La actual Gallimard nace a finales de mayo de 1911 cuando André Gide, aconsejado por Paul Claudel, decide asociar la Nueva Revista Francesa, NRF, a una casa de ediciones creada a tal efecto. Para ello cuenta con Jean Schlumberger y con Gaston Gallimard, la persona que ocupa la gerencia de la empresa y que desde el primer momento busca, sin perder la impronta que Gide y la NRF otorgaban a la nueva editorial, una cada vez mayor independencia del autor de Los monederos falsos, tentado de hacer de Gallimard algo a su medida. En 1913 Gaston Gallimard compra a sus primeros socios todas las participaciones de la editorial y toma el control de la misma.
La idea se redefine: quiere inicialmente una empresa abarcable, con pocos gastos, ediciones poco decoradas, un repertorio amplio y abierto. Con dos obsesiones: la independencia respecto de cualquier servidumbre ajena a la calidad literaria (contrariamente a lo que se piensa, las ediciones de Gallimard han sido mucho menos restrictivas o sectarias que la mayoría de las editoriales) y el trato personal y directo con los autores. Los diferentes miembros de la familia Gallimard que han dirigido o trabajado en la casa (Gaston, Claude, Antoine, Isabelle, etc) se han distinguido por su amistad con muchos de los escritores. Junto a estos dos aspectos, el acierto de Gallimard ha estado siempre en el sexto sentido que han desarrollado sus directores para elegir a los colaboradores, directores de colección, miembros del célebre comité de lectura. La lista es realmente impresionante (de Rivière y Paulhan al principio a los Claude Roy, Camus, Kundera, Handke, Sollers, Le Clézio, Pontalis, Pierre Nora…) y el estudio de las fichas de lectura que se pudo llevar a cabo en parte durante la exposición en la Biblioteca de Francia resulta tan sorprendente como provechoso para los amantes de la literatura.
Hay algunos hitos en la historia de Gallimard que han hecho correr ríos de tinta y que están lejos de haberse esclarecido del todo. Las devastadoras consecuencias en Gaston de la primera guerra, la lucha por la independencia ante el vendaval del surrealismo, del existencialismo, del Nouveau-roman que amenazaba siempre con identificarles con algún movimiento o tendencia concreta, los casos “Gide” y “Proust”, la expansión comercial de entreguerras, mal entendida por algunos autores “de élite”, la discutida posición de los responsables en la etapa colaboracionista de Vichy, la muerte de Camus y Michel Gallimard en accidente de coche en enero de 1960, las alianzas empresariales y la renovada lucha por la independencia en los ochenta y en los noventa, etc. Cada situación merecería un capítulo aparte.
Sea como fuere, la historia de la editorial de la rue Sébastien-Bottin conforma una parte importante de la historia de la edición literaria en Francia, el país que durante el siglo XX ha servido de catalizador de lo más relevante que se ha escrito en el mundo. Cien años de aciertos, con pocos errores, cien años de lucha por el proyecto familiar de situar a la literatura en el alto puesto que debería corresponderle en la vida de la sociedad.
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lunes, 28 de noviembre de 2011
miércoles, 20 de abril de 2011
The Wire e In Treatment
He visto en las últimas semanas las cinco temporadas de The Wire. Alguien ha dicho por lo visto que si Shakespeare viviera hoy, escribiría así y por ese medio. Tal vez en efecto escribiría guiones, pero yo pienso que lo haría de un modo distinto. No mucho, pero es que en ese poco está todo. La serie no obstante me parece interesante. Podría hablar horas de lo que me ha sugerido, pero no lo voy a hacer. Por un motivo: se trata, creo yo, de una serie que apunta a fondo a lo político. En concreto a algo que cada día veo más claro (por ejemplo en el caso de la crisis económica, en general y en particular en el caso español). Lo que veo es que los Estados Unidos de América, lejos ya de la doctrina Monroe (América para los americanos), han convertido el mundo en una sucursal de su modo de vida y de su idea loca del progreso y la prisa como sistema. La consecuencia más funesta es que está convirtiendo la sociedad mundial en un mundo de ricos y pobres, con una distancia cada vez mayor entrambos. Ocurre en todos los países, no sólo en el llamado tercer mundo. Y es nefasto. Conozco mucha gente