miércoles, 24 de diciembre de 2008

Notas para un diario 87

A ver, que nos estamos poniendo de lo más metafísicos, y no será porque no estemos comiendo estos días; ves lo que nos pasa cuando no hablamos, si es peor aún, perdemos el norte, la lengua y el futuro, y empezamos a sacar toda clase de conclusiones precipitadas: volviendo por un instante a lo del exceso de comida, lo peor es que se come demasiado de noche y sufrimos los que estamos ya más allá, mucho más allá, de la mitad del camino de la vida, y no estamos acostumbrados a excesos nocturnos, no te rías que te puedo ver, sí: ni a ese tipo de excesos ni a ningún otro, ya te dije que no somos ni la sombra de lo que hemos sido. ¡Qué horror, en plena Navidad y hablando de estas ordinarieces! Por otro lado no tiene nada de particular, teniendo en cuenta el olor a cuadra, pises y demás micciones incluidas, con el que se recibió en esta tierra al Salvador: aquello no tenía nada de proustiano y la pituitaria de los miembros de la familia de Dios se quedó traumatizada desde el minuto uno; los pastores, gente recia, solitaria y sabia, a las que les gustan como a ti las noches serenas, pero más acostumbrada a esas delicias populares, apenas notaron el hedor que desprendía la diabólicamente edulcorada crèche de Noël, ese símbolo universal del mundo en general y del corazón de cada quien en particular que el Niño venía no obstante a salvar: y aquí vamos llegando a un punto fundamental, y es que yo me pregunto cien veces por qué no aceptamos las cosas como son, a que vienen esas vergüenzas y falsos pudores. ¿No quedó suficientemente claro con ese Nacimiento estelar que el sano no necesita médico ni enfermero? ¿No queda claro que al Cristo le gusta asentarse en los corazones que como el mío huelen decididamente mal? Vale, sí, ya te oigo, que me estoy pasando con mi tendencia mellviliana a sermonear, tranquila que no tengo ninguna gana de hacerlo, aunque tú tampoco te lo creas, prefiero mil veces callar y meterme en mí mismo, como el personaje de La Tour, quedarme quieto contemplando lo que yo al menos tengo siempre delante: el llanto universal, el murmullo de los ecos del dolor que nos aflige y afligirá, la luz ensangrentada de carmines, cárdenos y granas con los que ese genio de la pintura supo acariciar esa tela: lo veo llorando cuando pintaba, a la luz de una vela, ¡Señor:qué delicadeza!, ¿por qué a mí no me la concedes? Lo que veo, con mi proverbial optimismo, es al Niño en la Cruz, sencillamente. Todo nacimiento contiene una pietas, y te lo digo yo que he vivido cuatro de cerca: lo supieron todos los mejores pintores/teólogos del Humanismo, y es una verdad que puede iluminar una vida entera porque si se acepta en lo más íntimo se convierte en una fuente de paz y de bien para el alma. Los hijos son en realidad los padres. No hay más, ni menos, y eso tú y yo lo hemos interiorizado hasta el punto de que cada vez estoy más convencido que nos une el sentido oscuro que le damos a todo lo claro que nos rodea y en lo que casi siempre conseguimos ver más de lo que hay. Nos une la Nada, bailonga, mística, eckartiana, sanjuanista y macabea (lee por favor, cuando puedas, el capítulo 9 del segundo libro). Ese es nuestro norte, nuestra lengua y nuestro futuro, o sea, nuestro lugar en el espejo que es el mundo. No necesitamos retornar a nada, como Ulises, porque nos sacaron, con amor, de esas aguas, como a Moisés. Me alegro de que lo compartamos, especialmente me alegro en el día de la Navidad.

6 comentarios:

Annie Leibowitz dijo...

En esto estoy perdida... pero feliz Navidad, por si acaso. :)

Alvaro de la Rica dijo...

Igualmente srta. leibovitz. Te deseo lo mejor!

molinos dijo...

"Mucho más alla de la mitad de la vidA"?? Qué afición al dramatismo Sr. de la Rica.
Siguiendo fiel al lema que nos hizo amigos " espabile coño y disfrute un poco".

Feliz Navidad.

magdalena merlos dijo...

Como EL Greco, Latour se da cuenta de que la fuerza -o la luz- de la escena está en el Niño. Sólo esa luz hace posible que veamos los rostros, los cuerpos, el entorno en progesión, con la equidistancia de los sistemas solares. Dios Sol, Dios Niño.
Otra cosa ¿Tiene Molinos razón?

Alvaro de la Rica dijo...

Sólo me falta que ahora que os pongáis de acuerdo parta regañarme!!!!!!!!!!

Bastian dijo...

Muy bueno.