domingo, 6 de diciembre de 2009

Without You (Mariah Carey/Nilsson)

Hace hoy justo cuatro años murió mi madre. En una madrugada templada, como la de hoy. Me parece que ha ocurrido hace cinco minutos, o que todavía no ha acabado de perpetrase del todo esa tragedia. Recuerdo la voz de mi hermano mayor, a las seis de la mañana: "Mamá ha muerto". Aún no me lo puedo creeer del todo. Sigo de duelo. La quise con toda mi alma, pero siempre tuve la sensación de que, con todo ese amor, no había siquiera empezado a devolverle ni una mínima parte de lo que ella me había querido primero, antes. Cuando se murió pensé, con la canción de Harry Nilsson, que no podía seguir viviendo, que no podía dar un paso más sin ella. Y lo peor es que ya no me quedaba absolutamente nada que dar a nadie. Con su muerte lo había perdido todo. Entonces, yo, sólo miraba a mis hijos. Sólo a ellos: Álvaro. María Victoria. Paula. Inés. Sólo ellos podían en parte suplir ese amore perduto. Y me di cuenta enseguida de que ellos me miraban a mí. De que me estaban esperando. Cuatro años más tarde, me doy cuenta de que acerté, por puro instinto: se vive por ellos, se vive para ellos. Lo demás, importa muy poco, o nada, en realidad. Es una cadena, una cadena de amor.

9 comentarios:

María dijo...

Un abrazo muy fuerte, Al.
Here:
http://www.youtube.com/watch?v=rUQWCpukraw

delarica@unav.es dijo...

gracias Mary

Belnu dijo...

Sí, esas pérdidas no se acaban nunca. Mi padre murió el 2 de diciembre de 1998, fíjate si hace tiempo y aún ahora me sigue doliendo, como esas cicatrices que se despiertan al cambiar las estaciones o esas fechas simbólicas que remueven internamente. No sólo eso. Aún ahora, muchas veces tengo un rápido impulso de llamarle, de decirle, de contarle algo. Y en seguida llega inflexible el recuerdo de que ya no está. Trampas o burlas crueles de la memoria, como dardos en la diana. Así que te entiendo.

delarica@unav.es dijo...

gracias Isabel
algo hablaremos de esas pérdidas y de esas presencias el día 11

Anna A. dijo...

Recuerdo aquella época: las conversaciones que versaban sobre lo mismo, mi dolor trasladado al tuyo, las comparaciones y las diferencias. Sí, parece que fue ayer...

Pero igual que entonces, siempre te recordaré lo importante que es seguir. No a cualquier precio, no por inercia, no por no tener otra opción. Sino porque a ellas se lo debemos. Su fortaleza no podemos devolverla con nuestra cobardía, porque jamás nos lo perdonarían. Y ahora, esas cuatro preciosas joyas que te miran se sienten orgullosas de tomar como ejemplo a alguien que continuó pese al dolor. Porque eres, desde entonces, su fortaleza.

Muchos besos. Como siempre.

delarica@unav.es dijo...

claro, Anna, hay que seguir, pero yo, que soy un maniático, no paro de preguntarme por qué

si todos los acontecimientos suceden una vez, pasan, si se limitan a consistir en un pasar, como las vidas, y son absorbidos por el pasado, sin más ni más, fin de la película, si la muerte es la última palabra, o si su eco sólo son otras palabras que, a su turno, también pasarán, si no hay nada que permanezca realmente, si no hay ninguna presencia real, si yo pensase eso, creo que no seguiría adelante

por cierto, hablando de todo un poco, me debes una mariscada

Anna A. dijo...

una mariscada y una foto. sí, lo sé.
si quieres, la foto te la entrego en mano esta semana (tengo que subir a Pamplona el jueves y el viernes tengo todo el día hasta que coja el autobús).

lo de la mariscada, requiere tu presencia en Barcelona. condición sine qua non...

delarica@unav.es dijo...

hecho!

Icíar dijo...

Hace tiempo que me doy cuenta que el verdadero éxito en la vida es el vació que queda cuando uno desaparece. Tu madre es un ejemplo de eso.
Y a los que sienten ese vacío lo único que les puedo decir es: tenéis suerte, y me alegro por ello :)