martes, 1 de diciembre de 2009

Philip Roth

El otro día, en el Alvia Pamplona/Madrid leí, de un tirón, Engaño (Deception) de Philip Roth (Seix Barral, 2009). Una vez más comprobé que los libros caen en nuestras manos en el momento más oportuno; a veces, no nos damos cuenta, pero otras el hecho es tan patente que las manos nos tiemblan al sostener ese libro, que nos está leyendo, y diciendo exactamente lo que nos ocurre por dentro. De todos los libros de Roth que conozco (y van unos cuantos), esté es sin dudarlo el que me ha parecido más completo y esencial, el que de alguna manera contiene a todos los demás. Pienso que es una novela cubista, teniendo en cuenta que el cubismo consiste en reflejar aleatoriamente los diferentes planos de la realidad, yuxtaponiéndolos de un modo que resulte a la vez libre y significativo. Los planos principales aquí son, al menos, los siguientes: la sucesión serial de las conversaciones, o los fragmentos de conversación, de dos amantes adúlteros, después del coito (a veces son dos o tres frases, a veces parecen haikus), la historia de amor del narrador con una mujer checa, contada por ella misma, las reflexiones sobre la relación vida-literatura (secreto-expresión), y sobre la condición de judío, el diálogo (amplio, profundo, matrimonial) del narrador con su esposa, acerca de lo que escribir significa en el plano del compromiso que mantienen, y, finalmente, una larga charla telefónica del narrador con su antigua amante, en la que tratan de dilucidar el valor de la ficción en su ya lejana, pero nunca del todo olvidada, historia de amor. Parece un embrollo, y en parte lo es, pero para quien se dedica a escribir, por vocación, cada uno de esos sistemas solares, fijados en el negro firmamento del escritor de Newark, se perfila como un horizonte de comprensión radical del fenómeno literario, y de algunos de los recovecos más radicales de la propia alma. En un momento dado, la mujer del narrador le pregunta, en forma de reproche, que por qué ha mantenido el nombre de Philip en la historia del adulterio. Le dice que hubiera sido mejor, para todos (ella incluida) haber recurrido al expediente Zuckerman (ese alter-ego de Roth). El narrador (al que "le crispa que le digan lo que debe escribir"), le indica que las notas del cuaderno (o sea, la parte del libro que trata de los encuentros amorosos, o mejor dicho de lo que se cuentan, después de, los amantes), se refieren directamente de él. Que por eso ha mantenido su nombre propio. "¡Pero si acabas de decirme que ese hombre no eras tú!", contesta la mujer. Y el narrador responde, con una sabiduría cervantina: "No, te he dicho que soy yo en el acto de imaginar. Es la historia de una imaginación que ama". Extraordinario. No conozco una aproximación más exacta.
La conversación nocturna continúa así:
-Si, ya veo que dejar la decisión (de pensar a quien se refieren tus historias) en manos de tus lectores puede ser muy divertido tanto para ti como para tus lectores, pero ¿y yo?
-Si insistes en no creerme también tendrás que decidir.
-Me refiero a mi humillación.
-¿Cómo puede humillarte algo que no es cierto? No soy ese hombre, estoy lejos de serlo… ¡Es una representación, un juego, una imitación de mi mismo! Hago ventriloquia conmigo mismo. O quizás sea más fácil entenderlo al contrario: todo está falsificado excepto yo. Tal vez incluso yo mismo lo esté. Pero de uno u otro modo, cariño, todo se reduce a una invención, un entretenimiento del homo ludens.
-¿Y quién va a saberlo aparte de nosotros?
-Mira, ni puedo vivir ni vivo en el mundo de la discreción, por lo menos como escritor. Te aseguro que lo preferiría, pues mi vida sería así más fácil. Pero, por desgracia, la discreción no es para los novelistas, como tampoco la vergüenza. Sentirme avergonzado es algo automático en mí, ineludible, incluso puede ser bueno. Lo criminal es ceder a la vergüenza.

