viernes, 20 de noviembre de 2009

El mar

Boris, pero hay algo: yo no amo el mar. No puedo. Tanto espacio, y no se puede caminar (23 de mayo de 1926, domingo)
Boris, acabo de regresar del mar y he comprendido una cosa. Constantemente, desde el día en que por primera vez no lo amé (en la infancia lo amaba, como amaba el amor), intento amarlo, con la esperanza de haber madurado, de haber cambiado, o de que sencillamente de repente empiece a gustarme. Exactamente como sucede con el amor. Identificación absoluta. Y cada vez: esto no es lo mío, no puedo. El mismo juego apasionado (¡sin coqueteo!), flexibilidad ilimitada, intento de infiltrarme a través de la palabra (por cuanto que la palabra es más cosa que las cosas: la palabra en sí misma es una cosa, una cosa que es únicamente un signo. Nombrar es materializar (y no encarnar) y– el mismo rechazo.
Y esa inesperada beatitud que olvidas apenas has salido (del agua, del amor) -irreconstruible, inconmensurable (25 de mayo de 1926, martes)
(Cartas de Marina Tsvetáieva a Boris Pasternak, traducción de Selma Ancira. La foto es de un cuadro de Kate Shepherd, que está expuesta en Elvira González hasta el 6 de enero)

11 comentarios:

Icíar dijo...

¡Qué cosas nos hace el cerebro¡
Nunca había relacionado el mar con el amor.
El mar, al igual que el desierto, al igual que los infinitos campos de lava produce esa conexión, ese 'paz', esa belleza que no se acaba, la mirada quieta no es suficiente, hay que moverse. En fin, da una sensación de libertad que es casi como una droga.

Icíar dijo...

(esa foto es un poquito 'rara')(lo digo en voz bajita)

delarica@unav.es dijo...

seguramente, pero no es una foto, es un cuadro

gracias por comentar!

Henohenomoheji dijo...

Esa forma de amar de Tsvietáieva, tan sublime, pero también tan tiránica, despiadada con el ser (o el objeto) amado... El mar probablemente le devuelve todos esos agravios al no someterse al ideal… Nunca supe muy bien la distancia que –en Tsivietáieva- separa lo sublime de lo morboso…
Hay un estupendo libro de Todorov que arroja más luz sobre esto que mis torpes comentarios.

delarica@unav.es dijo...

puede ser eso que Ud. dice

al amor y al mar hay que entrar con abandono, algo muy difícil de lograr

morboso significa enfermo, o insano, ¿no?

Henohenomoheji dijo...

Pues si, hay algo enfermizo en Tsvietáieva, pero con ello no pretendo descalificarla, sólo pongo el acento en uno de los rasgos que definen su grandeza y que, de paso, explican su desgracia.
Claro que sólo es una opinión...

delarica@unav.es dijo...

estoy bastante de acuerdo, la verdad, pero quizás sea así en todos los poetas realmente grandes, empezando por el salmista

Belnu dijo...

En cambio a mí el libro de Todorov es el único que no me gustó de Tsvietáieva, sí, me gustan las cartas, pero yo siempre recuerdo aquel prólogo de Ana María Moix a Un espíritu prisionero donde dice que Tsvietáiva lo hizo todo mal en la vida excepto la escritura y a mí su escritura me transporta siempre, ya hable de Goncharova o de Voloshin (Viva voz de vida!) o de su infancia (El diablo) o de Un espíritu prisionero, su prosa me maravilla...

delarica@unav.es dijo...

a mí tampoco me gustó, quiere entenderlo todo, y así no se puede ir muy lejos
la obra de Marina T. me acompaña a mí también, a cada paso: ¿conoces el ensayo de Brodsky sobre ella? ese sí que entendió de lo que estaba hablando

Belnu dijo...

Oh, seguro que sí, dime enseguida cuál es ese libro? Brodsky me encanta, y sé que él sí´... Muy bien explicado lo de Todorov

delarica@unav.es dijo...

Que yo sepa tiene dos ensayos, a cual mejor: Una poetisa y la prosa (1979) y el segundo, se llama Nota al pie de un poema (1981), y es una de esas lecturas ejemplares que hacía Brosdky, en este caso de Felicitación del Año Nuevo de M.T. Ambos están recogidos por ejemplo en Menos que uno, Siruela, 2006.