jueves, 4 de marzo de 2010

En ausencia de lo judío

Si la pregunta fuese por qué no ha habido en la cultura española moderna un Einstein, un Freud o un Marx, la respuesta podría parecer pagada y sencilla: porque apenas quedaban judíos en estas tierras. Expulsados de golpe por el edicto de fines de marzo de 1492, apenas se ha producido, en cuatrocientos años, más que algún intento aislado de retorno. Sólo en la segunda mitad del siglo XX, las comunidades judías han ido recuperando, tímidamente, apenas un palmo del terreno perdido en la escena española. Los hechos son estos, o se podrían enunciar así, pero naturalmente nuestra obligación es la de mirar las cosas un poco más de cerca.
Julio Caro Baroja, en su desigual historia de Los judíos en la España moderna y contemporánea, cuenta la anécdota de un miembro de la familia Rothschild, aficionado a las bellas artes, que viajaba de incógnito por España y que, en una iglesia perdida, ante una virgen milagrosa, preguntó al viejo sacristán que le acompañaba por la clase de milagros que se le atribuían a la venerada imagen. "Llora cuando ve a un judío". El visitante se queda mudo, pero espera un rato delante, para ver qué pasa. Al cabo de un tiempo, no puede por menos que expresar que se trata de otro embuste, que él es judío y que la imagen no ha derramado ni media lágrima. "Sí –susurra el guía–, pero por favor no lo repitáis, que yo también lo soy".
A la hora de valorar el hecho de que la literatura española contemporánea (y la cultura en general) haya quedado al margen de la riquísima tradición hebraica, la anécdota, seguramente apócrifa, cobra nuevos significados, a los que intentaré llegar al final de estas líneas.
Resulta evidente que lo hebraico ha protagonizado, directa o indirectamente, la más alta literatura del siglo XX. Si hubiera que establecer un canon con las cien, diez, cinco, novelas más logradas del siglo XX, la única coincidencia segura se produciría en esa trinidad, la cima de dicha elección imaginaria, conformada por A la búsqueda del tiempo perdido, Ulises y cualquiera de las narraciones, geniales e intercambiables, de Franz Kafka.
Las parábolas del escriba de Praga hunden sus raíces en el judaísmo. Pero, y no es tan sabido, las obras de Proust y Joyce se vuelven ininteligibles sin esa conexión hebraica. Joyce descubre en Trieste, de la mano de Italo Svevo, la riqueza y universalidad del mundo de los judíos. El judaísmo es uno de los grandes temas de la segunda parte de la vida de Joyce, y muy especialmente de Ulises, cuyo protagonista es Leopoldo Bloom, hijo de un judío húngaro, y alter ego del artista dublinés, ya no precisamente adolescente.
Como señaló Svevo, su mentor triestino, "lo que da unidadal libro es que, al final de la jornada en que consiste temporalmente la novela, el docto Dedalus llega a sentir al judío Bloom como padre suyo". Afirmación todo lo discutible que se quiera, pero que tiene el acierto de dirigir la flecha en el sentido predeterminado por el propio Joyce. Otra vez estamos ante la dialéctica mosaica y freudiana del parricidio. Como en Kafka. Y como en Proust, donde la muerte del padre se convierte, por medio del judío Swann, cuya vereda nunca abandonará Marcel, en la sustitución del padre. De la relación del Proust de À la recherche con el mundo hebraico, poco se puede añadir a lo señalado acertadamente por Juliette Hassine en dos monografías tituladas Esoterismo y escritura en la obra de Proust (1990), y la posterior y definitiva Marranismo y hebraísmo en la obra de Proust (1994)
El peso de la cultura judía en la cultura occidental del siglo pasado, y en especial en el ámbito literario, es deslumbrante. Y, ¿qué ha ocurrido en España? ¿Ha sido por completo ajena a esta extraordinaria ráfaga de luz? Creo que a esa pregunta se pueden dar dos clases de respuestas. Una, inmediata, que tendría que afirmar que sí, que España ha quedado, una vez más, al margen de lo mejor de la historia humana. Sería interesante analizar la importancia decisiva que esto tiene en el desarrollo del casticismo hispano.
Pensemos en la generación del noventa y ocho. Baroja fue antisemita (en realidad fue antitodo). Azorín mostró una indiferencia pasmosa ante todo lo que tenía que ver con el mundo hebraico, lo que para mí constituye un gran enigma pendiente de resolver. ¿Y Ortega? Ortega, como siempre, es más complicado. No es el lugar para abordar el asunto, pero voy a apuntar algo que siempre he pensado al releer su insoslayable ensayo titulado Dios a la vista. Se trata de un texto que habría que poner en conexión, también, con la interpretación que hace el filósofo de las consecuencias de la teoría de la relatividad einsteniana (en El sentido histórico de las ideas de Einstein). Y lo que se saca de esa especulación tiene bastante que ver con la noción de mesianismo judío, tal y como la explica Gershom Scholem al final de sus Conceptos básicos del judaísmo (Trotta, 1998). La idea orteguiana, según la cual hay un Dios laico, profano, que está antes y mucho más allá de la religión positiva, y que se sitúa a la vista, es decir, que no se puede tocar y manipular, pero que está en el horizonte abierto e inalcanzable del hombre libre, tiene que ver directamente con el vivir en la irrealidad necesaria de la esperanza de algo por definición inalcanzable.
Este es para mí el eje de un segundo tipo de respuesta, que naturalmente apunta a lo esencial. Nosotros no hemos dado a luz a ninguno de los Roth, ni a Elsa Morante ni a Clarice Lispector, ni a Walter Benjamin ni a Canetti, ni a Mandelstam, ni tampoco a Joseph Brodsky. Cierto. Pero finalmente los hemos leído a fondo y, en algunos casos, hasta los hemos asimilado. Evidentemente, eso ha sido así a ambos lados del Atlántico. ¿Es que se puede entender, pongamos por caso, el Diario íntimo de Emilio Prados, o Muerte sin fin, de José Gorostiza, sin la huella hebraica o sin sus imágenes? ¿Se puede entender a Borges, lo que para este significa la escritura, el sistema de signos que rige el mundo, al margen de la tradición judía? ¿Se puede entender a Zambrano sin Spinoza? ¿Y a Valente sin Celan o sin Edmond Jabès? ¿Acaso la metaliteratura de Enrique Vila-Matas significa algo al margen de Kafka?
Cada una de estas preguntas necesitaría un largo desarrollo, innumerables matices y profundizaciones. No es este el lugar por acogedor que resulte. Pero todas ellas apuntan, de un modo u otro, a aquello que dejó escrito Marina Tsevietáeva: "Los poetas somos judíos".
Este dictum pertenece al Poema sin fin, en concreto a los últimos versos del poema duodécimo. La proposición completa es la siguiente: "Si es este/un mundo cristiano, los poetas somos judíos". Qué difícil de interpretar, comenzando por ese si condicional con el que arranca el verso. Yo me quedo con el hecho de que cristianismo y judaísmo estén puestos en relación, aunque se refiera en este caso a una relación de antagonismo. Se trata de la manía insensata que hizo que los judíos fueran expulsados de España, y del resto de los incipientes estados- nación, en pleno Renacimiento. La injusticia que les convirtió, de nuevo, en exiliados que se refugiaban en la ley escrita en los rollos de la Torá y en el abismo de sus corazones de carne. También fue el caso de muchos conversos, marranos o no, protagonistas de un exilio interior, consciente o inconsciente. La raíz estaba plantada, en lo más hondo de la misma condición de cristianos, o de miembros de una cultura de raíz bíblica. Como el sacristán de la anécdota, al que le cuesta reconocer su condición, dentro de cada español hay, lo sepa, lo ignore, o lo rechace, semillas fecundas de un judaísmo que se transforma y vivifica ante cualquier intento de creatividad.
(Este es el texto de un artículo que se publicó ayer en el suplemento Culturas de La Vanguardia)

