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lunes, 19 de marzo de 2012
Kaddish por Europa
Todavía tengo el frío metido en el cuerpo con la noticia de Toulouse. No estoy lejos de allí, físicamente, y con el espíritu estoy más cerca aún, en medio de la tragedia mil veces repetida en la vieja Europa. Mujeres y niños, una vez más. Y por el mero hecho de ser judíos. Pues no sé si por ser poeta o no, pero en todo caso yo soy judío, y más hoy que nunca. Judío bautizado cristiano, para mayor confusión de aquellos que no entienden nada de nada. Son miles las consideraciones que me vienen al espíritu en una noche larga como la de hoy: desgraciadamente he pasado media vida, y no es precisamente un deporte, estudiando todas las formas inacabables del antisemitismo "europeo", a cual más odiosa. Parece que se ha abierto de nuevo la veda. Sarkozy, que es judío, ha puesto el grito en el cielo. Pero nada ha cambiado: también eran judíos varios de los premiers en la Europa asesina de los años treinta, empezando por Disraeli. No sirvió para casi nada ante la barahúnda de los bárbaros. Recuerdo a los ingenuos que el Estado de Isarel es una democracia plenamente homologada con la más avanzada del planeta. Pocas bromas y lecciones por ahí. Tienen problemas terribles que solucionar. Y ¿quién no? Hay excesos, y actos que se rigen más por la ley de la venganza que por ninguna otra. Pero, en Israel están todos sometidos al imperio de la ley, como en cualquier país civilizado, y al terrorismo de estado cuando aparece se le llama así. Yo estaré siempre del lado de las democracias, se llamen la española del 78, la israelí o cómo no la americana. Sé que a muchos no les gusta esto, y que en cambio siguen defendiendo a Fidel y al independentismo vasco. ¡Qué pena más profunda me dan! Qué sentido más primitivo de las cosas tienen: la tierra, la tierra, el vaterland que siempre me pareció un water-closed. Que eso incluye a unos pocos bestias isralíes, puede, pero no a su Estado, ni a su gente, ni mucho menos a los judíos en general. Espero que Francia, la Francia que estos días sube los impuestos a los libros, esté a la altura de las terribles circunstancias que la asolan. Pero lo dudo.
jueves, 6 de octubre de 2011
Tranströmer
... El primer libro de Tranströmer se
llamaba Diecisiete poemas, y vio la luz en 1954. Medio siglo justo de escritura
silenciosa, cadenciosa y abierta. En medio una docena de obras: Secretos en el
camino, Prisión, El cielo a medio hacer, Mirando en lo oscuro, Caminos, Balticos,
Para vivos y muertos, La góndola triste, etc. Y al final la “gloria” humana,
una farsa bienintencionada que ha debido de saberle a cenizas en la boca. Los
mismos o parecidos motivos están presentes en un ritmo ligeramente atonal: la
naturaleza, muy en primer plano, con
sus coordenadas de tiempo y sus espacios llenos de vacío, con sus
bosques de abedules y atardeceres blancos, los más mínimos gestos humanos, a
menudo interiores, la presencia oculta o sonora de la muerte, la imprescindible
cultura en forma de pequeños ritos, de objetos como los libros, la música o el
café, alguna que otra ciudad exótica. Leyendo a Tranströmer uno se de cuenta
del potencial de la poesía, de hasta qué punto se ha convertido en el camino
transitable, en la fuente de sentido accesible universalmente. Parafraseando el
psalmo se puede afirmar que en la poesía del nuevo premio Nobel “la sabiduría y
la paz se besan”. “El año anterior a mi muerte –
pone el poeta en boca de Edvard Grieg, el compositor nórdico– enviaré cuatro
salmos para rastrear/a Dios./Pero eso empieza aquí. Una canción de aquello que
está cerca.” No encuentro una mejor aproximación o resumen de su quehacer
poético. Una canción de aquello que está cerca, y el enigma de saber si detrás
de las palabras y las cosas hay o no algo más. Si, como dijo Milosz, un tordo
en una rama es sólo eso, un tordo en una rama...
Leer el artículo entero aquí
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lunes, 20 de junio de 2011
CZESŁAW MIŁOSZ
Mañana martes día 21, organizado por el Instituto Polaco de Cultura, tendrá lugar a las 20 horas la presentación del número especial que la revista Turia dedica al poeta Czesław Miłosz, con ocasión del centenario de su nacimiento. El número lo hemos coordinado Mercedes Monmany y yo mismo y en él escriben entre otros Mario Vargas Llosa, Adam Zagajewski, Adam Michnik, César Antonio Molina, Marek Zaleski, José María Güelbenzu, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles o Robert Saladrigas. La presentación tendrá lugar en el Centro Cultural de Círculo de Lectores, en la calle O´Donnell, 10 de Madrid. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores acaba de publicar una antología de la poesía de Milosz, con el título Tierra inalcanzable, de la que hablaré más adelante y con calma en Hobby Horse.
viernes, 18 de marzo de 2011
Japón ha entrado en una nueva era
"La importante lección que debemos extraer del drama de Hiroshima es la dignidad del hombre, tanto de aquellos y aquellas que murieron al instante como de los supervivientes, afectados en carne propia, y que durante años tuvieron que soportar un sufrimiento extremo que espero haber podido plasmar en algunos de mis escritos. Los japoneses, que conocieron el fuego atómico, no deben plantearse la energía nuclear en función de la productividad industrial, es decir, no deben tratar de extraer de la trágica experiencia de Hiroshima una receta para el crecimiento. Al igual que en el caso de los seísmos, los tsunamis y otras calamidades naturales, hay que grabar la experiencia de Hiroshima en la memoria de la humanidad: es una catástrofe aún más dramática que las naturales porque la provocó el hombre. Reincidir, dando muestras con las centrales nucleares de la misma incoherencia respecto a la vida humana, es la peor de las traiciones al recuerdo de las víctimas de Hiroshima"P.S. De una entrevista a Kenzaburo Oé.
sábado, 12 de marzo de 2011
Japón, 11 de marzo de 2011
miércoles, 20 de octubre de 2010
ETA y el Gobierno de Zapatero

El hombre fuerte del Gobierno se destapa, de una vez. Alfredo Pérez Rubalcaba asume al menos dos carteras: la vicepresidencia política y la de interior (el jefe de la policía como jefe político, viva Fouché), además de la portavocía. Ya fue portavoz en el último Gobierno de Felipe González, el del GAL y los crímenes de Estado (un título como para honrar a cualquiera). También fue quien coordinó la respuesta del PSOE en el momento del atentado del 11-M y durante la relación con ETA en la primera legislatura de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero. Todo eso me hace pensar que, con la economía española en ruinas, la única baza que le queda al Presidente (que siempre se ha apoyado, de una manera u otra, en la lacra terrorista, para sacar ventaja política), de cara a una reelección, es una negociación con ETA. Sólo Rubalcaba es capaz de intentar esa fazaña. Les quedan dos años para vendernos el final del terrorismo etarra como un triunfo. El pacto de legislatura con el PNV y el nombramiento de Ramón Jáuregui (no lo he comprobado pero creo que era el Delegado del Gobierno en el País Vasco durante la mencionada última etapa de González; otro gran título de honor) como Ministro de Presidencia, apuntan en la misma dirección. Ojalá me equivoque pero a mí todo esto me huele fatal.
