentos que publique en su momento. Nunca he sabido si le molestó que lo hiciera, y mira que se lo pregunté varias veces. Pero a ella no le gusta hablar de cosas concretas ni responder a preguntas directas. Como ya dije, está casada, tiene dos niñas pequeñas, y vive en un país del otro lado del charco, perdida en una ciudad muy pequeña, en parte vive muy cómoda pero en parte soporta condiciones muy duras, de las que por razones evidentes no puedo hablar aquí; desconozco si es feliz o no, entre otras cosas porque sus criterios no son los normales y ordinarios. No sé si dije que era catalana. Por fin, ayer, a mi vuelta de un viaje a Madrid, del que hablaré si me quedan fuerzas en unos días, recibí una nota suya. En este caso no era una carta, propiamente dicha. Era la hoja arrancada de una agenda pequeña. Sin ningún contexto ni comentario. Una hoja cuadrículada. Algunas letras estaban medio borradas, la tinta corrida, aunque el contenido puede leerse íntegro. En un momento, hacia la mitad, me menciona, por lo que pienso que de alguna manera sigo siendo para ella una referencia (que nadie se confunda, es de esas personas que dice te quiero a mucha gente, pero eso no significa lo que puede parecer, y menos en este caso: es muy amiga de mi mujer desde hace años, nuestra relación ha sido exclusivamente de amistad, y no conozco a una persona más recta y limpia que ella). No tengo ni idea de en qué lío se ha metido ahora, pero me lo puedo intuir, a partir de lo que dice y de lo mucho y bien que la conozco. Habla de un hecho que le ha marcado o dolido, pero no me dice de qué se trata. A pesar de que es algo muy incompleto, y puesto que me encanta como escribe, con qué desgarro sereno, con qué valor, reproduzco aquí el fragmento tal y como lo recibí anoche. Todo sea que me la cargue, pero me voy a arriesgar porque creo que me lo agradeceréis: Me han arrancado el corazón, y lo necesito. ¿Cómo voy ahora a querer a nadie, especialmente a J. y a las niñas? Ahora odio a todo y a todos. Sólo siento odio. No me queda nada que darles. Ha pasado apenas un día y cada vez es peor. Noto que la angustia sube desde el fondo de mi ser, y lo va invadiendo todo. La angustia hace su trabajo implacablemente. La nada. El vacío sube desde lo más bajo y me ahoga. Me empieza a costar que pasen los segundos. Conozco esta sensación depresiva, y la temo tanto. Me ha producido, alguna otra vez, tal devastación, que lloro sólo de pensar lo que me aguarda para las próximas semanas, meses, quizás años. El tiempo no avanza. Se congela. Y me deja helada. No sé que hacer. ¿A quién se lo cuento? "Cuéntamelo a Mi" A veces no sé ni donde sentarme. Ni que decir; ni que escribir. Arranco cada palabra (éstas mismas que estoy garabateando, y que acaso sean las últimas que escriba) con gran esfuerzo. Cada palabra que escribo es una palabra menos que me queda. La angustia trae el silencio, pero es un silencio oscuro, tenso. Lleno de vacío. Al, dime qué voy a hacer cuando ya no me queden palabras. ¿Cómo voy a decirte, a escribirte, que te quiero? Cuándo llegue ese momento, la nada habrá obtenido su victoria definitiva. Lo único que sé es que donde antes había amor, ahora no habrá nada. Ley y Nada. Aniquilación. De-creación. Y la nada crecerá, engulléndome primero a mí. Después a mi escritura; más tarde devorará toda mi vida y a toda mi familia. Tengo pánico y no sé a quién o a qué acudir. No quedará nada de nada. Piedra sobre piedra. Soledad. Dolor. Angustia. Dolor en el pecho. Dolor. Muéstrate Madre. (Mi amiga no tiene madre: así que supongo que está llamando a su madre muerta; pero en realidad no sé seguro a quién llama).
