martes, 30 de septiembre de 2008

Notas para un diario 61

Septiembre se aleja, vaya con viento fresco, llevamos en números rojos diez días, hasta ahora hemos aguantado pero no podemos más: que se vaya y se lleve por favor este calor de veranillo que nos ha cogido a nosotros en el norte con pantalón de pana y tabardo desde hace diez días. Leo con pasión el ensayo central/axial (¿es así?) de la nueva exposición de la Fundación Juan March sobre el Arte conceptual de Moscú de 1960 a 1990; prometo volver sobre otros aspectos de la muestra en el futuro próximo (conste que no me olvido de ninguna promesa, aunque lo parezca, y que sé que tengo bastantes cosas pendientes: lo siento pero cuando escribo soy impune). El ensayo se titula en español: Sobre el vacío, pero en inglés (el volumen es bilingüe) dice algo un poco distinto: On the subject of "The void". Daría dinero (del que no tengo) por saber y entender que es lo que se dice en el idioma de Tólstoi y Gógol, en el que lo escribiera Ilya Kabakov, su autor. Acabo de decir una tontería porque durante ocho largas y densas páginas el autor trata de explicar lo que quiere decir con esa palabra, de modo que lo de menos será el término en cuestión. De todos modos, qué pobre la versión castellana, ¿no? Dejemos de lado el sustantivo (nunca peor dicho en este caso), pero qué pasa con las comillas, y con esa referencia a que se trata de un sujeto. ¿No se debería dar algún juego al juego de palabras de Kabakov? Creo yo que sí, aunque leyendo el contenido comprendo que hay razones para dudar de todo. El pensamiento y el trabajo de Kabakov lo conocí hace años de la mano del meister Inciarte, al que por cierto he echado de menos en el volumen; se me ocurren unas cuantas esquinas por las que hubiera cabido con holgura y vaya si le hubiera dado lustre metafísico al asunto del vacío, y con perdón de Boris Groys también a otros aún más intrincados, no me refiero sólo a los metafísicos, también a los pura o impuramente plásticos. Vaya por delante, en todo caso mi enhorabuena más afectuosa a los organizadores del evento, Manuel Fontán al frente, lo fácil es hablar desde fuera, y eso no tiene nada que ver con el "desde fuera" del que habla Kabakov en su texto. El tipo se tiene que ir a Brno y bajarse de un tren rigurosamente vigilado para darse cuenta de que la vida rusa (y todas en realidad: el occidente europeo le parece, a pesar de tanto puente sobre el río del vacío, "una especie de bazar sobre el agua en Hong Kong") están sumidas-apretadas-agitadas-envueltas en el vacío. Hay que leerlo porque la descripción además de completa es aterradora; sobre todo supongo que hay que intentar ver la conexión de esa intuición dolorosa en la que vive el señor y su obra plástica. Insiste en que no es la nada del racionalismo occidental y mucho menos un concepto teológico (no es "sobrenatural" sino una realidad "antinatural"). The dark side of being o algo así. Es lo que lleva al hombre a vivir en madrigueras (o sea, la tana que ya describiera el gran Frank avant la lettre). Me gusta especialmente la taxonomía con la que acaba el texto y que se refiere a las actitudes ante el poder del vacío: la aceptación, el rechazo indignado, la actitud mística y la científica que se limita "simplemente a verlo como es en realidad y describir ese lugar como puede describir un médico la historia de una enfermedad a consecuencia de la cual él mismo se halla deshauciado" (pág. 366). No lo dice pero me da que esta última es la que adopta el artista Kabakov, con o sin mezcla alguna de las tres primeras. Yo, que soy un racionalista occidental, estoy de parte de la actitud mística y paso de los puente, prefiero atravesar por debajo, remangado en medio de las aguas. De nuevo, todo me resulta muy familiar y muy kafkiano (valga la contradicción). Por último, no tengo ni idea de quien es el personaje de la foto: alguien del norte, como yo, pero mucho más rico, delgado y guapo; la he puesto porque me mola como pone la mano derecha sobre la pierna cruzada. Y me encanta la silla, sus ojos claros y la vuelta de los pantalones)

lunes, 29 de septiembre de 2008

Notas para un diario 60

En plena crisis mundial, con la que nos bombardean los telediarios día y noche, veo una noticia de esas que se ponen para rellenar pero que, con mi cabeza, cada vez más a pájaros, son las que de verdad me interesan: una manada de delfines trata de sostener a uno de sus integrantes a flote; el buen bicho agoniza por alguna razón y durante horas el resto da vueltas sobre él, dándole pequeños toques para que no se hunda del todo. ¡Qué delicadeza! No consiguen nada porque al final sucumbe el moribundo pero qué espectáculo más bello y melancólico, y más en estos tiempos críticos en los que el contribuyente acude por segunda vez (es como pagar la dichosa hipoteca dos veces, ¿no?) en ayuda de los banqueros, me parece alucinante. Hablando de hundirse en el agua, veo también, en otro programa de televisión a un tipo que vive en San Carlos de Bariloche y que muestra un lago que acumula las aguas del deshielo. Cuenta el buen hombre que cuando alguien cae al lago, muere al instante debido al frío, pero que los cuerpos se quedan en suspenso, en una capa de las aguas semicongeladas patagónicas: se queda, dice, "en un estado intermedio", en el doble sentido físico y jurídico: al no haber cadáver, no se puede constatar si alguien murió de verdad o simplemente desapareció, las viudas nunca acaban de ser viudas ni los hijos huérfanos. Lo del estado intermedio me recuerda algo que me obsesiona: cuando uno muere (supongamos que en efecto es así), en la medida en que el mundo al que el difunto ha pertenecido prosigue su curso con toda naturalidad, no se puede decir que todo se haya acabado definitivamente para él. Y aunque la vida murió/nos dejó harto consuelo/su memoria (Manrique). Ayer me preguntaba que cómo nacen los poetas y hoy pregunto que cuándo muere definitivamente un hombre, ¡en plena crisis!, ¿a quién le importa una cosa o la otra? Ahora caigo (sólo sé pensar cuando escribo) que una parte importante de la literatura de todos los tiempos se  inscribe en el "estado intermedio" de los muertos: empezando por la Odisea o el ciclo tebano y hasta el mismísimo Godot. ¿La Odisea también? Y tanto, Ulises, "el muerto más vivo". Todos piensan y actúan como si hubiera muerto, menos la sua moglie, mira tú por donde, eso si que es tener fe en uno y lo demás son tonterías. Hablando de amor y de memoria de los que amamos, me quedo maravillado al leer la traducción/glosa que hace Martini (me refiero al Cardenal, claro), de la famosa frase: "Ama al prójimo como a ti mismo". Como desde pequeño me han tostado (numquam satis) para que piense en los demás, siempre había oído esa frase con un cierto recelo. Eso de "amarse a uno mismo", por muy evidente que sea (y no hace falta ser psicólogo), me sonaba mal, y mira que me repetía a mí mismo que era vox Dei. Pues el bueno de Martini (cuyo libro sobre la vocación en el Antiguo Testamento creo que es de lo mejor que se ha escrito en la teología espiritual de este siglo en crisis), dice que la frase hay que leerla así: "Ama al prójimo, porque es como tú". Si te fijas, la nueva versión contiene una paráfrasis (casi una perífrasis o circunloquio), pero yo la prefiero así porque en estas cosas de amarse a uno mismo soy muy remirado. ¿En plena crisis?, sí, sobre todo en plena crisis.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Notas para un diario 59

