sábado, 9 de enero de 2010

Nuit de neige

Nieva copiosamente sobre Pamplona. Nieva sobre España y sobre Europa entera. A primera hora, el alféizar de mi ventana estaba tapado por un murete de nieve blanca. Los niños, que se han levantado a las 6 de la mañana para ir a esquiar, han tenido que volverse a la cama: el autobús de Francia no ha podido circular. Yo, mientras reescribo con dificultad y afecto un texto fotográfico, me abismo por un instante en unas frases extraordinarias que me manda, desde la montaña, Menchu Gutiérrez:

Llega la nieve. Primero, en forma de lenta colonización del espacio; pronto, la suma de todos esos fragmentos empieza a cubrir la tierra, los tejados, las ramas de los árboles. Rezamos en nuestro interior para que no se detenga, para que siga nevando y no haya vuelta atrás. La nieve borra una realidad e instaura otra. El mundo conocido queda sepultado bajo el manto blanco y, sin dejar de ser, se vuelve invisible. De algún modo, la nieve pone a dormir una parte de nosotros y despierta otra. La vigilia queda abajo, y ahora caminamos por el territorio del sueño.

La nieve no es sólo felicidad, no es sólo calma o anestesia para el dolor... diríamos que la nieve, como el desierto, como el espacio invadido por la niebla o la noche, se convierte en el espejo de quien la contempla: es lo que tú eres o lo que desearías ser, despierta a la imaginación, y hace que el escritor torturado pueda ver sobre ella un ángel negro. Este raro espejo poético, hace que cada cosa pueda ser esa misma cosa y su contraria.

(La imagen es del pintor japonés Ito Shinsui)

11 comentarios:

madison dijo...

Qué bonitas son las imágenes, me rcuerdan a las portadas de los libros de Yasunari Kawabata y Yukio Mishima.
Un saludo

delarica@unav.es dijo...

gracias

Anna A. dijo...

Qué maravillosas palabras... y cuánta verdad guardan.
Me transportan al instante previo a captar una imagen con la cámara, cuando esa sensación que Menchu describe te agarra el estómago y te obliga a seguir mirando. Justo antes de que el obturador ciegue tu visión y todo forme parte ya de otro mundo.

delarica@unav.es dijo...

ya lo creo, Anna, Menchu tiene el don de la palabra

Icíar dijo...

Una entrada muy inspiradora. La nieve me pilla muy lejos. Aquí, al nivel del mar, la nieve es lo que pasa en los demás sitios.
La nieve y el escritor. A Orhan Pamuk le encanta, creo que a Kafka también, por lo menos en el Castillo me pareció que hablaba mucho de ella. Yo sin nieve, pero esas imágenes chinas me inspiran, pegan tan bien con el libro que ahora estoy leyendo: 'El sueño del pabellón rojo'

delarica@unav.es dijo...

gracias Iciar

el objeto a dijo...

maravillosa esta casi oración de M.G.: la nieve que funciona como una letra, hace invisible lo que aún existe debajo, dejando que aparezca entonces un deseo, el reverso de lo que fue, en forma de un "puede ser", como una esperanza callada, sin que haya vuelta atrás

y tan acertadas las imágenes japonesas, la nieve está ahí como espectáculo exterior en el que uno se siente reflejado

feliz nevada!

delarica@unav.es dijo...

me alegro de que te gusten ambas cosas

José Luis dijo...

He conocido por la radio (Clasica), tus gustos muiscales y la existencia de tu blog. Enhorabuena, porque sabes comunicar. Hpasado el día en un pueblecito que estaba totalmente nevado, aquí en Valencia, y sentía lo mismo que dices de la nieve. Gracias.

Belnu dijo...

Es precioso lo que dice MG y las estampas japonesas y tu sensación. Me recuerda a aquella frase de Valery Larbaud, que cité en un cuento: "Une autre lumière est en toi. Éteint celle-ci"

delarica@unav.es dijo...

a mí me gusta lo del ángel negro…