miércoles, 15 de abril de 2009
Etty Hillesum

Nos queda tanto de lo que hablar: tantos escritores, tantos artistas, santos, tantos paisajes, tantas cosas de los adentros… Cuando pienso que todavía, después de un año entero, ni siquiera he mencionado a Etty Hillesum!!!! No me lo creo. Pero es así. He puesto su nombre en el chisme ese que busca cualquier cosa en el blog, y nada. ¿Me perdonará? Supongo que sí: a veces, y en contra de lo que se dice con demasiada facilidad por la gente superficial que habla de las cosas del espíritu (son las espinas de la corona de gloria que todos llevamos sobre la cabeza), cuando amas mucho una cosa te la callas y te la guardas para ti. Sí, sí, ya les estoy oyendo, que si el bien es difusivo y no sé cuantas cosas más; pero, frente al frío principio racional, yo te doy un argumento bíblico: la Virgen María permanecía en silencio y guardaba esas cosas en su corazón. O sea, que como mínimo admitamos que hay un tiempo para cada cosa: a veces hay que callar y otras hay que decir lo que llevamos dentro, pero sólo si queremos hacerlo, sólo en ese caso. Ya nos lo indicarán. Y además, las cosas buenas se transparentan en quienes las llevan dentro: en los gestos, en la acogida, en la apertura, en la pobreza, en la sonrisa con la que esperamos a los demás y al mundo entero. De todos modos, os diré que estos han sido días de enormes descubrimientos y luces. Por ejemplo, os puedo confirmar que en principio este blog durará cuatro años más o menos. Ahora lo tengo claro. Así que tranquilos: los que os aburrís, en cuatro años os podéis olvidar completamente de mí (si no lo habéis hecho ya). Y los que os gusta-os entretiene-os ayuda tenéis garantizado ese tiempo por delante. Ya os contaré en otra ocasión porqué sé esto con certeza. Lo único que os puedo adelantar ahora es que no tengo ninguna duda al respecto. Estaba mirándolo en el plano equivocado, pero eso se acabó. Ya os lo he dicho y al menos por lo que a mí respecta, y salvo nueva orden, así será. Además, el olvido (que no preterición) de mi amada Etty demuestra lo mucho que nos queda por hablar. En buena medida hasta el momento nos hemos andado subiendo por las ramas. No importa. He estado emborronando las primerísimas hojas. No os quepa duda tampoco de que esto es un viaje al corazón del asunto, to the heart of the matter del que habló increíblemente Graham Greene: allí donde las hojas son cada vez más pequeñas pero también más tiernas y jugosas. La cosa irá lenta: al fin y al cabo el primer afectado soy yo que escribo. Cada día me arrancan una hoja y poco a poco me voy a quedar más en pelotas que Francesca Woodman en la extraordinaria foto que os mostré el otro día. En todo caso, nos queda mucho por hablar. Bueno, pues, ayer comí con mi amigo Fernando los famosos huevos con morcilla de La Corralada, y a la vez que mojábamos el pan de pueblo en la yema convenientemente salpimentada, y bebíamos un vino de Rioja que nos encanta a los dos (yo bebí poco, no por virtud sino porque me tenía que conducir hasta Pamplona), me dijo que por fin habían publicado la obra integral de Etty Hillesum. En la mesa de enfrente teníamos a José Tomás y al ganadero Vitorino hablando acaloradamente; en la de detrás comían juntos, con la pulcra elegancia de dos viejos poetas, Enrique Vila-Matas y Álvaro Mutis (si no os lo creéis, peor para vosotros), pero yo no tenía ojos ni oídos más que para lo que me estaba contando mi amigo. ¿Sus diarios y cartas en la versión completa, sin censuras "bienintencionadas"?. ¡Qué alegría me das! El primero que me habló de la Etty fue José Jiménez Lozano. Tenía su foto (la que veis arriba) en su escritorio del pabellón de Alcazarén. Ví a esa brown eyes girl nada más entrar y sentí de inmediato que me estaba mirando. Cuando horas después me despedí de Don José no pude menos que preguntarle quién era ese bellezón que no me había quitado los ojos de encima ni un segundo durante todo el día. Es Etty Hillesum. Pues no para de mirarme. Ya, ¿no la ha leído? No pierda más tiempo. Llévese este libro y empiece cuanto antes. Llegué al hotel en Tordesillas donde pasé la noche y sin cenar siquiera me sumergí en la lectura del libro. Veo en mi ejemplar que tengo delante que había subrayado estos dos párrafos que os he recopiado:
La edad del alma es otra que la edad que se encuentra inscrita en el registro civil. Creo que el alma ya tiene una determinada edad al nacer, y que ya no cambiará. Uno puede nacer con un alma que tiene doce años y cuando tiene ochenta, ese alma aún sigue teniendo doce años y no más. También se puede nacer con un alma de mil años y a veces hay niños de doce años, en los que se aprecia que su alma tiene mil años. Considero el alma como aquella parte del ser humano de la que se es menos consciente, sobre todo los europeos occidentales. Creo que el oriental "experimenta" mucho más su alma. Una persona de occidente no sabe muy bien qué hacer con ella y se averguenza como si fuera algo inmoral. El alma es, a su vez, otra cosa diferente a lo que llamamos "ánimo". Es verdad que hay gente que tiene mucho "ánimo", pero poca alma. Un alma es algo que está hecho de fuego y de cristal de roca. Es algo que es muy severo y muy duro, siguiendo el Antiguo Testamento, pero también tan tierno como los gestos con los que las yemas de los dedos me acarician cuidadosamente las pestañas.