Tarde de domingo. Una más, que a mí me parece la primera. Todo está aún por hacer. Mañana comienzo. Bruno Cocset: suonata à violoncello solo del signor Antonio Vivaldi. Me meto en la música pero no consigo meterme en mí mismo. ¿Cómo nacen los poetas?, se pregunta Alda Merini en el epílogo a Corpo d´Amore: e così nascono i libri, nell´amore, e così nascono i libri che nessuno legge mai, e così il libro prima di nascere Dio lo deposita in te come una manciata di fango che diventa luce… ¡Viva l´Italia: como me gustan Vivaldi y la anáfora en este poema!, ¡qué bien graduada está, con la cadena de sustantivos, tan perfectamente paradójica: libro, amor, mancha de fango, Dios, luz…! Habla por sí solo este fragmento roto. Sólo es importante el libro que no se puede leer, que nace con dolor, del fango, como naciera el hombre, el libro vivo, la mancha, el pecado que se blanquea, como la grana de cochinilla, y acaba siendo luz. Los libros nacen cuando se piden con fe. Se alumbran mucho antes de nacer. Están todos inscritos desde siempre en la mente de Dios. Y no sabemos pedirlos. "El sueño de Dios", murmuró aquel viejo otra tarde de domingo cuando cuidaba yo de los niños en el parque de los magnolios. Tuve la suerte de oírle y me pareció un ángel. El libro vivo que es cada quien y que tarda tanto en ser escrito. El libro que soy yo también y que tú ya no quieres leer. Ya ni siquiera me escuchas ni me contestas cuando intento decirte algo, como un susurro, pero no te preocupes. Te entiendo. No soy precisamente un ángel. No me escuchas siquiera como yo escucho a Cocset, como una melodía que se pierde en el fondo de la habitación, en una tarde de domingo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Estamos viejos, pero felices (casi siempre)

Para los carrozas de mi generación… (lo mejor es el final)

Notas para un diario 58

Entre las muchas fotografías que los reporteros de los diarios americanos e ingleses sacaron durante la campaña de Sicilia, en el verano de 1943, hay dos especialmente memorables para mí, de un significado realmente histórico… La primera: un pastor, viejo, barbudo, pesadamente vestido, indica el camino a un soldado americano. Sabemos que está señalando el camino exacto. Al paisano, al amigo, al pariente rico enviado a Sicilia por su buen presidente para hacer una guerra buena y justa. Figura intemporal, el pastor nos transporta automáticamente a la otra campaña de Sicilia, de ochenta y tres años antes: Garibaldi en Sicilia, con sus mil hombres, perseguido alrededor de Palermo por los cinco mil del coronel Von Meckel y el mayor Bosco… El mito de Garibaldi en 1860, el mito de América en 1943; los que eran técnica, jurídicamente, los invasores, gracias a los mitos que representaron –el definitiva un único mito: la libertad– se convertían en los aliados, los amigos (y también los amigos de los amigos).
Copio una parte significativa de una de las entradas de Negro sobre negro, el dietario que Leonardo Sciascia compiló desde 1969, seleccionando algunas de sus colaboraciones periodísticas, que son de entre las mejores del pasado siglo, y que se ha reeditado en España hace unos meses: Global Rythm, 2007.
No he comprado ese libro porque tengo la edición de Adelphi (2007) y una en español, traducida por cierto por el gran Jordá, que publicó Brugera en 1984. Son unas ediciones modestas materialmente pero maravillosas desde el punto de vista literario. Las del gato que parece un buho; o un buho con cola de gato. Debo tener unos cincuenta volúmenes de esa colección en la que aparecieron clasicos y modernos que nos han formado a una generación de lectores. En concreto, el libro de Sciascia costó 300 pesetas. Menos de dos euros, frente a los 22 que cuesta la nueva edición. ¡Joder Ana, que viejo estoy yo también!
Para los que no queráis gastaros las casi cuatro mil pelas, iré copiando algunas cosas en este blog. Sciascia es una de las mentes más lúcidas que conozco. En mis antípodas ideológicas, lo considero no obstante un auténtico maitre à penser. Lo leo siempre.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Kjell Askildsen


Un mundo inagotable
El mundo de la literatura (como el de la pintura, la música, la mística, y tantos otros) es inagotable. Inmenso. Una de las cosas buenas que tiene dedicarse a él es que es inabarcable: uno podría vivir tres mil años y disponer de todo el tiempo libre del mundo y jamás llegaría a conocer ni una décima parte de lo que se escribe. De hecho, aunque tuviera noticia de todo ese material, jamás conseguiría hacerse con él, asimilarlo, hacer una sola lectura completa. Aunque lo hiciese, y se forjase un criterio valido para conocer y juzgar esas obras, sólo sería eso, un criterio particular, personal y limitado. No descubro nada especial si afirmo que la literatura nos redescubre nuestra limitación esencial y a no ser que seamos imbéciles (cosa que ocurre con frecuencia), nos enseña a ser humildes.
¿Cuántos libros lees?
Soy profesor de literatura, de teoría literaria para más señas, y me sigue asombrando que la gente me pregunte: "Pero, bueno, ¿tú cuánto lees?". Suele ser una de las preguntas más habituales cuando conozco a alguien de nuevas y me pregunta por compromiso que a qué me dedico. Otra es: "¿Pero se puede vivir de eso?". "Pues más o menos aquí estoy", suelo responder. En una ocasión, en la que debí quejarme de que en efecto no es una profesión para hacerse rico, alguien me contesto: "¿Cómo? ¡Qué te pagan poco! Lo increíble es que por hacer eso te paguen". Creo que tenía más razón que un santo.
Volviendo al factor cuantitativo, nunca me había parado a calcular cuanto leía (¿qué mas da?), hasta que me dio por apuntar todas y cada una de mis lecturas de un año. Eran alrededor de setenta (todavía me acuerdo también que un amigo mío abogado quiso convencerme una noche de que leía trescientos libros al año; reconozco que le seguí la corriente, al fin y al cabo nunca se sabe). Yo sólo soy capaz de leer alrededor de setenta libros/escritos al año. Conste que no todo fueron libros de 300 páginas. A veces se trataba de un ensayito de 10 páginas, pero que tenía que estudiarlo más o menos a fondo.
Dos grandes corrientes
¿A qué venía todo esto? No lo sé muy bien, pero creo que quería decir algo sobre la situación de la literatura actual, me refiero a la que se está escribiendo ahora, hoy día, o en los últimos años, teniendo muy en cuenta las limitaciones de mi criterio a las que antes aludía. Hablo más bien de la literatura narrativa: novelas y cuentos. O sea que dejo la poesía aparte, por ahora. Pues bien, diría que hay dos grandes ramas literarias a las que presto atención. Una la llamaría epigonal y la otra realista. Ambas me parecen interesantes; hay una tercera de la que hablaré otro día.
Epígonos de la literatura
La epigonal es la literatura que se escribe mirando a esa etapa dorada de la historia artística que fueron las tres primeras décadas del siglo XX. Para mí Magris, Manganelli, Calasso, Consolo, Sebald, Chatwin, Henry o Philip Roth, Paul Auster, Vila-Matas, Pitol, Margo Glantz, Piglia, Florence Delay, Silvie Germain, Juan Eduardo Zuñiga, Noteboom, Handke, Imre Kertész o Steiner son epígonos de un época pasada, intérpretes, lectores y relectores de los grandes escritores de entreguerras y en parte sondeadores de ese misterio del mal que fue el totalitarismo y la Shoah. Nada tiene de peyorativo este calificativo de epígono: son los que mantienen la gran tradición y ojalá pudiera yo asomarme a ese mundo en lo que escribo.
Los realistas
Después están los que yo llamo realistas: los que se enfrentan más directamente con la realidad, la que sea (a veces es una realidad muy espiritual), y la reflejan como pueden, sin quedar tan condicionados como los otros por la literatura anterior. No es que no la conozcan o no la hayan asimilado. Al contrario. Corre por sus venas y líneas con toda naturalidad. Lo que ocurre es que miran a la realidad más directamente, no están todo el tiempo leyendo la literatura del pasado. No ignoran las consecuencias morales del Holocausto pero de alguna manera han intentado mirar a las cosas con ojos nuevos. Estos autores son pocos, pero muy valiosos. Son los que mejor nos ayudan a mirar lo que tenemos delante hoy, algo dificilísimo. No voy a enumerarlos. Solo mencionaré como ejemplos a Rulfo, a Carver o a Cheever, pero también a Clarice Lispector o a Natalia Guinzburg. Todos han muerto. Hay bastantes más, por ejemplo unos cuantos cuentistas españoles de primera que escribieron después de la guerra.
Como veis, mi criterio es profundamente parcial y limitado.
Sólo añadiría, para echar más leña al fuego, que ambas familias tienen un santopatrón en común: naturalmente hablo de Franz Kafka, que vale igualmente para los dos.
Un realista vivo
Hay un realista vivo, que a mí me fascina: se llama Kjell Askildsen y es noruego (en la foto). Se han publicado cuatro volúmenes de cuentos suyos en la editorial Lengua de Trapo. Hace pocos meses, los tres primeros volúmenes se han recogido en uno, de bolsillo, muy asequible: Todo como antes. No me lo perdería.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Modiano

