miércoles, 27 de julio de 2011

El despertar

No existe "el tiempo": lo que hay son tiempos distintos que suelen repetirse cíclicamente. Por ejemplo hay un tiempo, el del despertar, en el que la mente se flexibiliza hasta el vértigo. Lo he comprobado mil veces: después de llevar dormido unas horas me desvelo. Es como si la mente estallara desde el sueño. Entonces no soy yo quien da vueltas en la cama sino mi mente la que revolotea sobre el mundo entero. No hay adentro ni afuera. Me convierto en un cohete cargado de ideas que corren como liebres. Citas, alusiones, sentimientos, ocurrencias todas válidas, todas dispuestas naturalmente según el orden del arte. Todas mezcladas y todas en orden. Es una experiencia perfecta, deslumbrante, abismal. La memoria las lanza todas hacia una diana y acierta siempre. He llegado a pensar en tener una copista a mi lado para dictarle todo lo que se me viene a la mente en esos minutos. No daría abasto. Si me dispongo a anotarlas, ya sólo recogería la mitad. Me suelo volver a dormir, y por la mañana ya no me queda ni el diez por ciento de lo visto y sentido. Sin la rapidez, ni la frescura ni la profundidad del alba. Merecería la pena vivir sólo para un despertar.

2 comentarios:

Santanderino en el exilio dijo...

Que razor tienes y que claro lo expresas.....

Por otro lado que suerte tendras si presencias la faena del de Galapagar. Espero que me lo cuentes con pelos y señales.

Creo que sabes quien soy....

delarica@unav.es dijo...

creo que me hago una idea… ja ja