P.S. Permítaseme ahora una maldad: no, no voy a decir que me alegro de que a Trinidad Jiménez le hayan nombrado Ministra de Exteriores (claro, Madrid se le quedaba pequeño), no, voy a a profetizar (y me apuesto con quien quiera un pincho de tortilla y una caña) que, en premio, a María Teresa Fernández de la Vega le nombra Trini Embajadora ante el Vaticano: le pirra el frufrú de las sotanas cardenalicias y la moda italiana)
miércoles, 22 de septiembre de 2010
El Cardenal Newman

Una vez más la vieja España, cerrada sobre sus inmensas pequeñeces, me sorprende: no he encontrado, en un solo medio nacional, artículo alguno sobre la significación del Cardenal Newman, y de su Beatificación en el Acto de Birmingham, al final del reciente viaje del Papa a Escocia e Inglaterra. De la so called progresía no esperaba nada al respecto (si al sectarismo le sumamos el desconocimiento, el resultado no puede ser otro que el de despreciar lo que se ignora), pero de los liberales (¿los hay?) o de los católicos que escriben, algunos en tribunas muy altas (normalmente para protestar por todo), hubiera cabido esperar algo más. ¿O no? Newman es para mí un padre espiritual, alguien a quien me vinculé de por vida desde mi más tierna adolescencia, acaso uno de los más intensamente cercanos. Hablé de él, de una anécdota de las miles que se podían contar, hace meses. Newman, el de la prosa "cloistral and silverveined", en palabras de James Joyce (The portrait…), es uno de los grandes místicos de todos los tiempos. Místico, por la altura y la hondura de su percepción de lo sobrenatural (os recomiendo por ejemplo la lectura de un texto titulado El mundo invisible), pero con una cabeza y un discurso racional admirado por todos los que lo han estudiado a fondo, de Borges a George Gusdorf, del propio Joyce o Hopkins a Mandiargues. No hay sitio aquí, ni en mil entradas más, para trazar su semblanza. En la biblioteca de la universidad tenemos sus más de cien volúmenes publicados, y yo acudo a ellos en los malos momentos, los hojeo cuando estoy melancólico, para encontrarme de lleno con el mundo de la razón y del espíritu. Me basta ahora con recordar su papel como defensor de la conciencia individual, en un tiempo relativista en el que reinaba en Occidente la más funesta confusión entre lo político y lo privado (a los horrores totalitarios posteriores me remito). "Si algún Papa hablara en contra de la Conciencia, en el sentido auténtico de la palabra, estaría cometiendo un acto suicida. Ese Papa estaría cortándose la hierba debajo de los pies. La autoridad teórica del Papa, lo mismo que su poder en la práctica, se fundamentan en la Ley de la Conciencia y en su sacralidad. La historia juzgará si este o aquél Papa concreto, en este malvado mundo, tuvo siempre presente esta gran verdad en lo que hizo" ( Carta al Duque de Norfolk). Y, ¿qué entiende Newman por la Ley de la Conciencia? Exactamente lo mismo que entendió Abraham, antes y durante el famoso sacrificio, Antígona (Sófoclés), Agustín de Hipona, Tomás Moro o el maestro Eckhart: LA VOZ DE DIOS EN EL CORAZON DEL HOMBRE. Lo más sagrado que hay, lo que Dios nos dice a cada uno. No lo que nosotros nos decimos, sacralizado más tarde por nuestra conveniencia de parte (ahí está el origen de la autonomía moral radical, la que han predicado todos los que han llevado y aún llevarán a este mundo por el camino de la amargura). No. Lo que Dios nos dice en el hondón del alma. Eso es lo que defendió Newman a muerte, en línea con la gran tradición, subjetivista y realista a un tiempo, de la cultura europea.
lunes, 2 de agosto de 2010
Bonjour tristesse

Sigo profundamente afectado por la prohibición de los toros en Cataluña. Anoche, tras leer a Bergamín, escuché en la radio los programas taurinos de la SER y la COPE hermanados por una causa con causa. ¡Qué sentimiento de traición, de laceración, de crueldad reina en el mundo taurino! Hace falta un poco de imaginación para saber lo que significa el toro para una parte importante de la población española (y qué decir de la hispana). Algo radical y constituyente. Pasar uno mismo, entero, con las fibras más íntimas del ser propio, a la clandestinidad, en un determinado territorio al que se ama, no es cosa fácil de digerir. Yo no sé si volveré a Cataluña mientras la prohibición perdure. No lo tengo claro, aún; creo que es un deber de justicia ante aquellos que han quedado proscritos. Me importan mucho más sus sentimientos, su vida espléndida de autenticidad, que las heridas del toro. Me importa mucho más el arte. La libertad. La humanidad. Toda la inmensa verdad que la corrida hace patente. Su ritmo, sobre todo. La medida del tiempo, el reloj, que es la clave secreta de toda buena faena (el toreo es el arte ultra-rápido del que habla Florence Delay). El rito. El reglamento. La seducción y el éros. La feminidad luminosa del traje. La tradición y el misterio. El concepto. La disputa. El método. Todo un sentido de la vida (y de la muerte) ha sido abolido allí. La literatura como tauromaquia ha quedado prohibida. Yo, aún, no me lo puedo creer: y espero que se lleve al Constitucional, que se decrete la Fiesta como bien de protección artístico y cultural (competencia exclusiva del Estado), y, si no prospera el camino jurídico, deseo que se celebren corridas clandestinas. Yo asistiré, y con la cabeza bien alta.
