jueves, 22 de diciembre de 2011

Papá Hemingway


Debemos a la insistencia de Lumen, como en su día se lo debimos a la Einaudi de Cesare Pavese y Natalia Ginzburg la recurrente y a mi juicio más que benefactora presencia de los grandes autores norteamericanos de varias generaciones atrás. Dorothy Parker, Mavis Gallant, Eudora Welty, Leonard Michaels y por supuesto Hemingway. A ningún aprendiz de escritor (todos los somos) debería faltarle en su biblioteca el volumen de Cuentos de Papá Hemingway que Lumen publicó en 2007, y ahora diré porqué. Cuando se cumplen cincuenta años de la muerte del escritor, la misma editorial publica un espléndido libro, un álbum fotográfico completísimo con documentos inéditos que provienen directamente de la Colección Hemingway de Boston. El trabajo de recopilación y disposición del material gráfico realizado por su nieta, la actriz Mariel Hemingway, y los textos del profesor Vejdovsky, de la Universidad de Lausana, están bien ensamblados y no tienen una disposición estrictamente biográfica; sin apartarse de un hilo narrativo básicamente temporal, las ocho secciones pretenden abarcar asimismo los grandes temas o facetas de la vida del autor y su implicación en su universo narrativo. Sin perder nada de la fuerte atracción de todas ellas (la tierra natal, la guerra, París, el mundo del toro, África, el Pacífico, etc), gracias a la lectura indirecta de todas estas realidades que conformaron su mundo, poco a poco aparece vivo, renovado, el perfil de un gran creador literario. La disposición por facetas, con no pocas idas hacia detrás y hacia delante en el tiempo, el enfoque temático y hasta recurrente de esos núcleos vitales y literarios nos permite entrever en toda la grandeza y la complejidad la figura de un escritor extraordinario. Porque Hemingway fue ante todo eso, más allá de un posible fetichismo más o menos kitsch del que todos hemos participado alguna vez. Yo he recorrido, con su libro de memorias París era una fiesta en mano las callejuelas de detrás de Saint Etienne du Mont en el quinto arrodissement parisino, me he sentado en la Closerie de Lilas y he pernoctado a propósito en Burguete y en el Hotel Ayestarán de Lequmberri en Navarra. Y es verdad que, como decía John Cheever, Hemingway tenía la capacidad de hacer que los colores de un ambiente reverdecieran en sus palabras. La vida se hacía más vida y leyéndole nuestra capacidad de percibir las cosas se afilaba a ojos vista. Pero con todo no es eso lo principal. Lo determinante, lo más valioso, está en sus cuentos (más aún que en sus novelas). En el modo en el que esculpió, con un técnica que consistía sobre todo en suprimir lo superfluo, la realidad humana, la auténtica, multifacética, contradictoria, dolorosa realidad de la existencia humana.

2 comentarios:

JML dijo...

Como siempre, tomo nota de tus recomendaciones, y de paso aprovecho la visita para desearte felices fiestas. Espero que el 2012 te sea propicio

Un saludo

delarica@unav.es dijo...

te deseo yo también todo lo mejor!