Un pedigrí
Acabo de leer estos días Un pedigrí (Anagrama, 2007), de Patrick Modiano. Es algo así como su autobiografía. Libro triste, donde los haya. Modiano intenta contar en ese escrito su origen y los primeros años de su vida: "Escribo estas páginas como se levanta acta o se redacta un curriculum vitae, a título documental y, seguramente, para liquidar de una vez una vida que no era mía. Sólo es una simple y fina capa de hechos y gestos. No tengo nada que confesar ni nada que dilucidar y no siento afición alguna por la introspección ni por los exámenes de conciencia" (pág. 45).
Extraño pacto de lectura
¿Se puede escribir un libro sobre la propia vida desde estos presupuestos? Pues Modiano lo hace, en buena parte incumpliéndolos. Le gusta moverse en la superficie de las cosas, de las personas y del paisaje por el que ha pasado sin dejar apenas huella y sin dejarse impresionar tampoco, pero ese mismo pasar fugaz y rápido nos devuelve una atmósfera determinada con toda su levedad y ausencia de gracia. "Voy a seguir desgranando esos años sin nostalgia, pero con voz presurosa" (86), insiste el autor. Su vida se parece un poco a la de un perro callejero: "un perro sin pedigrí, dice, y muy dejado de la mano de Dios" (pág. 92). Todo el relato consiste en un intento de remover "el terruño –el estiércol– de donde vengo" (pág. 20).
Un segundo libro de Modiano
No parece un programa muy atractivo, y sin embargo a mí me ha gustado mucho el resultado. La historia de alguien que no se hace ilusiones pero tampoco excesivos reproches. Triste sí, pero muy convincente a pesar de la más completa ausencia de intención de convencer a nadie de nada. Por cierto, acaba de publicarse, también en Anagrama, la última novela de este escritor: En el café de la juventud perdida (2008). Por ahora no voy a leerla pero si alguien lo hace que me diga por favor lo que piensa.

(La foto es de Henri Zerdoun)

Stan Getz

martes, 23 de septiembre de 2008

La Librería Central

Es para mí una satisfacción que aparezca en la cabecera de mi blog un link de la librería La Central de Barcelona. Si se hace un clik sobre ese anagrama, aparece la página principal de la que a mi juicio es la mejor librería de Europa. De ese modo, todos los libros que se mencionan en este blog, los discos también, podéis localizarlos fácilmente y, si os apeteciese, encargarlos allí. La Central tiene varias sedes en Madrid y Barcelona y un servicio de envíos por correo que funciona muy bien.
La foto es de un rincón de La Central de la calle Mallorca de Barcelona, la primera librería que abrieron Marta y Antonio. He pasado allí algunas de las mejores horas de los últimos años y espero pasar muchas más cuando vuelva por Barcelona…; mientras, paso algún rato diariamente al teléfono hablando con Marta y encargándole que me busque alguna edición descatalogada, un ejemplar de un catálogo en Holanda o que me reserve la última novedad editorial.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Ingeborg Bachmann y Paul Celan

Dos correspondencias
Hace un año se publicó en español la Correspondencia de Paul Celan con Nelly Sachs (Trotta, 2007). Ese volumen contiene 126 cartas cruzadas entre el autor de Fuga de muerte y la gran poeta judía que vivió exiliada (en realidad habría que decir que vivió escondida, sumida en la más espantosa manía persecutoria) en Suecia y a la que le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1967. A través de unas cartas y poemas llenos de ternura y amistad se puede recorrer la historia de la mutua admiración entre dos supervivientes y testigos de la Shoah.
Ahora se ha publicado por fin en Alemania la correspondencia de Celan con Ingeborg Bachmann (en la foto): Ingeborg Bachmann/Paul Celan. Herzzeit (Briefweschel). Editado por Bertrand Badiou, Hans Höller, Andrea Stoll y Barbara Wiedemann (Suhrkamp Verlag, 400 p., 24,80 €, 2008).
Una relación compleja
La amistad de Celan con la gran poeta austríaca fue desde luego mucho más compleja, ya que a la admiración mutua hay que unir el hecho de que fueron amantes, algo que sin duda marcó una relación que duró una vida entera. Se conocieron en Viena, inmediatamente después de la Guerra, antes de que Celan decidiera instalarse en París, donde se casó con Gisèle de Lestrange en 1952. Un encuentro en Wuppertal, en un seminario de literatura, reaviva una pasión amorosa que no obstante está condenada a extinguirse o a transformarse en algo distinto: Celan nunca quiso abandonar a su mujer y a su hijo Eric. Fue precisamente por entonces cuando la Bachmann comienza una relación autodestructiva con el escritor suizo Max Frisch. El volumen incluye las cartas que, entre 1957 y 1973, se intercambiaron la mujer y la amante, así como algunas cartas cruzadas entre Celan y Frisch.
¿Quién soy yo para ti?
¿Quién soy yo para ti? le pregunta una Bachmann desesperanzada en una carta de 1961. Por de pronto fue quizás quien antes y mejor comprendió la grandeza poética de Paul Celan, "esas oscuras palabras fúlgidas, que eran un viaje hasta el fin de la noche. Y ese Yo, en sus poesías, renuncia a un proyecto poderoso, a una autoridad prepotente, que obtiene una autoridad al no pedir nada para sí… de repente, por la estrecha limitación, le es posible decir algo, muy directo, sin claves. Le es posible porque dice de sí que va al lenguaje herido de realidad y buscando la realidad con su existencia"
Al final de una famosa conferencia, de la que he destacado estos breve pasajes referidos a su amado, Ingeborg Bachamnn destacó unos versos del poema Engführung (Estrechamiento), con los que a mí también me gustaría poner fin a esta entrada:
Una
estrella
cierto que aún tiene luz.
Nada,
nada se ha perdido.