P.S. La foto, como todo el mundo sabe, recoge la reciente cogida al diestro Julio Aparicio. Ayer, pocas semanas después del lance, Aparicio reapareció (resucitó habría que decir, milagros de la tauromaquia) ante el toro, ante el público y ante sí mismo.
miércoles, 28 de julio de 2010
Au Revoir, Liberté Chérie

Hay una cosa a la que amo más que a los toros: a Cataluña, que para mí ha representado siempre lo mejor. Pero hay una que amo aún más que a Cataluña: y es la libertad. Si me hacen elegir entre ambas, no lo dudaré. Para mí hoy es un día lamentable, sobre el que podría escribir horas. Lo que se pierde, y es el meollo de la cosa (ni España ni leches), es la libertad (algo que por lo demás, y que lo sepan esos señores tristes e ignorantes, no se deja compartimentar). ¿Hay alguien ahí que haya oído lo que significa el concepto de derecho subjetivo? ¿A alguien le importa todavía respetar lo que hace el otro, aunque a uno no le guste? Creta, Atenas, Cartago, Roma, Jerusalen. Un acto de despotismo como el de hoy es ilegítimo y bárbaro. Ampútese Usted un brazo, no le jode. ¿Y quién lo dice? ¿Quién se atrevería a ir contra el consenso? Yo me atrevo, porque me lo dice la historia, la difícil historia del respeto al otro que nace a ambas orillas del Mediterráneo. Claro que hay otras pretendidas legitimidades. La de los vegetarianos, la de los animalistas, pero ninguna podrá nunca imponerse contra la gran tradición humanista (la cosa es muy sencilla: lo que importa es el hombre, el hombre que come, el hombre que caza, el hombre que torea a la muerte). Y, con corsi e ricorsi, ésta se acaba imponiendo siempre. La forza de la ragione!
lunes, 12 de julio de 2010
El beso de Casillas

No ha sido verdad, por favor, dime que en realidad no ha ocurrido: o sea que ya estamos como siempre, aquí en cuanto ganamos algo, lo perdemos sobre la misma marcha; pero quién coño se habrá creído este tío para joder mi carrera. ¿El mejor portero del mundo? ¿San Iker? ¿El gran campeón? Un idiota, eso es lo que es… No creo que se lo pueda perdonar nunca. Y no me vengas con lo mal que lo ha pasado, que si las críticas, que si ya no era el que había sido, que si estaba harto de tanto envidioso (y a mí que me parece que en el fondo le ponen esos comentarios), que si me habían maltratado hasta hartarse. Muy bien, ¿y qué? ¿Es que yo no cuento? ¡La novia de Casillas! Pues ahora sí que lo has arreglado, so tonto. Teníamos el beso de Judas, el de Doisneau, y ahora tenemos el beso de Casillas. ¡Cómo me alegro de haber pasado a la historia de la mano de un memo! Veo a las hienas riéndose y lamiéndose las pezuñas. ¿No habían dicho que yo estaba aquí por ti? ¿No han dicho que la cadena había jugado con el morbo? Pero, vamos a ver, ¿es que no te das cuenta? No sabes que con ese gesto de animal en celo les has dado la razón. Iker, ¡por toda la escuadra! Ayer, al acostarme, pensaba una tontería, y casi me da la risa: me preguntaba si Vicente hubiera cometido semejante disparate. A que no. Ese sí que es un señor. Pues no voy y le pregunto que de quien se acuerda, en un momento así, y me contesta con esa mirada perruna que de mucha gente pero que se lo guarda para él. Ese tío sí que sabe lo que es la vida. Ni campeones del mundo ni leches. Él a lo suyo. A trabajar y a respetar al de al lado, y más cuando el de al lado es el amor de tu vida. Desde el momento en el que me besaste, me pregunto, dichoso campeón del mundo, pequeño tonto, si no te hubiera bastado con besarme fuera de cámara, si no soy lo suficientemente importante para que me hubieras guardado sólo para ti.
lunes, 8 de febrero de 2010
En torno al Guernica

Por su interés excepcional, subo aquí el artículo que ha publicado hoy en ABC Tomàs Llorens, acerca de las maniobras que desde el Museo del El Prado se están realizando para que El Guernica de Pablo Picasso sea instalado en el museo madrileño:
¿Por qué está el «Guernica» en el Reina Sofía? Porque es nuestro museo nacional de arte moderno. La respuesta es evidente; y, sin embargo, ¡cuánto ha costado!, ¡qué difícil ha sido y qué difícil parece seguir siendo!
Hagamos un poco de historia. El primer antecedente de lo que es hoy el Reina Sofía fue creado, con el nombre de Museo de Arte Contemporáneo, en 1894. En el preámbulo del decreto fundacional se aludía a la necesidad de un museo que estudiara y expusiera «con orden y método» las obras de arte contemporáneo que, «mal acondicionadas y no bien clasificadas, se han reunido en algunas de las salas del Museo Nacional del Prado». La alusión al «orden y método» es reveladora. Nos habla de la influencia del modelo francés en la creación de un sistema museístico de ámbito nacional, organizado con criterios de racionalidad científica (por disciplinas especializadas) y administrativa (con atribución centralizada de los recursos).
Conviene decir enseguida que el Museo de Arte Contemporáneo tuvo una vida difícil. Nunca dispuso de recursos suficientes, y, lo que es peor, sufrió a lo largo del siglo XX varias extinciones y refundaciones en las que, cada vez, sus colecciones se integraban o se volvían a separar, de modo generalmente confuso, de las del Museo del Prado. Con el nombre de Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC) estrenó su primer edificio propio y fue inaugurado por Franco en 1975, en un momento demasiado tardío de la historia del régimen como para que la institución resultara aceptable en el mundo de la cultura. El sentimiento de frustración se focalizaba en una carencia monumental: Picasso. Y la tensión era tanta que condujo a los responsables del proyecto a concebir la idea de pedir el «Guernica» al propio artista para instalarlo en el nuevo museo. No es difícil adivinar las reacciones sarcásticas que suscitó esta quimera dentro y fuera de España. Bastaba imaginar la fotografía del día de la inauguración con Franco frente al cuadro, contemplándolo (o viceversa, como pintó Equipo Crónica esa confrontación en 1969).