afectada en España por la crisis de mil modos, pero lo increíble es que en plena debacle general hay quien gana cada vez más dinero (algunos consiguen incluso que lo que han perdido se lo paguemos todos con los impuestos). Dos mundos, cada vez más lejanos entre sí, y que por supuesto acabarán chocando con violencia. En medio una corrupción política desatada. Una clase política instrumental en manos de los económicamente poderosos. Pero yo no soy un politólogo. No tengo soluciones. Ni una sola. Ni siquiera sé si tengo el menor criterio para hablar de esto. Como botón de muestra mi absurda teoría conspiratoria. Lo que me interesa de verdad de The Wire es el tempo, el ritmo del relato, su consustancial lentitud. Cinco temporadas, decenas de capítulos, cientos de horas de escuchas (es big brother que enseña su feo rostro amenazante), miles de emisión. Los mismos personajes, gestos parecidos, pequeñas variaciones. Lentitud para respirar al ritmo que marca una historia en la que no ocurre más que el transcurrir de la vida de los poderosos, de los corruptos y de los parias.Me dicen que estas series (The Wire, In Treatment) no tienen éxito. A la gente le aburren. De hecho la HBO no piensa continuar ni la una ni la otra. Habría margen narrativo, desde luego. In treatment se ha quedado varada en lo mejor. Paul Weston dice al final de la tercera y me temo que última tenporada, antes de despedirse abruptamente de la mujer que ama, que "tiene 56 años y que ha perdido su camino". In treatment es en algún sentido el reverso de The Wire. Frente a lo político, lo íntimo. La búsqueda sempiterna e irrenunciable de la felicidad personal. Algo que nos viene directamente de nuestro pasado colectivo, de nuestra tradición. Intentaré profundizar un poco en este punto en los próximos días.
martes, 29 de marzo de 2011
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Chillida-Leku

Hoy nos desayunamos con el anuncio de que el próximo 1 de enero cierra el Chillida-Leku. La razón aducida es que la familia no puede asumir el "déficit recurrente" del museo. A mí me lo enseñó el propio Eduardo Chillida, con el que pasé en aquellas campas una mañana delicosa. Lo curioso es que no hablamos para nada de lo que teníamos delante. Como Petrarca en la cima del Ventoux, el escultor y yo no paramos de hablar de Parménides y Heráclito, y de sus concepciones del tiempo. Después acudí con el poeta polaco Adam Zagajewski. Recuerdo que a la vuelta a Pamplona, en el coche, Adam se quedó dormido. Quizás soñaba con los versos de Guillén que le había recordado ante las esculturas de Chillida: Soy,más: estoy. Respiro/Lo profundo es el aire/La realidad me inventa/Soy su leyenda. ¡Salve! Yo pienso que la razón fundamental es que para que algo así pueda salir adelante hay, primero, que haber soñado con ello; sólo entonces la realidad lo inventa.
martes, 30 de noviembre de 2010
Plan Bolonia

Universidades europeas tan prestigiosas como las de Oxford, Cambridge o el Politécnico de Zurich se han negado a aplicar el plan Bolonia. Alegan que su objetivo como instituciones universitarias consiste en limitarse a enseñar a sus alumnos a "leer con inteligencia, hablar con precisión, escribir con claridad, razonar con lógica, pensar con autonomía, valorar con justicia y trabajar en equipo".
martes, 9 de noviembre de 2010
Una idea de Europa

A Segundo Marey lo salva la orden de Pepe Barrionuevo para que lo suelten cuando se entera de que está detenido...
Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA (…) el hecho descarnado era: existe la posibilidad de volarlos a todos y descabezarlos. La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto.
(Felipe González Márquez, Ex-Presidente del Gobierno de España)
lunes, 8 de noviembre de 2010
Benedicto XVI

"Come l`uomo mortale si può fondare su se stesso e come l`uomo peccatore si può riconciliare con se stesso? Come è possibile che si sia fatto pubblico silenzio sulla realtà prima ed essenziale della vita umana? Come ciò che è più determinante in essa può essere rinchiuso nella mera intimità o relegato nella penombra? Noi uomini non possiamo vivere nelle tenebre, senza vedere la luce del sole. E, allora, com`è possibile che si neghi a Dio, sole delle intelligenze, forza delle volontà e calamita dei nostri cuori, il diritto di proporre questa luce che dissipa ogni tenebra?"