domingo, 21 de septiembre de 2008

Lonely

Dos misterios

Dos misterios
No puedo dejar de mencionar dos lecturas estivales que me han resultado de lo más estimulantes. Las dos se refieren a sendos misterios teológicos. Ambos son complicados, exigen amplios desarrollos, pero no me resisto a resumirlos aquí, y a ofrecer las referencias bibliográficas oportunas por si a algún loco como yo siguen interesándole estas cosas oscuras (guardadme por favor el secreto pero en mi caso es peor porque en realidad son las únicas que de verdad me interesan)
Las dudas de de San José
El primero se refiere a la actitud de San José, una vez que conoce que sin su concurso su esposa ha quedado en estado. Nunca se reflexionará bastante sobre lo que debió de pensar José. El tema es lo suficientemente serio como para que con frecuencia se haya mirado hacia otro lado. Las explicaciones piadosas se han sucedido, a pesar de que las palabras del Evangelio de San Mateo (1,19) son muy duras. "José su esposo, como era justo y no quería denunciarla, pensó repudiarla en secreto". José, fiel cumplidor de la Ley, no quería exponer públicamente el pecado de su esposa y opta por repudiarla secretamente. ¿Qué tiene de extraño? ¿Qué podía pensar José, hombre cabal y templado de ánimo, antes del sueño revelador? Por mucho que conociera la finura, la observancia, la pureza de María, ¿cómo podía siquiera imaginar lo que estaba realmente pasando? Las explicaciones piadosas insisten en que intuía el misterio, en que sabía por las escrituras antiguas que la aparición del Mesías estaba cercano. No me lo creo. Estaría destrozado, incapaz de explicarse a sí mismo como la mujer a la que adoraba había podido quedarse embarazada de otro. Es más humano, más simple y más bello.
Una cuestión abierta
Las traducciones del original griego han variado mucho pero en general han respondido a este espíritu en el que la palabra repudio implica un juicio moral y un alejamiento interior de la persona repudiada y de sus actos. No obstante, empezando por la la traducción de la Vulgata, las cosas no son tan sencillas como podrían parecer. Dice así: "Ioseph autem vir eius, cum esset iustus (dikaios) et nollet eam traducere (deigmatizô), voluit occulte dimittere (apolusai) eam", o sea: "José, su esposo, como era justo, y no quería exponerla, revelar o manifestar lo que había en realidad, pensó dejarle ir". Hay un centenar de matices filológicos del latín y sobre todo del griego, y los relativos a las costumbres judías sobre el matrimonio, que no puedo recoger aquí y os encontraréis desarrollados por ejemplo en el libro de Ignace de la Potterie, María en el misterio de la Alianza, BAC, 1993, pp- 69 y ss., y muy resumidos en Antonio Orozco, Madre de Dios y Madre nuestra, (9ª ed), Rialp, 2008, pp. 196 y ss.)
La cuestión evidentemente permanece abierta. Avanza la filología y la hermenéutica, pero cada vez estamos más lejos en el tiempo del uso y del sentido de las palabras que se pronunciaron entonces y que se escribieron. Justo equivale a bueno o santo, pero también implica la observancia de la ley. Sin la revelación del Ángel en el sueño, José habría andado perdido. La prueba es que Dios mandó esa embajada.
El miedo de Dios
Para mí hay una cuestión más importante e íntima: todo lo que se refiere al secreto. José no quería exponer lo que estaba pasando. ¿por vergüenza propia? ¿por amor a la que era su esposa? ¿por qué no entendía lo que estaba pasando? ¿por todo a la vez? Lo que sí parece indicar la Vulgata es que sus cavilaciones interiores fueron muy intensas. Resuelve en secreto dejar que María siguiera su camino en la vida, sin exponerla públicamente. Es muy distinto dejar que alguien siga su camino (un camino que no entendemos) a repudiar a alguien. Casi son cosas opuestas. Santo Tomás de Aquino, que no era precisamente un irreflexivo, dijo que lo que José no quería era, por su humildad (otro rasgo del justo), seguir unido a semejante misterio incomprensible (In IV Sent. 30,2,2). Por eso quiso separarse. Tenía miedo. Todo era demasiado para él. Por eso el Ángel le insta desde el principio a que no temiese (Mt, 1,20).
Esta explicación no resultará extraña a quien tenga una cierta experiencia de Dios. Cuando Dios aparece en la vida da miedo. Miedo de lo que pide y al mismo tiempo de que se vaya de nuestra vida. Cuando lo hemos dejado pasar nos moriríamos de pena. Nos hemos portado mal. No hemos hecho ningún caso. Nos ha dado los medios. Su mano. Pero la hemos despreciado, por que nos costaba divinizarnos, por que nos exigía renunciar a nosotros mismos.
¿Fue este tipo de lógica lo que alimentó íntimamente las dudas de San José? No lo sé, pero pudo ser así.

P.S: Hay, lector, un segundo misterio, también mariano, del que quería hablar pero tendrá que ser otro día porque Paula lleva toda la mañana del domingo atareada con los niños, la comida, las camas, sin reprocharme absolutamente nada, y como tú comprenderás me empieza a dar un poco de cosa no atender a mis obligaciones (de amor).

sábado, 20 de septiembre de 2008

Dos galeristas. Dos exposiciones

De entre las galerías españolas, hay dos a las que sigo de cerca: Elvira González en Madrid y Carles Taché en Barcelona. Ambas comienzan el curso con dos exposiciones de primera categoría: Eduardo Chillida y Cornelia Parker (de la que os muestro en la foto su escultura Rocks) respectivamente. No dejaría de ver ninguna de las dos. Son lugares pequeños y agradables, y a veces se encuentra uno sólo en un espacio lleno del mejor arte contemporáneo. Dos galerías que calificaría ya de históricas, con un elenco de artistas diferente en cada caso: Jannis Kounellis, Günther Förg o Sean Scully en Taché, o Gottlieb, Donald Judd, Elena del Rivero o Julio González en la galería madrileña. Históricas porque exponen autores que forman parte ya de la historia del arte de los últimos cincuenta años (y en algún caso más) pero, sobre todo, lo digo porque los aciertos de ambos galeristas han sido históricos: han sabido bucear siempre en el proceloso mar de la creación contemporánea y seleccionar lo más interesante de entre miles (o millones) de propuestas. Carles Taché y Elvira González son dos maestros y quería, a propósito de las nuevas exposiciones, rendirles un homenaje.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Daniel Mordzinski