Y sin embargo en 1981, con Suárez como presidente del Gobierno, se produjo el hecho que pocos hubieran creído posible en la década anterior. Llegó el «Guernica». Se instaló en el Casón del Buen Retiro. Se dijo que era deseo de Picasso que el cuadro estuviera en el Prado; aunque la verdad era que las únicas instrucciones que el artista había puesto por escrito antes de morir no decían nada al respecto. Hay que reconocer, por otra parte, que en 1981 difícilmente cabía otra opción. ¿El MEAC? Era una institución estigmatizada, inviable. Un problema. Un problema que abordó el gobierno siguiente, el primero de Felipe González, con Solana como responsable de cultura. Ese fue el gobierno al que correspondió iniciar el proceso de transferencias a las Comunidades Autónomas y en ese contexto el viejo concepto de sistema museístico estatal había adquirido un nuevo sentido político, ya que los padres de la Constitución lo habían situado en el centro del equilibrio competencial diseñado para el ámbito de la cultura. Y para el mundo del arte el caso más urgente que había que resolver en materia de museos era el MEAC. Todo el mundo estaba de acuerdo en que había que refundarlo, cambiar su nombre y emplazamiento y mejorar sustancialmente sus colecciones. Hacia 1986 el Ministerio comenzó a trabajar firmemente con la hipótesis de un nuevo museo instalado en el antiguo Hospital de Atocha. Poco después, para orientar el proyecto, se constituyó una comisión de expertos. El informe final de esa comisión, redactado a comienzos de 1988, recomendaba que la colección del nuevo museo se ampliara y se reestructurara de acuerdo con la historia internacional del arte del siglo XX, aunque leyéndola desde la perspectiva de los principales artistas españoles del siglo, especialmente Picasso. En el centro del museo, y en esto el informe era claro y preciso, debía estar el «Guernica». Junto con los demás miembros de la comisión subscribieron el documento (además del autor de estas líneas), Simón Marchán (principal redactor del texto) y Plácido Arango (actual presidente del Patronato del Prado).
El resto de la historia es más conocido. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía fue creado por Real Decreto de 27 de mayo de 1988. Ajustándose a las recomendaciones de la comisión asesora, el decreto fundacional preveía la posible integración de «las obras de arte del siglo XX» que se encontraban en el Prado. El Reina Sofía se inauguró en noviembre de 1990 y al año siguiente, con Solé Tura como ministro y María Corral como directora, el «Guernica» entró en la sala que tenía reservada en el edificio de Atocha.
La adscripción definitiva, sin embargo, llegó más tarde. Desde el Prado se alegaba, no sin razón, que, aparte del «Guernica», había numerosas obras de comienzos del siglo XX cuya adscripción a uno u otro museo planteaba dudas. Para resolverlas, la ministra Alborch, sucesora de Solé Tura, creó otra comisión, de la que formaban parte, entre otros, Alfonso Pérez Sánchez, Valeriano Bozal, José Guirao y Alfredo Pérez de Armiñán. La propuesta que finalmente se adoptó por unanimidad fue la de Pérez Sánchez. Se basaba en dos principios: mantener reunida la obra de cada artista, y atenerse a la cronología del modo más estricto posible, ya que era un criterio objetivo y preciso que minimizaba el ámbito de discusión. Fue así como, por Real Decreto de 17 de marzo de 1995, quedaron adscritas al Reina Sofía las obras de arte de titularidad estatal creadas por artistas nacidos a partir de 1881 (año de nacimiento de Picasso).
Hoy parece que al Prado le resulta incómoda esa demarcación. Se cita a veces el contraejemplo de otros museos, como el Metropolitan de Nueva York, que no tiene establecidas fronteras cronológicas respecto de sus museos vecinos, especialmente el MoMA. Pero la comparación es inadecuada. Tanto el Metropolitan como el MoMA son organizaciones independientes, constituidas por iniciativa particular y a partir de recursos aportados por personas particulares. El Prado y el Reina Sofía, en cambio, son organismos estatales. Sus recursos, empezando por sus colecciones, vienen de la misma fuente: el Estado. Parece razonable que, en aras de un uso eficiente de esos recursos, el Estado les atribuya ámbitos de competencia claramente delimitados.
Pero además conviene hacer otra consideración. Para la historia del Reina Sofía, el decreto Alborch de 1995 constituye un hito importante. Como todo el mundo sabe, los años iniciales del museo fueron conflictivos y la institución sólo salió de ese período difícil gracias a un pacto parlamentario cuya ocasión más concreta fue precisamente la redacción de ese decreto. Era natural que fuera así, porque con la adscripción duradera del «Guernica», el museo era otra cosa. Y, efectivamente, a partir de entonces todo cambió. Los órganos directivos gozaron de más estabilidad y, durante al menos un decenio, la institución contó con un apoyo presupuestario generoso. Fue así, bajo la dirección de José Guirao (Miguel Zugaza lo recordará bien, porque fue subdirector del Reina Sofía con él) y bajo la de Juan Manuel Bonet, el museo fue constituyendo un corpus de pinturas y esculturas que le permitieron empezar a construir un discurso histórico creíble articulado, de acuerdo con el proyecto inicial, alrededor del «Guernica».
Derogar el decreto de 1995 para que el Prado cuelgue el «Guernica» en sus paredes, supondría pues desandar un largo camino que ha costado un esfuerzo colectivo considerable. Sería fácil hacerlo. Bastaría con una decisión del Consejo de Ministros. Pero lo que sufriría, y es importante tenerlo en cuenta, no sería sólo el Reina Sofía (un museo que, siguiendo el ejemplo desastroso de sus precedentes del siglo pasado, habría de ser refundado otra vez), sino el significado mismo del «Guernica». Fuera de su contexto histórico artístico natural, debilitado el discurso con el que, poco a poco, generación tras generación, vamos descubriendo y construyendo su sentido, la obra maestra de Picasso acabaría convirtiéndose en una imagen tópica y desgastada. ¿De verdad es eso lo que queremos?
sábado, 6 de febrero de 2010
El desayuno de la oración

Una persona sabia, a la que quise entrañablemente, me dijo poco antes de morir que, después de setenta años intentándolo diariamente, no estaba en condiciones de afirmar que alguna vez en su vida, fuera por un instante, hubiese conseguido en efecto rezar. Enseguida me di cuenta de que me estaba transmitiendo una verdad. No me lo dijo con amargura: él lo fiaba todo a aquel en quien creía con todas sus fuerzas. Se trata de alguien que tenía una fe que se podía cortar con tijeras, que llevaba luchando toda su vida para vivir vida sobrenatural, que amaba a Dios (y a los demás, por cierto), que confiaba en Él, que esperaba en Él. Esa frase se acordaba de tal modo con mi propia experiencia, que es una de las grandes luminarias/oscuridades de mi vida. A día de hoy no sé si me hizo un daño irreparable, o si por el contrario me abrió definitivamente a esa realidad inmensa, misteriosa, infinita que llamamos oración: algo que se presta, por lo demás, a ser banalizado, con las mejores intenciones. Y no lo digo sólo por nuestro presidente. No sólo.