Vuelven otra vez esos momentos, en los que la vida es tan desoladora y difícil. Entonces me encuentro impetuosa, intranquila y cansada al mismo tiempo. Esta tarde he tenido momentos de una muy fuerte vivencia creadora. Y ahora me encuentro en una situación de agotamiento como después de un orgasmo. En este momento no tengo otra cosa que hacer que estar inmovil bajo mi manta y ser paciente hasta que el abatimiento y el aturdimiento se alejen de mí. Antes me ponía a hacer cosas raras en una situación como esta: beber con amigos o reflexionar sobre el suicidio o durante noches enteras leer cien libros distintos a la vez. Pero, también hay que saber aceptar que se tienen momentos estériles. Cuanto más honestamente se acepte, más rápido pasa un momento así. Hay que tener valor para hacer una pausa, y atreverse a estar vacío y abatido.
Como os podéis figurar, si para estas alturas sabéis algo de mí, que desde aquella noche no me he separado nunca de Etty. Forma parte de mi familia. Como cada uno de vosotros.
lunes, 13 de abril de 2009
Notas para un diario 102

Llevo días retrasando esta carta y no me parece justo. Después de los meses que llevo quejándome, y haciendo que te preocupes por mí. Y cuando por fin veo un poco de luz, no te digo nada. Quizás quería entender antes el sentido de lo que he recibido estos días antes de decirte nada. Perdóname Al, pero por otro lado pensaba que la luz que he recibido ha sido tan fuerte que quizás te había llegado a ti también. Empecé a ver algo una noche, en casa. Habíamos salido a cenar. Fue la típica cena, igual a otras miles a las que hemos asistido (recuerdo algunas en las que tú y yo nos mirábamos sintiéndonos fuera del mundo). No conseguí que se hablara de nada durante la cena. Lo mismo de siempre: los mismos temas, las mismas pullas a los ausentes, la misma desconfianza, los chistes fáciles. Llegué a casa derrumbada. Las niñas dormían. Creo que la mayor tenía algo de fiebre pero no quise despertarla. J. se había ido a dejar a la canguro en su casa. Tardaba y tardaba. Puse la tele y me dispuse a esperarle. No ponían nada pero yo pensé que era mejor así. Me sentía totalmente vacía. Empecé a pensar en ti, en que tú tienes tanta o más necesidad que yo de consuelo, después de todo. Tú eres pobre, elegido pobre, concebido pobre: débil, inútil, impotente. Yo también soy pobre, elegida pobre, concebida pobre: débil, inútil e impotente. Somos tan pobres los dos que el evangelio para nosotros es una pura necesidad. Y entonces supe que esa era nuestra mayor riqueza, un tesoro incalculable. Me di cuenta de que, durante los años que hemos pasado cerca, Alguien ha ido desnudando nuestras almas; nosotros queríamos vestirlas, pues conocemos la vergüenza de nuestros pecados, pero lo necesario es desnudarlas para que la semilla llegue a lo profundo de nuestro polvo, a lo más hondo del alma. Al, no temas desnudar tu alma, no temas mirarla, libérate del miedo que te quede, dándoselo todo a él directamente, y si no puedes, dámelo a mí, que se lo daré a él en tu nombre: dáme todo el miedo que te surja. No es fácil caminar en el alma, hay lugares muertos y ateos, otros lugares sin paz, en los que luchan el espíritu del mundo y el mal, pues están divididos; también encontrarás lugares vacíos y desiertos, en los que no sientas su presencia. No te enfades conmigo por lo que te digo: créeme, creo que daría mi vida por ti. Si no desnudamos el alma no se puede sembrar. Para ello hay que dejar que penetre su luz; cuando nuestras faltas estén en la luz, él nos dirá que hacer. Siempre mendigos. Esto es verdad y yo sé que tú entiendes esto que te digo, sin claridad, sólo balbuciendo…
(La foto que acompaña el fragmento de esta carta es otro autorretrato romano de Francesca Woodman, de los años 1977-78)
sábado, 7 de marzo de 2009
FlashBacks

1. Semana intensa de escritura. También en el blog, que por momentos ha cogido cierta fuerza. Pronto se cumplirá un año de la primera entrada. Cada vez que se acerca una fecha significativa, la resolución de dejar de escribirlo es más firme. Pienso que no hago más que repetirme. Los niños se cansan de sus juguetes. No sé lo que haré: por ahora me limito a vivir al día.