Fotógrafo entre escritores
Desde el pasado mes de julio, en la Casa de América de Madrid, se ha podido ver la exposición retrospectiva de los treinta años de trabajo de Daniel Mordzinski, un fotógrafo argentino que vive en París y que se ha especializado en retratar a escritores. Fotógrafo entre escritores, se llama la muestra y el libro que se ha editado por Casa de América y La otra orilla.
Tuve la ocasión de conocer a Daniel este invierno en París. Me pareció una persona sencilla, amable y sumamente delicada. Un poco como sus fotos: si tuviera que señalar, rápidamente, mi impresión sobre los retratos diría que éstos son el fruto de un diálogo. A diferencia de otros autores, Mordzinski no se impone a sus modelos. Me parece que les deja mostrarse como ellos creen que son. Hasta un límite, claro. Pienso que es un método cargado de una fina ironía. Una forma de prolongar el baile de máscaras que es siempre el mundillo literario. Algo que sin duda tiene que ver con lo que decía Aristóteles de situar al personaje en el plano del deber ser antes que en el del mero ser. El fotógrafo entra en ese juego por lo demás con elegancia y hasta con bondad. Y siempre con una comprensión profunda de la persona que hay detrás.
Entre los grandes fotógrafos
Hay fotos maravillosas en ese libro, comparables a los mejores retratos de escritores de Ferdinando Scianna o de Cartier Bresson, como las que hizo al viejo Octavio Paz de barba tolstoiana (me pregunto si la foto la tomó en el último viaje a Madrid), a Juan Gelman en una boca del metro madrileño, a un Westphalen con la mirada en el otro lado del espejo (esta foto es sencillamente venerable), Margo Glantz en la terraza de un bistrot, Bolaño enredado entre arbustos,… y tantas más. Me permito, ahora que lo pienso y escribo, hacer la siguiente ecuación: cuanto mejor es el escritor, mejor sale la foto.
Biarritz, Mutis y la joie de vivre
De todas formas, mi favorita es la foto de Alvaro Mutis en la Grande Plage de Biarritz. Imposible no pensar en algunas estampas hopperianas en las que el mar lo preside todo sin aparecer en absoluto. Me he recostado junto a esa misma roca muchas veces, delante del Palais, acaso en una postura idéntica a la que mantiene el autor del Diario de Lecumberri. Quelle immense joie de vivre! Conozco esa luz y esa paz vespertina. En realidad más bien sueño con ella. Allí el tiempo se estira, como el mar verde que no se muestra en la foto pero que te mece secretamente. Hay un silencio que parece de otra época, y que sin embargo allí sigue siendo real. El pastor vasco atisba el paso de algo muy sutil y fugaz, de algo que se pierde al pasar: The langour of eternal Youth, how unique and quintaessential it is! How quickly, how irrecoverably lost!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Mil años de buenas oraciones


Mil años de buenas oraciones
Hacia el comienzo del verano tuve la oportunidad de contemplar en el cine una película titulada Mil años de oraciones. Me precipité a verla con Paula. Como soy muy lento, no me entusiasmó a la primera pero sí me dejó pensativo: acerté a ver en los títulos de crédito que la cinta estaba inspirada en un relato breve, del mismo nombre, de Yiyun Li, una autora de origen chino que escribe en el inglés más bello que he leído en los últimos años. Os podéis figurar que hasta que he encontrado el cuento en cuestión no he parado.
Lejos de ella
Poco después, en vídeo, pude ver otra película que se llama Lejos de ella. La protagonista es Julie Christie, una mujer que me encanta. La trajimos a casa y nos dispusimos a verla, Paula y yo. Si os digo la verdad no puede terminarla: me pareció muy interesante pero yo no estaba in the proper mood.
En Lejos de ella, un viejo profesor universitario tiene que ingresar a su mujer en un mortuorio a causa de una enfermedad mental degenerativa. Una vida de medias verdades y de ingratitud hacían más lacerante el dolor del protagonista. A la mitad me fui a la cama abatido. Al día siguiente, ojeando la carátula, vi que se trataba también de una adaptación. En este caso de un cuento de mi admirada Alice Munro que aquí han traducido como Ver las orejas al lobo (el último cuento del libro Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio)
Las películas y los cuentos
Las cuatro obras, las películas y los relatos correspondientes, son de una insignificancia que sólo es aparente. Apenas pasa nada. Un amigo al que se las recomendé aún no me lo ha perdonado: "Pero si no pasa absolutamente nada". "Pues eso es lo que a mí me gusta, mira por donde", le contesté con miedo de que me retirara la palabra para siempre. Lo cierto es que por esas historias pasa la vida entera: el matrimonio, el desamor y el adulterio, la gratitud, la bondad, el abandono y el compromiso, la decrepitud física, la mentira, la incapacidad de comunicarse…
No me gusta entrar en la extraña comparación entre películas y obras literarias. Yo prefiero la letra escrita y por eso me alegro de que algunas historias se lleven a la pantalla: me sirve para después buscar y leer los cuentos con un placer que en este caso ha sido indescriptible.
Un léxico familiar
Naturalmente que en el centro de todo el mundo que despliegan Yiyun Li y la Munro está la familia, esa cosa "curiosa y complicada" que a todos nos da la vida y al mismo tiempo nos trae a mal traer. En el cuento oriental, un padre viudo acude a Detroit a cuidar de su hija china recién divorciada. La hija no le habla, apenas. No puede. Él nunca le enseñó a hablar. Su infancia estuvo marcada por el silencio y la mentira. No obstante, el padre le dice en un momento dado esta bella frase: "We are the only family for each other now, Mr Shi said, almost pleading, but his daughter closes her bedroom door before he says more".
El relato de Munro no es menos fascinante: Fiona, la mujer, la que un día le puso en el brete de optar entre ella y los constantes amoríos con sus alumnas, se degrada a ojos vista en un sanatorio. Ya no le reconoce y en cambio intima con otro de los internos. Grant, así se llama el protagonista, comprende demasiado tarde cuanto quiere a su mujer (¿qué sentido tiene esta palabra en la discontinuidad mental de Fiona?). Un día la ve llorar en un banco del jardín de la residencia y lo describe con esta melancólica contención: "Al sol de la primavera lloraba débilmente sentada en un banco junto al muro. Seguía siendo amable; se disculpaba por las lágrimas y nunca discutía una sugerencia ni se negaba a contestar preguntas. Pero lloraba. El llanto le había mellado y desfigurado los ojos. Llevaba la chaqueta de punto –si es que era la suya– mal abotonada. No había llegado al extremo de no cepillarse el pelo o no limpiarse las uñas, pero quizá eso no tardara en llegar".
(La foto es de Anna Alejo)

Creación del mundo de Lauren Mendinueta

Encuentro leyendo el ABCD un poema maravilloso:

CREACIÓN DEL MUNDO
Y PRIMERA CULPA DEL HOMBRE

En el principio todo era definitivo, 
sin misterio, excesivamente sencillo:
era la edad más vieja.
Pero en la jerarquía de los siglos todo comenzó con la culpa.
Cuenta el libro del Génesis que desde la expulsión
dos ángeles al oriente del Jardín vigilan con espada de fuego
el anhelado Árbol de la Vida. 
Para el escriba de Yahvé aconteció lo narrado.
Inconsolable suerte de la memoria
que nos remite a los días
en que la desobediencia doblegó a nuestros padres
y la primera muerte alcanzó a Abel.
Cuándo comprenderemos que en el tiempo humano 
no es posible vivir en paz con el tiempo de Dios.