(En la foto, un soldado israelí en la frontera de Gaza)
viernes, 9 de octubre de 2009
Herta Müller

La mirada de Herta Müller
Nunca se me olvidó la primera lectura que hice de la escritora Herta Müller y que me dejó realmente sobrecogida. Se trataba de un libro titulado En tierras bajas, publicado en la editorial Siruela en 1990, lo mismo que otro suyo algo posterior, El hombre es un gran faisán en el mundo, de igual fuerza y potencia expresiva. En aquel libro primero el lector se encontraba ante realidades desconocidas: con las minorías –esas que pespuntearían igualmente el libro El Danubio de Claudio Magris de forma fascinante- que se habían quedado en tierras “extrañas”, descolgadas a través de los siglos y de las diversas guerras y recomposiciones europeas. Escritora rumana en lengua alemana, de aquellos alemanes que vivían en países cercanos de la extensa zona centroeuropea, en la forma de guetos que ellos también habían creado en su día para pueblos y culturas consideradas como cuerpos “extraños”, Herta Müller narraba la vida de los campesinos alemanes en el Banato rumano (en la foto), en la época de la dictadura comunista. Se trataba de cuentos o, más bien, escenas bellísimas y estremecedoras, de una poesía tan exquisita como seca y terrible en ocasiones, que se quedaba hondamente grabada en la mente de cualquier lector que se acercara por primera vez. Escribí inmediatamente sobre ella y he seguido haciéndolo cuando se han ido produciendo reediciones de sus libros. También la incluí, por supuesto, entre mis escritores preferidos, en una colección de ensayos literarios que publiqué en 1997, con el título de Don Quijote en los Cárpatos, en la editorial Huega & Fierro. Intenté siempre, como me sucede con todos los creadores que me impresionan por alguna razón, no perderla nunca de vista y, más tarde, en el año 2000, la incluí en un ciclo que organicé en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, titulado Escritoras del Fin de Siglo, y en el que participaron, además de ella, la canadiense Margaret Atwood, la escocesa Muriel Spark, la italo-suiza Fleur Jaeggy, la portuguesa Agustina Bessa-Luís, y otras más que para mí significaban la “excelencia” de la literatura escrita en Europa y otros continentes en nuestra misma época. Por supuesto, algunas de ellas merecían igualmente el Nobel, como es el caso de la maravillosa Bessa-Luís, o de mi adorada Alice Munro, que de forma curiosa casi nunca sale en las encuestas. Pero aunque sorprendente y sumamente desconcertante, el galardón a Herta Müller delata una reconciliación del premio sueco con lo más exigente y menos dependiente de las servidumbres del mercado, con esa búsqueda ciega y tenaz de la excelencia, que nunca debe abandonar a los escritores, estén en la época que estén, en la de la revolución tecnológica y la destrucción de imprentas, o si de repente deciden regresar a la soledad de los monasterios y a la escritura del pergamino.
Nacida en 1953 en un pequeño pueblo, Nitzkydorf, de esa región transgermana del Banato rumano, en una comunidad de origen suabo instalada allí desde hace más de dos siglos, con una población de apenas 250.000 habitantes, Herta Müller estudió más tarde en Bucarest. Huyendo, como otros muchos, por ejemplo, el gran escritor judío Norman Manea, también candidato desde hace años al Nobel, en este caso en lengua rumana, del siniestro Conducator Ceaucescu, en 1987 Herta Müller logró salir de Rumanía, gracias a la presión de diversas asociaciones de escritores, instalándose en Berlín. Una literatura, la suya de origen, que antes de la caída del Muro, normalmente era llamada la “quinta literatura alemana”, la que seguía a las de las dos Alemanias, a Suiza y a Austria. Y una gran literatura, la germánica, que hoy se está nutriendo y renovando sin cesar a través de brillantes y estupendos escritores llegados de las más diversas partes del mundo: ahí estaría la turca Emines Sevgi Özdamar, el sirio Rafik Schami, el iraní Kader Abdolah y, por supuesto, la flamante y espléndida premio Nobel de Literatura de este año, Herta Müller.
(Artículo publicado ayer en el ABC por Mercedes Monmany)
martes, 6 de octubre de 2009
Dos artistas/Dos exposiciones

Desde el pasado 29 de septiembre, y hasta el próximo 11 de enero, en el Museo del Centre Nationale de l´histoire de l`immigration de París, Mathieu Pernot presenta una exposición en la que se puede contemplar su trabajo titulado Le Grand Ensemble (incluidas, según entiendo, una parte de sus Implosions).
Por otro lado, José Ignacio Agorreta, inaugura su exposición de pintura el 9 de octubre, en el Polvorín de la Cuidadela de Pamplona (permanecerá instalada allí hasta el 1 de noviembre).
Dos artistas (no sé si a Mathieu le gusta mucho esa denominación) en el dantesco medianero de la vida, como yo, mediada la cuarentena, dos personas que han trabajado con ahínco durante más de veinte años, con una obra importante ya detrás, persiguiendo siempre una vocación expresiva muy radical, y que en ambos casos tiene que ver muy concretamente con el pasado histórico reciente y con la secuencia de las huellas del paso del hombre en determinadas situaciones sociales e históricas.
Mathieu Pernot, que ha realizado trabajos admirables acerca de la concentración de gitanos en campos durante la Segunda Guerra Mundial, siguiendo sus pasos hasta nuestros días, se ha ocupado ahora de lo que queda de los asentamientos de inmigrantes en la Francia del desarrollismo industrial de los sesenta. Ha compuesto piezas dialogadas, dignas de Beckett y de Robert Pinget, yuxtaponiendo los textos de las postales que los inmigrantes enviaban a su parentela. Ha fotografiado edificios. Ha valorado el espacio de un sueño, cercano siempre a la pesadilla del mecanicismo industrial y del desarraigo humano.