(Palabras de la Homilia en la Catedral de Santiago de Compostela, Viaje apostólico a España, 6 de noviembre de 2010)
miércoles, 13 de octubre de 2010
Elogio de Mario Vargas Llosa

Alguien me decía el otro día que Mario Vargas Llosa, más de que de escritor, tenía pinta de presidente de una multinacional. Mejor para él. Una de sus muchas virtudes ha sido la de mostrar que la literatura es, también, un trabajo profesional, y que si lo cumples con la dedicación, el talento y el rigor con el que lo ha hecho él a lo largo de casi cinco décadas, al final tienes unos buenos resultados, también en lo económico. Además, en cierto sentido, existe la multinacional Vargas Llosa, una próspera empresa literaria con el mundo como escenario y con un único motor que no es otro que el conjunto de armas que el escritor ha esgrimido como nadie: tenacidad, abnegación, pericia. Lo primero que no se ha subrayado de modo suficiente, y que sin embargo pienso que es una clave fundamental para entender lo que pasa con el peruano, es la importancia que dio siempre a su formación. La amplitud y seriedad de lo que Vargas Llosa ha estudiado, en ese periodo inicial, los veinte años, los treinta, y el modo en el que ese bagaje (ese tesoro) lo ha marcado para siempre. Es doctor por dos universidades europeas, presentó sendas tesis doctorales (sobre Flaubert y sobre García Márquez), viajó, leyó hasta la extenuación, y no sólo literatura, también ciencia política, sociología, filosofía, y un largo etcétera. Además viajó desde muy joven, abriéndose a corazón abierto al mundo europeo y norteamericano, zambulléndose de lleno en la tradición occidental. No tomó atajos. Se lo curró, y vaya si se lo curró. Yo atribuyo su evolución política, y cultural, al rigor de esos estudios. Conociendo a fondo la obra de Hayek, de Kolakowski, de Milosz, de Popper, de Berlin, de Steiner, no se pueden seguir defendiendo la indigencia política y social. Hay errores que el conocimiento del derecho romano, de la lógica formal, de las doctrinas estéticas te impide cometer. Si a eso le añadimos la natural evolución personal, fruto del trabajo rendido, de la madurez y de la apertura mental, y de un coraje cívico poco común, eso nos da una figura política e intelectual tan extraordinaria como la de Vargas Llosa.
Yo he estado con él dos veces. Una en un lavabo para caballeros. Yo tenía dieciocho años. Fue el único momento en el que pude abordarle. Me da un poco de vergüenza decirlo pero ambos estábamos en una posición poco airosa, pero ese rato al menos estaba parado y yo pude hablarle. Conversamos sobre la vocación literaria, sobre el trabajo que exige a cambio, sobre la imaginación. Les expresé algunos miedos que me atenazaban, en el momento en el que había decidido dedicarme a la literatura de por vida, y él me habló con franqueza pero con cariño, animándome, acogiéndome. Se lo agradecí un montón. Muchos años después volví a encontrarle, en otro acto multitudinario, y hablamos de nuevo unos minutos. En este caso le pregunté si pensaba escribir su autobiografía. Me dijo con rotundidad que no, que, a pesar de haber llegado a los setenta, prefería mirar hacia delante.
He leído mucho al primer Vargas Llosa. Los Jefes me parecen unos relatos, casi una novela, llena de vida y de magia. La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral, La Tia Julia, La guerra del fin del mundo son obras muy logradas. Técnica y vida están en un equilibrio más que conseguido. Me paré en El Hablador, y después no he leído ninguno de los siguientes. No he seguido su evolución como escritor de ficción. Algo me lo ha impedido: creo, sin más, que sus demonios (pegados a un cierto exotismo) no son los míos. Y los demonios, como él nos enseñó a sus discípulos, no se eligen.
Uno de los temas recurrentes en su obra es el de la lucha del individuo contra las estructuras del poder. He leído en el avance de su próximo título, un comienzo netamente kafkiano, alguien que despierta en la pesadilla del encarcelamiento. Pero no es a Kafka a quien se parece Mario Vargas Llosa, como figura literaria y social. Yo pienso que la referencia es más bien Thomas Mann. Su obra tiene una ambición y una amplitud similares. La relación que ha mantenido con la política de su tiempo se pueden comparar con mucho aprovechamiento para comprenderles a ambos. Su independencia. El apego al realismo en una época de florecimiento de poéticas de vanguardia y de formas metadiscursivas. El realismo se mantendrá siempre. No es la única vía, ni la que más me interesa a mí, pero no se me ocurriría menospreciarla.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Periodistas

El otro día, en un comentario, acaso precipitado, hablé de mi escepticismo respecto de la prensa actual (el problema no es, en absoluto, sólo español, aunque desde luego el mundo anglosajón, de tradición liberal, es otra historia, como también es diferente el ámbito alemán). Dije que en España quedaban periodistas, y señalé un blog concreto. Ahora quiero ampliarlo con una breve lista de blogs de periodistas que consulto a diario. Como veréis, hay personas de diversas tendencias políticas (yo diría que en el fondo son todos liberales), pero tienen en común algo que me parece imprescindible para ejercer este noble oficio: la mesura y la prudencia.
