lunes, 4 de abril de 2011

Notas para un diario 201

Cómo brillaba la luna sobre nuestra cama en el dormitorio de vía Sardegna, y el aroma de glicinas entraba por las paredes. En mi sueño, un sueño muy concreto que tenía a mitad de los años veinte, no era la luz de la luna sino la voz de mi esposo la que me despertaba. Ahora, dice, levántate, ven. Y eso, adónde, digo, en mitad de la noche? Ven, repite mi esposo, y ya ha salido de la cama. Lo sigo, primero al vestíbulo, después al salón. Pero está distinto, cambiado, los muebles son otros. Aunque mi esposo no dice ni una palabra más, sé que tiene la intención de quitarse la vida y que espera de mí que le acompañe en la muerte. Pero, por qué, pienso, acaso no somos felices, acaso no nos queremos? Mi esposo me mira serio, se acerca a la ventana y aferra mi mano. Habrá sido, pienso, todo una gran equivocación, sólo yo feliz, en absoluto tú, iré contigo, por supuesto, si quieres. Pero esos pensamientos me aterran, y me resisto, quiero vivir, nunca había deseado tanto la vida. De que estemos tan cerca de la ventana deduzco que mi marido tiene la intención de que saltemos, él y yo, una forma de morir que siempre me ha parecido especialmente desagradable. Pero sé que al darle el sí en el altar también le di el sí a nuestra muerte. Sí, sí, sí, digo, aunque me parezca terrible, aunque me duela morir tan joven. En el último y desesperado sí me despierto, estamos en la cama y nos cogemos de la mano. A la mañana siguiente no me atrevo a contarle el sueño, no lo hago hasta que empieza a repetirse, tras la segunda o tercera vez. Tenemos largas conversaciones al respecto, quién tiene la culpa de mi sueño, si el soñador o su materia, y mi esposo se opone con energía a mi intención de atribuirle la culpa. Pero estoy convencida de que en él, incluso o ya desde los tiempos felices, habitaba una poderosa voluntad de muerte, y cómo iba a poder abandonarme, si nos sentíamos, nos percibíamos como un único ser.

Marie-Louise Kaschnitz, Lugares, p. 143.

4 comentarios:

Zina Vasilache dijo...

Me la apunto como lectura obligatoria.
Un abrazo

delarica@unav.es dijo...

desde luego es uno de mis libros favoritos

no creo que te decepcione

ya lo he citado más veces, si buscas kaschnitz en el blog encuentras al menos tres entradas con citas largas de esa obra


http://alvaro-hobbyhorse.blogspot.com/search?q=kaschnitz

madison dijo...

Tomo nota, si no me equivoco es también autora de La casa de la infancia, libro que leí hace tiempo y que me gustó muchísimo.

delarica@unav.es dijo...

la misma