Por su parte, Agorreta, lleva años pintando fábricas abandonadas. Sabe mejor que nadie que la belleza es con frecuencia un subproducto de difícil aprehension, y que se encuentra a menudo donde menos se la espera, siempre que uno dirija su mirada hacia los lugares por los que el hombre ha pasado y sufrido, construyendo sus castillos en el aire.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Viva Cuba Libre

La paz, sin la libertad, no es siquiera la paz de los cementerios. Es inhumana, vejatoria, terrible. Además, yo no me fío de los cantantes españoles que han promovido el concierto de La Habana del 20 de septiembre de 2009. Me parecen sectarios en lo político, equidistantes con algunas dictaduras (y las democracias) y, salvo excepciones, muy, muy flojos desde el punto de vista artístico e intelectual. No obstante, he querido reproducir aquí, por su admirable ponderación, por su lucidez, la entrada que escribió, a propósito, Yoani Sánchez:
Mañana amanecerá como cada lunes. El peso convertible seguirá por las nubes, Adolfo y sus colegas tendrán otro día tras las rejas en la prisión de Canaleta, mi hijo escuchará en la escuela que el socialismo es la única opción para el país y en los aeropuertos nos seguirán pidiendo un permiso para salir de la Isla. El concierto de Juanes no habrá cambiado significativamente nuestra vida, pero tampoco fui a la Plaza con esa ilusión. Sería injusto exigirle al joven cantante colombiano que impulse aquellos cambios que nosotros mismos no hemos logrado hacer, a pesar de desearlos tanto.
Estuve en aquella explanada para comprobar cuán diferente puede ser un mismo espacio cuando alberga concentraciones organizadas desde arriba o cuando cobija a un grupo de personas necesitada de bailar, cantar e interactuar, sin la política de por medio. Fue una experiencia rara estar allí, sin gritar una consigna y sin tener que aplaudir mecánicamente cuando el tono del discurso apuntaba que era el momento de ovacionar. Claro que algunos elementos sí se parecían a los de cualquier marcha por el primero de mayo, especialmente la proporción de policías vestidos de civil dentro del público.
Ciertos detalles técnicos resultaron incómodos. El audio no se escuchaba bien, la pequeña pantalla que reproducía lo que ocurría sobre el escenario no se veía en la distancia y la hora elegida era inhumana, por coincidir con los peores momentos del sol. Por suerte se nubló después de las cuatro y los que estaban atrincherados debajo de los pocos árboles se lanzaron a bailar con Orishas. Son detalles a superar en la próxima presentación que hará Juanes en Cuba, esa donde no abundarán las fallas técnicas y en la que sí podrán cantar los excluidos de esta tarde.
Si vemos la presentación de este 20 de septiembre como el ensayo general del concierto que algún día tendremos, entonces hay que felicitar a los que participaron. Incluso si no hubiera otra y la Plaza retomara sus solemnidad y su grisura, al menos esta tarde de domingo vivimos algo diferente. En un sitio donde se ha sembrado sistemáticamente la división entre nosotros, Juanes –al caer el sol- ha gritado “¡Por una sola familia cubana!”
viernes, 11 de septiembre de 2009
L´Estatut (y la ley)

El Tribunal Constitucional no merece respeto. Porque están caducos, porque están politizados, porque obedecen a razones de partido, porque están preocupados por quien va a ser el próximo presidente (Jordi Pujol, Ex-President de la Generalitat, 8.9.2009)
El cumplimiento del Estatuto chocará con resistencias e incomprensiones, pero nada impedirá que convirtamos en hechos nuestra voluntad de autogobierno (José Montilla, President de la Generalitat, Mensaje Institucional de la Diada de 2009, 10.9.2009)
Cataluña dice: "Queremos vivir de otra manera dentro del Estado español". La pretensión es legítima; es legítima porque la autoriza la ley, nada menos que la ley constitucional. La ley fija los trámites que debe seguir esta pretensión y quién y cómo debe resolver sobre ella. Los catalanes han cumplido estos trámites, y ahora nos encontramos ante un problema que se define de esta manera: conjugar la aspiración particularista de Cataluña con los intereses o los fines generales de España dentro del Estado organizado por la República. Éste el problema y no otro alguno (Manuel Azaña, Presidente del Consejo de Ministros, 27.5.1932)
Digo, pues, que el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; que es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá existiendo mientras España subsista; que es un problema perpetuo, y que a fuer de tal, repito, sólo se puede conllevar (José Ortega y Gasset, Filósofo y Parlamentario en Cortes Generales, 13.5.1932)
Tot és llegendari, incert, sensa forma, vagarós, inefarrable (Josep Plá, escritor, cir. 1976)
La rebelión frente a la ley ejerce, con frecuencia, mayor fascinación que su observancia. La ley sin embargo tiene una profunda y melancólica poesía; es el intento de hacer descender concretamente las exigencias de la conciencia a la realidad vivida –fatalmente un intento de compromiso, puesto que está obligado a echar cuentas con los límites de lo real, pero grande precisamente por esa ardua e ingrata confrontación con la dura prosa del mundo (Claudio Magris, Profesor de Literatura, 1996)
(La imagen es una reproducción del cuadro El espíritu catalán de Antoni Tàpies, 1971).
jueves, 30 de julio de 2009
miércoles, 29 de julio de 2009
Ante la nueva salvajada de ETA

ETA ha intentado provocar una masacre en Burgos. Teniendo en cuenta la imagen de como ha quedado el edificio de la Guardia Civil, es milagroso que el acto terrorista se haya saldado sin provocar la muerte de quienes habían sido seleccionados por esas mentes criminales para ser asesinados. Queda el miedo, el horror, la indignación. La barbarie continúa asolando España y la conciencia de algunos (a estas alturas no muchos, creo yo). Leo en El País de ahora mismo un análisis de Fernando Reinares, impecable como siempre, de los motivos por los que hay gente hoy que sigue militando en ETA. A mí me encantaría que escribiera algo parecido respecto de las relaciones entre los distintos nacionalistas de El País Vasco entre si y con los de Cataluña (si las hubiere). Me gustaría saber que opina él al respecto. Porque Reinares está muy bien informado, no se casa con nadie, es muy moderado en sus planteamientos y no rehuye tampoco las cuestiones más duras o políticamente incorrectas.
Quienes han militado en ETA lo hicieron ante todo por el hecho de ser nacionalistas vascos. Habían hecho suyo un nacionalismo de carácter étnico y excluyente, que niega la pluralidad constitutiva del País Vasco y enfatiza pretendidos derechos colectivos en detrimento de derechos humanos individuales. Un nacionalismo incompatible con valores democráticos, proclive a la intolerancia y a justificar la violencia. Ahora bien, la adhesión a esta ideología y a sus objetivos políticos raramente basta para explicar la opción por el terrorismo. Si nos preguntamos por qué ha habido y hay vascos, básicamente varones y apenas veinteañeros al ser reclutados, la mitad de ellos guipuzcoanos, que se convirtieron en miembros de ETA, es preciso aludir a unae ETA, es preciso aludir a una serie de motivaciones individuales basadas en criterios de racionalidad, emotividad e identidad. Éstas se combinan de un modo variable según personas y periodos de tiempo, pero caben algunas generalizaciones respecto a los que se integraron en aquella organización terrorista desde hace cuatro décadas.