P.S. Por favor, si alguien quiere sugerir otras voces, yo estaré encantado de agregarlas a mis favoritos
jueves, 7 de enero de 2010
10 años con minúscula

En efecto, si miro los créditos de mi destartalada edición de Verde agua, veo que se publicó hace ahora diez años, en el prometedor año 2000. No salió solo, ni siquiera fue el primer libro de la nueva editorial, ya que en su lomo lleva un flamante número 2. El primero, la primera apuesta de minúscula, fue un espléndido Joseph Roth, Las cuidades blancas, traducido de manera excelente por Adan Kovacsics. Era no sólo prudente sino lógico empezar con Roth. Era lo adecuado. Pero era importante continuar inmediatamente con Marisa Madieri. ¿Por qué? Roth constituye un símbolo para alguien como Valeria Bergalli, editora y creadora del sello: el símbolo de una Europa cosmopolita, de raíz griega y judeocristiana, moderna y racional, ilustrada, subjetiva y política, abierta y combativa, democrática y ética. Una Europa civilizada y civilizadora que supera las fronteras físicas del continente europeo. Quizás nadie como Roth (habría que remontarse a Cervantes, a Moro o a Erasmo) representa más a fondo la grandeza de un fracaso, el intento desesperado por vivir con la plena dignidad inherente a la vida humana. Pero, al mismo tiempo, era necesario que le siguiera de cerca Madieri: esa Europa ensoñada, y vivida, está lejos de ser una quimera, algo que pertenece sólo al pasado. Se trata de un espacio vivo, presente, que debe reencontrarse en la experiencia de escritores coetáneos. Marisa Madieri lo era. Y el tándem funcionó a las mil maravillas: Verde agua se convirtió en un éxito, el long seller de la editorial, que, al mismo tiempo, lo redescubrió en más de un país europeo. He seguido esta aventura intelectual desde el primer volumen hasta el último (el no menos imprescindible París, Francia, de Gertrude Stein). En medio, he paseado de la mano de minúscula por los paisajes (narrados) de media Europa, de Nápoles a Praga, de Venecia a Kolyma, de Nueva York a las fronteras árabes del Estado de Israel. Hay que decir claramente que la selección de minúscula es grandiosa. Los temas que le interesan a Valeria (el lenguaje, el sexo, la memoria, la creación poética, los mecanismos perversos de la exclusión y la violencia política) son los que más me interesan a mí también. Me atrae una tradición, pero sólo en la medida en que permanece viva y renovada en la actualidad. Eso, con la prudencia que aconseja una empresa económicamente muy dificultosa, lo ha sabido hacer Valeria como nadie. Un día de diciembre de 1983, Marisa Madieri miraba "el trozo de cielo que se recorta al fondo de la calle Catraro, y que se tiñe, durante la puesta de sol, de púrpura, y que cuanto más frío y terso es el aire, más se enciende el rojo y refulge el rubí" (Verde agua, 134). Yo estoy seguro de que, en estos diez años, Valeria Bergalli habrá sentido el frío de una empresa titánica y, en buena medida, solitaria. Pero, como en la descripción citada, ha sido ese frío, aceptado con coraje, el que ha hecho que tantas páginas de literatura brillen como el rubí ante los ojos de los lectores de minúscula.
P.S. No lo hago nunca, pero, ¿sería mucho pedir que, quienes hayáis leído y disfrutado de algún libro de la editorial, dejarais al dorso un comentario para Valeria? Se lo merece.
sábado, 17 de octubre de 2009
ABORTO

Mi querido amigo Fernando de Haro me manda el Manifiesto Sobre el Aborto que Comunión y Liberación ha presentado a propósito del proyecto de ley que, próximamente, va a tramitarse en el Congreso de los Diputados de España. Me lo manda y me propone que responda a unas preguntas acerca de ese texto, para publicar mi opinión en PáginasDigital.
-¿Qué le ha parecido el manifiesto?
