Una vez más la vieja
España, cerrada sobre sus inmensas pequeñeces, me sorprende: no he encontrado, en un solo medio nacional, artículo alguno sobre la significación del
Cardenal Newman, y de su
Beatificación en el Acto de
Birmingham, al final del reciente viaje del
Papa a
Escocia e
Inglaterra. De la
so called progresía no esperaba nada al respecto (si al sectarismo le sumamos el desconocimiento, el resultado no puede ser otro que el de despreciar lo que se ignora), pero de los liberales (¿los hay?) o de los católicos que escriben, algunos en tribunas muy altas (normalmente para protestar por todo), hubiera cabido esperar algo más. ¿O no?
Newman es para mí un padre espiritual, alguien a quien me vinculé de por vida desde mi más tierna adolescencia, acaso uno de los más intensamente cercanos. Hablé de él, de
una anécdota de las
miles que se podían contar, hace meses.
Newman, el de la prosa "cloistral and silverveined", en palabras de
James Joyce (
The portrait…), es uno de los grandes místicos de todos los tiempos. Místico, por la altura y la hondura de su percepción de lo sobrenatural (os recomiendo por ejemplo la lectura de un texto titulado
El mundo invisible), pero con una cabeza y un discurso racional admirado por todos los que lo han estudiado a fondo, de
Borges a
George Gusdorf, del propio
Joyce o
Hopkins a
Mandiargues. No hay sitio aquí, ni en mil entradas más, para trazar su semblanza. En la biblioteca de la universidad tenemos sus más de cien volúmenes publicados, y yo acudo a ellos en los malos momentos, los hojeo cuando estoy melancólico, para encontrarme de lleno con el mundo de la razón y del espíritu. Me basta ahora con recordar su papel como defensor de la conciencia individual, en un tiempo relativista en el que reinaba en
Occidente la más funesta confusión entre lo político y lo privado (a los horrores totalitarios posteriores me remito). "Si algún
Papa hablara en contra de la
Conciencia, en el sentido auténtico de la palabra, estaría cometiendo un acto suicida. Ese
Papa estaría cortándose la hierba debajo de los pies. La autoridad teórica del
Papa, lo mismo que su poder en la práctica, se fundamentan en la
Ley de la Conciencia y en su sacralidad. La historia juzgará si este o aquél
Papa concreto, en este malvado mundo, tuvo siempre presente esta gran verdad en lo que hizo" (
Carta al Duque de Norfolk). Y, ¿qué entiende
Newman por la
Ley de la Conciencia? Exactamente lo mismo que entendió
Abraham, antes y durante el famoso sacrificio,
Antígona (Sófoclés), Agustín de Hipona, Tomás Moro o el maestro
Eckhart: LA VOZ DE DIOS EN EL CORAZON DEL HOMBRE. Lo más sagrado que hay, lo que
Dios nos dice a cada uno. No lo que nosotros nos decimos, sacralizado más tarde por nuestra conveniencia de parte (ahí está el origen de la autonomía moral radical, la que han predicado todos los que han llevado y aún llevarán a este mundo por el camino de la amargura). No. Lo que
Dios nos dice en el hondón del alma. Eso es lo que defendió
Newman a muerte, en línea con la gran tradición, subjetivista y realista a un tiempo, de la cultura europea.