Por lo común, antes de incorporarse a ETA los futuros militantes habían llegado al convencimiento de que la violencia era útil para conseguir la independencia. Ese convencimiento apelaba a casos foráneos de insurrección anticolonial y a ejemplos propios, como impedir con atentados la construcción de una central nuclear o la ejecución del trazado previsto de cierta autovía. Aun así, para aceptar finalmente el reclutamiento muchos necesitaron percibir fundadas expectativas de éxito, confianza en que ETA disponía de los recursos y el apoyo popular necesarios para lograr todos o buena parte de sus fines. Con todo, no pocos de quienes se integraron en la organización terrorista hubiesen renunciado a hacerlo en ausencia del santuario francés, cuya existencia hasta bien entrados los ochenta redujo considerablemente los riesgos y costes percibidos. Por otra parte, el prestigio social conferido a los etarras en ámbitos de la población vasca supuso un estímulo muy importante. Éste y otros incentivos selectivos reforzaban las motivaciones basadas en objetivos políticos, utilidad de la violencia y expectativas de éxito.
Ahora bien, en las motivaciones individuales para el terrorismo no sólo hay intereses, sino también pasiones. Así, un buen número de los que se convirtieron en militantes de ETA sentían antes frustración, al no haberse cumplido las elevadas y crecientes expectativas políticas que tenían para el fin de la dictadura y el posfranquismo. Sin embargo, el odio ocupa un lugar central entre las motivaciones de los etarras. Un odio a España y a lo español que procedía, sobre todo, de haber experimentado una represión policial excesiva bajo el régimen autoritario y también durante la transición. Y asociada al odio aparece la venganza, que asimismo está entre las motivaciones que llevaron a no pocos adolescentes y jóvenes vascos a la militancia en ETA. Pero no es menos cierto que, con el paso del tiempo y la transformación de la seguridad interior española, ese odio dejó de estar relacionado con la conducta de los cuerpos policiales y pasó a ser producto del adoctrinamiento al que han estado sometidos numerosos quinceañeros vascos en el seno de la subcultura de la violencia que nutre de miembros a la organización terrorista.
Además, a muchos de los adolescentes y jóvenes nacionalistas que han sido militantes de ETA les acuciaba afirmarse como vascos. Para bastantes de ellos, ésa fue su principal motivación cuando optaron por ingresar en la organización terrorista, que había protagonizado el retorno del nacionalismo vasco bajo el franquismo y a la que tenían por portadora privilegiada de aquella identidad. Se hicieron violentos para considerarse vascos y ser considerados así por los demás. Bajo la dictadura y el posfranquismo, reaccionaban con agresividad ante la imposibilidad de expresar en público los atributos de esa identidad que definían como vasca. Después, ya con la nueva democracia española y el autogobierno vasco, la perentoriedad de afirmarse violentamente como vascos, siempre según determinados cánones nacionalistas, ha sido inducida entre quinceañeros predispuestos por razones de edad a la búsqueda de una identidad e insertos en la subcultura del nacionalismo radical. Y de esta violenta lógica de identificación no han escapado hijos de inmigrantes andaluces, extremeños, castellanos o gallegos.
En esa misma subcultura -en realidad, una contracultura- se continúan socializando políticamente hoy algunos que, pese a haber nacido con España en la Unión Europea y el nacionalismo institucionalizado en el Gobierno vasco, pese a desconocer los abusos policiales y haber sido educados en euskera, aún acaban interiorizando motivaciones racionales, emocionales e identitarias para integrarse en ETA. Generalmente en el marco de redes sociales basadas en ligámenes afectivos de amistad o parentesco, y tras haber pasado por el aprendizaje social de la violencia que implica la kale borroka. Paradójicamente, las vidas de estas últimas generaciones de terroristas han discurrido en paralelo a la decadencia de ETA. Si hace tres o cuatro décadas quienes se convirtieron en etarras constituían una significativa minoría que no estaba mal vista por demasiados entre los vascos y contaba con un santuario francés, hoy no son probablemente más que un centenar de pistoleros a los que su sociedad ha dado la espalda y las autoridades francesas también persiguen.
viernes, 24 de julio de 2009
Vila-Matas deja Anagrama
Lo prometido es deuda: hablemos del asunto asuntorum. Ayer apareció en la sección de Cultura de El País la noticia, escueta, de que Enrique Vila-Matas dejaba Anagrama. El autor de La historia abreviada de la literatura portátil ha sido fichado (mira que la expresión es horrenda) por Planeta y por Random House/Mondadori. Nadie ha querido decir nada al respecto, ni los responsables de dichos grupos editoriales, ni la agente del escritor, ni siquiera él mismo. Se han filtrado unos comentarios desvaídos e inesenciales sobre cuestiones económicas y sobre el deseo del escritor de "ensanchar el incondicional pero limitado público del que goza ahora". ¿Gozar? ¿Mande? Tampoco ha abierto el pico Jorge Herralde. De ese silencio general de los implicados, yo deduzco que la cosa no ha sido fácil, y que no se trata sin más de un pase de unas filas a otras, algo estrictamente profesional y ya está. Una relación como la de Vila-Matas y Herralde no es un matrimonio (con uno tenemos bastante), pero tampoco es sólo una relación profesional, me imagino. Ni siquiera una mera amistad, en la que ni entro ni salgo, mi desconocimiento de las causas y circunstancias del caso concreto es total; no voy a eso. Tout court, lo cierto es que Herralde ha sido el editor de Vila-Matas. 16 títulos en el catálogo y una proyección internacional en la que (partiendo de la calidad literaria del autor) el editor ha tenido mucho que ver. Vila-Matas había sido el anti-Marías. Un ejemplo de que se podía haber sido descubierto y lanzado por Herralde, y de que merecía la pena mantenerse en el ámbito de una editorial como Anagrama, más allá de las consideraciones estrictamente económicas. Al final tampoco en este caso ha sido así, y supongo que habrá supuesto un mal trago para ambos, una de esas situaciones en las que uno tiene que acabar reconociendo, por triste que pudiera ser, que nada dura para siempre, y que don dinero es poderoso caballero.