Y su autora me escribe esto:

Para mí el poema es como una promesa que se cumple al tiempo que se plantea, para ti es sólo un deseo que no se realiza. Por otra parte en mi modo de trabajar no escribo casi nunca poemas fuera del contexto de un libro futuro. Es decir, cuando escribo un poema, por lo general hace parte de un todo al que pretendo llegar poco a poco. Siempre escribí de ese modo, incluso en mi primer libro. Eso me permite indagar sobre temas que me interesan, sin dispersarme y mantener la disciplina. Ese poema (se refiere a un segundo poema de tema amoroso sobre el que hemos hablado) hace parte de un futuro libro sobre el amor. Ya dije que es un tema que he tocado poco por lo que significa para mí un reto importante. Es muy difícil escribir poemas sobre el amor, o amorosos, sin caer en el lugar común. ¿Lo lograré? Espero que sí. No tengo la menor idea de en cuánto tiempo, tal vez falten muchos años, una vida entera, pero lo seguiré intentanto hasta que logre escribir ese poema de amor, ese libro de amor.

martes, 16 de septiembre de 2008

lunes, 15 de septiembre de 2008

Notas para un diario 57

Me gustaría contar algunos detalles de la muerte de Ambrose St. John, y de como la vivió John Henry Newman, por si puede iluminar un poco la polémica sobre la naturaleza de su amistad.
Los últimos diez años
La década que va desde 1865 hasta mediados de 1875, cuando muere St. John, es un momento de gran intensidad en la vida de Newman y de cuantos le rodearon. Su figura había recuperado, gracias a la polémica con Kingsley y a la publicación de la Apología, su verdadero relieve. Newman era, como dijo Gladstone, por lo demás su antagonista, no sólo la referencia intelectual y moral más importante de la Inglaterra de entonces, sino un personaje histórico de la talla de los grandes parisinos del siglo XIII, la época luminosa de Alberto Magno y Tomás de Aquino. La apertura del Concilio Vaticano I, las largas cartas públicas a Pusey y al Duque de Norfolk, y, sobre todo, la Gramática del Asentimiento Religioso, seguramente el libro más decisivo de la historia de la fe cristiana de los últimos cinco siglos, habían consumido buena parte de su tiempo y salud.
Colaboradores y amigos
Newman pudo llevar a cabo esa tarea titánica gracias a la ayuda de St. John. Fino teólogo, hebraista, conocedor de media docena de lenguas clásicas y orientales, se dedicó por completo a acompañar y cuidar de Newman y de todas las iniciativas que entre ambos habían puesto en marcha. Seis horas de confesionario al día, cientos de visitas a enfermos a la semana, la dirección del colegio del Oratorio. Newman contaba con él, muy de cerca, como su primer lector y sometía, cada página, a su mejor criterio. Cuando murió, el viejo teólogo lo tuvo claro: "Lo he matado a trabajar; ha muerto de agotamiento".
El momento de la muerte
Tenemos abundantes datos acerca de los últimos días, de la muerte y del efecto que causó en Newman. El cansancio de St. John, agravado por una insolación, llegó a tal intensidad –contaba sesenta años– que los últimos días perdió el juicio. Se abrazaba a Newman con tanta fuerza que hacían falta varios hombres para separarle de su cuello. Justo antes de irse de la habitación del dolor, agarró también su mano. Era su despedida. El primer biógrafo del Cardenal añade que, cuando murió, Newman pasó la noche acostado a su lado en el lecho mortuorio. Sí se sabe con certeza que durante un tiempo largo lloraba amargamente con sólo acordarse de él. En el funeral la gente se asustó al oírle prorrumpir, como Antígona ante el lecho de su hermano, en unos gemidos más propios de un animal que de un hombre. No se avergonzaba de mostrar abiertamente su dolor, que era inmenso.
Amor y dolor
Afirmó con claridad que la muerte de St. John era para él la gran preparación para su muerte, el aprendizaje definitivo y necesario del desprendimiento. Le sobrevivió quince años más.
Fue, según sus propias palabras, su Ángel de la Guarda: "Ha dedicado treinta años de su vida a cuidarme… Su muerte es para mí una herida abierta que en un viejo como yo nunca se cerrará…Estoy tan caído que no puedo escribir sin inundarme de lágrimas. No por falta de resignación, creo, sino porque le quería mucho y le he perdido".
Les enterraron juntos. No me extraña, viendo como se amaron en vida.

(Foto de Ambrose St. John)

domingo, 14 de septiembre de 2008

Hebreos de Francia


Una vez más, en el primer viaje a Francia, el Papa encontró un rato para estar con los representantes de la comunidad judía parisina, donde pronunció las siguientes palabras.
Queridos amigos:
Esta tarde os recibo con placer. Es una feliz circunstancia que nuestro encuentro se haya enmarcado en la vigilia de la celebración semanal del shabbat, el día que desde tiempos inmemoriales ocupa un lugar tan relevante en la vida religiosa y cultural del pueblo de Israel. Todo judío piadoso santifica el shabbat leyendo las Escrituras y recitando los salmos. Queridos amigos, vosotros lo sabéis, también la oración de Jesús se nutría de los salmos. Él acudía regularmente al Templo y a la sinagoga. Tomó allí la palabra el día del sábado. Quiso subrayar con qué bondad cuida Dios del hombre, también incluso en la organización del tiempo. ¿El Talmud Yoma (85b), no dice: "El sábado os ha sido dado a vosotros, pero vosotros no habéis sido dados al sábado?". Cristo ha pedido al pueblo de la Alianza que reconozca siempre la inaudita grandeza y el amor del Creador de todos los hombres. Queridos amigos, con motivo de lo que nos une y por motivo de lo que nos separa, tenemos que vivir y fortalecer nuestra fraternidad. Y sabemos que los lazos de la fraternidad constituyen una invitación continua a conocerse mejor y a respetarse.
Todo antisemitismo es anticristianismo
Por su misma naturaleza, la Iglesia católica se siente llamada a respetar la Alianza establecida por el Dios a Abraham, de Isaac y de Jacob. Ella se sitúa también, de hecho, en la Alianza eterna del Omnipotente, que no se arrepiente de sus designios, y respeta a los hijos de la Promesa, los hijos de la Alianza, como sus hermanos amados en la fe. Ella repite con fuerza, a través de mi voz, las palabras del gran Papa Pío XI, mi venerado predecesor: "Espiritualmente, nosotros somos semitas" (Alocución a peregrinos belgas, 6. 09. 1938). La Iglesia por ello se opone a toda forma de antisemitismo, del que no hay ninguna justificación teológica aceptable. El teólogo Henri de Lubac, en una hora "de tinieblas", como decía Pío XII (Summi Pontificatus, 20. 10. 1939), comprendió que ser antisemita significaba también ser anticristiano (Cf. Un nuevo frente religioso, publicado en 1942 en: Israel y la fe cristiana, p. 136). Una vez más siento el deber de rendir un conmovido homenaje a aquellos que han muerto injustamente y a aquellos que se han ocupado de que los nombres de las víctimas quedaran presentes en el recuerdo. ¡Dios no olvida!
Hebreos de Francia
No puedo dejar de reconocer, en una ocasión como ésta, el papel eminente que han tenido los hebreos de Francia para la edificación de la nación entera y su prestigiosa aportación a su patrimonio espiritual. Ellos han dado -y continúan dando- grandes figuras al mundo de la política, de la cultura y del arte. Hago votos respetuosos y llenos de afecto para cada uno de ellos e invoco con fervor sobre todas vuestras familias y todas vuestras comunidades una particular Bendición del Señor de los tiempos y de la historia. ¡Shabbat shalom!