Me parece un escrito que intenta hablar de muchas cosas al mismo tiempo. De cosas muy complejas y difíciles en muy pocas líneas. Algunas cuestiones se solapan, en una cierta confusión, pero se trata de un texto que parte de una idea que comparto: que el problema del aborto, tal y como está planteado hoy, surge en realidad de la extensión de una mentalidad que se enfrenta a la vida, propia y ajena, desde la ausencia de sentido. Algo a lo que el propio aborto contribuye, en una espiral nefasta, a aumentar de manera exponencial, aunque no irreversible.
-¿Que le parece la vinculación del aborto con la cuestión del gusto y el sentido de la vida?
Permítame que me extienda un poco más sobre este punto crucial. Me parece una vinculación al mismo tiempo problemática y ajustada. Parece escandaloso, ante la tragedia del aborto, ante el hecho de que una vida nueva sea segada en su mismo comienzo, ahora de manera impune, y hasta sobreprotegida por parte de una ley inicua, una anti-ley de signo totalitario, hablar sin más del gusto por la vida. No pocos abortos se perpetran en nombre de una determinada concepción de la vida en la que la enfermedad quiere, como un fin que todo lo justifica, ser excluída del mapa de la vida: sólo se considera digna de ser vivida una vida en la que el disfrute no quede de entrada impedido por la enfermedad; también se cree que un embarazo prematuro, en una adolescente, trunca inevitablemente su vida, si se quiere que ésta sea razonable, placentera o gustosa. Hay que ser muy cuidadoso con las palabras. Quizás podría comprenderse mejor el mensaje si se mencionara directamente la palabra amor, la vinculación afectiva con la vida. El afecto a la propia vida (con todos las carencias y limitaciones que siempre presenta, pero también con todo su secreto esplendor) está íntimamente unido al amor a la vida ajena. Esencialmente se trata de una relación entre personas, o sea, de la proyección exterior de nuestra vida más radicalmente íntima. Un apertura a otro. Una aventura, de conocimiento y amor a otro. Es mucho más importante darse cuenta de que un niño concebido es alguien, es otro, autrui dicen con singular precisión los franceses, que reconocer que, además, es nuestro hijo. La alteridad es algo más radical y anterior aún que la filiación. Otro que por serlo es, de entrada, literalmente intocable. Alguien que debe ser paulatinamente acogido y amado. La historia de la humanidad es siempre una cadena, hecha con eslabones de amor o de indiferencia u odio. Un amor que al crecer en nosotros, nos hace crecer; en realidad es lo único que nos hace crecer como personas. Lo único importante. Sólo si se descubre el amor personal, cosa de la que siempre se está a tiempo (por duras e inhumanas que hayan sido las condiciones vitales que han rodeado la existencia de alguien), la vida adquiere un sentido. Hasta el punto de que se está incluso dispuesto a "perderla" en favor del otro.
-Se habla en el texto de la necesidad de una respuesta educativa para responder a la mentalidad que subyace a la reforma de la legislación. ¿Qué le parece?
-Me parece indispensable una respuesta en ese plano. Sobre todo porque se trata de una respuesta indirecta, pero por eso mismo siempre más auténticamente conformadora. A amar la vida, a contemplar su dignidad inviolable, en todos los casos (especialmente de la vida indefensa o enferma), no se enseña indicándolo de un modo imperativo sino, indirectamente, fomentándolo de un modo natural en todos los momentos de la vida.
-¿Cómo cree que es posible responder a la soledad que acompaña al aborto?
-Poniéndose siempre de parte de quien sufre. Primero, de la criatura a la que se le mata. También, por supuesto, acompañando la soledad y el sufrimiento de las madres y los padres de esos niños que no verán la luz. Especialmente después de haberse llevado a cabo la injusticia. Tengo cerca de mí personas que han cometido abortos. No voy a decir que desde entonces les quiero aún más. No es exactamente eso, pero hay algo insondable que me une más a ellos; quizás sea la intuición de un dolor que comparto plenamente. Lo siento. No sé explicarme bien. No hemos siquiera comenzado a imaginarnos el dolor que un solo aborto genera en todos: en los que participan directamente en su ejecución pero también en todos los que formamos la sociedad, que aún antes que política, es humana.
(La imagen es de Onement VI, un cuadro de Barnett-Newman de 1953)
jueves, 15 de octubre de 2009
¿Quién necesita a este señor?
