Para mí la artista musical más grande de los últimos treinta años, by far.
martes, 13 de julio de 2010
lunes, 12 de julio de 2010
El beso de Casillas

No ha sido verdad, por favor, dime que en realidad no ha ocurrido: o sea que ya estamos como siempre, aquí en cuanto ganamos algo, lo perdemos sobre la misma marcha; pero quién coño se habrá creído este tío para joder mi carrera. ¿El mejor portero del mundo? ¿San Iker? ¿El gran campeón? Un idiota, eso es lo que es… No creo que se lo pueda perdonar nunca. Y no me vengas con lo mal que lo ha pasado, que si las críticas, que si ya no era el que había sido, que si estaba harto de tanto envidioso (y a mí que me parece que en el fondo le ponen esos comentarios), que si me habían maltratado hasta hartarse. Muy bien, ¿y qué? ¿Es que yo no cuento? ¡La novia de Casillas! Pues ahora sí que lo has arreglado, so tonto. Teníamos el beso de Judas, el de Doisneau, y ahora tenemos el beso de Casillas. ¡Cómo me alegro de haber pasado a la historia de la mano de un memo! Veo a las hienas riéndose y lamiéndose las pezuñas. ¿No habían dicho que yo estaba aquí por ti? ¿No han dicho que la cadena había jugado con el morbo? Pero, vamos a ver, ¿es que no te das cuenta? No sabes que con ese gesto de animal en celo les has dado la razón. Iker, ¡por toda la escuadra! Ayer, al acostarme, pensaba una tontería, y casi me da la risa: me preguntaba si Vicente hubiera cometido semejante disparate. A que no. Ese sí que es un señor. Pues no voy y le pregunto que de quien se acuerda, en un momento así, y me contesta con esa mirada perruna que de mucha gente pero que se lo guarda para él. Ese tío sí que sabe lo que es la vida. Ni campeones del mundo ni leches. Él a lo suyo. A trabajar y a respetar al de al lado, y más cuando el de al lado es el amor de tu vida. Desde el momento en el que me besaste, me pregunto, dichoso campeón del mundo, pequeño tonto, si no te hubiera bastado con besarme fuera de cámara, si no soy lo suficientemente importante para que me hubieras guardado sólo para ti.
miércoles, 7 de julio de 2010
Notas para un diario 164 (Lampedusa)

Me levanto a la hora en punto para, desde el exilio francés, ver por TVE el primer encierro. Rápido. Multitudinario. Los toros bien plantados y con unos pitones que daba miedo sólo el verlos. Sin grandes percances y, menos aún, sin muertos. Green decía que, en literatura, la cosa empieza a ponerse interesante cuando aparece el primer muerto. ¿Y en la vida? Quizás también ocurre otro tanto. El mismo Green me decía que en el acto sexual, junto a la vida, aparecía siempre, en los amantes, el instinto de muerte. Yo mismo lo he experimentado y he reconocido, en esos momentos únicos, y acaso fúnebres, que la conexión romántica amor/muerte no es algo sólo metafórico (y mucho menos algo exagerado o ridículo). Es real y palpable. En un orden paralelo de cosas, siempre he pensado que era a eso a lo que apuntaba Nietzsche con la frase sobre la muerte de Dios. Que desde entonces las cosas se han puesto interesantes. ¿No me decías tú que tanto el bien como el mal eran sagrados? Por supuesto que te entendí, y a la primera: son las cosas que nos ponen en la conexión sobrenatural. No sólo el bien. No sólo. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, Dios ha muerto realmente. Pensaba en todo esto releyendo anoche el comienzo de El Gatopardo. Lampedusa (en la foto) tenía interiorizado el aserto greeniano y en la descripción inicial de el jardín principesco coloca estratégicamente un muerto: la cara hundida en un charco de vómito y sangre, las uñas clavadas en la tierra, cubierto de hormigas; bajo las bandoleras los intestinos habían formado otro charco violáceo… Un muerto bien muerto. Poco antes ha dicho, al hilo de la morosa descripción del vergel, reflejo de la decadencia de una civilización, que en cada terrón se palpaba un anhelo de belleza pronto vencido por la desidia. Belleza, amor, eternidad, muerte. C´est l´ordre donné à la nuit. Realidades que asocio indefectiblemente a ti.
sábado, 3 de julio de 2010
El gran Micah P. Hinson
Quiero conocer a este tipo, quiero ir contigo a verle, en peregrinación, y contar su historia; su voz… qué contrastes de dolor y de salvación, ¿lo notas, don´t you? a que sí, a que sabes perfectamente de lo que te hablo…
viernes, 2 de julio de 2010
Notas para un diario 163

Volviendo en moto de Madrid, de madrugada, al paso del paisaje más bello del mundo, el que menos tiene, el que más te da, a los pies del Monte Cauno, me respondí a mí mismo que a partir de ahora sólo me dedicaría a una cosa: a comprender la vida y a intentar escribirla. En cuanto al "nouveau-né", le velasques de yale, hablaré pronto, mañana quizás.
Atribuido a Diego Velázquez, La educación de la Virgen.
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