2. He leído estos días un libro extraordinario: Eros, The Bittersweet, de Anne Carson. Ya he hablado de ella en este blog. Un estudio sobre la pasión amorosa. Bittersweet, agridulce, es el neologismo con el que la inmortal Safo calificó a eros en el fragmento 130: "Me estremece de nuevo desatador/agridulce alimaña invencible, Amor". Nadie, que haya estado enamorado, discutirá con ella en ese punto. Eso dice la Carson. Me llama la atención el modo en el que rastrea en la tradición la conexión entre eros y el hambre física. Aunque conoce bien su obra, no lo ha visto en Kafka. Me preguntó porqué. En Kafka está mucho más claro que en Simone Weil, a la que dedica unas reflexiones acertadas. El artista del hambre. Eros y hambre, una relación polimórfica que nos lleva directamente al deseo de penetración, trituración, absorción y recomposición orgánica del otro y a través del otro. Se trata de alimentarse y vivir del otro. Algo imposible, seguramente.
3. Magdalena me hace ver que la composición de un blog tiene algo de mosaico o de collage. Un blog tiene la composición de un collage, tal vez con la diferencia de que no hay límite en su soporte, por ser una creación abierta. Hecha de retazos de vida, de lo que es y de lo que no es, ha de mantener equilibrio y compensación. Un eje, un desarrollo temporal, por el que discuren las entradas y se cuelan -también piezas necesarias de ese mosaico- las impresiones de los curiosos, que a veces no se conforman con la actitud pasiva del espectador. Me he acordado estos días del modo en el que tenía Proust de componer su obra. Pobre Gide! Proust escribía algo, una frase, una anécdota, una historia, y después se dedicaba a ampliarla: nuevas anotaciones o matices, desarrollos metafóricos, conexiones intertextuales. Llegaba un momento que la página no daba más de sí. Ni el cuaderno tampoco. Entonces iba pegando tiras de papel, paperolles les llamaba, a la hoja, en el lugar correspondiente. A las primeras tiras se le unían pronto otras más hasta que consideraba que la cosa estaba lista. Algunos paperolles llegaban a tener más un metro de largo. Cuando quería corregir el material, tenía que disponerlo en las paredes de su cuarto como un mosaico mágico (en la foto inferior). Cuando murió en 1922, en pleno proceso de corrección, estaba agotado. En un blog como este los paperolles han sido borrados, pero si se pusieran recomponer ocuparían varias estancias.
4. El fin del Carnaval trae la Cuaresma. Y la Cuaresma me trae la idea del desierto. Las tentaciones al Cristo. El ayuno (de nuevo la idea del hambre y el amor, de la preparación de la única comunión realmente posible). Lo que nunca he conseguido entender (otra pregunta para los teólogos) es lo siguiente: ¿cómo pudo el diablo pensar que el Cristo (Perfectus Deo, Perfectus Homo) iba a caer en la tentación. ¿Acaso no sabía delante de quién estaba? No se me ocurre otra solución al problema que la lectura de esos pasajes memorables (en las tres tentaciones está descrito el programa de vida que nos propone el mundo) plantea.
5. Una de coincidencias. O mejor, dos. En dos ocasiones he copiado, y recompuesto a mi gusto, fragmentos de las cartas que me envía desde muy lejos una amiga que está muy cerca de mi corazón. Me gusta como escribe. Tiene naturalidad que suele ser lo más lo más difícil. Parece que se trate de un alma doliente. Y no lo es. Ha dado la casualidad de que lo que he medio transcrito se refiere al lado oscuro de la vida, pero me atrevería a decir que es una de las personas más divertidas y con las que más me he reído en mi vida. Bien, pues, para ilustrar una entrada puse una foto que tenía guardada para una ocasión así. Es más, fue la foto la que me llevó, cuando leí una de sus cartas, la que me arrastró a publicar un texto que me parecía secretamente emparejado con la imagen. Al intentar identificarla, llegué a la conclusión de que era una imagen tomada por Sophie Calle, y así lo escribí. Al cabo de un tiempo, otra carta, otro fragmento que me pareció significativo. Busco una foto (esta vez si fui del texto a la imagen) y encuentro un autorretrato maravilloso de Francesca Woodman. Genial. Busco algunas cosas sobre la fotógrafa y me encuentro con que la foto de la entrada anterior, la que yo había atribuido falsamente a Sophie Calle, era también de la Woodman.
