viernes, 10 de diciembre de 2010

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Amor retrospectivo

Una de las manifestaciones más destructivas de la pasión amorosa son los celos retrospectivos: el ansia masoquista de conocer todos los detalles de la vida erótica de la persona que amamos, cuando ese conocimiento duele y menoscaba nuestro sentido morboso de posesión de dicha persona. También hay quienes prefieren ignorarlo todo, como si esa persona hubiera nacido hoy. Me preguntaba si alguien ha hablado, en cambio, del amor retrospectivo. De la actitud de acogida al amante con todo su pasado, y, especialmente, con su bagaje y experiencia amorosa previa; la alegría de sentir que se ama a alguien a quien la vida, con sus luces y sombras, siempre difíciles de discernir como tales, ha convertido en el ser pleno, complejo y libre que es ahora.

martes, 7 de diciembre de 2010

Kafka: su vida, su obra, su tiempo (2)



La última de las dos conferencias sobre Kafka, en la que intentaré aproximarme a algunos aspectos de su obra, tendrá lugar el próximo jueves día 9, a las 19:30, en la sede madrileña de la Fundación Juan March (Castelló 77).

lunes, 6 de diciembre de 2010

Últimas lecturas

Aunque no han sido días particularmente tranquilos, con algunos viajes y bastante trabajo, sí he podido leer varios libros que quizás interesen a alguien, tal vez con vistas a los días de Navidad (al fin y al cabo, ya que tengo la suerte o la desgracia de dedicarme profesionalmente a leer, pienso que lo menos que puedo hacer es ofrecer mis impresiones de lector a los demás…). Fiel a una pasión por su obra que no para de crecer, leí lo último de John Berger publicado en español. Un ensayo político titulado Con la esperanza entre los dientes (Alfaguara, 2010). Brillante, con momentos increíbles, como siempre. Marxista de convicción, a Berger le interesa y le preocupan los temas políticos. Lo admiro, pero no puedo estar de acuerdo con los extremos a los que lleva, de modo implacable, sus razonamientos. Por ejemplo cuando afirma que, al lado de la estrategia política de Occidente ("de las doscientas multinacionales al Pentágono") con el resto del planeta, Bin Laden "es un cuento de hadas" (p. 39). Me parece un pensamiento infantil. Junto a estos excesos, cosas geniales, como cuando recuerda a Guy Debord: "Así como la acumulación de bienes de consumo producidos masivamente para el espacio abstracto del mercado aplastó todas las barreras regionales y legales, y todas las restricciones corporativas de la Edad Media que mantenían la calidad de la producción artesanal, también destruyó la autonomía y la cualidad de los lugares" (p. 119). Pero no todo es la política. Para compensar he leído, en algunos casos releído, los Cuentos completos de Marguerite Yourcenar (Alfaguara, 2010). Una belleza. Casi se me saltan las lágrimas al leer el esbozo que hace de mi santa patrona María Magdalena (y de su grito: "Dios mío, en vuestras manos entrego mi cuerpo"). Al leer esas páginas, cuidadosamente trabajadas, uno se pregunta, con la escritora, si en esta vida es mejor estar loco de alegría o permanecer "cuerdo de dolor". Por terminar con Alfaguara (parece que trabaje a comisión, ¿verdad?, pues no es así): he leído la segunda parte de la novela Contra el viento del norte, titulada Cada siete olas (de Daniel Glattauer). Dos personas se enamoran por email. Y, ¿qué hacer? Madame Bovary redivida. La primera parte me fascinó. Hacía tiempo que no esperaba una secuela con tanta excitación. Fui varios días seguidos a mi librero de cabecera para ver si había llegado, y volví decepcionado, hasta que por fin la tuve entre las manos. Entonces, ya en casa, mi hija mayor me la quitó para leerla. Me aguanté, porque pensé que así compartíamos la misma pasión. Cuando por fin, la recuperé, me la leí en dos noches, con parecida fruición. Creí que acabaría de una determinada manera, pero acaba de otra. Y he perdido una cena. Tant mieux!
He leído también dos libritos sobre libros. Otra vieja pasión. Octave Uzanne, El fin de los libros (Gadir, 2010), un cuento de finales del XIX que vaticina el destino final de la galaxia Gutenberg. Interesante, como lo es también, bastante más de hecho, la publicación por separado de El vicio de lectura, un breve pero sustancioso ensayo sobre la lectura de mi adorada Edith Wharton (Olañeta, 2010).
Por último, he releído Las actas relativas a la muerte de Raymond Roussel (Gallo Nero, 2010). Vila-Matas le ha dedicado un texto espléndido al trabajo de Leonardo Sciascia. Yo, por mi parte, quiero destacar el epílogo del editor, Julio Reija. Preciso y luminoso. Se pregunta porqué Sciascia se interesó en la suerte de un escritor como Roussel, que estaba en sus antípodas personales, mentales, literarias. Da varias razones, todas ellas verosímiles y atinadas (especialmente la razón del trauma fraternal). Falta quizás una, sencilla y esencial: el nunca suficientemente ponderado afrancesamiento del maestro de Regalpetra.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La vida

La vida llegará con avidez y ruido. Conocerán el sol. El mundo será esa claridad que nos pierde; los abismos de sal, la fronda de oscuras esperanzas, el vuelo del solitario corredor que se da alcance a sí mismo.
Un círculo de aire para atrapar algo de lo perdido.
El sueño de ayer, la imagen que se escapa entre dos aguas, que se multiplica y transforma hasta no ser sino el agua misma, el brillo deslumbrante, instantáneo, de los propios deseos.
Blanca Varela, de Antes del día.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Notas para un diario 183

Llevo algunos días sin escribir aquí. Varios viajes, lecturas (de las que hablaré mañana) y un cierto cansancio de fin de trimestre. Hemos venido a Biarritz con varios amigos. Desde el coche, al pasar por el puerto de Velate se veía esto. Una belleza blanca bajo un cielo intensamente azul. En el corazón tantos sentimientos, de alegría, de paz, de esperanza también. Un día así es una demostración de que la felicidad debe de ser posible. Al ver, al fondo, los Bas-Pyrénées, con sus cumbres nevadas, Inés, desde atrás, en el coche, dice sin pensarlo: "Un desierto de nieve". Eso mismo pienso yo, un desierto de nieve.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Chillida-Leku

Hoy nos desayunamos con el anuncio de que el próximo 1 de enero cierra el Chillida-Leku. La razón aducida es que la familia no puede asumir el "déficit recurrente" del museo. A mí me lo enseñó el propio Eduardo Chillida, con el que pasé en aquellas campas una mañana delicosa. Lo curioso es que no hablamos para nada de lo que teníamos delante. Como Petrarca en la cima del Ventoux, el escultor y yo no paramos de hablar de Parménides y Heráclito, y de sus concepciones del tiempo. Después acudí con el poeta polaco Adam Zagajewski. Recuerdo que a la vuelta a Pamplona, en el coche, Adam se quedó dormido. Quizás soñaba con los versos de Guillén que le había recordado ante las esculturas de Chillida: Soy,más: estoy. Respiro/Lo profundo es el aire/La realidad me inventa/Soy su leyenda. ¡Salve! Yo pienso que la razón fundamental es que para que algo así pueda salir adelante hay, primero, que haber soñado con ello; sólo entonces la realidad lo inventa.