28 comentarios:

David dijo...

Un artículo muy interesante, sobre todo porque parece nadie se haga hoy en día la pregunta de por qué no hay referentes judíos en la cultura peninsular de los últimos cinco siglos. Sin embargo, es cierto que, si profundizamos un poco, veremos que la influencia judía no desapareció con la expulsión. Des de la novela picaresca, hasta autores como Max Aub, Rafael Cansinos Assens o el poeta catalán Salvador Espriu, lo judío se configuró en substrato fértil de múltiples expresiones artísticas ibéricas. Desconozco el caso portugués, pero imagino que debe ser parecido.
Un saludo!

delarica@unav.es dijo...

Tiene Ud. mucha razón en lo que dice. Claro que no desapareció, muy especialmente en el siglo de oro, inexplicable sin ella. La nómina de los contemporáneos podría ser aún más amplia (piense por ejemplo en Alejandra Pizarnik). Yo me he centrado más en la ausencia, que en las presencias, pero le agradezco mucho su aportación. El caso portugués/brasileño no es en nada distinto; si acaso la presencia es mayor.

Bel M. dijo...

Excelente artículo que ya leí ayer y especialmente relevante para mí, pues estoy haciendo una investigación muy relacionada con todo lo que dices, por eso pensaba citarlo en la bibliografía, si no te parece inconveniente.
¿Te molestaría que ampliara el comentario por e-mail?
Gracias,
Isabel Mercadé

el objeto a dijo...

