viernes, 18 de septiembre de 2009

Beso Robado

Hay media docena de cuadros por los que estaría dispuesto a todo. ¡Qué exagerado! Piensa lo que tú quieras…, pero acompáñame al Hermitage a verlo. No puedo ni imaginarme como me van a temblar las piernas cuando me encuentre delante de Le baiser à la dérobée. Casi nadie ha pintado el gesto del amor como Fragonard: ¿conoces la serie El Progeso del Amor? Pues no te la pierdas, por favor: te hará más lúcida y más libre. Por cierto, todo esto venía a cuento de que Ediciones Siruela ha sacado hace poco un librito precioso, titulado justamente: Delante de la pintura. Son escritos, poemas, apuntes de Robert Walser acerca del arte pictorico. Mira, yo siempre había pensado que Walser (uno de los verdaderamente imprescindibles) era un hombre tocado por el cielo. Pero ahora, después de leerle estos días, estoy aún más convencido de ello. Te copio con emoción lo que escribe sobre este cuadro: Lo que acontece en el primer plano del cuadro puede ciertamente haber acontecido en cualquier época, no ha de significar por fuerza algo parecido a una revolución, y sin embargo lo es, pues una relación de veras hermosa, íntima, siempre se rebela de algún modo contra los convencionalismos y la autoridad. La señora de la casa, evidentemente lo es, una figura por así decirlo armoniosa, le ofrece su rostro para que él lo bese, y dado que el caballero en cuestión es más bajo que ella, para darle prueba de alguna manera de ternura tiene que dilatarse, alargarse, estirarse. El rostro de ella, que está tan animada, denota miedo y dicha a la vez (ambas cosas están concentradas en el modo en el que se cogen las manos), y mientras un rostro tan hermoso de mujer trasluce esta mezcolanza de sentimientos, se ocupan de saborear el vino, inmersos en una conversación divertida e ingeniosa, aquellos que dejarían en el acto de estar de buen humor, si un vientecito llevase a sus oídos lo más liviano del proceso que aquí se retrata. Ojalá los que en su calidad de consumados clasicistas que desprecian todo lo romántico, es decir: profundo, estén dotados de abundantes aptitudes para no albergar recelos. Creo que la exquisitez del cuadro reside en el modo de representar el propio beso. Cuando la boca de él roza la mejilla de ella, en esta última se percibe un hoyuelo, como si la blanda mejilla fuese un cojín. Fragonard parace uno de eso pintores que han trabajado poco, pero también hay otros ejemplos en el ámbito artístico que han mostrado que una obra vital imperecedera no requiere acumulaciones, más bien dice algo que enriquece la existencia, algo que puede ser olvidado, para ser más tarde de nuevo amado, que de vez en cuando puede censurarse, pero que quizá precisamente por eso surta luego un efecto mucho más profundo.
Casi nada…

10 comentarios:

Icíar dijo...

¿Otra serie?¡Madre mía¡

(es una broma)

Me ha gustado esta entrada.

Henohenomoheji dijo...

Conozco otro "beso robado" que también merece una lectura. Si me permites un reparo, es una lástima que en tu post no se vea la escena completa del cuadro; la conversación al fondo y el pie del muchacho pisando el faldón.
El texto de Walser es, por otra parte, maravilloso
Saludos

delarica@unav.es dijo...

por supuesto que te le permito; tienes razón, además, por ambos detalles, especialmente la conversación a la que Walser dedica tanto espacio: quería que se viesen los hoyuelos pero ni con esas (habrá que ir a verlo a San Petersburgo)
me meteré con calma esta tarde en ese blog victorioso (mi hija mayor se llama Victoria): tiene una gran pinta: gracias por descubrirmelo

Anónimo dijo...

El otro día oí decir que la mayor revolución es la de ser nosotros mismos.

Dejarse de tanto decoro, dejar vencer a la espontaneidad, y "robar besos". Si robáramos todos los besos que queremos...

Isabel Núñez dijo...

Ah, Robert Walser es un favorito y yo no sabía de ese libro! Correré a encargarlo, para cuando vuelva a ser libre... gracias!

José Ignacio dijo...

"...que una obra vital imperecedera no requiere acumulaciones, más bien dice algo que enriquece la existencia..."
Ya hemos hablado, Álvaro, antes de que en el Arte la magia aparece cuando nos despojamos de lo superfluo y nos acercamos a lo esencial. Ese es el reto ¡Casi nada!

María dijo...

"algo que puede ser olvidado, para ser más tarde de nuevo amado, que de vez en cuando puede censurarse, pero que quizá precisamente por eso surta luego un efecto mucho más profundo".
W-O-W... ¿Crees que puede ser olvidado?

María dijo...

Me he precipitado en la lectura y, las líneas que he copiado, las he atribuido al acto reproducido en la obra, y no a la obra en sí misma...
Siento ser tan pesada con mis errores y posteriores rectificaciones (aburridas), pero estoy un poco espesilla...
¡Perdón a todos!

ossip dijo...

He entrado en tu blog a través de un programa de radio que me proporcionó el insomnio y en el que participabas hablando de Kafka. Me ha parecido muy interesante el contenido. En un viaje reciente a Suiza planeaba seguir las huellas de Walser pero se me quedó en el tintero por falta de tiempo. El libro que mencionas no lo conozco; tendré que añadirlo a mi sección Siruela-Walser. Saludos.

delarica@unav.es dijo...

pues muchas gracias; saludos para ti también