16 comentarios:

Belnu dijo...

Reconozco esa imagen temblorosa del libro que nos lee, que sabe lo que nos está pasando, y que a veces hemos encontrado -creemos- por azar o destino (o por la búsqueda del inconsciente, como yo ponía en mi post de Philip Forest), y qué bien entiendo la exasperación irritada de ese "narrador (al que "le crispa que le digan lo que debe escribir")"...

Ion dijo...

¿Es un juego o el título del post está equivocado? (Si no quieres, no publiques el post, no aporta mucho).

delarica@unav.es dijo...

No, no era un juego, en este caso; era un lapsus, ¿en qué estaría yo pensando?
Gracias por estar al quite

delarica@unav.es dijo...

bel, no te pierdas este libro. Siempre se ha dicho de Kafka que era un escritor para escritores, pero pienso que Philip Roth es, nowadays, algo equivalente
algunas de nuestras conversaciones recientes (con marido, esposa, hermanas y perros de hortelano) paracen sacadas directamente de esas páginas
y con que lucidez van siendo despachados todos los miedos, los fantasmas y los fantoches que acechan malignamente a quien escribe

Henohenomoheji dijo...

Conozco de cerca esta problemática, hace que a veces me pregunte si las pequeñas victorias (siempre son pequeñas) en el campo de la escritura compensan los daños colaterales (a veces devastadores) que ésta provoca. De todos modos yo también coincido en que no se debe ceder a la vergüenza.

delarica@unav.es dijo...

me encanta que hablemos del mismo, o parecido, idioma
pues no lo sé, querido amigo, no lo sé si compensan
personalmente estoy en una encrucijada
cuando ocurra lo que tiene que ocurrir, se lo contaré
eso es lo único bueno, que de un escritor, como con el cerdo, se aprovecha todo, incluidos los daños colaterales que provoca, sin querer queriendo

Eterna dijo...

D.Lessing decía que el libro que nos aburría de jóvenes, podía iluminarnos de adultos. Que nunca se debe leer un libro si no sentimos que sea nuestro momento. Supongo que hay momentos para los libros, y que cuando encontramos uno de esos libros, perfectamente adecuados para nuestro actual momento, es casi un encuentro romántico.

delarica@unav.es dijo...

totalmente romántico, y maravilloso, porque lo que obtenemos es una plenitud

David dijo...

Un análisi muy lúcido sobre uno de los muchos méritos del mejor escritor vivo que hay. Gracias por hablar de Philip Roth.

delarica@unav.es dijo...

de nada, gracias a ti

Belnu dijo...

Acabo de encargar Deception, ¡gracias por la recomendación! A mí a veces no me gusta Roth (lo demasiado americano, lo demasiado viril) y otras me apasiona (lo judío, la memoria, la escritura, el humanismo, el humor)

delarica@unav.es dijo...

pues es Roth quintaesenciado, de manera que supongo que te exasperará a tope (como a mí, por cierto), y en parte te hará disfrutar otro tanto: fíjate en el breve diálogo que he copiado: qué fórmulas, que modo de enfrentarse con la cuestión de la literatura como medio natural del homo ludens

molinos dijo...

Hacía tiempo que no pasaba por aqui. Veo que has cambiado el formato y hablas de Roth.
me gustan las dos cosas.

delarica@unav.es dijo...

me ha encantado ese libro, y me alegro de que, aunque sea poco lo que pases, no te olvides del todo

Eidyllion dijo...

Buscaba a Roth y he aterrizado por aquí!

Cuando nos hablas de amor es lo tuyo también la historia de una imaginación que ama?

Por cierto, al igual q los libros, hay personas que nos aburrían de jóvenes, que nos enamoran de adultos, y lo que es peor, nos pena no haberlo descubierto antes... Casar con un libro en un momento especialmente profundo de nuestra vida es una experiencia que desata todos nuestros sentidos.

delarica@unav.es dijo...

ojalá pudiera contestarle a su pregunta, querida amiga