Querido Álvaro, me ha entusiasmado tu artículo, hay tantas cosas importantes, esenciales! Me gusta pensar en antagonismo como los buenos orientales, no en términos de exclusión (a o b) sino de integración (a y b), los contrarios coexisten y se dan sentido mútuamente.
Ayer precisamente acudí a escuchar a una psicoanalista que creo que conoces, Daniela Aparicio, exponer un trabajo en curso interesantísimo sobre la relación del judaísmo y el psicoanálisis. Daniela ha encontrado esa gran similitud entre la noción del inconsciente y la del Dios de la mística judía, dice que esa noción de dios/saber infinito, abierto, sobre el que el individuo ha de interpretar a partir de su estudio y desciframiento de los texots está en el cábala, y explica cómo es a partir de la doble exclusión de Freud (excluido en tanto que judío del establishment de la época, y excluido en tanto que ateo de la ortodoxia religiosa)que desarrolla el psicoanálisis.
También se habló de la diferencia entre el texto religioso católico, que se entiende como el texto de una revelación, de una verdad y que tranmite una certeza, y el texto religioso judío que ha de ser continuamente interpretado, que no remite a una única verdad, o certeza, sino a ese trabajo de lectura constante...

también muy bella esa cita de Tsevietáeva**

Francis Black dijo...

He enlazado el articulo en mi blog, estos dias estaba leyendo "la idea de Europa" de Steiner lo he juntado para hace una entrada.

delarica@unav.es dijo...

Isabel, estoy a tu disposición para lo que pueda ayudar

delarica@unav.es dijo...

gracias Vanessa, me hubiera encantado escuchar eso de primera mano, tengo que hablar contigo cuando vaya a bcn, te avisaré

Jorge dijo...

¡Qué hermoso! Gracias por este artículo.

delarica@unav.es dijo...

Gracias a ti por comentar

el objeto a dijo...

Me encantará esa charla Álvaro!
avisa, please!

Bel M. dijo...

Gracias, Álvaro, por la generosa respuesta. Te escribiré, entonces.
Que tengas un buen día.

Belnu dijo...

No había tenido tiempo de contestar simplemente que sí, que tienes toda la razón, que esa falta de lo judío es una explicación a tener en cuenta a la hora de entender esta aridez, este adocenamiento, esta superficialidad, esta miseria cultural, esta diferencia con la cultura europea, en fin, se lo debemos a aquellos que los expulsaron, al santiago y cierra españa... Gracias por tus reflexiones

delarica@unav.es dijo...

gracias a ti, Isabel, para mí también es una gran desgracia

paisajescritos dijo...

Precioso e intenso texto. Cierto que lo judío en sus escasas manifestaciones en España han estado camufladas (pienso en los místicos). Más recientemente, ha sido citado más arriba, está el arrinconamiento de Cansinos Assens. No he sido muy consciente del planteamiento, pues lo judío, aunque a modo de "reliquia" lo tengo muy cerca: Toledo. En el día a día de la gente de Toledo (aquí hablo de provincia) se nota el poso que ha pervivido a lo largo de los siglos, en la línea de la anécdota que inicia tus líneas. Sí que he notado la ausencia, que tal vez deba formular con interrogación, y no hay nada de retranca en la pregunta que me he hecho en muchas ocasiones, en otra manifestación artística, el cine. De lo mejor del cine ha venido de artistas judíos, y por citar de modo muy general, y dejarlo en familia, voy de los hermanos Marx a los Coen. De tu planteamiento sobre el desierto cultural español (y sus excepciones), no se escapa el cine español ¿verdad?

delarica@unav.es dijo...

no, por supuesto que no, es uno de los ejemplos más significativos

domingovallejo dijo...

Leo hoy su interesante artículo y me permito recordar a José Jiménez Lozano:"Parábolas y circunloquios de Rabí Isaac Ben Yeguda" y "Sobre judíos, moriscos y conversos". Gracias.

delarica@unav.es dijo...

un recuerdo muy oportuno, un recuerdo que en mi caso es una presencia constante

Isabel Núñez dijo...

Álvaro, este artículo tuyo me vuelve una y otra vez, hoy viendo Tres días con la familia, y asistiendo al vacío y la falta de cultura y de reflexión de esa y tantas familias de por aquí. Ayer, al cruzarme por suerte a una pareja de argentinos mayores que hablaban de un concierto y de su experiencia escuchando música. Claro, pensé, es lo que diferencia culturalmente a los argentinos de los españoles, nuestra falta de lo judío.

delarica@unav.es dijo...

y que buena noticia que haya ganado el Oscar El secreto de tus ojos

Magalí dijo...