6. Otra coincidencia, no menos entrañable. Pongo The Look of Love, en una versión de Diana Krall. El pasado lunes 2 de marzo. Más tarde, Annie Leibowitz me comenta que a ella le encanta la versión de Dusty Springsfield. Por la noche, en la cama, oigo en la radio que en tal día como ese se celebraba el aniversario de su muerte. Y yo no había estado lo suficientemente atento. ¿A qué? A las celebraciones y calendarios. No, no, en absoluto, atento a las llamadas desde el otro lado.
7. Me llega la noticia de que Acantilado se dispone a publicar, en breve, una reedición de Mi Pushkin. Y minúscula el ensayo de Tsvietáieva sobre el pintor y poeta Voloshin, titulado A media voz. En ambos casos la traducción se debe a Selma Ancira. Una enorme garantía.
sábado, 28 de febrero de 2009
Notas para un diario 98

Yo por aquí trabajando mucho, pero por las noches lo paso muy mal. Ansiedad. Angustia. Las dos cosas. La vida me acorrala cada vez más y más (más y más hondo), hasta el fondo. A veces me parece que esto no es no la vida ni la tierra, sino lo que alguien cuenta al respecto. Lo oigo como si se tratara de un país lejano, del viaje de un extraño a países lejanos. Me despierto de repente por el llanto de alguno de los niños y después no logro volver a dormir. Veo la tele, leo a Rodoreda. Tomo leche con miel y doy vueltas y más vueltas pero no logro cerrar los ojos y caer desmayada. Le miro a él y duerme como un tronco. Entonces pienso y pienso y se van pasando los minutos y luego las horas y así amanece y ya me voy a la ducha, cansada de tanto pensar. Y, me dirás, ¿pero en qué piensas? Y te respondo que en todas esas preguntas que no tienen respuesta... Si el cielo existe, si el bien y el mal es una elección, si tendrían razón nuestros padres en lo que nos enseñaron, si habré estado engañada desde pequeña, si estoy haciendo algo útil, que si me muero hoy qué harían él y los niños, que si me muero adónde iría.... al infierno porque ya casi nunca hago el bien. Sudo, me pongo nerviosa y ahí sí que ya no me duermo más. Y se lo explico, me dice que él no piensa tanto y que tiene los pies más en el suelo y que debe de ser más tonto que yo pero que él es más materialista y sólo le preocupan los problemas del día de mañana y que no piensa en nada parecido a lo mío. Claro, él no puede responderme... se queda callado y dice que él tiene fe, que no se pregunta nada y punto. Ves cómo te digo que a veces es mejor no contarlo todo? Bueno, tengo la sensación de que me estoy repitiendo y, en fin, que no sé, pero ya te lo conté la otra vez y lo único que hiciste fue publicar mi carta y no darme ninguna respuesta. Pero me gustaría que estuvieras aquí, como antes. Me gustaría pasear contigo a la luz de los faroles que veo desde la ventana de mi casa. Veo en esa luz mortecina una línea que me habla de la inmortalidad. Por cierto, ayer fui a la presentacion del libro de la Roudinesco de la que hablaste y no sabes que tarados que están todos esos lacanianos. ¿A que no sabes quien estaba entre el publico? Mi ex-psiquiatra! increíble! no se como pude fiarme de un tipo así...
(La foto es un autorretrato de la extraordinaria Francesca Woodman (1958-1981))
miércoles, 4 de febrero de 2009
Notas para un diario 96
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No sabes lo que me está costando volver a la rutina. Quizá sea muy egoista pero necesito tiempo para mí. Me encantaría sentarme en la playa sola, mirando el mar, como aquel que no mira nada y lo mira todo al mismo tiempo.... estar horas teniendo la sensación que has pensado mucho pero sin concretar nada. Quiero llorar a solas, reirme a solas y mirarme por dentro, pero a la vez me da mucho miedo pensar que hasta ahora no he hecho nada útil. No quiero que me pase la vida sin avisar, habiendo hecho de todo muriéndome con las manos vacías. Eso me da terror. Me da pavor que el cielo exista y que no me dejen entrar porque no tengo nada que enseñar y tenga las manos vacías o lo peor, repletas de cosas que no sirven para nada. Quiero tener mi tiempo, quiero caminar yo sola sin que nadie me mire... quiero estar sola un rato por lo menos, un día pensando en mí, hurgando en mis cosas, en mis pensamientos. ¿Es muy egoista Álvaro? ¿Soy una mala madre diciéndote que a veces incluso me molestan hasta mis propias hijas? ¿Es malo pensar que me dan ganas de escaparme a una ciudad muy grande haciendo lo que se me antoje a cada instante?
(Foto de Francesca Woodman titulada One of our girls has gone missing)
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