sábado, 18 de diciembre de 2010

Sobre Hobby Horse

La editorial Isla de Siltolá de Sevilla me ha solicitado una selección de entradas de mi blog para una antología de blogs literarios. Junto a la selección que piden, envían a los autores un cuestionario con once preguntas, que yo he respondido (con brevedad) tal y como aparece aquí abajo:

1. ¿Por qué creaste un blog?
Supongo que porque me sentía solo.
2. ¿Desde cuándo existe el blog?
La primera entrada es del 23 de abril de 2008 (llevo escritas casi mil)
3. ¿Por qué lo llamaste así?
Una amiga mía me dijo, después de leerme, que tenía que aprender a jugar con la literatura: por eso pensé en llamarlo Hobby Horse.
4. ¿De qué temas tratas en él? ¿Por qué?
Sobre todo, y cada vez más, de libros. Antes, al principio, trataba más de mí. ¿Por qué? En parte, trata de libros porque es la mejor manera de borrar las propias huellas a la vez que escribes de los temas que de verdad te importan.
5. ¿Con qué periodicidad escribes?
Casi cada día.
6. ¿Cuánto tiempo dedicas, según la frecuencia con la que escribes, a la elaboración de cada entrada?
Veinte minutos de escritura material; y todo el día (más la noche) para leer, pensar en lo leído o para ensoñarlo.
7. ¿Qué expectativas tenías al comenzar el blog? ¿Se han cumplido?
No tenía ninguna especial, además de que me ayudase a soltar la pluma (el teclado en este caso).
8. ¿Qué otros blogs sigues habitualmente?
Bastantes, comenzando por los que tengo enlazados en el mío.
9. ¿Qué opinión te merece el fenómeno “blogs” en esta era virtual?
A mí personalmente me ayuda el tener uno.
10. ¿Cómo definirías tu propio blog?
Se parece bastante al autor: aburrido, insistente, vasco.
11. Cómo definirías tu relación virtual con los lectores de tu blog? ¿Qué te aportan? ¿Modifican tu manera de escribir?
Hay dos grupos de lectores: aquellos cuya relación es virtual (ni siquiera los conoces en carne y hueso) y aquellos, de entre quienes te rodean, que además te leen. Los segundos son muy importantes para mí. Los primeros también, pero en el fondo lo que me gustaría es conocerles.

P.S. Si alguien quiere sugerir alguna entrada, estaré encantado en incluirla entre las que enviaré para la antología.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Kafka en audio




Por si alguien tiene interés en oírlas, pongo aquí y aquí las transcripciones en audio de las dos conferencias sobre Kafka que di recientemente en la Fundación Juan March.

martes, 14 de diciembre de 2010

La muerte de John Cornford (1915-1936)

"Cuando llegamos a la Ciudad Universitaria, conseguimos entrar en el edificio de Filosofía. Construimos barricadas con volúmenes de metafísica hindú y filosofía alemana de principios del siglo XIX; eran "totalmente a prueba de balas"... Exploramos la biblioteca; en la gran sala de lectura, armas anti-tanque descansaban sobre las mesas; los libros valiosos y los manuscritos habían sido llevados fuera pero había muchos otros libros llenos de interés para nosotros; descubrimos una colección de clásicos Everyman y los llevamos a nuestra habitación. Una fría mañana encontré en un estante Los poetas de los lagos de Thomas Quincey, me envolví en una alfombra y pasé todo el día leyendo, con voracidad, sobre Wordsworth y Coleridge, en otro lugar, en otro tiempo; en dos ocasiones nos bombardearon desde el edificio de enfrente y tenía que dejar el libro para disparar contra los falangistas que saltaban como conejos cada vez que estallaban los obuses. Leí toda la tarde y había llegado al último capítulo de Los poetas de los lagos cuando estalló un obús en la biblioteca, llenándola de humo y polvo... las figuras se movían confusamente y la cabeza de John (Cornford) estaba sangrando ..."

John Sommerfield, Volunteer in Spain, 1939.

"Habíamos descubierto la biblioteca intacta en el sotano y subimos las escaleras, casi tambaleándonos, con los brazos llenos del Everyman Library... John había abierto al azar The Cloister and the Hearth y, después de media hora en silencio, me miró diciendo que Charles Reade era un buen historiador. Mi réplica nunca llegó a salir de mis labios. Hubo un gran estruendo que pareció que me iba a arrancar la cabeza y fui arrojado al suelo. Cuando conseguí mirar a mi alrededor, la sala estaba llena de un humo sucio y negro y John estaba tumbado junto a mi, con la cara ensangrentada..."