Me alegra tanto que su artículo haya sido publicado en un diario como " La Vanguardia".
He vivido en Barcelona casi 4 años, soy argentina y judía ( entiendase culturalmente Judia y no religiosa)...y viviendo ahí he pensado mucho en esa falta en la cultura contemporánea Española y en la simplificación que allí se vive en cuanto a la confusion entre " Israel/política/ Palestina" y "Lo judio".
Me parece importante poder tocar estos temas también desde lo NO religioso, desde lo intrinsicamente cultural, en especial en un pais como España.
Lo felicito y le agradezco,

delarica@unav.es dijo...

Gracias por sus palabras.

Yo diría que lo intrínsecamente cultural, en España y en cualquier otro lugar, tiene siempre que ver con lo religioso, cuando esta dimensión se entiende bien, en el plano de la libertad, del pluralismo y de la tolerancia. Otra cosa es la religiosidad excluyente, lo que por cierto está en el origen de la tragedia española, uno de cuyos hitos más desgraciados fue la expulsión. El no comprender que la fe, cualquiera que sea, no se impone.

delarica@unav.es dijo...

por cierto, que blog más bonito tiene, enhorabuena!

delarica@unav.es dijo...

De http://danielaaparicio.wordpress.com/

Muy apreciado Alvaro, hace dias que deseaba escribirte unas palabras para agradecer tu articulo en La Vanguardia. Un acto etico, para mi, pequeño contrapunto a la expulsion, una inclusion y en presencia de lo judio, eso se llama hacer justicia, devolver al J el lugar que le corresponde en su cultura, la nuestra.
Es cierto que el espiritu judio brilla por su ausencia y no solo en España. Paradojicamente, esta ausencia se extiende con el materialismo capitalista cuyo lema es el tener. Y sin embargo, es gracias a los exiliios y perdidas multiples que el J se aferra a la Letra.
La caida del Templo es sustituida por el Libro, por los libros, en sus distintas versiones. No hay mal que por bien no venga. La falta asumida es la clave de la creatividad, creo yo. Y clave tambien de este espiritu peculiar que entremzcla el humor negro con la critica y autocritica que corroe el del saber absoluto, que no hay. Sin olvidar ademas que “los poetas somos judios”.
Matar al padre no solo es una cuestion edipica, es una disciplina cotidiana, bastante impopular, que se empeña en cuestionar sistematicamente al saber establecido, en suma al Amo. Hasta llegar a la muerte de Dios, un “dios laico”. Un paradigma de ello es Elisha ben Abuya, sabio del siglo I…. casi nada, que se declara judio y ateo, nada facil de encajar para el establishment de su epoca. Buena demostración que confirma lo mismo: hasta Dios se puede matar habiendose servido de el.
Curiosamente, hay colonias judias incluso, la turca por ejemplo, que no lo son puesto que han escogido entre el tener y el ser y se han quedado con la ausencia de lo judio….
Un gran abrazo
Daniela Aparici

delarica@unav.es dijo...

muchas gracias a ti, por tu comentario, lleno de sugerencias y de apasionamiento (creo)
yo lo comparto, al menos en una porción
ser/tener, espíritu/materia, espiritu/letra, son algunas de los polos de la dialéctica en la nos movemos todos, judíos o no, poetas o no
yo tengo la peculiar idea de que, en este terreno, judío equivale a universal

delarica@unav.es dijo...

Y enhorabuena, Daniela, por tu blog,

Muy interesante la entrada sobre Haneke!

http://danielaaparicio.wordpress.com/2010/01/25/la-cinta-blanca-de-michael-haneke/

delarica@unav.es dijo...

De Daniela

Alvaro, sólo decia que estaba muy de acuerdo con tu comentario. Lo había dicho al reves: no todos los judios lo son, helas! Yo creo serlo, aunque mi torpeza en esos medios es patética. Como lograis ver En tratamiento??? vi unos capitulos en Israel "Betipul", ellos son los inventores, que vendieron luego la patente a USA. No puedo gozar como vosotros de este espectaculo intimo, pero me interesa como material de transmisión para alumnos, no se si podria servir? Ademas entiendo que está en castellano. Hablar con los seres queridos es una practica comun, no temas, nos ocurre a todos y nos confirma como seres de vinculo y de palabra. Para el melancolico eso no es así, solo habla con este ser que no acaba de perder, un tormento.
shabat shalom
Daniela

delarica@unav.es dijo...

Shabat Shalom!

Bel M. dijo...

No sé si lo sabías. Aquí:
http://elsindromechejov.blogspot.com/2010/03/enrique-vila-matas-la-cultura-visual-no.html
Vila Matas recomienda este artículo. Lo acabo de ver por pura casualidad.