jueves, 30 de diciembre de 2010

Don José Orlandis (1918-2010)

Ha muerto en Mallorca, en la víspera de la Navidad de 2010, a la edad de noventa y dos años, Don José Orlandis. Tengo la inmensa suerte de haberle conocido, de haber hablado muchas horas con él, y de poder contarme entre sus amigos. Guardo como oro en paño una docena de cartas suyas. Nos separaba medio siglo (con todo lo que eso significa), pero nos unían cosas que están más allá del tiempo. Me ayudó en varios de mis libros, a fondo, como hacía él las cosas, me leyó, me corrigió. Por supuesto yo le leí mucho más a él, especialmente todo lo que escribió sobre la génesis y el desarrollo de la España visigótica; he de confesar que tenía por su persona y por sus escritos (cuyos planteamientos no siempre comparto) un respeto reverencial. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que, de alguna forma, aún desde la discrepancia, los aceptaba acríticamente. Me parecía alguien tocado por algo especial, algo que poca gente tiene y que después él cultivó hasta la extenuación. Es una mezcla de bondad, de experiencia, de moderación, de sabiduría, en una palabra. Un ejemplo, tonto quizás. Un día le confesé que estaba harto de Pamplona. Me parecía pequeña, chata, aburrida. Le explicaba, con entusiasmo, que deseaba vivir en Nueva York, en París o en Berlín, y que estaba haciendo planes para irme. Me miró con verdadero amor paterno. Con su voz entrecortada, me dijo: "Álvaro, te entiendo muy bien, si te vas yo iré a verte con mucho gusto, pero también te digo que, para un cristiano, cualquier ciudad es buena". No se me ha olvidado esa afirmación. Don José conocía el siglo XX como pocos. Lo había vivido (y escrito) en gran parte, había tratado a muchos de sus protagonistas, lo había estudiado, sondeado, contrastado con el pasado, con la tradición en la que vivía con toda naturalidad. Nunca le oí hablar mal de nadie. Lo suyo era comprender y, siempre que podía, amar. Con distancia. Como los artistas, pero amar al fin y al cabo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

On Hobby Horse (2)

Por fin puedo inclinarme sobre el teclado y poner negro sobre blanco lo que pienso acerca de ese vídeo que me regalaron por Navidad. Seré breve. Un caballo de juguete, para un niño, sustituye a un caballo "de verdad". El niño ha visto montar a caballo: en la tele, en una película, o en vivo y en directo. A lo mejor él mismo monta (lo que hará menos necesario, en su caso, el mecanismo de la sustitución). Pero da igual, cuando está en casa quiere subir en su caballo y galopar por los paisajes y las playas de su imaginación. Un niño necesita galopar. Y puede hacerlo a placer por el pasillo de su casa. No está jugando. Está galopando a caballo porque el palo tiene una determinada forma, adecuada a la sustitución del animal. El niño pone los relinchos y los movimientos ondulantes de la cabeza. Le ofrece al palo un azucarillo, y le habla, con indulgente señorío, como Don Quijote a Rocinante. Sustitución (de una necesidad) y forma. Dos principios básicos de cualquier arte (continuará).

lunes, 27 de diciembre de 2010

On Hobby Horse

Una amiga me envía un regalo de Navidad precioso: un vídeo en el que, junto a otras cosas, aparece un niño y un caballo de juguete; mejor, aparece un hombre viejo que recuerda que fue un niño y que le regalaron un caballo de juguete; no, qué digo, aparece un hombre viejo que toca el piano y recuerda su vida, y entre sus recuerdos del niño que fue hay uno muy especial en el que le regalan un caballo de juguete. Mañana espero comentarlo despacio.

sábado, 25 de diciembre de 2010

My top five (los cinco mejores libros del año)


Éstos son los cinco libros mejores que he leído en el 2010:


1. Dublinesca (Enrique Vila-Matas)
2. Mes cendriers (Florence Delay)
3. El horizonte (Patrick Modiano)
4. Un año de escuela en Trieste (Gianni Stuparich)
5. Palazuelo (Catálogo Fundación Juan March)

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!

"SE PUEDE ORGANIZAR LA FIESTA, LA ALEGRIA NO"



martes, 21 de diciembre de 2010

Siete libros (¿para regalar?)

