viernes, 24 de abril de 2009

Pierre Le Tan

¡Qué extraño es el mundo de "un artista"! Hay que ganarse la vida, alimentar a la familia. Los encargos se suceden. Siempre se trabaja con urgencia. Nunca se tiene la oportunidad de mantener el más mínimo distanciamiento con lo que se hace. A veces nos gustaría tener tiempo para dedicarnos a un proyecto más personal: un libro, un cuadro o, simplemente, un dibujo que nos apetecería hacer. Y esto sucede, claro, pero elaboramos tantísimos proyectos que no llegamos a realizar, que siempre nos quedamos insatisfechos.
A menudo pienso que nos gustaría hacer otra cosa, o ser más libres. Luego pienso en los grandes artistas, y mucha veces veo vidas muy laboriosas: Picasso y su obsesión por estar siempre "a la moda", Balthus, fabricando meticulosamente su propio misterio, Dubuffet, clasificando metódicamente hasta el último de sus garabatos, o estos contemporáneos, cuyo éxito es tal que se convierten en una especie de hombres de negocios, rodeados de todo un equipo. Al que admiro sin reservas es a Giacometti, constantemente insatisfecho, viviendo sólo para su arte, sin preocuparse por el reconocimiento, ni por el éxito material. Para mí, es un santo en el mundo del arte.
Más modestamente, el otro día estuve pensando en Jean Oberlé, un artista totalmente olvidado de lo años treinta cuyas memorias estuve releyendo: La vie d´artiste. Tenía el mismo oficio que yo, hacía dibujos para la prensa y la edición, y a veces exponía unos cuadros llenos de frescura. Era amigo de Pascin, Derain, Bérard, de gente corriente y de gente famosa. Ganaba poco dinero pero tenía una vida maravillosa en la que se sentía libre y sin ataduras. Imagino con nostalgia la ligereza de una existencia así. En nuestros días, los artistas tienen que ser también contables y preocuparse por unos problemas que ni siquiera existían en tiempos de Oberlé. Entonces me digo que, más que otra cosa, esa despreocupación es la que me falta en esta época tan dura y desprovista de encanto. Pero, ¿acaso la despreocupación, por muy tentadora que sea, no se encuentra en el extremo opuesto a las preocupaciones de un artista?
Diciembre 2003

5 comentarios:

Lauren Mendinueta dijo...

Álvaro, me parece un texto magnífico. Al final se aplica a todos los artistas: pintores, músicos, escritores, actores. A los que vivimos de una vocación. Abrazos

delarica@unav.es dijo...

A mí me pareció una reflexión llena de sabiduría ¿Conoces su trabajo? es realmente extraordinario; ha sido durante años portdadista de New Yorker, y ha hecho muchas de las portadas de la colección folio bolsillo y de faber and faber; el Museo Reina Sofía le dedicó una exposición antológica en 2004.

zbelnu dijo...

Giacometti! Yo traduje un catálogo de exposición y algunas cosas suyas se me quedaron grabadas para siempre, su obsesión y su dedicación total, lo que contaba su hermano de que mientras comían, sentía su mirada sobre él e intentaba dar bocados grandes porque sabía que le haría un gesto hacia el taller, para que posara para él. O aquellos hombres andantes (cuando él tuvo el accidente) y aquellas mujeres extáticas e iluminadas, aquellas figuritas que cada vez eran más pequeñas y desaparecían "avec un coup de canif". Y el comentario de un crítico que dijo que La Pedrera de Gaudí, tan desacralizada por la Caixa, había recuperado algo de espíritu con Giacometti

delarica@unav.es dijo...

soy yo quien da las gracias (aprendí mucho ayer de Ud.). Vi esa exposición de la Pedrera varias veces (el comisario, Jean Louis Prat es amigo mío) y la verdad es que fue impresionante, como otras que ha realizado en la Pedrera (la última la de De Stäel); he mirado el catálogo anoche y hay algunos textos que merecen la pena, sobre todo el de Bonnefoy y el del propio Jean Louis. ¿De qué exposición es ese otro catálogo con sus traducciones? Me gustaría encontrarlo. A mí siempre me ha llamado la atención de Giacometti, de sus figuras, es que al adelgazarse progresivamente, hasta quedar expuestas a la disparition de la que Ud habla, parece que dejan más espacio para los demás, llenándose a su vez de una enorme dignitas. Así es el ser, que aparece desapareciendo: algo tan difícil de hacer en la vida.

zbelnu dijo...

Eso que dice es muy bonito, es verdad lo de ocupar cada vez menos espacio parece un aspecto de esa ascesis suya tan iluminada. Hay una escultura de una mujer en su peana que parece irradiar luz. El catálogo que yo traduje era ese mismo de Jean-Louis Prat y Yves Bonnefoy, que es otro favorito mío y al que cité en "Los meandros...". También yo aprendo de usted!