martes, 20 de octubre de 2009

Notas para un diario 135

Parlons, donc, de littérature. Una vez más he vuelto a Edith Wharton. ¿Acaso la he abandonado nunca? Para mí tiene un valor central en el período del novecientos en el que se mueve. No será la mejor, o sí, quién sabe, siempre a la sombra de su lifetime friend James, y de los más conspicuos Conrad, Yeats o Wilde. En mi arbitrariedad pienso que en realidad los integró a todos, y con una naturalidad que está lejos de ser comparable con el manierismo de los so called masters. Más abierta, más impermeable a lo francés, trilingüe con el alemán que aprendió de niña, más sensible, ella fue haciendo, "humildemente", siendo ninguneada por tanto mediocre, o tarado afectivo, en buena medida por el mero hecho de ser una mujer, una mujer increíble por cierto, lo que los franceses llaman une belle femme (la foto está tomada hacia 1905, cuando tenía unos cuarenta años, más o menos), fue haciendo, decía, un conjunto literario a mi juicio insuperable, en más de un plano. No tengo tiempo, ni es el lugar apropiado, para detallar mucho, pero me bebo las novellas de la Wharton, en cada viaje, cuando estoy triste, cuando me quedo seco, cuando me parece que el mundo de pronto es peor (lo que con el paso del tiempo ocurre con mayor frecuencia), me las bebo como si fueran vasos de agua achampanada. The touchstone, ha sido la última. La historia discreta de un alma que vende las cartas de amor de una amante muerta convertida con el tiempo en afamada escritora, a quien en realidad nunca amó y de la que terminó por aprovecharse mediante esa transacción miserable. El dinero, como ocurre en toda la tradición anglosajona, un medio espiritual en el que la propiedad es el ídolo, juega un papel en Wharton, pero menor que en James por ejemplo, tan siniestro a este respecto siempre. Es mucho más libre que su colega. En The Touchstone, como en otras de sus novelas, las cartas, lo espistolar, juega un papel crucial. ¿Quién no recuerda la maravillosa The letters, o el papel de las misivas en The Age of Innocence? Aquí las cartas, las que vende el tipo para poder casarse, son el eje simbólico del problema, que la escritora entrevió con toda lucidez, antes que Musil o Kafka, de la dialéctica vida/escritura. Es la manera, moderna donde las haya, de introducir el elemento sobrenatural, la presencia de lo ausente, en la vida de todos los días. Prodigioso, también. Espero hablar pronto de su última novella, All Souls, escrita poco antes de morir, su testamento en más de un sentido, y una obra paralela al Ibsen de Espectros.
Pero donde la literatura de la Wharton sobresale es en el tratamiento de la psicología amorosa. Conocía bien los avances en el campo de la psicología (William James), de la biología (Theodore Haeckel) y de las primeras teorías psicoanalíticas, del ámbito germánico, pero nunca perdió la fe en que el corazón humano era a fin de cuentas un misterio intermitente. Lo conocía a fondo, con una empatía real, lo había sondeado hasta el límite del sufrimiento, de la sutileza, y sabía describirlo con un sistema cargado de intuiciones.

3 comentarios:

Belnu dijo...

O La carta robada de Poe (recogida por Freud y Lacan) y tantas otras. Wharton es una de mis favoritas, tanto que casi siento celos cuando otros habláis de ella. Luego me acordé que se hizo una película de The Touchstone. Es una historia preciosa porque también entra el dinero y me gusta mucho cómo ella y James tratan ese tema, las dificultades de supervivencia en NY y en París en esa época. A mí me encantaron Old New York, The Age of Innocence, Ethan Frome, un ensayo suyo sobre Marruecos, y otras nouvelles que ahora no recuerdo...¿Te dije que tengo su correspondencia, Henry james and edith Wharton Letters 1900-1915? Y es un volumen imponente... Quise publicarlo en la época que montábamos editorial, qué ilusa...

Belnu dijo...

En la correspondencia James-Wharton salen dos fotos de ella que me encantan...

delarica@unav.es dijo...

Ilusa, ilusionada

¿me puedes dar la referencia del volúmen?

Me encantaría ver esas fotos