miércoles, 7 de julio de 2010

Notas para un diario 164 (Lampedusa)



Me levanto a la hora en punto para, desde el exilio francés, ver por TVE el primer encierro. Rápido. Multitudinario. Los toros bien plantados y con unos pitones que daba miedo sólo el verlos. Sin grandes percances y, menos aún, sin muertos. Green decía que, en literatura, la cosa empieza a ponerse interesante cuando aparece el primer muerto. ¿Y en la vida? Quizás también ocurre otro tanto. El mismo Green me decía que en el acto sexual, junto a la vida, aparecía siempre, en los amantes, el instinto de muerte. Yo mismo lo he experimentado y he reconocido, en esos momentos únicos, y acaso fúnebres, que la conexión romántica amor/muerte no es algo sólo metafórico (y mucho menos algo exagerado o ridículo). Es real y palpable. En un orden paralelo de cosas, siempre he pensado que era a eso a lo que apuntaba Nietzsche con la frase sobre la muerte de Dios. Que desde entonces las cosas se han puesto interesantes. ¿No me decías tú que tanto el bien como el mal eran sagrados? Por supuesto que te entendí, y a la primera: son las cosas que nos ponen en la conexión sobrenatural. No sólo el bien. No sólo. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, Dios ha muerto realmente. Pensaba en todo esto releyendo anoche el comienzo de El Gatopardo. Lampedusa (en la foto) tenía interiorizado el aserto greeniano y en la descripción inicial de el jardín principesco coloca estratégicamente un muerto: la cara hundida en un charco de vómito y sangre, las uñas clavadas en la tierra, cubierto de hormigas; bajo las bandoleras los intestinos habían formado otro charco violáceo… Un muerto bien muerto. Poco antes ha dicho, al hilo de la morosa descripción del vergel, reflejo de la decadencia de una civilización, que en cada terrón se palpaba un anhelo de belleza pronto vencido por la desidia. Belleza, amor, eternidad, muerte. C´est l´ordre donné à la nuit. Realidades que asocio indefectiblemente a ti.

6 comentarios:

Francis Black dijo...

Te gustan los toros , las corridas me refiero, ¿entiendes de toros? , es bastante complejo.

delarica@unav.es dijo...

no entiendo, pero sí, soy aficionado; quizás por eso, porque no lo entiendo… no sé, yo cada vez me voy haciendo más complejo también, creo

Francis Black dijo...

Es como el flamenco , se disfruta pero hay algo que ves que te estas perdiendo.

delarica@unav.es dijo...

exacto, como en el flamenco, formas de lo invisible, como la literatura también

paisajescritos dijo...

Álvaro, de Green sólo he leído Naufragios, y creo recordar que no había un muerto explícito al comienzo, sino la posibilidad de un muerto. Pero sí recuerdo la sensación de que el inicio despista, parece que va a seguir los derroteros de la pareja que discute a orillas del Sena y no.
En cuanto a Lampedusa (vaya pedazo libro el que nos dejó, con sus altibajos y todo)... lo cogí según terminé Bearn, por aquello de la falsa leyenda del plagio que desfizo Llop. La sensación de muerte está en todo el primer capítulo (un día al estilo Joyce), pero no sólo en el soldado, sino en el ritual y el protocolo, la mirada a su familia, especialmente a la hija que sabe que intuye que no casará, y en el momento en que la vida que no hay en su casa, salvo el sobrino, ha de buscarla en el prostíbulo: allí va buscando la vida, no la muerte. Algo que me llamó la atención, Álvaro, y no quiero provocar, pero el protagonista da la impresión de ser un señor mayor, y sin embargo tiene sólo cuarenta y tantos... Ir al prostíbulo es lo que le hace sentirse joven. Y a su vez, Lampedusa creo recordar se inicia en la escritura ya madurito y no llega a ver en vida su obra publicada... No te preocupes, es que somos muchos los que estamos varados en la reflexión de los cuarenti... y, que dicen Faemino y Cansado.
Veo que es una parrafada sobre la marcha... vaya.
Un abrazo.

delarica@unav.es dijo...

Magdalena
Gracias por tu comentario. Sí había un muerto en Épaves. Un muerto bien muerto y al principio de la novela.
Está bien la reflexión gatopardesca que haces, y me llama la atención la relación precisamente con Edith Piaf (por lo del burdel)
No es incompatible ser un señor mayor y tener sólo cuarenta y tantos…
Abrazo grande