Pero todo eso, naturalmente, me da lo mismo, no pienso entrar en ello, porque no tengo ni puñetera idea de qué ha ocurrido, y paso de lo que me cuentan los buitres de siempre; no me interesa algo que afecta sólo a los interesados. Por lo tanto, respecto del hecho en sí, yo, ¡chitón! Insisto en que voy a otra cosa. Acabo de leer la conversación que, con el título De l´imposture en littérature/De la impostura en literatura (Les bilingues, meet, 2009), han mantenido Vila-Matas y Jean Echenoz (supongo que la noticia que me ha dado pie a escribir esta entrada significa que no leeremos nunca un libro de Vila-Matas sobre Herralde como el que leímos de Echenoz sobre Jerôme Lindon, y vaya si lo siento). La impostura es un viejo tema vilamatiano: entre otras cosas publicó una novela con ese título en 1984. La conversación es desigual, no sólo indirecta sino también desigual. Hay una cosa preciosa, no obstante. Vila-Matas cuenta como "robó" una frase de Echenoz y como la utilizó después en uno de sus libros. Bien. Echenoz, a su vez, le habla de como una determinada frase, convertida en un objeto hallado al azar, se instala en nosotros y de como en un momento dado encuentra acomodo en el puzzle que llega a ser cada novela. O de como no lo halla. Esa parte es preciosa, porque vemos una cosa esencial a la creación literaria: el hecho de que una frase es una tesela, y la composición un mosaico en el que cada pieza, sea literaria o no, banal y caótica o redonda y perfecta, va encajando en la trama de los textos. La reelaboración consciente e inconsciente de un material infinito, inesperado y desubicado, la mayor parte de las veces. Sólo por eso merece la pena leer esta charla entre dos autores bastante más heterogéneos de lo que se podría pensar, en un principio.
En un momento de la conversación (supongo que el volumen es el resultado de un intercambio improvisado de emails), Echenoz dice que la literatura, la escritura, no es una profesión, y en eso acierta (aunque la mayoría, metidos en fichajes, lo olvide). Vila-Matas, en un alarde de no-originalidad dice que desearía ser Nadie, algo que todos han repetido desde Odiseo. Quizás por eso prefiera una corporación (como Planeta), a una editorial (como Anagrama). Son dos cosas muy distintas: una tiene alma y la otra no. Yo lo entiendo, y lo respeto. El deseo de ser Nadie. Pero lo del dinero, no, por favor. ¡Qué ordinariez y qué aburrimiento!
No creo que la literatura de Vila-Matas vaya a llegar nunca al gran público. Es su servidumbre y su grandeza, al mismo tiempo. Y menos aún en el caso de que sea él el que tenga que promocionarla y venderla, cosa que por descontado que le honra. Pero, en todo, caso, le deseo lo mejor en esta nueva singladura. Yo lo seguiré leyendo allí donde publique, aunque me gustaría verlo editado donde siempre. Era su sitio natural, indudablemente. Por último, conste que la foto la tomó el gran Danilo di Marco.
jueves, 2 de julio de 2009
Autorretrato de Miguel Angel

Acabo de leer la noticia del hallazgo de un autorretrato de Miguel Ángel en la recién restaurada Capilla Paulina del Vaticano. En este oratorio se hayan los frescos de dos escenas importantes que representan los tiempos apostólicos: La conversión de Saulo y La Crucifixión de Pedro. Las pinturas han sido sometidas a una restauración que ha durado siete años y, como no hay restauración de esta naturaleza que se precie, sin un descubrimiento historiográfico sonado, pues resulta que se ha informado de que en efecto, en La Crucifixión del primer Papa, se ha querido reconocer un autorretrato del genio tocado con un turbante azul (en la foto superior). En el diario La Repubblica se pone en boca del jefe de los restauradores de los Museos Vaticanos, Maurizio De Luca, que, en uno de los dos frescos de la capilla, el de la Crucifixión de Pedro, aparece un "autoritario" Miguel Ángel, con turbante azul como uno de los tres caballeros romanos que acompañan la crucifixión, a la izquierda de la escena. De la misma opinión es el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, quien precisa que "la restauración se ha hecho de forma excelente, el resto son opiniones, lo digo con toda sinceridad, el caballero con el turbante me parece que es Miguel Ángel aunque más joven porque en aquella época tenía 70 años". Al parecer de estos expertos se han sumado otros estudiosos del arte y del genio renacentista, entre ellos su biógrafo y restaurador, Antonio Forcellino, quien habla de una "restauración maravillosa que ha devuelto el esplendor original a la Capilla Paulina". Sobre el autorretrato dice que "forma parte de la tradición de Miguel Ángel" y que "en este caso aparece de modo evidente el tormento que caracterizaba el ánimo del artista, como en cada personaje de su obra". En cuanto al turbante con el que aparece tocado, dice que "acostumbraba a protegerse del polvo con un turbante blanco cuando trabajaba", y el hecho de que se muestre a lomos de un caballo es normal porque "a Miguel Ángel le placía cabalgar". Para la experta Cristina Acidini, del Polo Museale Romano, el rostro de Miguel Ángel se parece mucho al famoso retrato del genio pintado por Daniele da Volterra en 1541 y agrega que "su expresión es de sufrimiento, triste, tensa, como si comprendiese la injusticia que se estaba llevando a cabo" al crucificar a San Pedro boca abajo.
No sé muy bien que pensar de todo esto. Miro un poco sus obras y veo a Miguel Angel, con arreglo a esos criterios, en muchas otras imágenes, que deberían constituir otros tantos autorretratos. Sin ir más lejos, en el mismo fresco hay caras muy parecidas como la del hombre, junto a la cruz, en la foto de abajo, que por cierto está tomada antes de la última restauración.
Ubicada a dos pasos de la Sixtina, la Capilla Paulina, lugar de culto (en ella se expone el Santísimo Sacramento), y reservada al Papa, fue encargada por el papa Pablo III Farnese (1534-1549) a Antonio de Sangallo, que la comenzó en 1537. Miguel Ángel acometió los frescos sobre la Conversión de Saulo, que comenzó en 1542, y de la Crucifixión de Pedro, iniciado tres años más tarde, para concluir el conjunto en 1550. Estamos en los últimos años de la vida del pintor y poeta, que murió en 1564. Los años de la Capilla Paulina son justamente los que vieron el momento más intenso de amistad de Miguel Angel con Victoria Colonna. Una amistad que cambió el sentido espiritual y estético del artista, y de la que conservamos un testimonio elocuentísimo en los versos de los sonetos miguelangescos. La vita è breve e poco me n´avanza, escribe en el soneto 295. La vida es breve y poco ya me resta. Son los años del tormento místico que, como dijo André Chastel, pusieron fin al sueño y al éxtasis florentino. Son los años, y esto lo añado yo, de la ciencia de la cruz.
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