viernes, 10 de abril de 2009

Notas para un diario 101

Creo recordar que en una ocasión le preguntaron a Azorín cuál era el sentido de su escritura, y contestó que en realidad se había pasado toda la vida escribiendo un único libro, y que si tuviera que titularlo no habría dudado en escribir encima "España y Francia, o Francia y España". No fue algo muy distinto lo que hizo Pla desde Cataluña, con Francia y acaso también con España; al menos así lo veo yo. O Miguel Torga, en este caso con el iberismo hispano-portugués. No me refiero a lo que le ha ocurrido a Antonio Tabucchi con Portugal. No se trata sólo de conocer sólo un país a fondo, de dejar que nos adopte, de vivir en su lengua y su literatura (sin perder la nuestra) con plena libertad y satisfacción. Esto es mucho, una gran riqueza para quien tiene esa vivencia. No es eso. Se trata de vivir permanentemente en la frontera de dos ámbitos o territorios diferentes, de vivir casi casi para que estos se unan, siendo como son diferentes. De dedicar la vida a estudiar el modo en el que ambos se han ido vinculando en el tiempo y conformando mutuamente. Magris (que hoy cumple 7o años: vaya desde aquí mi felicitación más cariñosa al amigo entrañable) o Florence Delay (¿cuándo voy a poder hablar de ella a fondo?) lo han conseguido con Italia y el mundo germánico o precisamente con Francia y España en el caso de Florence. Creo que si con el tiempo esos cinco escritores conforman mi canon particular, si me siento cada día más unido a ellos, es por esta razón de fondo: por que han vivido en la frontera entre dos mundos que a la vez están íntimamente vinculados (dos mundos que son mi propio mundo). Yo procuro seguir sus pasos y creo que mi próximo libro podría llevar el título con el que Azorín pensaba coronar su inmensa obra.
Ayer, tarde de jueves santo, me encontré nuevamente en esa frontera franco-española (en la foto, España vista desde Francia en el Col de Benteartea) en la que siempre he vivido. Acudimos a la colegiata de Roncesvalles a participar en los oficios (en la foto de abajo). Llevo años haciéndolo. Había peregrinos de al menos quince países y en la Misa se habló en español, francés, italiano, alemán, inglés, latín y vasco (el Padrenuestro se cantó en esa lengua vieja y noble). Me gusta la atmósfera que se crea: te encuentras en un lugar en el que se está de paso y al mismo tiempo querrías permanecer ahí siempre, bajo el oro y la plata, entre las piedras y la luz azul de las vidrieras, oliendo a incienso y oyendo el dulce sonido del órgano. Me gusta que se cuide el culto. Me ayuda a rezar (cosa que buena falta me hace). Se me metió muy dentro, hace muchos años, las palabras de la antigua bendición de los peregrinos con las que acaban allí las misas: ¡Oh Dios que sacaste a tu siervo de Ur de los Caldeos… Sé para nosotros/compañero en la marcha/guía en las encrucijadas/aliento en el cansancio/defensa en los peligros/albergue en el camino/sombra en el calor/luz en la oscuridad/consuelo en los desalientos/ y firmeza en nuestros propósitos. Ayer pensaba que yo asocio todas esas cosas con Paula. Como soy más lento para todo que una mula, iba pensando en todo esto mientras bajábamos el puerto de Ibañeta camino de Biarritz. Sobre un mar de verde se destacan los rojos, morados y blancos de algunos cerezos en flor, tilos y almendros que crecen en las cunetas o en los jardines de los caseríos. La luz sin embargo permanece azul y dorada. Los niños tienen cada uno su ipod. Yo no necesito nada. Si no fuera porque voy conduciendo, en esos momentos, me hubiera bastado con cerrar los ojos.

6 comentarios:

molinos dijo...

A mi tambien me gusta que se cuide la liturgia aunque yo no practique.
Me han gustado estas reflexiones, llevaba dias limitandome a leerte en diagonal..probablemente por mi culpa..por supuesto.
La foto nueva solo la he podido ver en pequeño desde mi telefono, ya te comentare mas adelante....
Saludos desde la lluvia pirenaica.

delarica@unav.es dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Entonces estamos bastante cerca. Qué disfrutes!

María dijo...

En Francia me hallo,en La Roche Possay,exactamente. Me gusta mucho esta entrada.Un beso fuerte.

paisajescritos dijo...

Esta entrada es un viaje del concepto al hecho. Y la vía, la aproximación desde la literatura a la realidad de nuestra Semana Santa ... como decimos por aquí "muy bien traído". Preciosa entrada, y la primera foto, es casi la débil línea de frontera -metáfora la alambrada- que no impide participar de lo que está al otro lado, incluso invita a ello. He sido yo quien ha cerrado los ojos al terminar el texto...

Lauren Mendinueta dijo...

La ceremonia del Viernes Santo es especialemente conmovedora. La imagen del crucificado fascina por la carga de dolor y amor que representa. Me alegro de que hayas compartido esta entrada. Bellísima.

delarica@unav.es dijo...

Gracias por los comentarios. Me ayudan un montón!