(Foto de la caravana de Hitler atravesando la place de la Conocorde en el único día en el que estuvo en París, diez días después de la capitulación de Compiégne, el 28 de junio de 1939, y la tristemente célebre foto desde el Trocadéro).

sábado, 13 de septiembre de 2008

jueves, 11 de septiembre de 2008

Notas para un diario 56

No te lo vas a creer, pero después de hablar contigo me quedé muy pensativo. Me contaste cosas duras. Muy duras. De tus viajes, de tu entrega extrema a los demás, de tus miedos, de tu soledad, de la cantidad de culpa que te echas encima. Me cuesta darme cuenta de que las personas que quiero sufren. Y de tus premoniciones, ¡tan joven como eres! Sabes, he pensado poner aquí lo que me contaste del avión (todavía tiemblo), pero me da hasta miedo escribirlo. Está todo tan reciente que no me atrevo a hacerlo.
Me gustaría también contar lo que hablamos del matrimonio y el sexo, pero no lo veo conveniente. Mira por donde, ahora me ha entrado el pudor…
No me olvido del elogio que hicistede mi escritura (fue sólo una frase pero créeme que me importa mucho más, y me llega más adentro, que la opinión de cien críticos).
Otra cosa que me dejó hecho polvo fue darme cuenta de la poca salud que tenemos. Me hubiera gustado soplar sobre tu rostro y devolvértela de golpe. Luego pensé en como se puede medir la salud. Y sobre todo me he preguntado sin cesar desde entonces: ¿Cuándo se está sano de cuerpo y/o de mente? ¿para qué sirve la salud?
Por una de esas coincidencias que tanto te gustan, y que me dejan boquiabierto, me encontré por la noche, cuando leía en la cama, delante del último pasaje del Diario de Katherine Mansfield, con la misma pregunta, exactamente la misma pregunta que me llevo haciendo desde que hablé contigo. Ella murió a los pocos días de escribir esto que voy a copiar para ti, pero creo que te gustará leerlo:
"Por salud entiendo poder llevar una vida plena, adulta, viviendo, respirando vida, en contacto estrecho con lo que amo: la tierra y sus maravillas, el mar, el sol. Todo aquello a lo que nos referimos al hablar del mundo externo. Deseo penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo superficial y adquirido y convertirme en un ser humano consciente y directo. Deseo al comprenderme a mí misma, comprender a los demás. Quisiera llegar a ser todo lo que soy capaz de llegar a ser para conseguir ser (y aquí he parado y esperado y esperado, pero no sirve de nada; solo hay una frase posible) una criatura del sol. Suena falso añadir una sola palabra sobre la ayuda a los demás, sobre transportar una luz y demás. Es mejor dejarlo así. Una criatura del sol.
Además quiero trabajar. ¿En qué? Deseo intensamente vivir para poder trabajar con las manos, con mis sentimientos y mi cerebro. Deseo una casa con jardín, una casa pequeña, hierba, animales, libros, cuadros, música. Deseo ponerme a escribir a partir de esto, dando expresión a todo ello. (Aunque escriba sobre taxistas, eso no tiene importancia)
Pero sí deseo la vida vivida, cálida, impaciente; tener las raíces en la vida, desear saber, sentir, pensar, actuar. Eso es lo que quiero. Y nada más. Eso es lo que tengo que intentar".
Se que te va a molestar que añada esto pero si no lo hago no sería honrado: la verdad es que me veo viejo y estoy un poco de vuelta de todo esto (personalmente me conformo con que me dejen un poco en paz), pero para ti, que eres tan joven, deseo intensamente que tengas una verdadera vida.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Tocando el horizonte. La música de ECM

Hace ya casi diez años, descubrí en una de las dos tiendas de discos que había en Pamplona (las dos, que eran a cual mejor, con un personal de primera y una selección comparable con la mejor que puedas encontrar en cualquier capital europea han desaparecido tristemente) mi primer disco de ECM: el Morimur del Hilliard Ensemble y Christopher Poppen, una reinterpretación de algunas cantatas, partitas y ciacconas de Bach que me dejó patidifuso. No sólo era la música del disco, que desde entonces me acompaña en cada desplazamiento, sino el modo de presentar el material, los textos que lo acompañaban, las fotos, en fin, todo. Intuí que el editor de ese material tenía que ser alguien muy especial y busqué hasta dar con su catálogo. Desde entonces ECM, la Edition of Contemporary Music, una pequeña empresa radicada  a las afueras de Munich, es mi punto de referencia musical. He buscado sus producciones por medio mundo, he hecho acopio de sus mejores discos y creo que se puede decir que me he formado en ese terreno gracias a su impecable trabajo.
Tocando el horizonte
Cuando se cumplen treinta años de la fundación de la empresa de Manfred Eicher, Steve Lake y Paul Griffiths, dos musicólogos han publicado un libro (Tocando el horizonte. La música de ECM) en el que se cuenta la historia de un sueño de la inteligencia y la sensibilidad más extraordinarias. La música clásica, el jazz, la música y el cine, la creación contemporánea, las interpretaciones, la improvisación musical, el contexto cultural son algunos de los ejes de una aventura a la que uno puede sumarse en cualquier momento.
Singularidad y claridad
En el libro hay, entre otras muchas joyas, una entrevista y un escrito de Eicher en el que explica el principio que ha inspirado su trabajo: "La singularidad y la claridad están íntimamente unidas; no existe claridad sin divergencia, sin desviación, sin un movimiento que aleje del grupo o la masa. En un espacio reducido, tal resultado podría parecer una reclusión, pero la distancia próxima o la proximidad distante se me antojan una fuerza renovadora y trascendental para cualquier cultura viva. Como lo es la curiosidad".
(En la foto el cartel del Festival sobre Cine y Música organizado en Francfurt por ECM del 17 al 19 de septiembre)

