viernes, 29 de abril de 2011

Notas para un diario 206

Llevo días con este cuadro como imagen de fondo en el ordenador desde el que escribo estas notas de condenado. Cada vez que lo enciendo o apago, cada vez que lo abro para ver el correo o las últimas noticias, ahí está él esperando silencioso e interpelante con sus puertas abiertas indicando el camino, por las habitaciones, hacia un extremo de la casa, hacia el dormitorio conyugal. Yo veo, sobre todo, una cadena de puertas abiertas hacia un final. El pintor ha querido abrir las puertas de su propia casa en un acto de generosidad. Yo lo veo como un regalo. El pintor ofrece en ese cuadro de 1914 una parte de su intimidad. Con todo su misterio infranqueable. Cualquier regalo es el eslabón de una cadena, abierta a nuevas ofrendas u obligaciones entre el que da y el que recibe. Las puertas abiertas del cuadro convierten esa parte de la casa – la parte de los dormitorios– en algo que se expone sin exponerse: es casi un tubo que no permite ver lo que hay a los lados: la vida o la ausencia de vida que los pudiera presidir. Así consigue Hammershoi el difícil equilibrio que yo he procurado mantener en este blog. No convertir lo propio en ajeno, lo familiar en público, lo íntimo en extraño. Pero a la vez exponerme, abrir algunas de las puertas de mi casa, jugar con las luces y las sombras.

7 comentarios:

María dijo...

Y lo has conseguido, Al.
Gracias por esta entrada; creo que el cuadro me rondará durante un tiempo. Siempre la imagen una puerta entreabierta...
By the way, we need to schedule a meal! ;)
Un abrazo,
Mary.

Juan Pablo L. Torrillas dijo...

Y creo que lo consigue...

En el cuadro advertimos un camino con un lugar al final incierto, con salas a medio camino por descubrir, posiblemente como la vida misma, ¿con un lecho al final donde poder descansar? Posiblemente...

Un cordial saludo,
Juan Pablo L. Torrillas

Henohenomoheji dijo...

"Interpelante" es la palabra apropiada. Las estancias de Hammershoi son como el camino que se pierde en el bosque, un sendero entre la espesura de la intimidad. Y ya puestos, en esa caja de resonancias que es la memoria, esta imagen me lleva al cine de Dreyer, y más concretamente a aquella habitación donde la apasionada Gertrud se desviste como una sombra...
Saludos

delarica@unav.es dijo...

gracias a los tres

creo que haremos la comida/cena el viernes 12 o sábado 13

te avisaré

Rafael-José Díaz dijo...

Es como un vacío poblado, como una luz llena de sombras íntimas, como un viaje inmóvil, como un misterio a medias desvelado... Gracias por compartirlo.

Eleonora dijo...

Álvaro, compartimos el amor por Hammershoi. Y qué bello texto has escrito.

delarica@unav.es dijo...

¡gracias a los dos!