¿Es que hace falta hacerse inventarse una conspiración anticatalana, apelar al pasado, a lo peor de cada uno, para hacer una carrera política? ¿Cuesta tanto apearse del cargo pagado con el dinero de otros? ¿Cuesta tanto volver a ganar el dinero con el sudor de la frente, y no a cuenta de las vísceras y la sangre del prójimo? ¿A quién quiere engañar este señor? ¿Consiste en esto el amor a Cataluña? ¿A quién ha leído este señor? ¿A Foix, tal vez, a Carles Riba, quizás a Joan Sales o a Martí de Riquer, a Joan Vignoli, a la Marçal, al Pla? ¿Sobre qué ha reflexionado o escrito? ¿En quién, de todos ellos, ha mamado ese odio y esa voluntad decimónica de exclusión? ¿Qué tiene realmente que aportar a una sociedad como la catalana, además de la desunión y el rencor? ¿Y a la española, de la que forma parte? (¿Acaso escuchó el discurso de Saramanch ante el C.O.I el otro día? ¿Qué parte no entendió de lo que dijo ese otro señor?)
Y todo por hacerse un hueco miserable.
Que inmenso ego, ¿no?
¿Dónde están los Raventós, los Trías Fargas, Narcis Serra, Miquel Roca…?
Me costaría mucho encontrar, en los últimos treinta años, un caso más evidente, patético y funesto de tartufismo en la política contemporánea europea. Hace falta tener caradura para hacer semejante papelón y encima poner cara de creérselo.
Este señor guarda un parecido siniestro con algunas de las figuras más mostrencas de la historia reciente. Y las consecuencias de esas acciones, vanidades y desaprensión aún las estamos pagando muy caras. Ese el único motivo por el que me ocupo en esta bitácora de un señor tan aburrido e insignificante por sí mismo. Y porque pienso que, ojo, ojalá me equivoque, vamos a tenerle delante para rato.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Viva Cuba Libre

La paz, sin la libertad, no es siquiera la paz de los cementerios. Es inhumana, vejatoria, terrible. Además, yo no me fío de los cantantes españoles que han promovido el concierto de La Habana del 20 de septiembre de 2009. Me parecen sectarios en lo político, equidistantes con algunas dictaduras (y las democracias) y, salvo excepciones, muy, muy flojos desde el punto de vista artístico e intelectual. No obstante, he querido reproducir aquí, por su admirable ponderación, por su lucidez, la entrada que escribió, a propósito, Yoani Sánchez:
Mañana amanecerá como cada lunes. El peso convertible seguirá por las nubes, Adolfo y sus colegas tendrán otro día tras las rejas en la prisión de Canaleta, mi hijo escuchará en la escuela que el socialismo es la única opción para el país y en los aeropuertos nos seguirán pidiendo un permiso para salir de la Isla. El concierto de Juanes no habrá cambiado significativamente nuestra vida, pero tampoco fui a la Plaza con esa ilusión. Sería injusto exigirle al joven cantante colombiano que impulse aquellos cambios que nosotros mismos no hemos logrado hacer, a pesar de desearlos tanto.
Estuve en aquella explanada para comprobar cuán diferente puede ser un mismo espacio cuando alberga concentraciones organizadas desde arriba o cuando cobija a un grupo de personas necesitada de bailar, cantar e interactuar, sin la política de por medio. Fue una experiencia rara estar allí, sin gritar una consigna y sin tener que aplaudir mecánicamente cuando el tono del discurso apuntaba que era el momento de ovacionar. Claro que algunos elementos sí se parecían a los de cualquier marcha por el primero de mayo, especialmente la proporción de policías vestidos de civil dentro del público.
Ciertos detalles técnicos resultaron incómodos. El audio no se escuchaba bien, la pequeña pantalla que reproducía lo que ocurría sobre el escenario no se veía en la distancia y la hora elegida era inhumana, por coincidir con los peores momentos del sol. Por suerte se nubló después de las cuatro y los que estaban atrincherados debajo de los pocos árboles se lanzaron a bailar con Orishas. Son detalles a superar en la próxima presentación que hará Juanes en Cuba, esa donde no abundarán las fallas técnicas y en la que sí podrán cantar los excluidos de esta tarde.
Si vemos la presentación de este 20 de septiembre como el ensayo general del concierto que algún día tendremos, entonces hay que felicitar a los que participaron. Incluso si no hubiera otra y la Plaza retomara sus solemnidad y su grisura, al menos esta tarde de domingo vivimos algo diferente. En un sitio donde se ha sembrado sistemáticamente la división entre nosotros, Juanes –al caer el sol- ha gritado “¡Por una sola familia cubana!”
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