sábado, 30 de enero de 2010

J.D. Salinger (1919-2010)

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es donde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero, porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de mi vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquilloso no hay quien le gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Solo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D. B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. Él será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizás el mes próximo…


P.S. Ayer, un viejo amigo me dio la noticia, como suele hacerlo él, con un sms en el que decía: "Hoy somos más Holden que nunca. ¿Verdad? Un abrazo, P." Pues sí, yo al menos (y él también, desde luego). Sigo pensando que, en cierto sentido, nuestra vida vale por aquello en lo que no nos hemos mimetizado con el status quo. No voy a hacer tragar a nadie la idea de que soy un marginal, o cosa así. Me conformo con no haberme asimilado del todo al sistema, a ningún sistema. Y menos que a ninguno al consumista/materialista/golfista (de golf, me refiero), y yo añadiría, como la cuarta peste apocalíptica, masculino. ¿Adolescencia eterna? ¿complejo de peterpan? Pues bienvenido sea, si nos otorga un gramo más de independencia y de libertad interior. En fin, neuras mías. ¡Salinger ha muerto! ¡Viva Salinger!, vivan sus libros, llenos de verdad, de humor, de causticidad, de ternura. Ahora, al recopiar esa primera página de su novela más conocida (he preferido hacerlo), me he dado cuenta de que el tan traído tema de su aislamiento (¿era tan difícil dejarle en paz y vivir cada uno su propia vida, sin meterse para nada en la de los demás?) ya estaba más que aludido ahí. Así ocurre siempre con los mejores escritores, pero es que hay que aprender a leer; yo el primero.

17 comentarios:

Belnu dijo...

Gracias por este cálido homenaje al viejo Salinger, al que amábamos, fuera como fuese, aunque sólo hubiera sido por Holden C. pero también por esos cuentos precisos y vigorosos que eran For Esme with Love and Squalour, oh, qué eco dejaron en mí para siempre! Yo sólo puedo agradecerle. Y sí, espero que en sus cajones estén esos escritos de estas décadas silenciosas, los espero porque él quiso que así fuera.

delarica@unav.es dijo...

sí, porque además, los últimos escritos, especialmente Levantad carpinteros la viga maestra, son geniales; no obstante, yo pienso que no hay mucho más, pero en fin, veremos

Belnu dijo...

Sí, eso dice P.D. James

delarica@unav.es dijo...

yo pienso que él encontró una fórmula perfecta para hablar literariamente de algo que para él era fundamental, radical, y que una vez que lo hizo, en una de las formas primeras y más increíbles de autoficción, treinta años antes que los escritores actuales, y que la carrera literaria, la literatura como profesión no le interesaba nada, lo cuál no me extraña
pero, ¿quién sabe?

delarica@unav.es dijo...

Ah, se me olvidaba, ¿sabes que Steiner escribió un artículo durísimo contra Salinger, en el NYRoB, creo, diciendo que era poco menos que un fraude, en todo caso un escritor mediocre, que no sabía de lo que hablaba cuando hacía referencias al Tao, o a la mística oriental?
yo creo que no lo entendió, porque era de su misma generación, Steiner no supo nunca de que clase de movimientos internos estaba hablando Salinger

delarica@unav.es dijo...

Ah, se me olvidaba, ¿sabes que Steiner escribió un artículo durísimo contra Salinger, en el NYRoB, creo, diciendo que era poco menos que un fraude, en todo caso un escritor mediocre, que no sabía de lo que hablaba cuando hacía referencias al Tao, o a la mística oriental?
Alucinante, ¿verdad?
yo creo que no lo entendió, porque era de su misma generación, Steiner no supo nunca de que clase de movimientos internos estaba hablando Salinger

anaïsea dijo...

El guardián entre el centeno fue mi libro de cabecera durante mi adolescencia. Me sentía tan Holden... Y la verdad es que leer estas primeras palabras me ha llenado de melancolía y de ganas de leer otra vez la novela.

delarica@unav.es dijo...

me alegro de que así sea, yo creo que es un libro para leer y releer muchas veces: resiste muy bien!

el objeto a dijo...

precioso tu post-homenaje, me has dejado pensando en esa necesidad de aislamiento, y en como la escritura además de ligarnos a los demás, también nos permite una distancia, un vuelo de libertad, un abismo, del que muchos necesitan sentirse rodeados,

gracias por dejarme pensando

delarica@unav.es dijo...

gracias a ti!

delarica@unav.es dijo...

es distancia, hasta el abismo, y al mismo tiempo, entrelazamiento y empatía: en el acto de lectura conviven ambas pulsiones, a cual más profunda

Ángela dijo...

Desde que me enteré yo también me siento un poco más Holden, no, mejor un poco más Franny...

Henohenomoheji dijo...

Sí, hay que aprender a leer, aunque ese aprendizaje no acaba nunca... afortunadamente.
Me ha gustado ese impulso anti-bartlebyano que te ha llevado a copiar la primera página de "El guardián". Hay cosas que siempre es preferible hacer. El mejor homenaje que podías hacerle a Salinger era transcribir sus palabras y dejar constancia de tu aprendizaje.
Nunca dejamos de aprender. Creo que eso es lo que nos ayuda a ser de verdad humildes.
(De Gándara mejor no hablamos)
Un saludo.

delarica@unav.es dijo...

un personaje fascinante, como casi todos los suyos

delarica@unav.es dijo...

toy d acuerdo, st c l último

Alexis dijo...

Dos notas me llaman la atención de la biografía de J.D. Salinger. Primero, su negativa a publcar, pese a que continuó escribiendo a lo largo de su vida. Me parece un gesto notable que no se dejara atrapar por esa obsesión por publicar que parece aquejar a muchos escritores. Como dijo Borges que decía Emily Dickinson, escribir no forma parte del destino de un escritor. Segundo, me encanta su desprecio por la 'vida literaria'. Llegado el momento se recluyó en su pueblito de Cornish y le dio la espalda a todos esos oropeles que encandilan a muchos y que aún muchos más desean. Demostró con su ejemplo que no hay que confundir la literatura con la vida literaria...

Alexis dijo...

Corríjase: Donde dice;"(...) escribir no forma parte del destino de un escritor. " debe decir "publicar no forma parte del destino de un escritor." Gracias, De la Rica...