domingo, 7 de septiembre de 2008

Notas para un diario 55

He estado atento a tres polémicas este verano. La primera se refiere a Kafka. Ha surgido a propósito de una nueva biografía en la que se mantiene que era una persona vulgar, egoísta y, lo más imperdonable por lo visto, un pornógrafo (en realidad lo que se quiere decir es que era un adicto al porno). Después se ha acusado a George Steiner de racista. Todo empezó con una entrevista que apareció en El País el pasado 24 de agosto. El párrafo de la discordia es el siguiente: "Es muy fácil sentarse aquí, en esta habitación, y decir: “¡El racismo es horrible!”. Pero pregúnteme lo mismo si se traslada a vivir a la casa de al lado una familia jamaicana que tiene seis hijos y escuchan reggae y rock and roll todo el día. O cuando mi asesor venga a casa y me diga que desde que se mudó a mi lado la familia jamaicana el valor de mi propiedad ha caído en picado. ¡Pregúnteme entonces! En todos nosotros, en nuestros hijos, y por mantener nuestra comodidad, nuestra supervivencia, si rascas un poco, aparecen muchas zonas oscuras. No lo olvide."
La tercera se refiere nada menos que a John Henry Newman. En este caso no hay propiamente una acusación contra Newman sino contra la Iglesia Católica. Un activista de los derechos del colectivo gay de Inglaterra ha acusado a la Iglesia romana de querer silenciar la homosexualidad del teólogo inglés. Todo empezó cuando en el proceso de beatificación de Newman se pudo verificar un milagro patente. El hecho extraordinario ha facilitado el avance de la causa y el paso siguiente ha sido remover la tumba del bueno de Newman con el fin de trasladar los restos mortales a la iglesia principal del Oratorio de Birmingham. ¿Y cuál es el problema? ¿Qué es lo que lo molesta al tal señor? Pues que dice que en realidad el traslado esconde la intención aviesa de separar a Newman de su amado Ambrose St. John, un sacerdorte con el que convivió durante treinta años y junto al que fue enterrado por expreso deseo del Cardenal en el cementerio oratoriano de Rednal. Y así se corre un tupido velo sobre el verdadero cariz de sus relaciones que por una inspiración especial parece conocer mejor que nadie.
El tenor de las polémicas ha sido deprimente. Los expertos en Kafka y Newman (Wagenbach y Stach por una parte, Ian Kerr entre otros por la de Newman) han "salido al paso" de las acusaciones. Steiner no se ha molestado en defenderse a sí mismo, y no me extraña. Pierre Assouline, por ejemplo, ha dicho que no es para tanto pero que él esperaba más de un intelectual de la talla del autor de Presencias reales. Tampoco creo que Assouline esté siempre afortunado, se espere de él lo que se espere.
Que Kafka no era Santa Clara de Asís (el ejemplo no está bien puesto: ¿no era amiga íntima de San Francisco? ¡Qué horror!) lo sabíamos perfectamente todos los que nos hemos acercado a su obra. ¿Y qué? No entiendo que hay que reprocharle. Y Newman… ¿es que no podía querer a quien le diera la gana? ¿es que a alguien le importa hasta donde y como quiso a su amigo?¿se puede tener la mente tan sumamente podrida como para querer escarbar en la sexualidad de un muerto? (no os lo vais a creer pero la nueva biografía de Kafka, la de la polémica pornográfica, se llama precisamente Excavating Kafka, Escarbando en Kafka). La verdad es que me temo que los ataques a Steiner tienen bastante que ver con las revelaciones sobre su sexualidad que hace en su último libro. A ver si al final vamos a ser menos tolerantes de lo que nos creemos.
No creo que haya habido nadie en los últimos cincuenta años que haya alertado tanto contra el racismo y cualquier otra forma de barbarie como lo ha hecho George Steiner. Por otra parte, cuanto más nos empeñemos en mostrar la humanidad de autores como Kafka o Newman, más impresionante resulta la categoría espiritual de sus obras (de hecho hay un estrecho vínculo entre esas dos dimensiones de la personalidad). Me gustaría recordar el lema de Newman, el que aparece precisamente en su tumba: ‘Ex umbris et imaginibus in veritatem’ (Desde las sombras y las imágenes a la Verdad). De que amaron con intensidad a los que les rodeaban a mí no me cabe ninguna duda: quien no recuerda las palabras que Newman dedica a St. John en la dedicatoria final de la Apología pro vita sua (1864): " And to you especially, dear Ambrose St. John; whom God gave me, when He took every one else away; who are the link between my old life and my new; who have now for twenty-one years been so devoted to me, so patient, so zealous, so tender; who have let me lean so hard upon you; who have watched me so narrowly; who have never thought of yourself, if I was in question". Yo también quiero que alguien me quiera así y que cuando me muera me entierren a su lado.

sábado, 6 de septiembre de 2008

viernes, 5 de septiembre de 2008

Notas para un diario 54



Cuando oía a la ministra de igualdad anunciar ayer que la ley del aborto iba a ser reformada en el plazo de un año, pensaba que vivimos en un mundo en el que los muertos nos asedian. Cada vez se hace más difícil no oír las voces y las quejas de todos aquellos a los que les negamos la posibilidad de ver la luz.
De lo que no me cabe la menor duda es de que son personas –con un espíritu tan vivo o más que el nuestro– y que por lo tanto tienen que estar en algún lado. Están muy cerca. No están en ningún limbo.
Recuerdo un pasaje de Pedro Páramo que habla de las voces de los muertos que son sepultados en plena vida:
-¿No, no me oyes? –pregunté en voz baja.
Y su voz me respondió:
-¿Dónde estás?
Estoy aquí en tu pueblo. Junto a tu gente. ¿No me ves?
-No, hijo, no te veo.
Su voz parecía abarcarlo todo. Se perdía más allá de la tierra.
-No te veo.

(La foto está tomada por Juan Rulfo)

jueves, 4 de septiembre de 2008

Notas para un diario 53



Ayer me decías que las cosas lentas se meten en nosotros más adentro, hasta una zona de peligro, allí donde acaso ya no somos dueños de nosotros mismos. Puede ser. Mi natural impaciencia y precipitación me llevan a actuar sobre un plano de mi vida, sobre el que aparentemente tengo control, sin darme cuenta de que casi nada de lo que ocurre así, de lo que hago de ese modo intempestivo, tiene después ningún alcance. Hay que dejar, me decías, que la palabra se forme lentamente en nosotros y que se haga a nuestro pesar. Aprende de una vez: cuanto menos impaciencia, mejor. En la poesía y en el amor. Que todo se decante poco a poco, como el vino. La elaboración del vino comienza cuando el viticultor saca sus manos y sus máquinas del producto. Sólo entonces, en la oscuridad de la cava, en el seno de la barrica comienza una vida imperceptible pero real y maravillosa. ¿Y el rayo fulgurante, la sorpresa, la iluminación? Calla, tonto. Son destellos de esa vida escondida. Si no, no son nada.