"Las barricadas estaban hechas con libros de la biblioteca; cogimos los más grandes y voluminosos que pudimos encontrar; entre ellos, recuerdo que había una enciclopedia de religión y mitología hindú. Más tarde descubrimos, después de escuchar los impactos de las balas en los libros, que el grado de penetración de las balas llegaba aproximadamente hasta la página 350; desde entonces me incliné a creer, como nunca lo había hecho antes, aquellas historias de soldados cuyas vidas habían sido salvadas por un Biblia que llevaban en el bolsillo de su chaqueta"

Bernard Knox, Memorias.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Enrique Morente (1942-2010)

Hoy el mundo es más pobre.
Ha muerto el maestro.
Me dicen que su hija Estrella (que aparece como un ángel al final de este audio) llevaba días a su vera, cantándole nanas al oído.
Descanse en paz.
¡Qué grande, qué grande, Enrique Morente!


Valentín García Yebra (1917-2010)

Para entendernos bien, debemos saber el nombre de las cosas y llamar a cada cosa por su nombre. Pero el habitante de la ciudad suele desconocer –en España, no tanto en otros países– el nombre de las cosas del campo. ¿Y cómo se puede conocer de veras aquello cuyo nombre se desconoce? ¿Cómo se puede amar sin saber el nombre de lo que se ama? La necesidad radical de nombrar se manifiesta ya en el relato bíblico (Génesis, I, 19): "Yahvé Dios, habiendo formado de tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, las llevó ante Adán para que viera cómo las llamaría… Y Adán dio nombre a todos los animales, a todas las aves del cielo y a todas las bestias del campo". No se dice que diese nombre también a los vegetales. Quizás dejó esa tarea para sus descendientes. En cualquier caso, es bueno aprender, y aprender bien, el nombre de las plantas.

P.S. De El buen uso de las palabras (Gredos, 2003)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Les amours enfantines

En Un año de escuela en Trieste (Minúscula, 2010), el relato de Giani Stuparich que acabo de leer, en sus apenas cien páginas, por las que resulta difícil pasearse, de tanta belleza que rezuman, aparece un reflejo mítico de los verdes paraísos de los amores infantiles de los que hablara Bau-de-l´aire en Moesta et Errabunda. (Por cierto, mientras leía notaba un calor en el pecho: la confianza material de que la literatura en estado puro es una alegría que no se acabará nunca). Por fin, un buen día, de improviso, dos amigos se miran: "Las pupilas de ella eran de una luminosidad solar, y por su boca pasaban los sentimientos como suaves sombras en los prados. Antero naufragó en toda aquella luz y por un instante tuvo la sensación de que quizás habría sido mejor no existir, porque dolía demasiado; y la miró como si implorase la muerte. Edda Marty parpadeó como para alejar de sí aquella mirada, y con unos ojos más dulces, en que refulgían bellas briznas de oro, y con la voz un poco silbante, ruborizándose, lo invitó a dar un paseo" (19). Et in arcadia ego: en medio del esplendor amoroso se agazapa la muerte. A ese primer paseo le siguen otros muchos: "Sabían que era necesario un descanso, una pausa en su extenuante deseo; y, en efecto, al día siguiente se ponían de buena gana a caminar, esforzándose en volver al espontáneo proceder y las conversaciones de cuando eran simplemente dos compañeros de instituto en buena armonía que paseaban alegremente juntos; pero una ocasión que les ofreciera el taimado camino, una palabra dicha con pasión, a veces un simple cruce de miradas, los sumía de nuevo en el ansia amorosa; y entonces los besos tenían un dulce y fuerte sabor a ira y a sangre" (46). Éros y tánatos se funden y confunden en la morosa descripción de las pasiones primordiales. Entonces, por detrás del escenario, aparecen, como dos inmensas luces negras, el secreto ("Y había que esconder todo eso, lograr que nadie lo advirtiera", 47) y, lo que resulta aún mucho más oscuro, la nada muestra su inquietante rostro: "Maravillosa correspondencia hecha de nada y llena de significados, emociones y resonancias (46).

sábado, 11 de diciembre de 2010

El discurso del Nobel

-¿Te has leído el Discurso del Nobel?
-Claro.
-¿Y?
-Vaya…
-No dice gran cosa.
-No.
-¿Dónde están los grandes discursos? ¿Recuerdas el de Camus, el de Faulkner, el modo en que hablaron de la literatura y de los pobres, de los desheredados de la tierra?
-Sí, me acuerdo, pero yo creo que lo ha hecho aposta.
-Puede ser, pero, ¿por qué? ¿por qué un discurso tan plano?
-No lo sé, pero lo ha debido de hacer aposta.