Mi amigo Víctor Gallego me manda desde la fría Noruega su último trabajo: el libro-audio (Ediciones Singulares, 2010) sobre Tolstói, de la serie Los escritores y la música. Incluye un estudio de Víctor sobre la relación del genio ruso con la música. Una delicia. Y, junto al texto, un CD con la música que oía el novelista (comenzando por un Vals en fa mayor compuesto por Tolstói). Merece la pena escucharlo.
Otro buen amigo, el novelista chileno Carlos Franz, ha presentado en Madrid La prisionera. Una novela que se desgrana en un rosario de cuentos; un puñado de cuentos que conforman una perfecta imagen novelística. El libro, editado en Chile, ha obtenido importantes premios, y no me extraña en absoluto. La escritura de Carlos es deslumbrante: por su fuerza, por su ritmo, por su riqueza léxica. Los demonios de Carlos (el mal, la estupidez, el dolor, la falsedad que encierra cualquier construcción cultural o religiosa) reaparecen aquí como un viento helado que corta la respiración. Alta literatura. Un cuchillo. Carlos es el sucesor natural de los Fuentes, Vargas Llosa, Lezama.
Corina Dávalos, amiga, poetisa en este caso, ha publicado un bellísimo, mínimo, esencial libro de poemas. Memoria del paraíso (Siltolá Poesía, 2010). Bloguera de raza, creo que algunas de las composiciones habían aparecido antes en su bitácora. Poder acunarlas entre los brazos, portarlas con uno (como he hecho yo durante mes y medio), abrir el libro y encontrar bellezas como ésta: ASOMBRO. CONTRALUZ, calor y tiempo:/como florece la rosa,/así madura el misterio. Pienso que Corina, si no se traiciona a sí misma, hará una obra poética importante.
Llevo tres noches leyendo, para espanto de Paula, un ensayo de Remo Bodei sobre el fenómeno del déjà vu. Pirámides de tiempo. Hablaré con calma de este libro, que tiene luces y sombras. La principal virtud, a mi modo de ver, está en que el filósofo italiano haya sido capaz de enfrentarse con algo que yo siempre he pensado que tiene un hondo calado metafísico. La sombra, aunque habría mucho que matizar, puede ser que no acabe de enfrentarse al fenómeno desde ese plano. Lo psicológico pesa más, pero me parece que es así porque Bodei no sabe muy bien que hacer con lo que está más allá de lo que se percibe o se ve. Se pierde. Le falta imaginación creativa. No obstante, el tema es tan interesante que la lectura resulta provechosa.
He leído dos documentos, en sendos volúmenes aparecidos recién, que os recomiendo vivamente. El primero, en Hannah Arendt, Lo que quiero es comprender (Trotta, 2010), la carta con la que la filósofa contesta a las acusaciones que había recibido, de parte de Gerhard Scholem, de carecer de afecto a lo judío. Todo giraba entorno al proceso Eichmann y a las consecuencias del famoso libro de la discípula de Heidegger. Alucinante la dureza de las cosas que se dicen, con toda lealtad, respeto y honestidad intelectual. Estos no se andaban por las ramas. Pienso que, junto a la correspondencia de Arendt y Jaspers (incluida en parte en el volumen), de Heidegger y Jünger, y del propio Scholem con Walter Benjamin, este texto apunta a la cuestión esencial de la dialéctica individuo frente a sistema de pensamiento (en cualquiera de los campos o facetas de la vida a la que queramos aplicarlo). El segundo documento es una entrevista que Kevin Power hizo a Pablo Palazuelo en 1995, y en la que hablan a fondo de los primeros tiempos del pintor en París. Me ha interesado el relato que hace de la llegada entonces a la capital de Francia de Eduardo Chillida. Sorprendente lo que dice. Está en un magnífico catálogo que la Fundación March ha editado sobre Palazuelo. Incluye también unas interesantes cartas cruzadas con mi adorado Claude Esteban.
Y, por último, ha salido por fin el texto que Pascal Quignard dedicó al pintor francés Georges de la Tour. Quignard deseca lo que toca. Cómo no recordar su libro, magnífico por lo demás, El odio a la música. Juega esa baza porque se piensa que es la portroyalista. Le falta el espíritu de mes dames et de mes sieurs. Los que hemos aprendido a mirar con Don José (Jiménez Lozano) sabemos que ahí había algo más, pero aún así, y por contradictorio que parezca este approach, el librito es una joya. Yo me alegro de tenerlo en casa al alcance de la mano.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Philip Larkin

When we first faced and touching showed

When first we faced, and touching showed
How well we knew the early moves,
Behind the moonlight and the frost,
The excitement and the gratitude,
There stood how much our meeting owed
To other meetings, other loves.

The decades of a different life
That opened past your inch-close eyes
Belonged to others, lavished, lost;
Nor could I hold you hard enough
To call my years of hunger-strife
Back for your mouth to colonise.

Admitted: and the pain is real.
But when did love not try to change
The world back to itself--no cost,
No past, no people else at all--
Only what meeting made us feel,
So new, and gentle-sharp, and strange?